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Leer Ámeme señorita Villana! (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

Finalmente... ¡Finalmente llegó! ¡El esperado día había llegado! Las eternas jornadas de clases, apuntes, exámenes, teoría mágica y profesores que parecían disfrutar haciendo sufrir estudiantes por fin habían terminado. No podía evitar sonreír mientras caminaba tranquilamente por los amplios pasillos de la academia. —Qué felicidad... Aunque, siendo completamente sincera... Jamás pensé que volvería a decir algo así después de terminar la preparatoria en mi mundo. Allá también me quejaba muchísimo de estudiar. Pero ahora... Después de regresar a una escuela... Mágica. Con nobles. Con profesores capaces de lanzar hechizos. Y con exámenes donde realmente podían explotar cosas... Comenzaba a pensar que los antiguos exámenes de matemáticas no estaban tan mal. Bueno... Sí estaban horribles. Pero al menos nunca existía la posibilidad de terminar chamuscada. Suspiré con una pequeña sonrisa. La verdad era que, por mucho que disfrutara estar en este mundo... No podía decir lo mismo de asistir diariamente a clases. Porque sí. Era absolutamente maravilloso compartir la misma academia que la señorita Mina. Poder verla todas las mañanas. Poder hablar con ella. Bueno... Intentar hablar con ella. Porque la mayoría de las veces seguía respondiéndome con una mezcla de indiferencia y comentarios afilados que probablemente pretendían alejarme. Aunque, siendo honesta... Ya no eran tan fríos como al principio. Y solo pensar en eso hacía que todo hubiera valido la pena. Sin embargo... Las clases seguían siendo clases. Y después de tantos meses... Incluso la magia terminaba resultando agotadora. La teoría. Las prácticas. Los trabajos. Las investigaciones. Los ejercicios de control de maná. Las evaluaciones sorpresa. Y, por supuesto... Los interminables discursos de algunos profesores. Definitivamente había cosas que nunca cambiaban, sin importar el mundo. Reí para mis adentros. —Aunque... Creo que sigue siendo mejor que un trabajo explotador de oficina... Sí. Muchísimo mejor. Al menos aquí podía lanzar hechizos cuando algo me molestaba. Bueno... Todavía no podía. Pero algún día lo lograría. ... Mientras seguía caminando junto a Yukko por el largo corredor principal, observé cómo numerosos estudiantes cargaban maletas, cajas y distintas pertenencias. Las vacaciones finalmente habían comenzado. Durante las próximas dos semanas la academia permanecería prácticamente vacía. Muchos regresarían con sus familias. Otros viajarían. Algunos aprovecharían para entrenar. Y unos pocos... Simplemente descansarían. Oliver, por ejemplo, ya había partido hacía unos minutos. Había ido a recoger las últimas cosas de su habitación antes de regresar con su familia. Seguramente aprovecharía las vacaciones para ayudar en el negocio de su padre. O investigar algún artefacto extraño. Era exactamente el tipo de persona que haría ambas cosas al mismo tiempo. La señorita Mina también había partido apresuradamente. Apenas sonó la campana final prácticamente desapareció rumbo a su habitación para recoger sus pertenencias. Seguramente su carruaje ya estaría esperándola. Después de todo... Dentro de pocos días sería presentada oficialmente como la futura heredera de la Casa Belrose. Pensándolo bien... Qué envidia. Ojalá pudiera formar parte de su equipaje. ... No. Espera. Eso sonó bastante raro incluso dentro de mi cabeza. Aunque... Si existiera una maleta suficientemente grande... Sacudí rápidamente la cabeza. —No, Iris. No pienses cosas extrañas. Yukko me observó de reojo. —¿Otra vez pensando en la señorita Mina? Me sobresalté apenas. —¿Qué comes que adivinas? Ella soltó una pequeña risa. —Es que siempre haces exactamente la misma cara. —¿Qué cara? —La cara de "estoy imaginando algo relacionado con Mina". —¡Tengo una cara para eso! —Muchísimo. —Qué cruel... Yukko volvió a reír. Era curioso. En el juego nunca llegábamos a desarrollar una amistad como esta. Nos conocíamos. Claro. Pero la protagonista original casi siempre