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Leer Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) Capítulo 1068 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Idris✍️ Traducción: Crowli, Idris
Clank. ¡¡¡Crujido—!!! El incesante sonido de la maquinaria resonaba en todo el espacio. Una mujer alzó la cabeza ante el ruido incesante. En la oscuridad más absoluta, donde nada era visible, se volvió hacia la fuente del sonido. En lo más profundo del abismo, un ruido lejano resonó. La puerta que debería haber permanecido sellada se había abierto de golpe. Una puerta que nunca debió haberse abierto. No importa lo que haya pasado. No importa cuánto tiempo pase. Se suponía que esa puerta nunca volvería a abrirse. Y, sin embargo, permaneció completamente abierta. La mujer lo miró fijamente, paralizada. ¡Shhhhhhhhhhhhhh—!!! Desde más allá de la puerta, un mar abisal de oscuridad brotó, precipitándose hacia adelante en un torrente salvaje. La inundación se desató, consumiendo el vacío desolado que hacía tiempo había sido arrasado por el fuego, llenándolo en un instante. Shhhhhhh. Sintió cómo el agua se filtraba bajo sus pies descalzos. Mientras las olas crecientes le lamían los tobillos, los ojos de la mujer temblaban. ¿Cómo? ¿Cómo se había abierto esa puerta? Ella no podía entenderlo. Lo había ocultado por todos los medios posibles. Nunca debió haber abierto. Si lo hubiera hecho— Eso significaba que su elección había sido errónea. O- 'El sello del olvido se ha roto.' Para tomar esa decisión, tuvo que renunciar a algo crucial. Si la puerta se hubiera abierto, significaría que los recuerdos olvidados de alguien habían regresado. "No." No. No podía ser. Lo había guardado bajo llave junto con todas sus pertenencias. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué se había desmoronado tan fácilmente? ¡¡Swoooooosh—!! La mujer siguió avanzando, abriéndose paso entre las olas embravecidas. Este espacio, que una vez fue un vasto e infinito vacío, estaba destinado a ser llenado por este torrente. Los recuerdos que albergaba abarcaban incontables épocas, amenazando con engullirla por completo. El agua subió violentamente, como si quisiera sepultarla. Sin embargo, la mujer no se detuvo. No, no podía parar. Tenía que llegar hasta esa puerta. Tenía que volver a sellarla. No tuvo otra opción. El hecho de que se hubiera abierto era un milagro. Si lo dejaba como estaba, podría resultar una bendición para ella. Pero- 'No.' Para él, no lo sería. Decidida, siguió adelante. Las fuertes corrientes la abrumaban, pero no flaqueó. A través de la implacable tormenta de recuerdos, siguió adelante hasta que finalmente llegó a la puerta. Sus labios se torcieron en una mueca mientras extendía la mano. Sus dedos rozaron la puerta. La fuerza del agua que brotaba con tanta fuerza dificultaba cerrarla, pero apretó los dientes y empujó. Crujido... Con gran esfuerzo, la puerta comenzó a cerrarse. Se preparó para resistir las aguas embravecidas, forzándola a cerrarse, cuando... Apretar. Alguien la agarró de la muñeca. “...!” Sus ojos se abrieron de par en par. Nadie debería estar aquí. Era imposible que existiera alguien más en ese espacio. Sin embargo, sintió la innegable calidez del contacto de otra persona. Conmocionada, la mujer dirigió su mirada hacia el dueño de la mano. "...Ah." En el instante en que vio su rostro, un suave susurro escapó de sus labios. Ella jamás pensó que lo vería aquí. Aquel a quien siempre había anhelado. Aquella a la que siempre había anhelado ver. Sus ojos penetrantes e impasibles contenían un raro rastro de calidez. El hombre que una vez lo había sido todo para ella estaba frente a ella. En este lugar imposible. "Tú..." Ella intentó pronunciar su nombre. “Yehwa.” “...!” Él la llamó. Un nombre que pensó que jamás volvería a oír. Al oírlo, el cuerpo de Yehwa se