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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 425 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Agatha se encontró sola en un reino que parecía desafiar la esencia misma de la realidad, una dimensión incomprensible. El etéreo telón de fondo ante ella evocaba un mundo intacto, inalterado por el tiempo y la intervención humana, a la vez desalentador y fascinante. Al apartar la mirada del farol que colgaba a su lado, cuyo resplandor, antes radiante, se había convertido en un mero destello, una profunda melancolía se apoderó de ella. Ya no soportaba la mirada del gobernador Winston. Le dio la espalda, lo dejó en medio del tranquilo y gélido telón de fondo y se adentró en el paisaje, dominado por una extensa red de ramas entrelazadas. Estas ramas parecían extenderse infinitamente, creando un elaborado patrón que recordaba a una cúpula cósmica. De su cintura colgaba una linterna, que antes brillaba intensamente, pero ahora emitía una luz tenue. Su fiel bastón, fiel compañero de aventuras, se aferraba a su mano derecha. Mientras tanto, su mano izquierda aferraba con fuerza una llave de latón, un preciado recuerdo que había recibido de Winston. La fría sensación metálica de antes dio paso a una reconfortante calidez, sugiriendo que se estaba formando un vínculo entre ella y la llave. Pero las transformaciones que se producían en el interior de Agatha ya no eran su principal preocupación. Su necesidad apremiante era atravesar las sombras envolventes y navegar por el reino traicionero. Se sentía obligada a seguir adelante mientras no la consumiera por completo el caótico entorno que la rodeaba. Agatha se esforzaba por encontrar tierra firme en medio del vacío, y con cada paso que daba, un atisbo de sendero se materializaba desde la oscuridad. Estaba decidida a encontrar una salida a través de este denso laberinto de ramas espinosas. Periódicamente, aparecían aberturas entre las ramas, sugiriendo posibles caminos hacia la libertad. Sin embargo, las "espinas" eran amenazantes. Perforaban fácilmente la ropa de Agatha, haciendo que su atuendo, antes resistente, se deteriorara con la delicadeza de una nube de humo que se desvanece en el aire. Los restos de su atuendo que caían se transformaban en gotas oscuras y fluidas que se fundían a la perfección con el camino bajo ella. De vez en cuando, tocaba accidentalmente las chispas etéreas esparcidas entre las espinas. Cada contacto le permitía percibir la presencia inconfundible de una conciencia externa. Estas fugaces chispas eran los pensamientos mismos de la antigua deidad que gobernaba este reino, susurros enigmáticos de una entidad incomprensible. No parecían maliciosos, ni su propósito era claro. Pero para un humano, incluso el más leve destello de tales pensamientos era tan cegador como una vela en la oscuridad total. De repente, una tenue luz emanó desde lejos, atravesando velozmente los retorcidos zarcillos de la oscuridad. Al rozar un mechón de cabello de Agatha, su mente se inundó de un influjo de "conocimiento" desconocido. 111010011001101110000110…111001111011111010100100… A pesar de la afluencia, Agatha no pudo descifrar el mensaje que estas chispas etéreas intentaban transmitir. Recordó la advertencia de Winston: ahondar en los pensamientos de la deidad no solo era infructuoso, sino peligroso. Podía llevar a la locura. Al levantar la vista, se encontró con una estructura monumental de madera muerta y espinas afiladas. Luces dispersas, que recordaban a luciérnagas, parpadeaban en medio del laberinto espinoso. Más allá de esta formidable barrera, un velo brumoso oscurecía su visión. Oculto en su interior, una extremidad colosal de la deidad sombría realizaba un movimiento sutil y sugerente. El aire circundante se volvió gélido, mucho más penetrante que cualquier frío que Agatha hubiera experimentado. El frío no era solo una sensación en la piel; sentía como si se le filtrara hasta los huesos, acompañado de una humedad húmeda que intentaba cristalizar sus entrañas. Casi instintivamente, Agatha se aferró a su ropa, intentando retener cualquier resto de calor. Para su horror, se dio cuenta de que la tela, antes resistente, ahora estaba hecha jirones y rasgada. El traicionero camino que había recorrido, cargado