Leer Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) Capítulo 121 online gratis en español
🏴 Grupo: Spice121U✍️ Traducción: Spice121U
—Qiye, ¿por qué le pediste a Draco que me proteja? —preguntó Bai Li Pangpang en voz baja mientras caminaban por la calle oscura.
—En este momento, tú y yo somos los principales objetivos. No puedo quedarme mucho tiempo a tu lado porque eso seria aún más peligroso. Y Cao Yuan está loco, no distingue entre amigos y enemigos cuando usa su dominio...
Lin Qiye hizo una pausa.
—En cualquier caso, necesitas a alguien normal a tu lado. Y alguien fuerte.
Después de escucharlo, Bai Li Pangpang tuvo una revelación.
—¡Como esperaba, eres inteligente!
Shen Zhuqing caminaba al final del grupo con las manos en los bolsillos, mirando las estrellas del cielo nocturno, perdido en sus pensamientos.
De repente, se detuvo.
—Oye, gordo —dijo de pronto.
Bai Li Pangpang se giró y sonrió.
—Ahora soy tu jefe. ¿No podrías llamarme de otra forma?
—... Bai Li Tuming. —Shen Qingzhu respiró hondo y con cierta dificultad, dijo. —Quiero pedirte algo. Adelántame el salario de un día.
Bai Li Pangpang frunció el ceño.
—¿Para qué?
—No te preocupes por eso. Solo dime si puedes hacerlo o no.
El gordito miró a Lin Qiye, y este asintió.
—Pero no llevo efectivo...
—Me quedan trescientos yuanes ¿Te sirven? —dijo Cao Yuan de repente.
—Eso basta. Préstamelos primero.
Cao Yuan le entregó los únicos trescientos yuanes que tenía en la cartera. Shen Zhuqing tomó el dinero y regresó corriendo hacia el restaurante de fideos. Bajo la tenue iluminación, los tres observaron lo que hacía.
Primero habló con el dueño por un momento. Luego pidió una chuleta grande y un huevo extra para cada uno de sus tres subordinados. Después entregó el resto del dinero a Deng Wei, le dio algunas instrucciones y salió rápidamente.
—Vámonos —dijo con calma.
Los tres intercambiaron miradas y, en silenciosa complicidad, decidieron no decir nada mientras continuaban caminando.
—Ya que el hotel explotó... ¿Dónde vamos a dormir esta noche? —preguntó Bai Li Pangpang abatido.
Cao Yuan, cargando su espada, respondió:
—¿Y si encontramos un templo y dormimos allí?
—... Esto es una ciudad moderna. ¿Dónde vas a encontrar un templo a medianoche?
—Tienes razón.
Lin Qiye reflexionó un momento.
—Conozco un lugar. Síganme.
Los tres caminaron detrás de él, atravesando callejones vacíos y caminos apartados, hasta llegar finalmente frente a un pequeño hotel viejo y deteriorado.
Luces rosadas y moradas se filtraban por las ventanas, bañando la entrada. Los cuatro levantaron la vista y leyeron el letrero desgastado:
"Sueño de Mariposa"
Un hotel para parejas.
Bai Li Pangpang, al leerlo, sintió un escalofrío.
—Qiye, ¿Hablas en serio?
—No hay muchos lugares en Cangnan donde puedas alojarte sin registrar tu identificación —explicó Lin Qiye—. Y este tiene mejores condiciones que la mayoría. Si no quieres quedarte aquí, siempre puedes dormir bajo un puente.
—... Entonces aquí está bien.
Los cuatro entraron. Y tal como había dicho Lin Qiye, no les pidieron documentos y aún quedaban habitaciones libres.
Cuando Bai Li Pangpang estaba a punto de alquilar tres habitaciones separadas, Shen Zhuqing habló:
—Compartiré habitación contigo.
—¿¡Qué!?
—Si voy a protegerte personalmente, separarnos sería demasiado arriesgado. Tú duermes en la cama. Yo puedo dormir en el suelo.
Bai Li Pangpang se quedó sin palabras.
—En ese caso, yo también me quedaré con ustedes —añadió Cao Yuan tranquilamente—. Tres personas son suficientes para jugar Poker.
—Entonces está decidido.
Sin darle oportunidad de protestar, Cao Yuan y Shen Zhuqing ya habían elegido la habitación. Subieron las escaleras, que con cada paso hacía crujir violentamente el suelo.
Cuando llegaron al segundo piso, desde algunas habitaciones cercanas comenzaron a escucharse ciertos sonidos... difíciles de describir.
Shen Zhuqing se quedó inmóvil un instante. Un leve rubor apareció en su rostro, pero siguió caminando con la cabeza en alto.
Cao Yuan bajó la cabeza y empezó a recitar silenciosamente:
—Amitabha...
Bai Li Pangpang observó a ambos con incredulidad.
—No es posible que ustedes dos... ¿siguen siendo vírgenes?
—¿Y tú no? —preguntaron.
—¡Qué broma! ¡Cuando tenía siete años ya estaba...!
—Aquí es.
Shen Zhuqing abrió la puerta de la habitación. Un ligero olor a humedad salió de inmediato.
