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Leer Antigua Técnica de Fortalecimiento (Novela) Capítulo 885 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando Qing Shui vio la mirada decidida del Rey León de las Nieves, supo que el león estaba perdido. No intentó obligar a la bestia a tomar la píldora medicinal; prefirió dejar que las leyes de la naturaleza decidieran su destino. Para ser sincero, Qing Shui se sentía bastante incómodo con su decisión. Era una verdadera lástima dejar que una bestia majestuosa como ese león pereciera así sin más. Sin embargo, así era la vida de un «rey”, igual que la de otras bestias demoníacas en estado salvaje. En cualquier caso, capturar a una bestia demoníaca de la clase rey era considerado una rareza. De hecho, era prácticamente imposible, sobre todo tratándose de bestias demoníacas con una fuerza superior a la de un Santo Marcial en la Cima, ya que poseían una inteligencia derivada de funciones cognitivas avanzadas. Sin darse cuenta, el Rey León de las Nieves se desplomó contra el suelo, su cuerpo convertido en un cascarón vacío, completamente desprovisto de vida. Qing Shui suspiró profundamente y luego usó sus Llamas Primordiales para incinerar por completo el cadáver. No recuperó el núcleo ni los demás materiales del cuerpo del Rey León de las Nieves, sino que enterró sus restos bajo la tierra del Árbol del Fruto del Espíritu de Jade. Sin embargo, Qing Shui retiró el árbol y lo trasladó al Reino del Inmortal de Jade Violeta. Al principio pensó que el proceso sería algo difícil, ya que era la primera vez que intentaba mover un árbol tan grande, de diez metros de altura. Tras un arduo proceso y mucho esfuerzo, logró trasladar el árbol con éxito al Reino del Inmortal de Jade Violeta. El árbol podría crecer dentro del reino sin mucha dificultad. Qing Shui examinó con detenimiento la Fruta del Espíritu de Jade, que, casualmente, también se conocía con el mismo nombre en su vida pasada. Esta fruta podía ser consumida tanto por humanos como por bestias demoníacas, y aumentaba eficazmente su Qi Espiritual al ingerirla. En otras palabras, la fruta tenía la capacidad de alterar la constitución del cuerpo de forma fundamental. El efecto, sin embargo, sería diferente para cada humano y bestia demoníaca. Además, la fruta necesitaría un tiempo para madurar por completo. Para entonces, Qing Shui podría probar el efecto, que debería ser notable, ya que, al fin y al cabo, se trataba de un producto celosamente guardado por el Rey León de las Nieves. Su plan desde el principio era matar a la bestia, pero luego cambió de opinión y decidió intentar domarla en el último momento. Al final, no lo consiguió. Si no podía domar a la bestia demoníaca, sería imposible convivir con ella después. Una vez resuelto este asunto, Qing Shui se adentró en las profundidades del bosque. Aquel era el territorio del Rey León de las Nieves, por lo que Qing Shui no tendría problema alguno en enfrentarse a otras bestias demoníacas de su mismo nivel. ……… ¡Finalmente, logró salir del bosque! El sol brillante en el cielo era una vista alegre, que a su vez le alegró el ánimo. El bosque siempre era sombrío y oscuro, y a Qing Shui no le gustaba estar atrapado en esa atmósfera durante mucho tiempo. Por fin había llegado a las profundidades de la montaña. El entorno estaba rodeado de altos árboles centenarios y la atmósfera era pacífica, pero de un silencio casi irreal. Qing Shui se alarmó ante esta extraña situación y le pareció sospechosa, pues no había bestias demoníacas a la vista. Qing Shui estaba desconcertado. Le habían dicho que las bestias demoníacas serían más fuertes cuanto más se adentrara, pero no había ni rastro de ninguna bestia, ni siquiera una pequeña bestia demoníaca o una diminuta bestia voladora. Esta era una situación sumamente alarmante. Aquel lugar parecía una extensa playa. Observó con la mirada la zona cubierta de arena dorada, luego se arrodilló y tomó un puñado de arena antes de soltarla, dejando que se le escurriera entre los dedos. Mientras la arena volvía a caer al suelo, Qing Shui se levantó y siguió avanzando. ¡Debe