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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 386 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Allí navegaba un formidable buque de guerra envuelto en un velo de oscuridad; una extraña embarcación aparentemente reconstruida a partir de una mezcla diversa de humo, niebla y restos diversos. Navegando junto al Roble Blanco, esta misteriosa embarcación se aventuró audazmente hacia la Gaviota, su inminente enemigo. La ambigua silueta del barco, enmascarada por una densa niebla, sugería un linaje compartido con el Roble Blanco, pero conservaba sus características únicas. La visión borrosa contrastaba con la imagen mental que Lawrence tenía del barco; sin embargo, a pesar de su aparente estado de ruina y alteración, era inconfundiblemente el mismo. Su apariencia era inusual y excéntrica, pero aun así evocaba una oleada de familiaridad y reaviva recuerdos intensos, tal como ocurría invariablemente en los sueños de Lawrence. Este barco era, en efecto, el Roble Negro. Había regresado como resucitado de los anales del pasado, navegando junto a su gemelo, el Roble Blanco, en un conmovedor recuerdo de sus anteriores viajes juntos. De repente, el penetrante sonido del silbato de vapor interrumpió la confusión y el trance onírico del viejo capitán. El ruido emanaba de la nave espectral, sirviendo como una dura llamada de atención para Lawrence: no era momento para recuerdos ociosos en circunstancias tan críticas. El intimidante sonido de los proyectiles que caían del cielo resonó de nuevo mientras el despiadado ataque de la Gaviota continuaba sin piedad. Lawrence se concentró rápidamente al ver cómo un orbe llameante impactaba en la proa del Roble Blanco. En un instante, las llamas se elevaron hacia el cielo. El proyectil ardiente fue engullido y absorbido por las vibrantes llamas verdes que ya asolaban la nave. El impacto destrozó brutalmente una sección de la proa, esparciendo fragmentos de metal fundido en llamas en todas direcciones. Sin embargo, al instante siguiente, la estructura devastada comenzó a sanar como si el tiempo se hubiera invertido, devolviendo la nave a su estado original en medio del torbellino verde. Lawrence sintió una sensación de agotamiento, como si su vitalidad y fuerza vital fueran absorbidas por su cuerpo. Sin embargo, la energía perdida fue rápidamente reemplazada por las llamas sobrenaturales que lo envolvían. Posteriormente, la artillería defensiva estacionada en la proa y los flancos del Roble Blanco cobró vida, liberando una lluvia de proyectiles que silbaron en el aire como espíritus vengativos, dejando rastros de rayos brillantes. Casi simultáneamente, el Roble Negro adyacente lanzó su ataque. El rugido ensordecedor de los cañones resonó, y entre la creciente niebla negra, apareció una serie de destellos brillantes. Proyectiles fantasmales fueron catapultados desde la niebla, cayendo despiadadamente sobre la nave enemiga en la distancia. Sujetando el timón con firmeza, Lawrence percibía las potentes vibraciones de cada disparo de cañón que irradiaban a través del casco del barco. Su percepción parecía magnificarse, extendiéndose no solo a lo largo de la trayectoria de los proyectiles, sino también a las pulsaciones rítmicas del agua del mar, hasta que sintió que sus sentidos abarcaban la totalidad del vasto océano. En el extremo de sus sentidos amplificados, el buque enemigo “Seagull” emergió como un faro luminiscente en la oscuridad envolvente, emanando un aura formidable, casi cegadora. No hace mucho, la Gaviota era considerada un rival temible para el Roble Blanco. Sin embargo, en este ambiente tenso, Lawrence se encontró viendo al adversario no como un oponente amenazante, sino como una presa tentadora, lista para ser consumida. En cuestión de instantes, el fuego de represalia del Roble Blanco impactó a la Gaviota con precisión inquebrantable. Se produjo una monstruosa explosión, cuyas llamas furiosas se elevaron hacia el cielo. El singular buque de guerra parecía haber sido brutalmente destrozado por una bestia invisible, con una parte significativa brutalmente arrancada. La herida abierta reveló con gran detalle la extrañamente retorcida estructura interna de la nave enemiga. A pesar de que el daño infligido fue