terminaba dedicando todo su tiempo al interés amoroso que el jugador hubiera elegido. Yukko acababa ocupando un papel secundario. Una aliada. Una compañera. Nada más. Ahora... Era completamente diferente. Caminábamos juntas prácticamente todos los días. Comíamos juntas. Entrenábamos juntas. Planeábamos cosas. Y, de alguna forma... Había terminado convirtiéndose en una de las personas en quienes más confiaba dentro de este mundo. Pensándolo bien... Eso también significaba que me estaba alejando cada vez más de la historia original. Y, curiosamente... Aquello ya no me daba tanto miedo como antes. Porque si algo había aprendido durante estos meses... Era que cambiar una historia también podía significar crear recuerdos nuevos. Recuerdos que jamás existieron en el juego. Y, honestamente... Esos recuerdos comenzaban a gustarme mucho más que los originales. Continuamos caminando lentamente por los amplios pasillos de la academia. Muchos estudiantes ya habían abandonado el edificio principal. Los profesores comenzaban a despedirse entre ellos. Algunas sirvientas retiraban lentamente adornos y materiales utilizados durante el semestre. Era extraño. Hacía apenas unas horas aquellos mismos pasillos estaban llenos de estudiantes corriendo de un salón a otro. Ahora... Todo comenzaba a quedarse en silencio. Yukko estiró los brazos con fuerza. —¡Al fin vacaciones! —¿Eh? Pensé que te gustaban las clases. —¿Qué? Se llevó una mano al pecho exageradamente. —¡Claro que no! —¿Entonces por qué siempre sacas buenas calificaciones? —Porque mi familia me mata si saco malas. —... —... Las dos nos quedamos en silencio unos segundos. Después comenzamos a reír. —Lo dijiste demasiado natural... —Porque es verdad. —Pobrecita... —¡No me tengas lástima! Volvió a reír. Era increíble cómo Yukko conseguía hacer que cualquier conversación terminara siendo relajada. Supongo que esa era una de las razones por las que tantas personas terminaban apreciándola. Era imposible permanecer serio demasiado tiempo a su lado. Mientras descendíamos una de las escaleras principales, Yukko volvió a hablar. —Oye, Iris. —¿Sí? —Tú regresarás a tu casa durante las vacaciones, ¿verdad? —Claro. —Entonces... Se quedó pensativa unos segundos. —¿Cómo es? La miré con curiosidad. —¿Mi casa? —Sí. Bueno... En realidad nunca he visto cómo vive un plebeyo. Me detuve un momento. Era una pregunta tan sencilla... Y, al mismo tiempo, tan difícil de responder. Porque... ¿Cómo explicarle algo que para mí era completamente normal? —Bueno... No tiene nada de especial. Es una casa pequeña. Muy pequeña comparada con las mansiones de ustedes. Pero es acogedora. Yukko parecía escuchar con muchísima atención. —¿Y tienen jardín? —No. —¿Caballerizas? —Tampoco. —¿Sirvientes? —Muchísimo menos. —¿Carruajes? No pude evitar reír. —Yukko... Creo que estás imaginando una casa un poquito diferente. Ella inclinó ligeramente la cabeza. —Bueno... Es que nunca he visto una. Siempre he vivido dentro del distrito noble. Intenté escaparme un par de veces. Pero nunca me dejaron llegar muy lejos. —¿De verdad? —Ajá. Los guardias siempre me encontraban. Parece que soy muy mala escapándome. —Eso explica muchas cosas. —¡Oye! Nos reímos nuevamente. Pero poco a poco... La conversación comenzó a volverse más tranquila. —Entonces... ¿Cómo viven normalmente los plebeyos? Miré hacia el enorme ventanal del pasillo. Desde allí podía verse gran parte de Astoria. El distrito noble. Las grandes avenidas. Las enormes residencias. Y, mucho más lejos... Las pequeñas casas donde vivía la mayoría de la población. —Bueno... Depende mucho de la familia. Hay algunos que viven bastante bien. Artesanos. Comerciantes. Herreros. Algunos incluso llegan a ganar muchísimo dinero. Pero... La mayoría simplemente intenta salir adelante. Yukko permanecía completamente concentrada. Era evidente que jamás había escuchado hablar de aquello con tanta naturalidad. —La mayoría trabaja prácticamente todos los días. Desde muy temprano. Hasta muy tarde. Y cuando digo muy tarde... Me refiero a que algunos regresan a casa cuando ya ni siquiera