puso rígido como una piedra. La puerta que estaba cerrando permaneció congelada en su sitio. El joven apretó con más fuerza la muñeca de ella y luego le apartó la mano con delicadeza. Mirándola, preguntó: “¿Ese es tu nombre?” “...” Yehwa no respondió. No, se negó a responder. Ella sentía que no debía hacerlo. Y sin embargo... "¿Tu nombre? ¿Un nombre, eh?... Mmm... Bien." "De ahora en adelante, eres Yehwa. Aceptémoslo." Lo había anhelado con tanta desesperación. Pero las palabras no le alcanzaron. El silencio llenó el lugar. Y mientras la puerta permanecía abierta, las emociones que había reprimido afloraron con fuerza, ahogándola por completo. Su mundo fue engullido por el mar abisal. BRRUMM-!!! Una explosión ensordecedora rasgó el aire, abriendo el espacio en dos. Una lanza partida por la mitad, destrozada por la fuerza, desgarró el vacío. El cielo, distorsionado en la distancia, se erigía como prueba irrefutable de lo abrumador que era el poder de Taechon. "...Ja." Y sin embargo, a pesar de desatar tal fuerza, Taechon solo dejó escapar una risa hueca. Tump. Algo cayó de su cuerpo . Bajó la mirada. Era su brazo. Su miembro cercenado rodó por el suelo antes de convertirse en polvo, desvaneciéndose en la nada. «¿Es esto siquiera posible...?» Pero a Taechon no le importó haber perdido el brazo. Su expresión retorcida permaneció fija en la figura que tenía delante. El ser que acababa de atravesar su energía... El ser que le había amputado el brazo. Lo que tenía ante sí era incomprensible. ¡¡¡RETUMBO—!!! ¿Cómo podría llamarlo? Oscuridad. Un vacío insondable y absorbente, completamente desprovisto de luz. Ni siquiera se le podía llamar noche. Era algo más puro que eso: verdadera oscuridad. Se expandió, luego se condensó de nuevo, cambiando como un ser vivo. La forma en que se movía, su propia naturaleza... Taechon no pudo expresarlo con palabras. “¿Cómo... puede existir algo así...?” Las únicas palabras que pudo pronunciar fueron palabras de duda. Porque no había otra posibilidad. Esa cosa— Era divinidad. Una presencia divina abrumadora, inmensa más allá de toda razón. Una fuerza que parecía surgir de la nada. “...Eso no es solo un fragmento que desciende.” Un dios. No, algo superior a un dios había puesto un pie en este mundo. La pura presión divina que irradiaba de esa cosa... Era comparable a un descenso real. A pesar de todo lo que Taechon había presenciado... Incluso con todo lo que había visto, esto era demasiado. La presión por sí sola podría afectar a reinos enteros. El mundo mismo no podría soportar algo así. Y como para demostrarlo... ¡¡¡Crujidooo Grietas se extendían por el espacio, propagándose desde la oscuridad. Por ahora, eran pequeños. Pero pronto, lo devorarían todo. “...” Los ojos de Taechon se entrecerraron. Una variable. Hasta ahora todo había sido una incógnita, pero esto... esto iba más allá de todo. Esto era algo que no podía soportar. Ni siquiera él pudo soportar eso. «...¿De dónde vienes?» Ya era demasiado tarde para suponer que esto era simplemente un fragmento del Señor Dragón. No- Allí se encontraba una divinidad independiente. Y entre todos los seres divinos que Taechon conocía... Pocos poseían una presencia tan imponente. Si tuviera que hacer una comparación... Solo el Maestro de los Innumerables Reinos podría rivalizar con esto. “Esto no tiene sentido.” Murmuró sus pensamientos en voz alta. “¿Por qué percibo en ti la divinidad de los Diez Mil Reinos?” Esa era la razón por la que estaba conmocionado. Aquello no era una sola presencia divina. Eran innumerables divinidades fusionadas entre sí. Una existencia grotesca. Y lo peor... "...Puedo sentir mi propia divinidad dentro de ella." Algo en aquello resonó con su propio poder. ¿Cómo? ¿Cómo fue eso posible? «...