sustancial, estuvo lejos de ser un golpe fatal. “A toda velocidad” ordenó Lawrence, con las manos firmemente aferradas al timón y la mirada fija en la nave enemiga que avanzaba sin parar. Era plenamente consciente de las acciones necesarias para asegurar la supervivencia del Roble Blanco. “Necesitamos reabastecernos. Su primer oficial, Gus, repitió la orden a través del puente del barco: “¡Sí, a toda velocidad!” El núcleo de vapor del barco rugió con renovado vigor, impulsando al ya veloz Roble Blanco a velocidades aún mayores. Como un veloz halcón de caza, el barco se abalanzó hacia la distante Gaviota. Navegando en paralelo, el Roble Negro imitó el ritmo y la trayectoria de su compañero. A pesar del inminente choque, la Gaviota no mostró intención de ajustar su rumbo ni de desacelerar. Esta nave, que había iniciado un asalto implacable desde su llegada, ahora parecía un monstruo irreflexivo y desbocado. Imperturbable ante las drásticas metamorfosis del Roble Blanco y el cambio de rumbo de la batalla, se mantuvo firme en su objetivo inicial: la aniquilación total del enemigo. Dos naves colosales, una envuelta en inquietantes llamas verdes, la otra envuelta en una arquitectura retorcida, oscura y fantástica, se acercaron a una velocidad aterradora. El estridente silbido de la sirena de vapor cortó el aire, su agudo grito pareció desgarrar la estructura misma del cielo. Una incesante salva de proyectiles lanzados desde ambas naves agitó la superficie del océano, y su intenso bombardeo iluminó el paisaje marino y el cielo. La distancia entre ellas se redujo rápidamente, y el fuego recíproco impactó los cascos con creciente regularidad y destrozó las estructuras de ambas naves. Lawrence y su tripulación se encontraban en la cubierta de mando del Roble Blanco, con la mirada fija al frente. Sus mentes parecían cautivas por una poderosa oleada de anticipación. Cualquier rastro de miedo e indecisión se había evaporado de las almas a bordo, suplantadas por una ferviente preparación para el choque inminente e inevitable. Entonces, llegó el momento del impacto. Como una frágil bola de nieve presionada con fuerza contra la superficie abrasadora de un horno en llamas, la proa del Seagull se precipitó hacia las furiosas llamas espectrales que envolvían al Roble Blanco. Acompañado de un grito aterrador y un rugido potente que recordaba a un coro de millones de personas gritando simultáneamente, el aparentemente robusto casco de acero se desintegró gradualmente ante las intensas llamas esmeralda. Mientras persistía la catastrófica colisión, el Seagull comenzó a desvanecerse de proa a popa en las fauces ardientes del Roble Blanco, dando la impresión de una bestia engullida por completo. Incluso cuando la última torreta del Seagull fue consumida por las llamas fantasmales, el incesante bombardeo de cañones intercambiado entre las dos naves no flaqueó ni un momento. Finalmente, un silencio ensordecedor descendió sobre el campo de batalla. Tras rugir y escupir fuego sin cesar, los cañones defensivos del Roble Blanco se silenciaron, al igual que el rugido de su núcleo de vapor. Además, las etéreas llamas que habían ardido por toda la nave comenzaron a calmarse, pasando de su estado agresivo anterior a una suave y tranquila quema a lo largo del casco. Lawrence se sintió momentáneamente desorientado. Sus manos se habían soltado del timón sin que se diera cuenta, y se encontró observando la escena en la cubierta de mando. Uno a uno, los marineros giraron la cabeza hacia él. Sus formas físicas parecían fundirse con apariciones espectrales, proyectando una palidez sobrenatural sobre sus rostros. Sus ojos vacíos parecían carentes de cualquier rastro de cognición o empatía humana. Parpadeando, Lawrence pudo sentir que las periferias de su conciencia comenzaban a tambalearse, amenazando con sumergirlo en la oscuridad, cuando una figura se materializó abruptamente en el borde de su visión. Un joven se había materializado como si emergiera del éter, atravesando las llamas espectrales que lo rodeaban. Vestía la túnica azul oscuro de un sacerdote de la tormenta, con un emblema radiante brillando en su pecho. Con pasos decididos, avanzó hacia Lawrence, extendió la mano y presionó su emblema brillante contra su pecho. Una intensa ola de calor