Leer Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) Capítulo 120 online gratis en español
🏴 Grupo: Spice121U✍️ Traducción: Spice121U
—Un tazón de fideos con cerdo en tiras.
—Un tazón de fideos con costilla.
—Un tazón de fideos de ternera estofada con filete, pollo vegetariano, cerdo desmenuzado, huevo y sésamo seco.
—…
Los tres encontraron una mesa cualquiera en la pequeña tienda de fideos y se sentaron. El local estaba en un lugar muy apartado; además de estar lejos de la calle principal, el letrero estaba tan viejo y roto que apenas se leía, pero el aroma que salía del interior se podía oler desde lejos.
Ya eran más de las diez de la noche y, aparte de Lin Qiye y los otros dos, no había más clientes. No se sentaron dentro del local, que estaba oscuro y mal iluminado, sino en una mesita junto a la entrada.
En aquel callejón silencioso y oscuro, la débil luz de la cocina, mezclada con los neones coloridos de la tienda de productos para adultos de al lado caía sobre la mesa gris azulada. En una ciudad tan ruidosa, el lugar tenía un encanto extraño.
—¿Así que este es el sitio… donde querías comer fideos?
Bai Li Pangpang miró alrededor y se inclinó hacia Lin Qiye para murmurar en voz baja.
—Con la situación en la que estamos, ¿crees que puedo llevarlos a comer en un hotel de lujo?
Lin Qiye puso los ojos en blanco.
—Tuve que elegir un rincón apartado donde no hubiera nadie, para poder comer tranquilos.
—Eso sí que es pensar a largo plazo Qiye. —añadió Cao Yuan.
—Y además, solo traje suficiente dinero para invitarlos a comer aquí.
—…
—No se preocupen, aunque el local no se vea muy bien, los fideos son increíbles. —añadió Lin Qiye.
Al poco rato, tres tazones humeantes llegaron a la mesa. A medianoche, el aroma espeso del caldo parecía simple y extraordinario al mismo tiempo.
—¿Cuánto es en total, jefe?. —Lin Qiye sacó la cartera.
—Los fideos con cerdo son 10 yuanes, los de costillas 12, y los de este joven… 42 yuanes. En total, 64 yuanes. —respondió el dueño con una sonrisa mientras extendía la mano.
La mano de Lin Qiye se quedó congelada en el aire.
—Él paga lo suyo.
Sacó veinte yuanes y dos monedas de 1 yuan y se los entregó al dueño, señalando a Bai Li Pangpang. Bai Li se quedó tieso.
—Qiye, ¿no habías dicho que invitabas tú…?
—He cambiado de idea.
—…—Bai Li Pangpang dudo un momento, esperando que Qiye cambiara de opinión —… Jefe, ¿aceptan tarjeta?
—…
Al final, Cao Yuan sacó de algún sitio un billete arrugado de cincuenta yuanes y pagó por Bai Li Pangpang, aunque a cambio este tuvo que prometer hacerse cargo de su comida y alojamiento durante esos días.
No era que Lin Qiye fuera tacaño. Había salido con solo 50 yuanes, pensando que por unos fideos serían más que suficientes. No esperaba…
¡Sluurp!
Los tres comían fideos con la cabeza gacha mientras comentaban lo ocurrido en la pelea.
—Entonces, ¿Los tomaron por sorpresa? ¿Destruyeron directamente el piso noventa? —preguntó Lin Qiye con el ceño fruncido, tras oír lo ocurrido.
—Sí. ¿No ves que todavía llevo la toalla puesta? —Bai Li Pangpang señaló la toalla hecha jirones y se rió con amargura. —Pero creo que usaron algún tipo de objeto prohibido de destrucción masiva, no armas térmicas o convencionales.
—Algo con ese poder destructivo, al menos estaban en el nivel de “Chuān”. Hicieron bien en saltar del edificio. Si los atrapaban allí arriba, habrían quedado envueltos en el combate de los instructores. —analizó Lin Qiye.
—Vives demasiado llamativamente. —intervino Cao Yuan. —En hoteles así hay que registrar la identidad; cualquiera con información puede rastrearte.
Bai Li Pangpang murmuró:
—Es que… estoy acostumbrado. En Guangshen siempre me hospedo en sitios incluso mejores que este.
—Esto es Cangnan, no el territorio de tu familia Bai Li.
—Pero vamos, me han intentado asesinar cientos de veces. Esto apenas cuenta.
Cao Yuan se encogió de hombros.
—Parece que ser el joven maestro de una familia rica tampoco es tan fácil.
Mientras hablaban, cuatro figuras entraron al callejón del restaurante.