queda luz. —¿Todos? —Muchísimos. Ella frunció ligeramente el ceño. —Pero... Entonces... ¿Cuándo descansan? Sonreí con cierta tristeza. —Cuando pueden. No cuando quieren. Aquella respuesta hizo que Yukko permaneciera completamente callada. Continué caminando lentamente. —Muchas familias tampoco pueden vivir con un solo trabajo. A veces el padre trabaja. La madre también. Y cuando los hijos tienen edad suficiente... Ellos también empiezan a trabajar. Porque de otra forma... Simplemente no alcanza. Yukko abrió lentamente los ojos. —¿Qué...? —Así funciona para muchos. —Pero... ¿Y estudiar? Sonreí. —Precisamente por eso estudiar aquí es un lujo. Muchísimos niños jamás tienen la oportunidad. Algunos apenas aprenden a leer. Otros ni siquiera eso. Y cuando finalmente podrían estudiar... Ya necesitan ayudar económicamente en casa. Así que... Nunca llegan. Yukko parecía completamente desconcertada. —Siempre pensé que... Se quedó pensando unos segundos. —Bueno... Siempre escuché que los plebeyos vivían con mucha más libertad que nosotros. Que no tenían tantas reglas. Ni etiqueta. Ni clases de protocolo. Ni reuniones aburridas. Que simplemente... Vivían. No pude evitar sonreír. —Bueno... En parte es verdad. No tenemos que memorizar cientos de normas de etiqueta. Ni preocuparnos por representar un apellido importante. Ni asistir a reuniones políticas. Pero... Eso no significa que vivamos sin preocupaciones. Todo lo contrario. Simplemente... Nuestras preocupaciones son diferentes. Guardé silencio unos instantes. Después añadí con calma. —Cuando una familia noble pierde dinero... Normalmente sigue teniendo una casa. Tierras. Contactos. Recursos. Cuando una familia plebeya pierde dinero... A veces pierde la comida de esa semana. Y otras veces... Pierde la casa. Yukko dejó de caminar. Bajó lentamente la mirada. —... No sabía nada de eso. La observé unos segundos. Y sonreí con tranquilidad. —No tienes por qué saberlo. Ella levantó inmediatamente la vista. —¡Claro que sí! Su respuesta salió con tanta fuerza que incluso me sorprendió. —Si vivimos en el mismo reino... Debería saber cómo viven todos. No solo los nobles. Permanecimos unos segundos en silencio. Entonces no pude evitar reír suavemente. —Sabía que responderías algo así. —¿Eh? —Porque eres tú. Yukko sonrió algo avergonzada. —Supongo... Pero... Todavía hay algo que no entiendo. —¿Qué cosa? —Si todo eso es tan difícil... ¿Por qué sigues sonriendo tanto? La pregunta me tomó completamente desprevenida. Nunca me lo había preguntado realmente. Miré unos segundos hacia el cielo que comenzaba a teñirse de naranja por el atardecer. Y terminé respondiendo con una pequeña sonrisa. —Porque si dejo de sonreír... Los problemas seguirán estando ahí. Así que... Prefiero sonreír mientras intento resolverlos. Yukko permaneció observándome varios segundos. Después... Sonrió también. —¿Segura que no sigues el camino de la exultacion Iris? Creo que entiendo por qué la señorita Mina nunca consigue alejarte Yukko todavía seguía sonriendo cuando retomamos el camino. Durante algunos minutos ninguna de las dos volvió a hablar. El silencio no era incómodo. Al contrario. Era de esos silencios que solo podían existir entre personas que ya se conocían lo suficiente como para no sentir la necesidad de llenar cada segundo con palabras. Las últimas luces de la tarde atravesaban los enormes ventanales de la academia, pintando los largos pasillos con tonos anaranjados. Dentro de poco aquel lugar quedaría completamente vacío. Resultaba extraño. Hacía apenas unos meses yo había llegado aquí completamente sola. Sin conocer absolutamente a nadie. Y ahora... Tenía amigos. Una noble extremadamente escandalosa. Un comerciante con demasiadas ideas. Y una villana que todavía seguía sin aceptar que ya formaba parte de nuestro grupo. ... Bueno. Tal vez la última todavía no quisiera admitirlo. Pero ya era demasiado tarde. Sonreí para mis adentros. —¿Otra vez? La voz de Yukko me sacó de mis pensamientos. —¿Eh? —Otra vez pusiste esa sonrisa. —¿Cuál sonrisa? —La de "estoy pensando en la señorita Mina". —¡No