irradió de su pecho, y Lawrence sintió que su mente vacilante recuperaba bruscamente el equilibrio. Su humanidad y racionalidad volvieron a su consciencia como una descarga eléctrica. A medida que la confusión comenzaba a disiparse de la mente del capitán, los tripulantes del Roble Blanco también parecieron salir de su letargo espectral. Intercambiaron miradas como si intentaran reconstruir los fragmentos de memoria del enfrentamiento final, el choque culminante y la monumental “colisión” entre el Roble Blanco y la Gaviota. Algunos reaccionaron con gritos de asombro retrospectivos, otros examinaron sus cuerpos instintivamente, mientras que otros volvieron la mirada hacia el joven sacerdote que parecía haberse materializado en la cubierta de mando. Una arruga se formó en la frente de Lawrence mientras observaba al joven que tenía delante. Hizo una pausa y luego, vacilante, preguntó: “¿Sacerdote... Jansen?”. "Soy yo, gracias a Dios, por fin puedes verme", respondió el joven sacerdote del barco, jadeante. Parecía jadear, como si acabara de emerger de las profundidades del mar. Su túnica estaba empapada, y el agua le resbalaba por el pelo y el cuello mientras hablaba: "Gracias a la protección de la Diosa de la Tormenta, llevo días gritando a tu lado". Un residuo de confusión aún persistía en Lawrence. Le tomó unos instantes recordar gradualmente otra circunstancia peculiar de los últimos días. El sacerdote de un barco siempre debería estar a bordo, como el sol siempre debería estar en el cielo. Sin embargo, durante todo este tiempo, no había visto a este joven sacerdote ni una sola vez. El sacerdote Jansen no sólo había desaparecido de la vista de todos, sino también de sus recuerdos, hasta tal punto que la tripulación había olvidado el principio básico de que “debe haber un sacerdote a bordo”. Lawrence había notado la extraña ausencia del sol, pero recién ahora se dio cuenta de que el sacerdote Jansen también había desaparecido. “¿Qué pasó?” Como si despertara lentamente de un sueño, el capitán giró la cabeza y preguntó con suavidad. “No estoy del todo seguro. Durante los últimos días, me sentí aislado de todos ustedes, confinado en una dimensión diferente”, el joven sacerdote, empapado, negó con la cabeza, con una sonrisa irónica en los labios. “Podía verlos a todos, pero nadie podía verme a mí, como si me hubiera convertido en un extraño en esta nave. Fue justo ahora… cuando la nave experimentó una “transformación” entre las llamas, que sentí que la barrera comenzaba a desvanecerse. Al mismo tiempo, noté que algo andaba mal con tu estado mental, así que intenté estabilizarte con el emblema sagrado. Por suerte, lo logré a tiempo…” Mientras Lawrence escuchaba la explicación del sacerdote, un torbellino de pensamientos y especulaciones desorganizados se arremolinaba en su mente. Al oír el término "estado mental inadecuado", una sensación retardada de miedo finalmente se apoderó de su corazón. Lawrence recordaba vívidamente el estado inquietante en el que se encontraban él y su tripulación durante el tramo final de su enfrentamiento con la Gaviota. El recuerdo le provocó un escalofrío que le recorrió la espalda, haciéndole sentir como si estuviera a punto de sudar frío. Sin embargo, no apareció ningún sudor: todavía estaba envuelto en llamas espectrales y su forma fantasmal no mostraba signos de volver a la normalidad. Lawrence desvió la mirada hacia su brazo, cuyo aspecto aún era fantasmal y translúcido, mientras su mente rebosaba de una miríada de conjeturas. "¿Es esta la 'bendición' de los Desaparecidos?", preguntó el veterano capitán, sacudiendo la cabeza; una risa sombría se le escapó de los labios. No estaba seguro de si considerar su estado actual un golpe de suerte o una cruel casualidad. "Sobrevivir al implacable escrutinio de Duncan Abnomar no parece tarea fácil, pero al menos lo hemos logrado... si es que podemos considerar que esto está vivo..." Con estas palabras, levantó lentamente la mirada, mirando a través de un ojo de buey cercano, contemplando el mar expansivo que fluía junto al barco y el misterioso barco oscuro que reflejaba el camino del Roble Blanco.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 386

Estás leyendo el capítulo 386 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.