Leer Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) Capítulo 1033 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Idris✍️ Traducción: Crowli, Idris
¡Wuuung—!!
Los dedos se quedaron paralizados. Temblaban de sudor frío, incapaces de atravesar la garganta.
Ningún movimiento. ¿Fue vacilación? No. Él no lo creía.
En ese momento, realmente quería morir.
Su intención era acabar con todo de un solo golpe, un golpe mortal.
'Este...'
Su mano estaba rígida. Como si se hubiera convertido en piedra, se negaba a moverse.
O tal vez, daba la sensación de que alguien lo había agarrado, sujetándolo inmóvil.
Al darse cuenta de esto, sus pupilas temblaron violentamente.
No podía morir.
Las palabras de su madre se convirtieron en una cruda realidad. El suicidio le estaba prohibido.
Ahora lo entendía.
Era extraño, en cierto modo. ¿Cuántas veces había sido su mente destrozada, golpeada por la agonía?
Había sobrevivido a un sinfín de llantos y gritos desesperados.
Fue una vida forjada por sus propias manos, sin embargo...
'Si hubiera querido, podría haber muerto.'
La muerte siempre había estado lejos, pero a la vez cerca.
¿A cuántos había matado con sus propias manos? No habría sido descabellado pensar que acabaría como ellos.
Sin embargo, ¿alguna vez había temido realmente a la muerte?
'Nunca.'
Curiosamente, su propia muerte le pareció incolora.
Ni miedo, ni indiferencia.
'Desinterés.'
La muerte misma siempre me había parecido algo lejano.
Sería más preciso decir que nunca lo había considerado.
Porque en realidad nunca había deseado morir.
¿Pero por qué?
¿Cómo es posible?
¿Se debía a una gran fuerza de voluntad? Ridículo. Estaba seguro de que no era así.
Se había derrumbado más veces de las que podía recordar.
Se había desplomado una y otra vez, sin cesar.
Había pensado, decenas de miles de veces, que ya no quería ascender.
Sin embargo, en cada ocasión, alguien le había levantado la mano.
O tal vez, no se había levantado por sí mismo, sino por alguien más.
Paejon dijo una vez:
«Discípulo. Abusas de tu cuerpo imprudentemente, como si el dolor o la muerte no significaran nada para ti.»
En aquel entonces, lo había interpretado como una simple advertencia sobre su estilo de lucha brusco.
Y seguramente, Paejon no había querido decir nada más que eso.
'...Sin embargo, ahora'
Sonaba diferente.
"Es como si actuara así porque ni siquiera podía concebir la muerte."
Porque estaba lejos de la muerte.
O porque nunca se le pasó por la cabeza.
Como nunca había reconocido su propia mortalidad, sus acciones habían sido imprudentes.
¿Acaso pensaba que no importaba, creyendo que era su propia decisión, cuando, en realidad, algo más le permitió cruzar esos límites?
'...Me siento enferma.'
Se le revolvió el estómago.
Quiso taparse la boca inmediatamente.
¿Fue Turtle quien lo dijo? ¿O quizás Shin Noya?
Que estaba encadenado por el destino, atrapado en la jaula del karma que el mundo había forjado.
Que desde el principio, su destino había estado predeterminado, y que sus supuestas decisiones quizás nunca fueron suyas.
Esas palabras se le metieron bajo la piel, calando hondo en lo más profundo de su ser.
A medida que se daba cuenta de ello, un escalofrío le recorrió la espalda.
'Yo...'
¿Qué soy?
“Hijo.” “...!”
La voz de su madre lo sacó de su ensimismamiento. Intentó estabilizar su respiración agitada.
“Hoo... Hoo...”
Su aliento se condensaba en el aire. Su energía turbulenta se intensificaba, calentándolo desde dentro.
“Hijo...” “...Estoy bien.”
No lo estaba. No estaba nada bien. Pero tenía que aguantar.
“...Entonces, ¿es por esto que tuve que consumir el Fruto Divino?”
Ese miserable destino que el mundo le había impuesto.
¿Era necesario este acto para liberarse de ello?
A esa pregunta, su madre respondió:
“Sí. Era necesario.” “¿Por qué?” “No puedo decírtelo. Todavía no.” “...Ja. ¿Después de haber llegado tan lejos?” “...Lo siento...” “...¿Cuándo, entonces? ¿Cuándo lo sabré por fin?”
Incluso después de llegar al monte Marryeong, siguió ocultando la verdad.