El cuarto era pequeño, con dos camas. La lámpara del techo llevaba años sin limpiarse y la iluminación rosada hacía que el ambiente resultara bastante extraño y sugerente.
—Hay dos camas. Ustedes duerman ahí. Yo dormiré en el suelo.
Shen Qingzhu se acercó a la ventana, revisó cuidadosamente el exterior para asegurarse de que nadie los vigilaba y luego cerró las cortinas.
Bai Li Pangpang asintió.
—Cao Yuan, ¿en cuál vas a dormir? Eh... —Miró detrás de sí. El pasillo estaba vacío.
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Primer piso
—Hola.
—¿Qué desea?
—Disculpe... ¿Tienen algo para tres personas? Ya sabe... algo emocionante, divertido...
—Mmm... sí, creo que tenemos. ¿Qué busca exactamente?
—Cartas.
—...
—...
Después de acomodar a Bai Li Pangpang, Lin Qiye abandonó el hotel. Y como una sombra en la noche, avanzó silenciosamente hacia la casa de Hong Ying.
Sin darse cuenta, comenzaron a caer pequeños copos de nieve.
Lin Qiye extendió la mano y atrapó uno, observando cómo se derretía lentamente en su palma.
Tras un largo silencio, negó con la cabeza con impotencia.
—Este año no podré hacer un muñeco de nieve contigo, A-jin...
Diez minutos después.
—¡Qiye! ¿Por qué tardaste tanto?
Hong Ying se levantó de golpe del sofá con el ceño fruncida.
—Si tardabas un poco más, iba a salir a buscarte.
Wen Qimo bostezó desde el sofá.
—Puedo dar fe de que durante esta media hora mencionó tu nombre al menos doscientas veces.
Lin Qiye se rascó la cabeza avergonzado.
—Salí a comer algo... Lo siento, hermana Hong Ying.
Ella suspiró.
—Olvídalo. Ve a dormir.
Luego señaló a Wen Qimo.
—¡Y tú, presta atención durante la noche! ¡Protege bien a Qiye!
—Sí, sí, ya lo sé. —Wen Qimo volvió a bostezar. —Mientras yo esté en la sala, nadie entrará aquí.
Hong Ying miró hacia la puerta y resopló.
—El capitán y ese viejo perro de Wu Xiangnan son increíbles. ¡Se escaparon sin decir nada! ¡Qué irresponsables!
Refunfuñando, regresó a su habitación. Lin Qiye sonrió con resignación y también volvió a la suya.
Pum
Las luces de la villa se apagaron y todo quedó sumido en la oscuridad.
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Afuera el cielo nocturno era inmenso.
El viento helado recorría la dormida ciudad de Cangnan, levantando la nieve y haciéndola danzar entre los edificios.
En el tejado de la capilla, a apenas cien metros de la casa, Leng Xuan permanecía inmóvil, su rifle de francotirador en las manos. Como una estatua, vigilaba su alrededor.
Cric.
El sonido de unas botas sobre la nieve llegó desde atrás. Leng Xuan se giró de inmediato.
Y se quedó inmóvil.
—Ya es invierno. ¿No tienes frío?
Con un cigarrillo en la boca, Chen Muye caminó lentamente hasta él y se sentó a su lado.
—No. —dijo Leng Xuan con indiferencia
—Te traje una chaqueta.
Wu Xiangnan, vestido con un largo abrigo negro, también se sentó junto a Leng Xuan y le colocó el abrigo sobre los hombros. Su mirada se dirigió a la villa iluminada a lo lejos.
Una suave sonrisa apareció en su rostro.
—¿No van a dormir? —preguntó Leng Xuan.
—¿Dormir? No puedo.
—Ya veo.
Tras un momento de silencio, Wu Xiangnan preguntó:
—Escuché que hoy Qiye peleó junto al gordito. ¿Cómo estuvo?
Leng Xuan guardó silencio unos segundos. Luego sonrió levemente.
—Muy bien. Se ha vuelto más fuerte. Ahora ni siquiera estoy seguro de poder vencerlo.
—Eso está bien...
Chen Muye sonrió satisfecho.
—Muy bien.
—Mhm.
—Lo has estado vigilando todo el día. Esta noche nosotros nos encargamos.
—No. Ustedes no tienen la resistencia necesaria para ser francotiradores.
Wu Xiangnan y Chen Muye intercambiaron miradas y sonrieron con resignación y no insistieron más.
En la cima de la capilla, los tres hombres se quedaron en silencio, inmóviles, vigilando la casa de la lejanía.
Los copos de nieve caían y se posaban sobre ellos... y en el silencio de aquella noche, la nieve los cubría cada vez más.
Poco a poco, se convirtieron en tres monigotes de nieve, tres espíritus guardianes de la ciudad.

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Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) Capítulo 121
Estás leyendo el capítulo 121 de Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela), un novela. I Was Learning To Kill Gods in a Mental Hospital (Slay The Gods) ¿Alguna vez has pensado que bajo la ciudad de neón acechan monstruos de la mitología antigua? ¿Alguna vez has pensado que sobre la luna que está por… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026, Traducido por el grupo Spice121U. Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) tiene 158 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.