haber un mar más adelante! Al fin y al cabo, era una playa. Curiosamente, percibía un aura en la arena bajo sus pies. Esta playa podría considerarse un punto caliente para encuentros con bestias demoníacas, ya que estaba muy cerca del océano. Sin embargo, no había visto ni una sola bestia demoníaca desde su llegada. El ambiente era tranquilo, inquietantemente tranquilo. Qing Shui giró la cabeza para vigilar posibles emboscadas y se dirigió hacia la zona donde la humedad aumentaba. Por otro lado, las coloridas conchas esparcidas por la playa aportaban un toque de viveza a la inquietante quietud del lugar, animando ligeramente el ambiente. Tras un breve paseo por la playa, una enorme bestia voladora pasó volando apresuradamente, como si huyera de algo. Qing Shui estaba tranquilo, aunque nervioso. No entendía por qué se había sentido así hacía un momento. Qing Shui parecía caminar con aparente tranquilidad, pero su paso era tan rápido como un relámpago. Con un solo paso en la arena, su cuerpo avanzaba unos diez li en un instante. Su expresión permanecía serena y tranquila mientras expandía su percepción espiritual hacia el entorno. Y entonces, se quedó paralizado… Un aura abrumadora se dirigió repentinamente hacia él como un huracán, envolviendo todo a su paso. Qing Shui se detuvo mientras seguía observando el aura. ¡Roar! Un rugido ensordecedor resonó en el cielo. En ese instante, Qing Shui comprendió el verdadero significado de la expresión «ensordecedor” al sentir la tierra y el cielo vibrar con aquel chillido gutural. No se parecía a ningún otro grito que hubiera escuchado en su vida. El rugido podía oírse incluso a miles de li de distancia. La expresión de Qing Shui cambió ligeramente. Miró fijamente al espacio lejano sin ponerse a cubierto, pues sabía que sería inútil, ya que nada podía escapar al sentido espiritual de su oponente. Al recordar a la bestia voladora de antes, finalmente comprendió por qué había parecido aterrorizada. ¡Roar! Otro rugido resonó en el cielo, seguido inmediatamente por una gran figura que se elevó por los aires. Una gigantesca bestia dorada, parecida a una pitón, sobrevoló el cielo a gran velocidad. Los ojos de Qing Shui siguieron a la bestia dorada, aún en estado de shock. La criatura voladora en el cielo era, con diferencia, la bestia demoníaca más grande que jamás había visto. El movimiento circular también resultaba intrigante. Qing Shui nunca había visto un dragón, pero en su vida pasada había visto ilustraciones en libros y fotografías. Sin embargo, al ver a la bestia dorada en el cielo, le vino a la mente de inmediato la majestuosa figura de un dragón. ¡Una forma de dragón! La gigantesca figura dorada medía unos 200 metros de largo y su cuerpo era tan fuerte como un diamante. Dos jorobas asomaban por la feroz cabeza del Jiao, como si con el tiempo fueran a crecerle cuernos en la coronilla. ¡El Jiao Dorado! Qing Shui finalmente comprendió que la bestia voladora era un Jiao Dorado, pero ignoraba si se trataba del mismo Rey Jiao Dorado que había aniquilado al Clan Cheng. Este Jiao Dorado parecía encajar con la descripción; o mejor dicho, podría ser el mismísimo Rey Jiao Dorado responsable de la destrucción de todo un clan. No estaba del todo seguro de cuántos Jiao Dorados habitaban las Montañas Penetrantes al Cielo, pero suponía que tampoco debería haber muchas bestias demoníacas de tal fuerza en las cercanías ni en otros lugares alrededor de la montaña. Además, si el hábitat del Jiao Dorado se encontraba en esta región, podía concluir que esta poderosa bestia debía ser la responsable de la muerte de todo el Clan Cheng. Mientras el Jiao Dorado se elevaba en el aire, sus ojos se dirigieron rápidamente hacia la playa y fijaron la mirada en Qing Shui, como si hubiera detectado su presencia en su territorio. Los ojos, semejantes a dos enormes faroles, brillaron intensamente sobre Qing Shui mientras giraba su feroz cabeza en su dirección. A los ojos del Jiao Dorado, Qing Shui parecía diminuto, como una hormiga en un vasto campo de arena. Sin embargo, la bestia pudo detectar ondas de energía provenientes del pequeño humano