Leer Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 724 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Las bestias heridas de gravedad emitían aullidos extraños y bajos, pues querían retener la voz el mayor tiempo posible, sin desear que nadie más oyera su debilidad. Sin embargo, tras sufrir un corte en el muslo y desplomarse frente a la puerta de la Mansión Xue, Zhou Tong finalmente pudo contenerse y dejó escapar un aullido desgarrador de sufrimiento.
Este aullido espantoso ocultó el grito de alarma de la joven del clan Xue, pero aún así fue lo suficientemente claro como para que todos los presentes lo oyeran.
La joven se sintió aún más eufórica, y el mayordomo del clan Xue estaba tan emocionado que todo su cuerpo temblaba.
Sin embargo, la señora Xue, de quien cabría esperar la mayor reacción, logró mantener la calma, contemplando en silencio la figura desplomada de Zhou Tong en la nieve.
Frente a la finca Xue reinaba un silencio sepulcral; el único sonido eran las pesadas bocanadas de aire de Zhou Tong.
Después de un rato, Zhou Tong se levantó arrastrándose de la nieve y continuó tambaleándose calle abajo, dejando tras de sí algunas manchas de sangre.
Mo Yu caminó hasta delante de los escalones de piedra y se giró para saludar con un gesto de cabeza a la señora Xue.
En los últimos años, ella y Xue Xingchuan habían sido las dos figuras más populares de la corte de Tianhai, por lo que, naturalmente, ya habían interactuado antes.
La señora Xue se inclinó muy seriamente ante ella y dijo: "Gracias".
Mo Yu no dijo nada, solo asintió con la cabeza antes de seguir a Zhou Tong.
La señora Xue contempló el cielo rojo, cálido pero también sombrío, pensando en aquel día. En silencio, dio gracias a Chen Changsheng, dondequiera que estuviera.
Con el fin del gobierno de Tianhai, su esposo pasó de ser un ministro leal de la Gran Dinastía Zhou a un traidor, mientras que Zhou Tong, que claramente era un traidor, se convirtió en un ministro valioso de la Gran Dinastía Zhou.
No cabía duda de que aquello era injusto, pero en este mundo en el que nadie se atrevía a rendir homenaje a un traidor, ¿quién iba a exigir justicia para uno?
Aquel día en la Academia Ortodoxa, había dicho que odiaba que Zhou Tong no estuviera muerto. Lo odiaba con toda su alma, hasta la desesperación, un odio que le calaba hasta los huesos.
En ese momento, Chen Changsheng no dijo nada ni hizo ningún intento de consolarla, solo la miró en silencio.
Al despedirla de la Academia Ortodoxa, le pidió que no abandonara la capital.
Esto era una promesa.
Él mataría a Zhou Tong y la dejaría ser testigo.
Así pues, la señora Xue no había regresado a su ciudad natal, sino que se había quedado en la capital.
Ella quería presenciar personalmente esa escena.
Ahora, finalmente lo había visto.
Desde el momento en que Xue Xingchuan fue envenenado hasta la muerte, pasando por la exposición de su cadáver y su funeral, ella rara vez derramó lágrimas.
Pero ahora, dos torrentes de lágrimas calientes, incluso abrasadoras, corrían por su rostro.
Echó una última mirada a Zhou Tong, que se incorporaba desesperadamente de la nieve en una lucha por sobrevivir, y luego ordenó a su mayordomo: “Cierra la puerta”.
La joven se quedó algo sorprendida. Se aferró al brazo de su madre y dijo a regañadientes: “Mamá, todavía quiero mirar. No he mirado lo suficiente”.
Ver a un enemigo insoportablemente arrogante y extraordinariamente poderoso, incluso invencible, transformado en un perro callejero magullado y cubierto de moretones, es algo que cualquiera querría mirar, y nadie podría tener suficiente de ver.
"Suficiente."
La señora Xue no sabía si estaba hablando de este asunto o de su hija, pero de todos modos regresó al interior de la finca.
La puerta se cerró lentamente, dejando fuera muchos asuntos y recuerdos.
...
...
El Camino de la Paz estaba cubierto de nieve, la nieve cubierta de sangre.
Cada vez corría más sangre por el cuerpo de Zhou Tong, llegando incluso a diluir considerablemente el veneno y permitiendo que la sangre recuperara parte de su tono rojizo.
Cada vez aparecían más heridas en el cuerpo de Zhou Tong, un denso mosaico que entrecruzaba su miserable ser.
Estas heridas habían sido realizadas con exquisito cuidado, lo suficientemente profundas y colocadas en los puntos exactos para causar el máximo dolor, pero no lo suficiente como para acabar con su vida.