¿Qué demonios eres?» Mientras Taechon murmuraba su incredulidad... Vrrrrrrrrr—!!! La oscuridad retorciéndose se calmó de repente. Entonces, comenzó a tomar forma. Lo que antes era una masa informe se unió para formar una figura humana. Al principio, no era más que una sombra. Entonces, aparecieron mechones de cabello. La piel fue tomando forma. Sus ojos resplandecían de color. Ojos morados. Piel blanca. Cabello largo y suelto. La forma que había tomado— Era ella. La mujer con la que Taechon acababa de pelear hacía unos instantes. “...!” Un escalofrío recorrió la espalda de Taechon. No. No era simplemente la misma cara. Era algo completamente diferente. Hssssss. Cuando su cuerpo se solidificó por completo, quedó claro... Esta no era la mujer a la que se había enfrentado antes. “Huuh...” Un suave suspiro escapó de sus labios mientras su cabello ondeaba. Sus ojos color amatista, entrecerrados, se volvieron lentamente hacia Taechon. Fwoosh. La oscuridad que la había envuelto se transformó en un manto que cubrió sus hombros. Una túnica larga, negra y forrada de piel, pesada y majestuosa. En su mano— Una espada, más definida que antes, ahora completamente formada. La mujer— Ahora completamente transformado— "...Ah." Se cubrió los ojos con una mano y dejó escapar un profundo suspiro. "Por qué...?" ¿Por qué había sucedido esto? Su expresión no denotaba comprensión. Solo una confusión profunda e interminable. “¿Tú... qué exactamente...?” Taechon intentó hablar. Pero- BRRUMM-!! Antes de que pudiera terminar, una presión abrumadora cayó sobre él. Cerró la boca de golpe. Crack-!! Sus huesos crujieron y luego se hicieron añicos bajo la fuerza del impacto. Cayó de rodillas. “¡Guh...!” "...Cállate. No tengo ningún interés en escucharte ahora mismo. Me duele la cabeza." La mujer miró fijamente a Taechon, que se desplomaba. Sus ojos ardían— No solo con poder, sino también con emoción. “Tú... ¿qué eres...?” Distante. Su presencia divina era inconmensurable. Esto fue— Descendiente verdadero. Era exactamente como lo había sospechado. Ella era un ser semejante a él. Todavía- ¿Cómo? ¿Cómo había logrado descender con éxito? “Los innumerables reinos... jamás debieron haber permitido esto.” Algo de esta magnitud debería haber sido bloqueado. El Maestro de los Mil Reinos jamás habría permitido algo así. Y sin embargo, allí estaba ella, desafiando toda razón. Mientras Taechon, cediendo ante la presión, se obligaba a preguntar... "¿Permiso?" La mujer sonrió con sorna. “Eso se decidió hace mucho tiempo.” Un instante perdido en el tiempo. Un momento que nadie recordó. “...” Ante su respuesta, el rostro de Taechon se contrajo. "¿Qué vas a?" Una pregunta que había formulado una y otra vez. No esperaba respuesta. Pero esta vez... “Cheonma.” Una sola palabra. Dicho con calma, sin dudar. En el momento en que lo escuchó, Taechon intentó reaccionar... Pero- Barra oblicua. Una línea negra atravesó el aire. Y- Su cabeza se partió en dos. Tump. Su cabeza cercenada cayó al suelo. Se convirtió en polvo igual que su brazo. Dispersándose en la nada. Yehwa observó cómo el polvo se disipaba. Sus ojos violetas temblaban. Y detrás de ella— Gu Yangcheon. Se quedó allí de pie, con una expresión indescifrable. Su mirada estaba fija en ella. No con sorpresa. No con miedo. Pero como si estuviera pensando.
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Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) Capítulo 1068

Estás leyendo el capítulo 1068 de Amigo de la Infancia del Cenit (Novela), un novela. Gu Yangchun, quien traicionó a las sectas ortodoxas, se convirtió en un humano demoníaco bajo el dominio del Demonio Celestial. Viviendo como tal, llevó una vida llena de arrepentimiento. Cometió innumerables maldades… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Idris. Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) tiene 1136 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.