hago una sonrisa especial cuando pienso en ella! Yukko cruzó los brazos. —Claro que sí. —No. —Sí. —No. —Sí. —... Suspiré resignada. —Está bien... Tal vez un poquito. —¡Lo sabía! No pude evitar reír. —Bueno... ¿Qué puedo decir? La señorita Mina ocupa una gran parte de mis pensamientos. —Eso ya lo sabemos todos. —¿Tan evidente soy? —Muchísimo. Me llevé una mano a la frente. —Tengo que mejorar eso... —¿Por qué? —Porque algún día ella misma se va a dar cuenta. Yukko soltó una carcajada. —¡Iris! —¿Qué? —Estoy bastante segura de que ya se dio cuenta hace meses. ... Silencio. ... ¿Eh? Me detuve completamente. —¿Cómo que hace meses? —Pues sí. —I-imposible. —Iris. —No. —Iris. —¡No! Yukko volvió a reír. —Literalmente todo el tiempo hablas de ella. —Eso no significa nada. —La miras cada vez que entra a un salón. —Casualidad. —Siempre buscas sentarte cerca. —Pura coincidencia. —Conoces exactamente qué dulces le gustan. —... —Sabes cuáles materias disfruta más. —... —Recuerdas las fechas importantes de su familia. —... —Y hace dos semanas discutiste veinte minutos con Oliver porque confundió el color favorito de Mina. Abrí lentamente la boca. Luego la cerré. Después volví a abrirla. ... Eso sí había pasado. —Bueno... Eso fue un accidente. —Fue bastante divertido. Suspiré derrotada. —Entonces... ¿De verdad todos ya lo saben? Yukko inclinó ligeramente la cabeza. —No sé si todos. Pero nuestro grupo definitivamente sí. ... Qué vergüenza. Durante unos segundos sentí unas enormes ganas de desaparecer. ¿Cómo había sido tan obvia? Aunque... Pensándolo mejor... Tampoco era algo que hubiera intentado esconder demasiado. Simplemente... Nunca imaginé que fuera tan evidente. Yukko sonrió con cierta ternura. —No creo que tenga nada de malo. —¿No? —No. Al contrario. Creo que es bonito. La miré con curiosidad. Ella continuó caminando tranquilamente. —Cuando hablas de la señorita Mina... Siempre sonríes. Aunque acabes de discutir con ella. Aunque ella te regañe. Aunque te ignore. Siempre terminas sonriendo. Nunca entendí muy bien por qué. Pero... Creo que ahora empiezo a comprenderlo un poco. No respondí inmediatamente. Simplemente sonreí. Porque... Ni siquiera yo sabía explicar exactamente por qué era así. Al principio todo había comenzado como una simple admiración hacia mi personaje favorito. Luego... Quise salvarla. Después... Quise conocerla. Y ahora... Ya ni siquiera sabía exactamente cuándo había dejado de pensar en la "villana del juego" para comenzar a pensar simplemente en... Mina. Una chica orgullosa. Terca. Demasiado seria. Incapaz de aceptar un cumplido. Y mucho más amable de lo que ella misma permitía que los demás vieran. Era curioso. En el juego yo conocía a Mina. O al menos eso creía. Pero la Mina que caminaba por estos pasillos... No era exactamente igual. Era mejor. Muchísimo mejor. Y precisamente por eso... No estaba dispuesta a permitir que la historia la destruyera otra vez. Respiré profundamente. Era momento de hablar del verdadero motivo por el que aquellas vacaciones eran tan importantes. —Yukko. —¿Sí? —Necesito infiltrarme en una fiesta. Ella dejó de caminar. Giró lentamente la cabeza. Me observó durante varios segundos. —... —... —¿Qué? —Eso mismo. Necesito infiltrarme en una fiesta. Yukko permaneció completamente inmóvil. Después suspiró tan profundamente que por un momento pensé que iba a desmayarse. —Cada vez que empiezas una conversación así... Termino metida en algo peligroso. —¡No siempre! —Iris. —... —La última vez terminamos enfrentando a un secuestrador. —Bueno... Eso salió bastante bien. —¡Casi te matan! —Pero no pasó. Yukko volvió a suspirar. Se llevó una mano al rostro. —Está bien. Explícate. ¿Qué fiesta? ¿Por qué? Y, sobre todo... ¿Por qué siento que la respuesta tiene algo que ver con cierta noble de cabello plateado? Sonreí de oreja a oreja. —¡Porque eres muy inteligente! Yukko cerró los ojos. —Lo sabía... —Dentro de unos días será la presentación oficial de la señorita Mina como futura heredera de la Casa Belrose. Y... Voy a infiltrarme en esa fiesta. El plan era absurdo. Ridículamente