—Hermano Shen… ya llevamos dos comidas seguidas a base de fideos. ¿Esta noche otra vez será lo mismo?
—¿Qué sabes tú? Los fideos son una especialidad de Cangnan. Si vengo pocas veces, tengo que comer varias.
Shen Zhuqing apareció con Deng Wei, Li Jia y Li Liang, hablando en voz alta antes de llegar siquiera a la puerta.
—Jefe, cuatro tazones de fideos en caldo simple.
—Vaya, son ustedes de nuevo —dijo el dueño, extrañado—. Ya han comido dos veces hoy fideos en caldo simple y otra vez lo mismo.
—Sí.
Shen Zhuqing llegó a la puerta y se quedó pasmado al ver a los tres comiendo.
—¿Ustedes?
—Mira quién vino por fideos, Draco. —dijo Bai Li Pangpang con medio trozo de costilla en la boca.
Lin Qiye y Cao Yuan también le hicieron un gesto de saludo.
Después de medio año de entrenamiento infernal, todos se habían convertido en camaradas. Quizá no hablaran mucho normalmente, pero compartían cierta cercanía.
Shen Zhuqing respondió con un “hm” y miró los tazones de los tres. Se le tensó la expresión.
Gluuuup.
El sonido de alguien tragando saliva fue clarísimo en el callejón silencioso.
Shen Zhuqing miró hacia atrás; sus tres acompañantes bajaron la cabeza al instante. Levantó la vista hacia el menú colgado en el centro del local y vaciló un momento.
—Jefe, cambio de pedido. Tres tazones de fideos con tiras de cerdo y uno simple.
Se sentó en la mesa de al lado y anunció el cambio.
—De acuerdo. Los de cerdo son 10 yuanes cada uno, el simple 6. En total, 36 yuanes.
Shen Qingzhu sacó varias monedas y billetes arrugados de la cartera, los dejó sobre la mesa y guardó rápidamente la cartera.
Con solo barrerla con su percepción mental, Lin Qiye supo que estaba completamente vacía.
—Hermano Shen, ¿por qué has pedido fideos con cerdo?
—Ya comieron por mucho tiempo caldo simple; pensé que estaban cansados y quería que cambiaran de sabor.
—¿Y usted, Hermano Shen?
—A mí me gusta el simple. —respondió orgullosamente. —Simple y puro: esa es la esencia de los fideos.
Los tres subordinados siguieron comiendo en silencio.
En ese momento Shen Zhuqing pareció recordar algo y miró a Lin Qiye.
—Por cierto, te desmayaste en el autobús antes. ¿Ya estás bien?
—Sí, no fue nada.
Shen Qingzhu asintió y, tras dudar un poco, habló otra vez.
—Entonces… Gracias por lo de antes. Si no hubieras detenido esos fragmentos, todos habríamos acabado heridos.
—¿Desde cuándo eres tan educado, Draco? —se burló Bai Li Pangpang.
—Cállate Gordo idiota, yo siempre pago mis deudas y mis agravios. Si debo algo, lo devuelvo. ¡No es que sea cortés! —le respondió Shen Qingzhu con una mirada fría, antes de volver a mirar a Lin Qiye. —Sé que estas vacaciones no son normales. Si tienes algún problema, puedes decírmelo. Por ser camaradas, puedo ayudarte.
Las cejas de Lin Qiye se alzaron ligeramente y una idea cruzó por su mente.
—De hecho, sí tengo un negocio que proponerte.
—¿Qué negocio?
Lin Qiye señaló a Bai Li Pangpang.
—Protegerlo personalmente durante las vacaciones.
Todos los presentes, incluido Bai Li Pangpang, se quedaron inmóviles.
—¿A él? —Shen Zhuqing frunció el ceño.
—A cambio, él te pagará mil yuanes al día. ¿Qué te parece? —dijo Lin Qiye.
El cuerpo de Shen Zhuqing se tensó. Miró fijamente a Lin Qiye, como si estuviera calculando algo. Después de un momento, respondió lentamente:
—Acepto.
Luego señaló a sus tres subordinados.
—Pero el trato es solo conmigo, no con ellos.
—De acuerdo.

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Estás leyendo el capítulo 120 de Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela), un novela. I Was Learning To Kill Gods in a Mental Hospital (Slay The Gods) ¿Alguna vez has pensado que bajo la ciudad de neón acechan monstruos de la mitología antigua? ¿Alguna vez has pensado que sobre la luna que está por… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026, Traducido por el grupo Spice121U. Aprendiendo a Matar Dioses en un Hospital Psiquiátrico (Novela) tiene 158 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.