¿Cuándo lo oiría finalmente?
Su respuesta, en esta maldita situación...
“Con el tiempo... Con el tiempo lo sabrás.”
Su voz, suplicante, casi desesperada.
¿A tiempo?
'...Había otro Árbol Divino.'
Además del que se encuentra en el monte Hua, existía otro más.
Un árbol antiguo, poco conocido, bajo la protección de un general olvidado.
¿Solo llegando a ese lugar descubriría la verdad?
Entonces.
“¿Qué me puedes decir ahora...?”
Aquí, en el monte Marryeong, ¿qué conocimientos podría adquirir?
¿Había algo que pudiera descubrir después de haber llegado tan lejos?
Preguntó, con la voz cargada de preguntas.
Y su madre habló:
“Preguntaste antes. ¿Por ese niño, verdad?” “...!”
Se le secó la garganta al tragar.
La Espada Divina.
La niña, a quien llamaban hija de su madre, aparecía aquí y allá, vagando como una sombra.
Ella era conocida como Yarang, pero él sentía lo contrario.
'Ella es la Espada Divina.'
Dejando a un lado su apariencia, todo en su interior lo gritaba.
Cada instinto, cada sentido proclamaba que ella era la Espada Divina.
Se había preguntado por qué ella, precisamente ella, se movía bajo las órdenes de su madre.
Y ahora—
Su madre estaba a punto de responder.
Mientras esperaba, tenso y sin aliento...
“Tienes razón.” “...!”
La respuesta que buscaba, que tanto anhelaba, se la confirmó su madre.
Apretar-!
Sus puños se cerraron con fuerza al oír esas palabras.
Era tal como lo esperaba, pero escuchar la confirmación de labios de su madre fue una sensación completamente diferente.
“¿C-Cómo... cómo...?”
Las palabras no salían bien.
Quería preguntarle cómo podía estar allí. Sin embargo, su voz flaqueó, haciéndose añicos.
Por suerte, su madre pareció comprender. Habló en voz baja, con voz suave.
"...Porque es una niña lamentable."
“...”
Podría haberlo dejado pasar. Pero conociendo sus recuerdos... y sabiendo lo valiosa que era para ti, decidí intervenir, aunque solo un poco.
"¿Qué quieres decir?"
La intromisión tenía sus límites. El mero hecho de que la Espada Divina estuviera allí resultaba incomprensible.
¿No te acuerdas? Una vez te dije que la abrazaras.
“¿Qué... Ah?”
Al principio no lo entendí, pero luego resurgió, durante la batalla en el Salón del Dragón Divino.
Cuando luchó contra Cheonma.
En ese momento, cuando el cuerpo de Wi Seol-ah expulsó la Espada Divina.
Quien había desatado un aura demoníaca y lo había protegido de Cheonma había sido, sin duda, la Espada Divina.
Y después, cuando el alma que se desvanecía fue absorbida por él, siguiendo las palabras de su madre.
'¿Podría ser...?'
¿Fue entonces?
Si el alma que absorbió siguiendo las instrucciones de su madre hubiera fluido hasta aquí...
¿Y adoptaron el nombre de 'Yarang'?
Su corazón latía con fuerza. Desde el momento en que ella confirmó que Yarang era, en efecto, la Espada Divina.
¿La Espada Divina?
¿Era realmente ella?
Los ojos tras esa máscara, los que se habían encontrado con los suyos... tan solo recordarlos le aceleraba el corazón.
En ese momento—
Swoosh..
Su madre, aún en su forma espiritual, dirigió su mirada hacia algún lugar más allá.
Siguiendo su mirada, giró la cabeza.
Más allá del lago, inmóvil y frente a ellos, estaba Cheonma.
Como si presintiera su mirada, Cheonma les devolvió la mirada.
Una expresión inexpresiva.
Los vibrantes ojos color amatista, tan brillantes, pero completamente desenfocados.
La diferencia en esos ojos con respecto a su vida pasada le impactó; un recordatorio de que esta vida y la anterior no eran iguales.
Pero entonces...
“Sé lo que esperas, hijo mío.”
La mirada de su madre volvió a posarse en él, y ella habló de nuevo:
“Pero me temo que lo que esperas... no existe.”
"...¿Qué?"
“Aunque siga siendo la misma persona a la que una vez tuviste cerca... no te recordará.”
"Qué quieres decir...?"
“El olvido es a la vez un castigo y una misericordia. Hay cosas que solo podemos hacer cuando no recordamos nada. Eso fue cierto para mí... y también lo es para ella.”