absurdo. Probablemente el peor plan que había ideado desde que llegué a este mundo. Y, aun así... Era el único que tenía. El enorme carruaje avanzaba lentamente por las elegantes avenidas del distrito noble. Las calles parecían completamente distintas a las del resto de Astoria. Todo estaba impecablemente limpio. Las construcciones eran enormes. Los jardines parecían pequeñas obras de arte. Las fuentes decoraban prácticamente cada plaza. Incluso el aire parecía diferente. Era un mundo completamente separado del lugar donde vivía la mayoría de los habitantes del reino. Desde mi asiento respiré profundamente. Bueno... Técnicamente ni siquiera iba sentada. Me encontraba junto al cochero. Vestida con un uniforme prestado. Ocultando completamente mi cabello bajo un sombrero. Y procurando no levantar demasiado la cabeza. Yukko observó discretamente hacia arriba. —¿Sigues viva? Susurró desde el interior del carruaje. —De momento sí. —No te pongas nerviosa. —Eso intento. —Respira. —Estoy respirando. —No parece. —Porque estoy respirando con miedo. Escuché una pequeña risa proveniente del interior. —Sigues teniendo humor... Eso significa que todavía no te desmayas. —Dame cinco minutos más. El carruaje finalmente comenzó a reducir la velocidad. Delante de nosotros apareció la enorme residencia Belrose. Era todavía más impresionante que en el videojuego. Había visto aquella mansión decenas de veces. En ilustraciones. Fondos. Eventos especiales. Pero... Nada la comparaba con verla realmente. Las enormes columnas blancas. Los jardines perfectamente cuidados. Las estatuas. Las banderas plateadas ondeando lentamente. Y el inmenso escudo de la familia Belrose decorando la entrada principal. Era imposible no quedarse mirándolo. —Qué enorme... Murmuré casi sin darme cuenta. No era una casa. Era prácticamente un pequeño palacio. Los guardias comenzaron a revisar uno por uno todos los carruajes que llegaban. Cada invitado descendía mostrando su invitación. Los sirvientes iban y venían constantemente. Era un auténtico desfile de nobles. Cuando llegó nuestro turno... Yukko descendió con absoluta naturalidad. Su vestido era mucho más elegante que el uniforme habitual de la academia. Parecía completamente distinta. La misma Yukko despreocupada de siempre... Pero convertida por unos minutos en una auténtica dama noble. Entregó la invitación. Los guardias la revisaron. Inclinaron ligeramente la cabeza. —Bienvenida, señorita Sakurai. Ella respondió exactamente como cualquier noble. Con elegancia. Con calma. Con una sonrisa perfectamente educada. Por un instante incluso dudé si realmente era la misma persona que apenas unos días antes intentaba convencerme de no infiltrarme. Mientras tanto... Yo simplemente permanecía mirando al frente. Como si fuera un cochero más. Nadie me prestó atención. Perfecto. Eso era exactamente lo que necesitábamos. Cuando finalmente el carruaje cruzó las enormes rejas de la residencia... Sentí que mi corazón comenzaba a latir todavía más rápido. Ya estaba dentro. De verdad estaba dentro. Y, sorprendentemente... La parte más difícil acababa de terminar. ... Minutos después. Yukko aprovechó el momento en que varios sirvientes descargaban equipaje para acercarse discretamente al carruaje. —Es ahora. Asentí. Salté rápidamente. Me oculté entre varios arbustos cercanos. Esperé unos segundos. Nadie parecía haberme visto. Volví la vista hacia Yukko. Ella sonrió apenas. —Recuerda. Si pasa algo... Entraré. Negué inmediatamente. —No. Solo si de verdad no tengo otra salida. —¿Y quién decide eso? —Yo. —Eso me preocupa muchísimo. Reí suavemente. —Confía en mí. Yukko suspiró. —Siempre termino haciéndolo. Permanecimos unos segundos en silencio. Entonces añadió. —Pero esta vez... Voy a confiar solo hasta cierto punto. Si tardas demasiado... Entraré. No importa lo que digas. Asentí lentamente. Sabía perfectamente que hablaba en serio. Y, por alguna razón... Eso me tranquilizaba muchísimo. Me giré una última vez. Respiré profundamente. Y comencé a avanzar silenciosamente hacia la enorme mansión Belrose. ... —Por favor... Solo