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Leer Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 2 online gratis en español

![](/api/get-image/df81fd64-c30d-48c4-bb06-b9b471ed4afd.webp/chapters/false) GLITCH CITY, 07 de septiembre de 2036. Aquella mañana, la lluvia caía sobre Glitch City. Bueno, como casi todas las mañanas, la lluvia caía sobre Glitch City, porque en esta maravillosa ciudad tan dramática sobre estas fechas siempre sucedía lo mismo: lluvia constante y resignada. O, al menos, una cortina gris que parecía formar parte del paisaje urbano y que, en cierto modo, hacía como que la mismísima ciudad sudara niebla. Las luces de neón y los semáforos se reflejaban en los charcos del asfalto y creaban halos temblorosos que se rompían cada vez que pasaba un coche: la gente odiaba aquel clima y, bueno, qué podía decir, Niksie era de ese team que agradecía el olor a tierra mojada porque era uno de sus favoritos… A propósito, Niksie Foster iba sentada junto a la ventana de uno de los últimos asientos del autobús, con la mochila vieja sobre las rodillas y sus amados auriculares puestos al ritmo aplastante de su grupo de rock favorito y en tendencia: CrossKills. Desde ahí, se limitó a observar, aburrida, a través del cristal. El lugar donde un pequeño error en un enorme sistema lo cambió todo. Eso era Glitch City. Hacía generaciones, alguien nació diferente. Grandioso, ¿verdad? Su cerebro se desarrolló de una forma que nadie pudo explicar entonces, dando así paso a las habilidades innatas, y, con él, también a lo que ahora conocemos como Afines y Anómalos. Eran seres humanos, claro, esto no eran ningún cómic de superhéroes, pero seres humanos con una absurda categoría que te calificaba como algo interesante y de valor o… en fin, simple escoria insignificante. Y, aunque la mayoría de la población eran Afines seguían teniendo esos d̵̢͎̏̃̌ȏ̵̰̺̰͊n̸̩̂e̴̼͙̘̐s̴̠̼̏̋͌, talentos menores, rarezas curiosas aunque poco útiles. ¿A quién le interesaban los Anómalos? Por el contrario… eran exquisitos, tiquismiquis y se creían muy poderosos por ser parte de ese selectivo club que los categorizaba como anomalías con habilidades que sí importaban y sí eran beneficiosas para la sociedad. El gobierno, por supuesto, no dejó pasar la oportunidad: nada más manifestarse, todo ciudadano debía registrar su habilidad especial y someterse a una evaluación obligatoria que te clasificaba de por vida. Y, cuidadito si te atrevías a ocultarlo, porque era delito; según ellos, sería muy peligroso dejar que la gente anduviera por ahí «sin etiquetar». Niksie inclinó ligeramente la cabeza, contando los semáforos en rojo que pasaban. Sí, ella era una Afín. Concretamente, una con la “transparencia verbal” en constante on. Y no, no era muy llevadero. Los agentes anotaron “incapacidad fisiológica para mentir al responder”, así que ocultarlo nunca estuvo en sus posibilidades; si le hacían una pregunta concreta, las palabras salían por sí solas, por más que ella no quisiera; oh, y era de lo más gracioso, porque si trataba de forzar una falsedad, su voz se entrecortaba y daba mucho el cante… Era por ese detallito que la sociedad la consideraba una desgracia incómoda, una inutilidad en toda regla y una persona no grata en… casi cualquier conversación. A Niksie no le importaba. O eso se repetía. El autobús frenó con un siseo frente a la Universidad Omnia de Glitch City. Niksie se levantó, se puso la capucha de la sudadera negra que llevaba debajo de la chaqueta azul marino del uniforme de la universidad —junto a una horrorosa falda plisada gris oscura, muy a su pesar— y bajó. Realmente, llevaba puesto lo que era estrictamente obligatorio llevar, y aún así, daría igual: a fin de cuentas, era difícil ser Niksie Foster y no llamar la atención. Era la rarita por excelencia. Todos la conocían, todos conocían ese pelo azul corto y peculiar, esas pecas sobre un rostro pálido y, sobre todo, todos conocían lo antisocial, insípida y fría que era cuando preguntaban algo para burlarse y ella podía responderte sin ninguna emoción la mayor de tus vergüenzas. La lluvia le salpicó la cara nada más poner un pie en la acera. Sus converse ya se habían llenado de agua por culpa de un charco anterior. —Genial —pensó para sí—. Otro día más… Niksie se ajustó la mochila y empezó a caminar hacia el edificio principal de Investigación Criminal, atravesando el campus y la zona de prácticas de los de Tácticas. A su alrededor, estudiantes corrían con paraguas o se refugiaban bajo los aleros: Niksie optó por silenciarlo todo y hacer que esas voces o esas miraditas