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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 379 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En el reino de otro mundo, donde los espíritus dominan, amenazantes grupos de sombras iniciaron su reticente retirada, desapareciendo gradualmente en la inexistencia. La transición dentro del mundo espiritual fue profunda, marcada por una tranquilidad inquietante que parecía resonar en el vacío. Agatha, guardiana de este orbe místico, levantó suavemente su mano izquierda, con la mirada fija en silencio en el hereje incapacitado, que se había desplomado en el límite del triángulo, símbolo geométrico sagrado. El hereje presentaba una imagen de agonía y desolación, y su cuerpo se retorcía de intenso dolor en el terreno áspero e inhóspito. Las cadenas negras, emblemas de su siniestro compromiso, se habían roto violentamente. Los restos destrozados de estas cadenas emitían columnas de humo, disolviéndose lentamente en un residuo polvoriento, un amuleto de su antigua potencia y poder vinculante. La muerte de su demoníaco compañero canino atado presagiaba la muerte inminente del hereje. Su vitalidad se agotaba rápidamente, pero no estaba del todo agotado, pues aún poseía la capacidad de responder a preguntas cruciales. Agatha no se hacía ilusiones sobre la disposición de este hereje obstinado a cooperar, pero se acercó a él con paso tranquilo, deteniéndose en la periferia del triángulo místico. Miró hacia abajo, con su mirada penetrante fija en el desventurado devoto de la oscuridad. "Me parece asombroso", comenzó, con voz metódica e invariable, resonando en el ambiente etéreo con un eco grave capaz de erosionar incluso las defensas mentales más formidables. "Te infiltraste en una institución importante y asumiste el control, todo bajo la atenta mirada de la Iglesia de la Muerte. Además, reemplazaste a todos los sacerdotes... ¿Cómo lograste tal hazaña?" Al borde de la muerte, el hereje hizo un esfuerzo por levantar la cabeza, esbozando solo una sonrisa burlona. Su rostro demacrado no mostraba rastro alguno de miedo: "¿Adivina?" Agatha, imperturbable ante su rudeza, continuó: “¿Su cuartel general secreto está oculto dentro de Frost?” La respuesta del cultista llegó en forma de una risa débil y desdeñosa. Con dificultad, ajustó su postura, recostándose sobre el terreno completamente blanco, con su mirada desafiante fija en la inquisitiva mirada de Agatha. “No te preocupes... Aunque esté en la Escarcha, nunca lo encontrarás... Para cuando encuentres nuestro santuario, nuestro triunfo estará predestinado, sacerdotisa ingenua...”. El rostro de Agatha permaneció inexpresivo. Sin emoción aparente, levantó su bastón, apuntando con su punta al pecho del cultista. "¿Cuál es tu gran estrategia? ¿Infectar la Ciudad-Estado con tus supuestos 'elementos'? ¿O tal vez aspiras a reemplazar a la población viva con tus volátiles 'falsificaciones'? ¿Cómo contribuye a esto el poder oculto en las profundidades marinas? ¿Está relacionado con el Proyecto Abismo?" Una llamarada espectral se encendió en la punta de su bastón, irradiando un brillo inquietante. Esta llama poseía un poder capaz de abrasar tanto la forma tangible como el espíritu intangible, imponiendo un sufrimiento simplemente intolerable. El cultista se retorcía bajo la tensión, pero su dedicación a su oscura causa no flaqueó. Tenía los dientes apretados, la mirada fija en la imponente figura del guardián. Su risa inquietante, áspera entre sus dientes apretados, tocó una fibra escalofriante: “Ja… ja… La profecía… está a punto de cumplirse… Nadie… Nadie puede escapar de ella…” Por primera vez, un atisbo de desagrado empañó el estoico semblante de Agatha. Levantó el brazo gradualmente, usando su bastón como conducto para elevar al hereje por los aires. Las llamas fantasmales envolvieron su figura, un cuerpo deformado desde hacía tiempo debido a su simbiosis profana con el sabueso demoníaco. Flotaba en el aire, como una bandera de tela deshilachada ondeando en medio del infierno fantasmal. La voz de Agatha resonó, con una frialdad escalofriante que coincidía con las crudas y desoladas reverberaciones de una cripta: “Hago una última