deja que todo salga como lo recuerdo... La celebración transcurrió exactamente como esperaba. Al menos... Durante un rato. Oculta entre los numerosos sirvientes, conseguí moverme por prácticamente toda la mansión. El enorme salón principal era todavía más impresionante de cerca. Decenas de familias nobles conversaban tranquilamente. Los músicos llenaban el ambiente con melodías elegantes. Los criados servían bebidas sin detenerse un solo instante. Y, en el centro de todo aquello... Estaba ella. La señorita Mina. Llevaba un vestido blanco con delicados detalles plateados. Su largo cabello parecía reflejar la luz de los enormes candelabros. Y mantenía aquella postura impecable que solo ella era capaz de conservar durante horas. No parecía una estudiante. Parecía exactamente lo que estaba destinada a ser. La futura cabeza de la Casa Belrose. ... "Realmente eres increíble..." Pensé mientras la observaba desde la distancia. Pero entonces... Todo comenzó. El estruendo. Los cristales rompiéndose. Los gritos. Los asesinos irrumpiendo en el salón. Exactamente igual que en el juego. No. Esta vez... Yo estaba preparada. Todo ocurrió casi de forma automática. Escorrentía ya llevaba varios minutos extendiéndose lentamente por el suelo. Las barreras de agua protegían los puntos donde recordaba que aparecerían los primeros ataques. Y, cuando el asesino finalmente dirigió su atención hacia Mina... Yo ya estaba allí. El combate fue mucho más difícil de lo que recordaba. No porque el enemigo fuera más fuerte. Sino porque... Yo no era una protagonista de videojuego. Cada hechizo requería concentración. Cada movimiento agotaba mi cuerpo. Cada error podía costarme la vida. Aun así... Conseguí hacerlo. Escorrentía terminó de completarse. Los lazos de agua emergieron violentamente desde el suelo. El asesino quedó completamente inmovilizado. Y todo terminó. ... Lo había conseguido. Había cambiado la historia. Pero apenas tuve tiempo de respirar. Porque entonces... Escuché aquella voz. —Arresten a Iris Lane. ... Los guardias comenzaron a rodearme inmediatamente. No entendía nada. ¿Por qué? ¿Por qué me estaban arrestando? Intenté explicar. Nadie escuchó. Las cadenas mágicas comenzaron a cerrarse lentamente sobre mis brazos. Y entonces... Escuché un enorme estruendo proveniente de la entrada principal. Las enormes puertas de la mansión explotaron hacia el interior. El silencio volvió a apoderarse del salón. Todos giraron instintivamente hacia la entrada. Una única figura avanzaba lentamente. Vestía una capa completamente negra. Su rostro permanecía oculto bajo una máscara improvisada. Solo podían verse sus ojos. Y desprendía una presión tan intensa... Que incluso varios guardias retrocedieron instintivamente. Yo reconocí inmediatamente aquella forma de caminar. "..." No puede ser. Yukko. Idiota... Te dije que no entraras. Ella no respondió. Simplemente siguió caminando. Los guardias desenvainaron inmediatamente sus espadas. —¡Deténgase! Ninguna respuesta. —¡Última advertencia! Silencio. Uno de ellos intentó sujetarla. Ni siquiera llegó a tocarla. Un único golpe. El hombre salió despedido varios metros. El resto reaccionó inmediatamente. Más de diez guardias rodearon a Yukko. Ella suspiró. —Perdónenme... De verdad intenté hacerlo por las buenas. Durante los siguientes segundos... El salón entero contempló algo imposible. Nadie consiguió siquiera tocarla. Sus movimientos eran absurdamente rápidos. Cada golpe era limpio. Preciso. Controlado. No buscaba matar. Solo apartarlos. Uno tras otro. Los guardias comenzaron a caer. Espadas. Lanzas. Escudos. Todo parecía inútil frente a aquella muchacha. En menos de un minuto... El camino hacia mí había quedado completamente despejado. Yukko finalmente llegó hasta donde me encontraba. Sacó un pequeño cuchillo. Cortó las ataduras mágicas. —¿Estás bien? No pude responder. Solo la miré completamente sorprendida. —¿Qué haces aquí...? —Salvarte. Como siempre. Sonrió. Y volvió a extenderme la mano. —Vámonos. La tomé. Pero apenas dimos un paso... Una voz grave resonó detrás de nosotras. —Deténganse. Todo