de afiladas espinas, había desgarrado sin piedad sus prendas, dejando un mosaico de arañazos y cortes más profundos en su piel expuesta. De algunos de estos cortes más profundos, una sustancia oscura y espesa, que recordaba a sangre coagulada vieja, se filtraba lentamente, oscureciendo la nieve bajo sus pies. Pero justo cuando la desesperación amenazaba con apoderarse de ella y el frío amenazaba con apoderarse de ella, un calor inesperado comenzó a emanar de su interior, envolviéndola en su abrazo reconfortante. … En su interior, una diminuta llama, de un brillante tono esmeralda, ardía silenciosamente, proyectando una misteriosa luminiscencia verde sobre su pálido rostro e iluminando el laberinto plagado de escarcha y cargado de humedad en el que se encontraba. De repente, sus sentidos agudizados parecieron embotarlos, como si una densa niebla nublara su mente, impidiéndole la consciencia. El calor, antes abrumador, en sus venas, la fatiga y el dolor de sus heridas parecían lejanos, como si pertenecieran a otra persona. Agatha intentó girar la cabeza lentamente, intentando despejar su mente nublada. En medio del telón de fondo arremolinado, una visión peculiar captó su vista. Donde antes había una pared oscura y sólida de túnel, ahora parecía evaporarse, revelando una niebla arremolinada que danzaba en el vacío. De entre este vapor emergía una misteriosa construcción que parecía ramas entrelazadas o un denso matorral de espinas, extendiéndose lánguidamente hacia ella. Sin embargo, tan rápido como apareció, la visión espectral se desvaneció, revelando el túnel familiar y una puerta siniestra que se avecinaba al final. Golpe… golpe… Concentrándose en el portal, Agatha percibió un ritmo palpitante y sobrenatural. Era como si tras él se encontrara un corazón gigantesco, latiendo rítmicamente, enviando ondas a través del entorno de obsidiana. De un estado casi paralizante, una nueva determinación surgió en Agatha. Su mirada se fijó en el portal, con determinación evidente en su mirada. “Eres tú… Por fin te encontré…” Agarrando con fervor la llama esmeralda en la palma de la mano, se apoyó con determinación en su fiel bastón y avanzó. Con cada paso, su ritmo se aceleraba, creando finalmente una ráfaga de aire que la arrastraba mientras el latido inquietante resonaba como un canto fúnebre en sus oídos. Pronto, una cacofonía de voces apagadas se fusionó con los latidos del corazón, sonando como los susurros combinados de innumerables almas, cantando en devoción a algún dios antiguo y sombrío. Pero Agatha ya no podía permitirse el lujo de la curiosidad. Su objetivo estaba claro, y se encontraba justo delante. Oculto en los recovecos del túnel se encontraba el santuario de los herejes que buscaba. El sonido rítmico del bastón de Agatha al impactar contra el suelo y el metódico taconeo de sus tacones reverberaban por el vasto entorno, creando un eco inquietante. Parecía rebotar y jugar una mala pasada, dificultando la identificación de su origen. Pero mientras Agatha escuchaba atentamente, un nuevo sonido empezó a surgir. Era inconfundiblemente distinto de sus propios pasos, del resonante latido del corazón en lo profundo del pasillo o de los cánticos apagados de una reunión invisible. Era el ritmo inconfundible de otros pasos; un grupo, quizá, dada la cacofonía que producían. Su camino parecía casi paralelo al de ella, pero separado por un intrincado laberinto de muros que delimitaba esta ciudad laberíntica. Entre las pisadas se oían los inconfundibles y ensordecedores estallidos de disparos, que recordaban a fusiles de alta potencia al disparar. Agatha se dio cuenta: quizá no fuera la única superviviente. ¿Había otros atrapados en este desconcertante laberinto de espejos, cuyos caminos discurrían inquietantemente paralelos al suyo? Mientras las preguntas se agolpaban en su mente, no impidieron su paso. Agatha pronto llegó al borde de su destino: el portal. Latía en sincronía con el latido insondable que había estado oyendo, un faro inquietante en medio de la oscuridad. La grieta del portal reveló un abismo de sombras que parecían tangibles, extendiéndose y girando a medida que empezaban a impregnar el entorno. Pero esta siniestra visión no desanimó a Agatha. Con una respiración profunda y una renovada