pregunta: ¿cómo se atreven ustedes, blasfemos, a pronunciar el nombre de nuestra Deidad de la Muerte?” Entre las llamas espectrales, emergió la silueta esquelética del cultista, con una lenta sonrisa de satisfacción extendiéndose gradualmente por su rostro. Su placer era tan intenso que el dolor de su continua inmolación pareció disminuir a la mitad, sobre todo al ver al portero de la iglesia momentáneamente confundido por su audaz declaración. “En efecto, el Señor del Inframundo revela realidades ocultas… Todas las religiones del mundo se difuminan en una sola entidad indistinta… Nosotros, que hemos sido iluminados, hemos trascendido esas insignificantes diferencias… Querido insensato guardián, ¿de verdad crees que hay una diferencia entre tu dios y nuestro Señor?” El rostro de Agatha se transformó rápidamente ante esta descarada proclamación. El ofensor que tenía ante ella se había atrevido a establecer un paralelismo entre el Señor del Inframundo y el Dios de la Muerte. Su irreverencia la encendió. Sin embargo, el hereje se permitió una última sonrisa de satisfacción en medio de la conflagración que lo consumía, impidiéndole a ella extender su interrogatorio. Exhaló su último suspiro, dejando solo sus restos en rápida descomposición. “Nada más que las divagaciones delirantes de un loco, carentes de coherencia y racionalidad.” La expresión de Agatha era una tormenta ominosa mientras bajaba su bastón. Su ira aún la atormentaba, pero se aseguró de que estos arrebatos emocionales no le nublaran el discernimiento. De hecho, una vez que logró reprimir sus reacciones viscerales, activó al instante sus mecanismos mentales. Descartando la audacia de la última declaración del hereje, que se atrevía a equiparar al Señor del Inframundo con el Dios de la Muerte, el obstinado cultista había revelado sin saberlo una cantidad sustancial de información para que ella la diseccionara y examinara. De hecho, los cultistas albergaban una fortaleza en Frost, un lugar al que se referían como un “santuario”, lo que implicaba su importancia como terreno ritualístico. Esta idea coincidía con la información existente. Su santuario estaba ingeniosamente oculto, lo que dificultaba enormemente su localización. Sin embargo, el hereje había insinuado que su éxito estaba ligado al descubrimiento del santuario. Esto sugería que el modo de ocultación podría estar intrínsecamente conectado con el progreso de su “ritual”. Cuanto más se acercaba el ritual a su finalización, más fácil se volvía discernible el paradero del santuario... ¿Podría ser esto consecuencia de que el ritual filtrara inadvertidamente algún tipo de aura? ¿O fue la revelación de la ubicación del santuario un aspecto integral de la realización del ritual? Además, el hereje había insinuado algo que denominaban “la llegada prometida”. Esto podría coincidir con la “profecía” culminante de su sistema de creencias: que el poder del Señor del Inframundo se apoderaría del mundo físico y que las profundidades espirituales, normalmente ocultas en las profundidades del mundo, se transformarían en la nueva “realidad”. Los fervientes seguidores del culto, los Aniquiladores, invariablemente imaginaban el insondable abismo del mar como su paraíso. Esto era indiscutible. Sin embargo, los detalles de esta metamorfosis seguían siendo ambiguos. ¿Bastaría con simplemente introducir "elementos primordiales" en la Ciudad-Estado? Claramente, esto por sí solo era insuficiente... Estos elementos "falsos" difícilmente podrían mantener su estabilidad a largo plazo, y mucho menos contaminar una Ciudad-Estado entera. A menos que… ¿qué pasaría si estos fervientes aniquiladores hubieran descubierto una técnica para mantener la estabilidad de estas "falsificaciones" durante un período prolongado? Podrían crear un entorno propicio para ello, o quizás… podrían manipular la propia Escarcha para que sirviera de tal entorno… Las cejas de Agatha se juntaron mientras rápidamente concluyó su línea de razonamiento y examinó su entorno. Todavía se encontraba en el reino espiritual, un lugar bañado por un resplandor sobrenatural que emanaba de las grietas del techo, tiñéndolo todo de un brillo espectral. Se oían ruidos sutiles a su