Los ojos de su madre se posaron brevemente en Cheonma antes de volver a fijarse en él.
“Y también será cierto para ti.”
"No entiendo."
“Si queda un alma pero los recuerdos se han ido, ¿sabes qué queda?”
"No."
“Lo que queda... es la emoción.”
Su madre se incorporó ligeramente y se acercó a él.
“Un alma conserva únicamente las emociones que alguna vez albergó. Imagina... vivir con emociones despojadas de todo contexto, anhelando algo que ni siquiera puedes nombrar.”
“...”
¿Existir solo con emoción, sin memoria?
Jamás se le había pasado por la cabeza la posibilidad de un estado así.
“Es vacío. Es doloroso. Anhelar lo que no se puede conocer es una maldición. Así que, recuérdalo bien…”
Su mano rozó su mejilla.
“El olvido puede parecer un castigo, pero también es una misericordia. Y despojar incluso las emociones de ese olvido… soportar todas las cargas en soledad…”
Hizo una pausa, con la voz grave.
“Esa... es la sentencia más grave de todas.”
“Mamá, ¿por qué me dices esto ahora...?”
Se preguntó: ¿estaba esto relacionado con la pérdida de memoria de la Espada Divina?
O-
“Solo… una pequeña intromisión. Un pequeño acto de compasión por un niño pobre. Algún día, cuando descubras lo que nunca debiste saber, recuerda mis palabras.”
Mientras decía eso, su madre le acarició suavemente el cabello con la mano.
Críptico. E incomprensible.
Entonces-
“Lamento no poder contártelo todo todavía. Pero ten en cuenta esto: algunas cosas deben permanecer desconocidas para que puedas alcanzar lo que deseas.”
Esa frase otra vez.
Algunas cosas deben permanecer desconocidas.
Frunció el ceño profundamente, recordando sus palabras anteriores.
Para lograrlo, no debes saberlo.
Su madre le había dicho una vez que deseaba que encontrara la felicidad.
¿Estaba esto relacionado con ese deseo?
“...Madre. Hablaste del Fruto Divino.”
Ante sus palabras, su expresión cambió y finalmente habló de ello:
"Sí."
“Los Árboles Divinos... una vez que los encuentres todos y llegues al último de ellos, solo entonces encontrarás lo que buscas.”
Un árbol de Yahwol.
Un árbol desde aquí: el monte Maryeong.
Y una más.
¿Era cierto que, al reunirlos todos, el Fruto Divino podría ser suyo?
Pero-
'Si se trata de todos los Árboles Divinos...'
¿Eso significaba que incluso el de la Secta del Monte Hua estaba incluido?
Mientras ese pensamiento cruzaba por su mente...
“Y… si tu madre pudiera pedirte una sola cosa…”
Una mano pálida acarició suavemente su mejilla.
“Nunca. Jamás me busques.”
Sus ojos se abrieron de par en par ante la repentina advertencia.
Sentía una extraña similitud con lo que ella le había dicho antes, cuando lo protegió del Demonio de Sangre.
“Ahora no. Todavía no. Así que... nos vemos luego.”
“¡Madre, espera…!”
Aún quedaba mucho por decir.
Todavía tenía que preguntar por Noya.
Cuando el pensamiento le asaltó y abrió la boca para hablar...
De repente-
"Puaj...!"
La figura de su madre tembló violentamente, como si le hubiera caído un rayo.
Y luego-
Tump.
Ella se desplomó.
"Madre...?"
Se abalanzó sobre ella y la atrapó justo cuando caía.
Su cuerpo, inmóvil y frío, se movió levemente de repente.
“Ah...”
Un débil sonido escapó de sus labios, y ella volvió el rostro hacia él.
“...¿G-Gwiin?”
Ante esa palabra inesperada, su rostro se endureció.
Era la voz de un espíritu.

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Amigo de la Infancia del Cenit (Novela)
Capítulo 1034
Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) Capítulo 1033
Estás leyendo el capítulo 1033 de Amigo de la Infancia del Cenit (Novela), un novela. Gu Yangchun, quien traicionó a las sectas ortodoxas, se convirtió en un humano demoníaco bajo el dominio del Demonio Celestial. Viviendo como tal, llevó una vida llena de arrepentimiento. Cometió innumerables maldades… Este capítulo tiene publicado el 4 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Idris. Amigo de la Infancia del Cenit (Novela) tiene 1136 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.