indiscretas resbalaran de su cuerpecillo como si no hubieran llegado jamás. Ah, era consciente de que parecía una atracción de feria por los rumores que había sobre su habilidad y lo molesta que era, siempre había sido así desde que su grandioso talento inútil despertó. Niksie solo quería llegar a clase de Criminología, sentarse en la última fila y observar: quizás tomar notas en su cuaderno viejo y desgastado, contar patrones que se repetían en asesinos, pero… todo eso evitando conversaciones innecesarias, ¿vale? Quizás, sí, quizás… si no fuera porque tenía la sensación de que aquel día algo se torcería. O puede que simplemente fuera su estúpida cabeza deseosa de algo emocionante en su vida. Bah, ¿qué podría pasarle a ella? Niksie caminó bajo la lluvia, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en probablemente aquellos detalles en los que nadie más quería fijarse. Y eso, de momento, era suficiente y… —Adivina quién soy —canturreó una voz demasiado feliz para ser tan temprano. Niksie ni siquiera se molestó en tensarse… no porque le encantara el contacto físico de esas manos en sus ojitos oscuros, sino porque estaba acostumbrada al interceptamiento a traición de esa persona. Apenas había avanzado diez metros dentro del edificio esta vez: era todo un logro. —Blair. —¿Cómo puedes…? ¿Cómo puedes saberlo tan rápido? —protestó la aludida, claramente decepcionada, mientras retiraba las manos lentamente—. Esta vez me lo había currado. Iba a hacerte pensar que no te recibiría nada más entrar... Niksie se giró. Blair Hart se encontraba allí, con su pelo rosa sobre los hombros y ligeramente ondulado, una sonrisa de ángel —caído— y el uniforme impecable. Niksie podría pensar —como quien la viera— que era la viva imagen de la dulzura… Claro, sino fuera porque ella sí la conocía. —Mides uno sesenta y tres —respondió Niksie, sin inmutarse con el análisis—, usas un perfume de vainilla muy dulzón y eres la única persona en este campus que me tocaría voluntariamente. Diría que tus probabilidades de sorprenderme se encuentran bajo un cero sepulcral. Blair se llevó la mano al pecho con dramatismo, incrédula. Dramática. —A veces te juro que clavas puñales en mi corazoncito de manera irreparable… —No era mi intención. —Ese es precisamente el problema —Blair suspiró, pero sonrió de medio lado—. Cambiando de forma magistral el tema: ¿has estudiado para el examen de Criminología? —Sí. Blair río, alzando un puño tembloroso. —Como te odio. —Eso no es verdad. Era MUY dramática. —Ah… Lo sé, cállate —Blair le dio un empujoncito cariñoso en el hombro—. La profesora Karine ya me tiene en su lista negra de todas formas. Mientras que a otras en un pedestal brillante y desgarrador a la vista. Ah… Y yo te juro que lo intenté, pero es que fijo que suspendo, así que… —Eso parece más problema de tu concentración, Blair. Si no te fueras de fiesta, olvidaras tus rezos y te liaras con el primero que… —¡NIKSIE! —¿Qué? Es verdad… —Ah… Vámonos —dijo Blair, rápidamente—. No queremos llegar tarde al examen, ¿a que no? Blair la enganchó del brazo y las dos echaron a andar por el pasillo. Bueno, Blair andaba mientras que Niksie era arrastrada, designada cual complemento, al aula de Criminología: la hermosa especialidad que ambas estaban cursando en la Universidad Omnia, la única universidad que admitía tanto a Anómalos como Afines. »(…)« El examen empezó a las nueve. Niksie se sentó en la última fila, a una separación apta para el intento de copia de Blair. El aula se sumió en el silencio muy pronto: cuando la profesora Karine cruzó la puerta y repartió los susodichos exámenes. Después de eso, el roce de los bolígrafos y el repiqueteo suave de la lluvia contra las ventanas fue todo lo que quedó, mientras que la profesora se paseaba entre las mesas con una mirada de halcón de la que se decía “podría incluso leer tus pensamientos”. ¿Quién sabía? Era una Anómala, pero lejos de eso, los alumnos no conocían más que su dedicación por ć̶̗a̵͇͚̒z̷̞̀ǎ̵̖̋ṛ̴͐̈͜ ̶͔͒͆ a los “pecadores anti-conocimiento”. Niksie, por su parte, respondió sin dudar a todas las preguntas, disociando y suprimiendo por un segundo a la pobre Blair que, una fila por detrás, mordía el capuchón de su bolígrafo y suspiraba cada treinta segundos. Tiempo más tarde, terminó y terminó veinte minutos antes del tiempo límite: revisó sus respuestas una vez, entregó el examen y salió al pasillo sin hacer ruido. Tampoco le sorprendió encontrarse a Blair allí, sentada en los escalones de la escalera a la segunda planta, junto a la máquina de refrescos y ahogando sus penas en una bolsa de patatas