Al atacar, Mo Yu no mostró emoción alguna en su hermoso rostro. Su absoluta apatía y su vestido manchado de sangre la hacían parecer la sirvienta del dios de la muerte.
El resplandor de una espada iluminaba ocasionalmente la sombría calle.
Zhou Tong avanzaba con dificultad entre la nieve. Ya le resultaba imposible mantenerse erguido, y a menudo tenía que usar manos y pies para avanzar apenas un poco. Parecía que iba a desplomarse en cualquier momento; ya no podía mantenerse en pie. Ya no podía reprimir el dolor y el miedo, ni mantener la compostura de un viejo lobo. Con cada destello de espada, se oía un aullido de sufrimiento.
Esto fue una humillación y tortura exhaustiva para el cuerpo y la mente, un castigo cruel que parecía no tener fin.
Esto siempre había sido una muerte por mil cortes.
Cualquier otro, incluso alguien con la voluntad más férrea, probablemente ya se habría derrumbado. Aunque tal vez no se postraran a los pies de su enemigo implorando clemencia, al menos considerarían todas las formas posibles de suicidarse. Pero Zhou Tong no, porque había torturado y humillado a demasiadas personas a lo largo de su vida, infligido demasiados castigos crueles a inocentes. Había presenciado las visiones más oscuras y dolorosas del mundo mortal, y conocía el verdadero Inframundo. Su corazón era como una piedra empapada en veneno durante setenta mil años, y cada brizna de musgo que crecía sobre él era la encarnación del pecado. Aunque Mo Yu empleara los métodos más crueles y le hiciera estremecer cuerpo y alma, jamás se rendiría, ni ante ella ni ante el destino. Ante la sombra de la muerte, jamás caminaría hacia ella por voluntad propia. Al contrario, era como un mendigo con un anhelo incomparable por la victoria final.
Mientras pueda arrastrarme fuera de esta avenida que fluye ensangrentada, ganaré.
Aulló de dolor y luego se dijo a sí mismo.
El crepúsculo se intensificó, dando paso a la oscuridad. La luz de las estrellas reflejada en la nieve del Camino de la Paz no bastaba para iluminar este mundo.
Por alguna razón, una repentina luz tenue cayó sobre el cuerpo de Zhou Tong, revelando sus terribles heridas y huesos expuestos.
La luz lejana de la linterna no desprendía calor, pero Zhou Tong sintió de repente que su cuerpo se calentaba. En el pequeño patio, su visión estaba muy deteriorada. Todo estaba borroso, así que solo pudo hacerse una idea general. Sin embargo, estaba completamente seguro de que aquella luz provenía de su derecha, del lado norte del Camino de la Paz.
Esta había sido la finca del tutor imperial Cheng antes de su retiro. Recientemente, un poderoso príncipe la adquirió, convirtiéndola en una propiedad principesca.
Le había llevado casi un cuarto de hora, sufriendo un dolor insoportable por mil cortes, arrastrarse unos veinte zhang. Finalmente, había salido de los límites de la finca Xue y llegado a este lugar.
Había resistido con paciencia porque tenía esperanza. Desde el principio, su esperanza estaba puesta en este lugar.
Su visión seguía borrosa, pero sus ojos brillaron como si hubieran sido iluminados por aquella linterna.
Aún conservaba algo de su Verdadera Esencia, oculta en lo más profundo de sus meridianos. Por muy afilada que fuera la espada de Mo Yu o por muy crueles que fueran sus métodos, nunca la había utilizado, pues no era suficiente para escapar de su desesperada situación.
En ese instante, esa Esencia Verdadera, semejante al rocío, comenzó a arder, ¡provocando que su cuerpo se lanzara desde la nieve hacia esa luz!
Se abalanzó frente a la finca principesca, ahora completamente indefensa, y se estrelló contra los escalones de piedra.
"¡Soy Zhou Tong! ¡Príncipe de Zhongshan, sálvame!"
Usó sus últimas fuerzas para gritar.
Jamás había perdido la esperanza. Durante incontables años, había jugado con los corazones de miles a su antojo, por lo que sabía perfectamente que ni Mo Yu ni Zhexiu le permitirían morir allí mismo, sobre todo teniendo la situación bajo control. Si lo hacían, no podrían dar rienda suelta a la brutalidad y el deseo de venganza que yacían latentes en el corazón de cada persona.
Esta era su oportunidad, y tenía que aprovecharla.