el salón volvió a quedar en silencio. El señor Belrose avanzó lentamente. Su expresión permanecía exactamente igual que antes. Serena. Impasible. Como si derribar a toda su guardia personal no hubiera conseguido alterar ni una sola de sus emociones. Se detuvo frente a Yukko. La observó durante unos segundos. Y finalmente habló. —Hace muchos años... No tenía oportunidad de enfrentarme a un verdadero caballero. Hizo una pequeña pausa. Después añadió con absoluta calma. —Si deseas llevártela... Primero tendrás que derrotarme pequeña joven insolente. Yukko soltó lentamente mi mano. Podía sentir cómo toda su postura cambiaba. Ya no era simplemente mi amiga. Frente al hombre más importante de la Casa Belrose... La heroína acababa de entrar al campo de batalla. —¡Deténganse! La voz de Mina resonó con una fuerza inesperada. No era un grito. Pero tampoco era la voz tranquila que todos estaban acostumbrados a escuchar. Era una voz que obligaba a cualquiera presente a guardar silencio. Incluso Yukko dejó de adoptar su postura de combate. Incluso su padre detuvo el paso. Todo el enorme salón quedó completamente inmóvil. Mina caminó lentamente entre ambos. Primero observó a Yukko. Después a Iris. Finalmente... A su padre. Respiró profundamente. Durante unos segundos nadie dijo absolutamente nada. Ella tampoco. Parecía estar ordenando sus propios pensamientos. Como si hubiera demasiadas cosas que decir. Y no supiera por dónde comenzar. Finalmente habló. —Padre... Su voz volvió a ser calmada. Pero cualquiera podía notar que estaba temblando ligeramente. —¿Qué está ocurriendo exactamente? El señor Belrose respondió sin cambiar su expresión. —Estamos arrestando a una intrusa que ingresó ilegalmente a nuestra residencia. Mina bajó ligeramente la mirada. —Lo sé. Hubo un pequeño silencio. Después volvió a levantarla. —Pero... ¿También estamos arrestando a la misma persona que acaba de salvar mi vida? Nadie respondió. Mina continuó. —¿También estamos arrestando a la persona que evitó que uno de esos asesinos asesinara invitados de esta casa? Silencio. —¿También estamos arrestando a la estudiante que hace apenas unos días ayudó a capturar al responsable de los ataques ocurridos dentro de la academia? Algunos nobles comenzaron a intercambiar miradas. Ella dio un paso más. —Porque... Si la respuesta es sí... Entonces no lo entiendo. Volvió a mirar a Iris. Iris permanecía completamente inmóvil. Todavía sujetando las cadenas parcialmente rotas. Completamente confundida. Mina respiró lentamente. —Nunca he confiado en los plebeyos. Nunca. Porque crecí creyendo que ellos solo traerían problemas. Porque toda mi vida me enseñaron que esa era la realidad. Que ese era el Orden correcto. Que los nobles protegían. Y los plebeyos obedecían. Era sencillo. Era lógico. Era lo correcto. ... ¿Verdad? Su voz comenzó a quebrarse ligeramente. —Pero... Desde que Iris llegó... Todo comenzó a dejar de tener sentido. Miró hacia los nobles presentes. —Ella es ruidosa. Molesta. Irresponsable. Habla demasiado. No conoce los modales. Es incapaz de comportarse apropiadamente durante cinco minutos seguidos. Algunos invitados comenzaron a asentir. Sí. Esa descripción sonaba completamente acertada. Mina sonrió apenas. —Y aun así... Cada vez que alguien necesita ayuda... Ella aparece. No pregunta quién eres. No pregunta cuánto dinero tienes. No pregunta tu apellido. Simplemente ayuda. Miró lentamente hacia su padre. —Lo hizo dentro de la academia. Lo hizo hace unos días. Y volvió a hacerlo hoy. Podría haber escapado. Podría haberse marchado cuando comenzaron los ataques. Pero decidió quedarse. Y luchar. Por mí. Por esta familia. Por personas que, siendo completamente honestos... Jamás habían hecho nada por ella. El enorme salón seguía completamente en silencio. Mina apretó lentamente los puños. —Entonces... Explíqueme algo, padre. Porque realmente quiero entenderlo. Si una persona como ella... Arriesga su vida para salvar la mía... ¿Por qué ahora debemos convertirla en una criminal? El señor Belrose permaneció completamente inmóvil. No respondió. Mina