fritas. La había notado salir antes, frustrada. —¿Cómo te ha ido? —preguntó Blair, refunfuñando sin levantar la vista y con un tic en la pierna. —Bien. —¿Bien de “forma humilde” o bien de “soy un ser superior en cuanto a la muerte se refiere y tengo un coeficiente intelectual ofensivo”? —¿Bien… —Niksie frunció el ceño— a secas? —Ah, definitivamente te odio —murmuró Blair, pero su tono era más cansado que realmente una ofensa. Niksie se sentó de lado en el primer escalón, apoyando la espalda contra la pared fría. —No. Extrañamente, sigues sin odiarme. Porque era cierto y, sinceramente, Niksie no terminaba de entender por qué. Blair soltó una risa corta y le ofreció la bolsa, a lo que Niksie tomó una patata. Su amiga se quedó callada, mirando un punto fijo, derrotada, y apoyó la cabeza sobre el hombro de Niksie: prácticamente, podía esnifar la vainilla y el champú caro. Niksie la miró de reojo; mordió la patata con lentitud. A ver, sabía que Blair no era de las que se derrumbaban por un examen mediocre, por más que fuera una proclamada dramática empedernida. Y ella no era la persona más expresiva del mundo, pero sabía distinguir cuándo sus sonrisas no eran radiantes de por sí y, por el contrario, sí pura fachada. No era solo el examen, ni la asignatura, ni Karine, ni la resaca de anoche… o alguna de esas cosas que Blair escondía debajo de capas y capas de sonrisas. A Niksie se le encendió una bombilla, recordando el cartel que había visto esa misma mañana en el tablón de anuncios, antes de que Blair la abordara. —Vamos —dijo de repente, poniéndose de pie y dando dos golpecitos suaves en el brazo de su amiga. —No… Quiero patatas y desvanecerme en este rincón para siempre, gracias —respondió Blair, abrazando la bolsa como si fuera un salvavidas. Niksie suspiró, se inclinó y la agarró de la muñeca con la paciencia tranquila que poseía y que tanto hacía desesperar a la gente. —Levántate. —Niks… Abandóname, en serio, no te preocupes por… —Hoy introducían los nuevos sabores de Coffyphobia en la cafetería. Si no recuerdo mal… —y no lo recordaba mal— empezarían con caramelo, matcha y lima ácida. ¿Vamos a ver? Yo invito esta vez. Blair levantó la cabeza de golpe y sus ojos color miel se iluminaron tras las gafas. —¿Coffyphobia? —repitió, casi con reverencia—. ¿Te refieres a esa marca de cafés helados tan famosa y de la que no paran de hablar en SnapLine? —Sí —confirmó Niksie, sin cambiar el tono neutro. Blair se levantó en menos de dos segundos cronometrados, sacudiéndose las migas de patata de la falda del uniforme con una energía hiper renovada. La derrota existencial había desaparecido por completo. Bueno, era un avance. —Eres lo peor y lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿lo sabías? —dijo Blair, mientras enlazaba su brazo con el de Niksie y empezaba a tirar de ella hacia la cafetería—. ¡Te besaría de la emoción! Un día de estos voy a hacerte un altar, con velas y todo. ¡Lo que quieras por mi Coffyphobia con sabor a caramelo! —No hace… falta —Niksie parecía a punto de sufrir un desbordamiento en su batería social—. Con que no suspendas el próximo examen me conformo. —Cállate, que me estás emocionando... Blair salió disparada con un bailecito de la victoria sin pensar en nada más que su preciado café helado y liberando en el proceso a Niksie, que respiró nuevamente el aire de la libertad, igual que lo haría su dinero en breves. —Coffyphobia… —canturreó Blair con felicidad—. Coffyphobia… con sabor de caramelo… Ah… Qué sencilla que era a veces. Niksie sonrió ligeramente, observándola desde detrás y pensando en cómo sería ser tan feliz como lo parecía Blair Hart con tan poco. En fin, daba igual, porque cuando pensó que tal vez ese día podría tener un momentito de paz con un famoso Coffyphobia entre manos, las fauces de la cafetería las recibieron, así como las miradas de víboras sedientas de la sangre de una rarita. Y, su reina, la inconfundible Siennah Starling, tenía ya una letal inyección de veneno preparada.
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Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) Capítulo 2

Estás leyendo el capítulo 2 de Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela), un novela. Allá donde la lluvia nunca termina por detenerse al completo y los seres humanos desarrollaron habilidades que te clasificaban como privilegio o desgracia, cierto individuo decidió jugar a ser el cazador de los… Este capítulo tiene publicado el 29 de julio de 2026. Anomalía: Bienvenidos a Glitch City (Novela) tiene 14 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.