Pensó con rabia y desdén: “Aunque vosotros, príncipes, pretendáis no oír mis aullidos desgarradores, ¿de verdad podéis negar que no oísteis mis súplicas de auxilio?”. No le costaba mucho pronunciar una sola palabra, pero no se había limitado a decir “sálvenme”. Había invocado específicamente a un príncipe para que lo salvara, e incluso había mencionado su título. Todo ello para obligar al príncipe a intervenir.
¡Soy Zhou Tong, ministro de la Gran Dinastía Zhou!
¡Estoy a punto de morir!
¡Príncipe de Zhongshan, por favor, sálvame!
...
...
En algún momento, las nubes del cielo se juntaron, ocultando las estrellas y dejando caer nieve sobre la tierra.
La puerta de la finca del Príncipe de Zhongshan se abrió, al igual que muchas otras puertas a ambos lados del Camino de la Paz. La luz de numerosos faroles apareció en la oscuridad, brillante y algo deslumbrante.
La oscura avenida se transformó en un río de plata.
En este río, Zhou Tong ya no pudo contener sus emociones, y su rostro se deleitó con la luz mientras reía como un loco.
Entre aullidos de viento, varias decenas de expertos pertenecientes a estas propiedades principescas aparecieron en la calle.
Mo Yu salió de la llovizna de nieve, a varios zhang de distancia de Zhou Tong.
Zhou Tong la miró, y su rostro ensangrentado reveló una expresión cruel y severa.
¿Cómo puedes matarme ahora? Ahora es el turno de que alguien más te mate a ti.
Sus ojos comunicaban sus pensamientos con extrema claridad.
Mo Yu ni siquiera le dirigió una mirada.
El viento azotaba su vestido de palacio y la nieve caía sobre sus sienes.
Recorrió con la mirada el iluminado Camino de la Paz, contempló esas diez y tantas propiedades principescas y luego dijo: "La Emperatriz os infligió toda clase de males, pero todos vosotros recibisteis al menos un favor".
Estas palabras iban dirigidas a aquellos príncipes que aún no habían aparecido.
"Todos los hijos del emperador Xian siguen vivos."
Las linternas iluminaban su rostro, realzando su belleza.
Sin embargo, su expresión seguía siendo fría y su apariencia completamente inflexible, vagamente similar a la de aquella persona fallecida.
"No se ha excluido a nadie; todos vosotros seguís vivos."
"Fue la Emperatriz quien os permitió vivir hasta esta noche."
"Esta noche, les pido a todos ustedes que me devuelvan este favor.
"Quiero que muera."
La nieve descendía silenciosamente, tan tranquila como esta avenida.
Al cabo de un rato, alguien agitó la mano hacia la luz.
La visión de Zhou Tong era borrosa, por lo que no pudo ver la apariencia de esta persona, solo que vestía una túnica de color amarillo brillante.
La puerta de la finca del príncipe de Zhongshan no se cerró, pero todos los que habían salido de la finca se retiraron.
¿Qué estaba pasando aquí?
Zhou Tong consideró aquello absurdo, pues pensó: ¿Acaso ninguno de ustedes teme enfadar al venerable maestro del Dao?
Mo Yu caminaba detrás de él.
El miedo volvió a envolver su cuerpo.
Jadeaba en busca de aire y avanzó a gatas.
En el Camino de la Paz había una decena de propiedades principescas, el clan Tianhai y muchos ministros. El príncipe de Zhongshan estaba loco, pero ¿acaso todos los demás podían estarlo?
Se arrastró, y se arrastró, y se arrastró cada vez más hacia adelante, queriendo llegar a un lugar donde la luz de la linterna se estaba desvaneciendo.
Pero cuando aún estaba muy lejos, aquella linterna se apagó.
Y aquella finca principesca incluso cerró sus puertas.
Estruendo tras estruendo resonó por la calle al cerrarse una puerta tras otra, al apagarse una linterna tras otra.
La oscuridad se hizo cada vez más profunda.
Zhou Tong se volvió cada vez más frío.
Se arrastró por la nieve helada, por la avenida ensangrentada. Todo su silencio y perseverancia habían nacido de su esperanza, pero ahora se había convertido en... desesperación.

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Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 724
Estás leyendo el capítulo 724 de Ze Tian Ji (Novela), un novela. Elegir es escoger. Esta es una historia sobre elecciones. Tres mil mundos llenos de dioses y demonios, con un pergamino daoísta en la mano, eres capaz de controlar el universo entero... Al principio de los tiempos, un… Este capítulo tiene publicado el 11 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ze Tian Ji (Novela) tiene 1186 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.