determinación, empujó la gran puerta con todas sus fuerzas. El portal cedió con un chirrido ensordecedor, revelando un vacío envolvente de negrura pura e impenetrable. En la oscuridad absorbente, comenzaron a formarse tenues contornos. Insinuaban una vasta cámara donde la mayor intersección del sistema de alcantarillado había sido grotescamente reutilizada. Ahora parecía una catedral perversa dedicada a rituales sacrílegos y a la invocación de deidades arcaicas. La oscuridad parecía viva, rebosante de entidades informes cuya presencia exudaba una energía opresiva y malévola que asaltaba los sentidos de Agatha, recordándole el repugnante olor a descomposición. Antes de que pudiera planear su siguiente movimiento, un zumbido rápido atravesó la densa atmósfera, anunciando un ataque inminente. Desde el corazón mismo de esta catedral a oscuras surgió una voz llena de condescendencia y oscura alegría: Ah, llega el final. Qué alegría que otra “sombra” haya descubierto nuestro territorio sagrado. Con un sonoro "¡Crack!", Agatha blandió instintivamente su bastón, produciendo una chispa fugaz que atravesó el vacío. Un inmenso apéndice, a punto de atacar, fue cercenado, estrellándose con fuerza ante ella. El impacto amenazó su postura, pero se recuperó con destreza, girando para encarar la voz. De la oscuridad envolvente emergió la silueta de un hombre alto y ágil, cuyos rasgos apenas se distinguían entre las sombras. Con una gracia inquietante, extendió los brazos hacia Agatha. Con una calma inquietante, la figura habló: “Adelante, ofrenda. Tu existencia es crucial en este gran rompecabezas cósmico. Es hora de cruzar el vacío”. Respirando con dificultad y apoyándose en su bastón para mantenerse erguida, Agatha, a pesar de su profundo agotamiento y desorientación, logró levantar la mirada para encontrarse con la de él: “Estás siguiendo una trayectoria peligrosa, una que te llevará a tu propia perdición…” Sonrió con suficiencia: “Quizás todos estemos destinados a extinguirnos en este lugar desolado, pero esas eventualidades importan poco ahora. Con tu presencia en este reino, nuestro ritual llega a su fin. Debo admitir que ha sido una artimaña elaborada”. … El fuerte disparo rompió abruptamente la inquietante quietud del pasillo. La breve luz del cañón y la posterior detonación iluminaron momentáneamente la opresiva oscuridad. La bala dio en el blanco, atravesando el grotesco cráneo de una criatura adornada con tres ojos inquietantes. Su cuerpo deforme se desplomó sin vida, deteriorándose rápidamente hasta convertirse en un lodo vil y negro. Sin embargo, el cuadro de pesadilla no terminó ahí. Desde cada rincón, resonaban aullidos escalofriantes, anunciando la llegada de entidades más malévolas. Saltaban de las paredes, emergían de los desagües, se deslizaban por las fisuras del techo, y mucho más. Una sustancia viscosa y gelatinosa se filtraba sin cesar desde cada grieta, fusionándose gradualmente en innumerables monstruosidades que tenían una apariencia espantosa de figuras humanas. Un grito angustiado resonó por encima del estruendo: "¡Estamos sangrando balas!". Un marinero, con el rostro manchado de mugre y sudor, recargó rápidamente su arma, adoptó una postura defensiva y disparó de nuevo. El aire se llenó momentáneamente del característico chisporroteo de un fuego sobrenatural. Los sentidos de Lawrence estaban en alerta máxima, y mientras la brisa gélida del peligro inminente lo rozaba, actuó por puro instinto, esquivando por poco un ataque letal. Al sujetar al atacante, se dio cuenta de que era una figura humanoide, ataviada con un uniforme militar que evocaba una época pasada, blandiendo una espada anticuada. Con un fuerte empujón, Lawrence la derribó al suelo. Sin perder tiempo, pisó el torso de la criatura, sujetándolo. Las llamas fantasmales que envolvían a Lawrence se intensificaron con renovado vigor, consumiendo vorazmente a la entidad bajo su bota. Al salir de esta escaramuza, Lawrence, ahora envuelto en un aura de fuego etéreo, escudriñó el corredor laberíntico que se extendía frente a él. Cada ángulo que su mirada alcanzaba revelaba una nueva horda de abominaciones blasfemas.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 425

Estás leyendo el capítulo 425 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.