y se percató de que había entrado sin permiso en su guarida. ¿Qué pensaría Qing Shui si supiera que ha entrado en la guarida del Jiao Dorado? Si lo supiera, Qing Shui comprendería por qué no se había topado con ninguna bestia demoníaca al llegar a esa parte del bosque. La bestia voladora de antes debió de volar por error a esta zona, lo que explicaría su aparente terror al huir en dirección opuesta. Qing Shui comenzaba a preguntarse si él era el responsable del despertar del Jiao Dorado, o si la culpa era de la bestia voladora más pequeña. Las bestias demoníacas de las especies Jiao y serpiente poseen constitución única. Las más fuertes pueden alcanzar fácilmente más de cien metros de longitud gracias a sus dones naturales. Otras bestias voladoras, en cambio, difícilmente superarían los cien metros, ya que su límite de crecimiento es mucho menor que el de las especies Jiao y serpiente. Qing Shui tuvo una extraña sensación que le hizo recordar a la mujer del ataúd de cristal cuando se encontró frente al Jiao Dorado en el cielo. En cualquier caso, Qing Shui ya no era el mismo hombre que había sido cuando conoció a la mujer del ataúd de cristal. ¿Podría haberse fortalecido el Jiao Dorado desde que destruyó a ese clan? Qing Shui no lograba comprender del todo la fuerza total del Jiao Dorado, pero sabía con certeza que la enorme bestia era innegablemente poderosa. En cualquier caso, el Jiao Dorado no era un oponente al que pudiera derrotar fácilmente por ahora, ni siquiera con sus habilidades de debilitamiento. Qing Shui también presentía que no sería capaz de atravesar el cuerpo del Jiao Dorado con solo observar su lustrosa apariencia diamantina. La diferencia de fuerzas era demasiado grande. Qing Shui había descartado la idea de luchar contra el Jiao Dorado. Escapar de las garras de esa bestia aterradora era lo único que podía pensar en ese momento. Qing Shui se dio la vuelta rápidamente y echó a correr. ¡Roar! El chillido ensordecedor fue evidentemente más fuerte que los dos rugidos anteriores. La enorme figura del Jiao Dorado se cernía en el aire mientras la bestia se abalanzaba sobre Qing Shui a la velocidad del rayo. Esta velocidad aterradora bastó para que Qing Shui consumiera una Píldora de Viento inmediatamente. Tras esto, se giró rápidamente y ¡le colocó un Talismán de los Cielos Descendentes en el Jiao Dorado! ¡Ojos dorados y ardientes! ¡Qi del Emperador! ¡Roar, roar! El Jiao Dorado, enfurecido por las penalizaciones, avanzó y todo su cuerpo comenzó a brillar con una luz dorada. No solo recuperó su velocidad y poder, sino que sus atributos también se fortalecieron. Qing Shui sufría por dentro un dolor insoportable. Sin embargo, sacó varias Agujas de Acero Frío de Diez Mil Años, envenenadas, y las disparó una tras otra contra la gigantesca bestia. Las agujas eran extremadamente finas y afiladas, y en cuestión de segundos aparecieron frente al Jiao Dorado. ¡Tintinar! Un sonido nítido resonó en el aire, seguido de una sucesión de ecos similares. Para entonces, las agujas ya se habían hecho añicos. Ante el fracaso de sus ataques, Qing Shui se sintió aún más decidido a huir del combate. La fuerza de ese Jiao Dorado era demasiado perversa. Además, la dureza de su cuerpo no era ninguna broma… El Jiao Dorado poseía una extraordinaria capacidad para fortalecer su poder y capacidad espiritual tras sufrir las penalizaciones de Qing Shui. Esto no significaba necesariamente que las penalizaciones se disiparan por completo, pero sus efectos eran totalmente compensados por sus habilidades de combate. Si Qing Shui no hubiera aplicado más técnicas debilitadoras al Jiao Dorado, quizás su poder habría sido aún más formidable y aterrador. Qing Shui fue muy astuto en su huida, una habilidad especial que le proporcionaba el uso de sus Pasos Fantasmales. También supo aprovechar el terreno para escapar con agilidad, maldad y astucia. En plena huida, Qing Shui llegó inevitablemente al límite del bosque. Sin perder tiempo, se adentró en la espesura y rápidamente se movió para alejarse de los Jiao Dorados. El Jiao Dorado, por su parte, arrasó sin piedad el bosque, derribando