continuó. Su voz ahora ya no temblaba. Cada palabra sonaba más firme que la anterior. —¿Y ahora qué? ¿Vamos a pelear entre nosotros? ¿Después de que ella nos salvara? ¿Después de que otra joven arriesgara su vida para protegerla? Miró de reojo a Yukko. —¿Vamos a derramar sangre... Simplemente porque alguien decidió hacer lo correcto? Volvió a mirar a su padre. Y, por primera vez en toda su vida... Lo contradijo. —No. Yo no puedo aceptar esto. No pienso aceptarlo. Porque... Porque usted es mi padre. Lo amo. Y precisamente por eso... No permitiré que salga herido por algo tan absurdo. Sus ojos comenzaron a humedecerse. Pero no apartó la mirada. —Y... Tampoco permitiré... Que lastimen a Iris. Aquellas últimas palabras dejaron completamente inmóvil a todo el salón. Incluso Iris abrió lentamente los ojos. Como si hubiera escuchado algo imposible. Mina dio un último paso. Se colocó exactamente entre todos. Entre los guardias. Entre Yukko. Entre Iris. Y entre su propio padre. Entonces... Giró lentamente hacia la enorme bandera plateada de la Casa Belrose. El viento que entraba por los enormes ventanales la hacía ondear lentamente. Durante unos segundos... La observó en silencio. Recordó todas las veces que le enseñaron lo que significaba. Honor. Responsabilidad. Orden. La grandeza de la familia. Y comprendió algo. Aquella bandera... No existía para aplastar a quienes hacían el bien. Respiró profundamente. Después levantó la voz. Una voz firme. Orgullosa. La voz de la futura cabeza de la Casa Belrose. —Como heredera oficialmente reconocida de la Casa Belrose... Todos los presentes contuvieron la respiración. —Y como futura responsable de preservar el honor de esta familia... Sus ojos se posaron sobre Iris. Una muchacha completamente desconcertada. Con el uniforme roto. El cabello desordenado. Las manos todavía marcadas por las cadenas. Y, aun así... Sonriendo levemente. Como si todavía no comprendiera lo que estaba ocurriendo. Mina sonrió apenas. Era una sonrisa diminuta. Pero completamente sincera. —Declaro... Que una persona cuyo honor supera incluso al de muchos nobles presentes... No merece ser tratada como una criminal. Merece ser reconocida. Levantó lentamente la mano. Apuntando directamente hacia Iris. —Ante esta bandera. Ante mi familia. Ante todos los presentes... Yo... Mina Belrose... Nombró a Iris Lane... Caballera al servicio de la Casa Belrose. El silencio fue absoluto. Nadie habló. Nadie respiró. Ni siquiera Iris fue capaz de reaccionar. Solo podía mirar a Mina. Con los ojos completamente abiertos. Y entonces... Dentro del corazón de Mina... Algo terminó de romperse. "Toda mi vida me dijeron que el Orden existía para proteger este mundo." "Que debía aceptarlo." "Que debía seguirlo." "Que cuestionarlo era un acto de arrogancia." "Pero..." "Si seguir el Orden significa cerrar los ojos cuando alguien inocente es castigado..." "Si seguir el Orden significa recompensar la injusticia únicamente porque siempre se ha hecho así..." "Si seguir el Orden significa convertir en criminal a quien acaba de salvar tantas vidas..." "Entonces..." Mina observó nuevamente a Iris. La muchacha seguía completamente inmóvil. Con aquella expresión tan ridículamente feliz. Como si acabaran de regalarle el mundo entero. Y, sin darse cuenta... Mina sonrió. Una sonrisa pequeña. Pero completamente auténtica. "Entonces..." "Yo ya no aceptaré ese Orden sin cuestionarlo." "No..." "Si algún día debo convertirme en la cabeza de la Casa Belrose..." "Entonces..." "Seré yo quien cambie el Orden."
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Ámeme señorita Villana! (Novela) Capítulo 20

Estás leyendo el capítulo 20 de Ámeme señorita Villana! (Novela), un novela. La historia gira en torno a Sora Saito, una estudiante universitaria que posee una gran pasión en los juegos de tipo otome, las novelas y el manga, sin embargo un día súbitamente tras pasar una cantidad peligrosamente… Este capítulo tiene publicado el 19 de octubre de 2026. Ámeme señorita Villana! (Novela) tiene 20 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.