alrededor: las persistentes sombras del reino espiritual volvían a inquietarse; evidentemente, un festín no podría apaciguarlas por mucho tiempo. La joven portera meneó la cabeza, levantó la mano izquierda y cuidadosamente colocó su globo ocular en su cuenca. Al instante, los crujidos lejanos cesaron, las sombras tenues y el paisaje monocromático recuperaron su color y el aroma familiar del mundo material llenó sus sentidos. Agatha exhaló un suave suspiro y metió la mano en su ropa para sacar unas gotas para los ojos, pero de repente, sus movimientos se detuvieron. La atmósfera era ominosamente silenciosa, completamente desprovista de cualquier presencia humana. Agatha recorrió con la mirada la zona, sin poder localizar a los guardianes vestidos de negro con los que había llegado, ni el paradero del supervisor de la planta de tratamiento de aguas residuales, que había huido despavorido. Aún más desconcertante, no pudo encontrar rastro alguno de las cenizas de los tres herejes ni de las numerosas falsificaciones. En teoría, después de vencer a esos herejes y “falsificaciones” dentro del reino espiritual, sus restos deberían haberse materializado en el mundo físico al mismo tiempo. El silencio era inquietante e inquietante. No percibía la presencia de ningún ser vivo en los alrededores. Agatha frunció el ceño. Se humedeció los ojos, aliviando la sequedad mientras observaba con cautela su entorno, y luego se dirigió lentamente hacia la salida cercana. Allí, encontró la puerta metálica oxidada entreabierta, indicando una salida apresurada. Tras un áspero chirrido metálico, empujó la puerta de metal y encontró un pasillo carente de calor a pesar de las lámparas de gas encendidas a los lados. “Toca… toca… toca…” El sonido rítmico de su bastón y sus tacones golpeando el suelo resonó de forma aguda y hueca en el pasillo mientras Agatha avanzaba con paso firme. Todo el centro de tratamiento de aguas residuales estaba desolado, completamente desprovisto de cualquier presencia humana. Sin embargo, tampoco había adversarios a la vista. Sin ningún obstáculo, se movió a través del área de la fábrica y emergió a un espacio abierto fuera de las instalaciones. El cielo era una densa y sofocante capa de nubes oscuras y tumultuosas que oscurecían la Ciudad-Estado. Solo unos pocos rayos de luz, débiles y apagados, lograban filtrarse a través de la capa de nubes, proporcionando un tenue indicio de luz diurna. Todas las estructuras visibles estaban sumergidas bajo esta extensión sombría, que emanaba un aura gélida, mortal y espectral. Agatha recordó vívidamente que cuando llegó por primera vez al centro de tratamiento de aguas residuales, el día afuera era brillantemente soleado: el sol estaba orgulloso en lo alto del cielo y la Ciudad-Estado estaba hermosamente libre de una sola nube. “¿El sol?” Una pequeña duda comenzó a germinar en la mente de Agatha, transformándose rápidamente en una pronunciada sensación de disonancia cognitiva. De repente, se dio cuenta. Impulsada por ella, volvió a alzar la mirada para escrutar el cielo. El cielo estaba iluminado únicamente por una luz caótica e inidentificable, carente de cualquier cuerpo celeste que pudiera reconocerse como el “sol”. Agatha se esforzó por recordar la aparición del “sol”, el concepto del “sol”. Se sintió incapaz de recordar, como si una densa niebla se hubiera posado sobre su entendimiento, oscureciendo sus recuerdos del “sol”. Sin embargo, un detalle permanecía nítidamente claro: se suponía que existía un cuerpo celeste en este mundo, llamado “sol”, que normalmente residía en el cielo, emitiendo luz y calor para iluminar toda la existencia. “Una disrupción cognitiva que influye incluso en un guardián… Su intensidad es impresionante, abarca todo el entorno…”, murmuró Agatha para sí misma. Tras un momento inicial de incredulidad, rápidamente recuperó la compostura y comenzó a escudriñar su entorno con renovada atención. “Estoy en un reino diferente”.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

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Estás leyendo el capítulo 379 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 8 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.