y aplastando al instante los imponentes árboles ancestrales. Al mismo tiempo, Qing Shui conjuró dos Bolas de Fuego Primordial en sus manos y apuntó las llamas hacia la cabeza de la gran bestia. Sus Armas Ocultas habían demostrado ser inútiles e ineficaces contra la dura superficie del cuerpo del Jiao Dorado. Qing Shui pensó que podría infligirle algún daño con las Bolas de Fuego Primordiales. Para su asombro, el Jiao Dorado se mostró cauteloso por un instante cuando las bolas de fuego parecieron dirigirse abrasadoramente hacia su cabeza. Así pues, Qing Shui decidió usar las Bolas de Fuego Primordial para ganar tiempo y también como mecanismo de defensa contra el Jiao Dorado. Una serie de rugidos furiosos resonaron por todo el bosque, seguidos del pisoteo de los árboles ancianos y un rastro disperso de escombros de madera que dejó el Jiao Dorado. Qing Shui se elevó y planeó detrás de un árbol oculto en el paso de montaña antes de entrar sin dudarlo en el Reino del Inmortal de Jade Violeta. El Jiao Dorado lo siguió de inmediato y embistió el árbol tras el que Qing Shui se había ocultado, destruyendo todo a su paso. Sin embargo, Qing Shui ya se había marchado cuando tuvo la oportunidad de herirlo. Su aura había desaparecido cuando el Jiao Dorado intentó percibir su presencia en los alrededores. Aun después de confirmar la ausencia del aura de Qing Shui, el Jiao Dorado continuó destruyendo los árboles cercanos sin piedad. A pesar de ser una bestia demoníaca poderosa e inteligente, la percepción intelectual no parecía ser uno de sus puntos fuertes. Qing Shui se encontraba a salvo en su Reino del Inmortal de Jade Violeta. Tras un breve momento de cultivo, decidió salir del reino para evaluar la situación. El Jiao Dorado se agitaba cerca, como esperando la reaparición de Qing Shui. Sin embargo, la inteligencia de una bestia demoníaca era notablemente inferior a la de un ser humano. El Jiao Dorado era un claro ejemplo: ni siquiera percibió el aura de Qing Shui, cegado por el odio en su corazón. La conclusión a la que llegó el Jiao Dorado fue que Qing Shui ya había huido lejos de su territorio. Tras unos instantes, el Jiao Dorado volvió a pisotear una hilera de árboles antes de darse la vuelta y marcharse. Qing Shui observó en silencio los movimientos de la bestia, asegurándose de que el Jiao Dorado hubiera regresado a su guarida antes de continuar su viaje. Qing Shui no quería malgastar el tiempo que tenía asignado al Reino del Inmortal de Jade Violeta. Si consumía las seis horas completas, tendría que depender de sus Botas de los Nueve Continentes para escapar del peligro. Por supuesto, también podría optar por usar los Escalones de los Nueve Continentes para atravesar las Montañas que Penetran el Cielo sin tener que recorrer innecesariamente innumerables senderos sinuosos. Ahora que conocía la guarida del Jiao Dorado, decidió rodearla por seguridad. Dio un largo rodeo y se mantuvo lo más alejado posible del territorio imbuido del Qi Espiritual del Jiao Dorado. El desvío comenzó a cien li, adentrándose en el bosque, y luego hacia el sur y después hacia el norte. Al mismo tiempo, agudizó su percepción espiritual mientras recorría el territorio de la Jiao Dorada para detectar posibles peligros a kilómetros de distancia. Tras lograr rodear el territorio del Jiao Dorado, Qing Shui finalmente suspiró aliviado. Era la primera vez que Qing Shui se enfrentaba a una bestia demoníaca tan poderosa como el Jiao Dorado, que lo había obligado a huir despavorido.
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Antigua Técnica de Fortalecimiento (Novela) Capítulo 885

Estás leyendo el capítulo 885 de Antigua Técnica de Fortalecimiento (Novela), un novela. Un guerrero humano que cultiva la Antigua Técnica de Fortalecimiento ha trascendido las dimensiones y ha llegado a Kyushu. Junto a doce deslumbrantes bellezas de aspecto inigualable en su generación, ¿será capaz de… Este capítulo tiene publicado el 14 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Antigua Técnica de Fortalecimiento (Novela) tiene 942 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.