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Leer Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 241 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
(Nota: Esto se refiere a la concepción china del alma como compuesta de dos partes: Hun (魂), el alma espiritual que va al cielo al morir; y Po (魄), el alma animal que permanece con el cuerpo.) Los vientos fríos amainaron de repente, y las perlas nocturnas comenzaron a brillar. La Emperatriz Divina apareció ante ella. Tras observar las dos cadenas de hierro que rodeaban las patas del dragón, dijo: “El té está bueno, ¿pero el hombre?”. La chica la miró con recelo y no dijo nada. La Emperatriz Divina la miró y continuó: “Entregaste una gota de tu verdadera sangre de dragón para ayudar a Chen Changsheng. ¿De quién creías que podías ocultar tus planes?”. La chica dejó la taza de té y dijo con apatía: “No sé de qué me estás hablando”. La Emperatriz Divina dijo con calma: “Da igual si planeas que te ayude a conseguir algo, a enviar un mensaje a la tribu del dragón o a idear algún método para romper el hechizo que aprisiona a Wang Zhice, nada de eso es posible. Es demasiado joven, y para tener todas las cualidades que necesitas le llevaría al menos otros doscientos años”. La chica se dio cuenta de que aquella mujer aterradora había descubierto todos sus planes, y su expresión se volvió aún más gélida.” ¿Y qué? “Chen Changsheng te ha contado mucho. Si has estado escuchando, ya deberías saber que le será muy difícil vivir más allá de los veinte años. Por eso, las posibilidades de que logres llevar a cabo tus planes son prácticamente nulas.” La Emperatriz Divina continuó: “Si me ayudáis con cierta tarea, después de diez años os liberaré”. Los ojos rasgados de la chica se entrecerraron, volviéndose aún más encantadores.” ¿Qué tarea? La Emperatriz Divina colocó las manos tras la espalda y contempló aquel tenue rayo de luz. Tras un instante de silencio, dijo: “Ayúdame a comprender quién es Chen Changsheng”. La chica se quedó mirando fijamente, sin comprender del todo la frase. Chen Changsheng era Chen Changsheng, ¿cómo podría ser otra persona? “Quiero saber cuántos años tiene y qué le pasa. Quiero saber por qué el taoísta Ji lo criaría, y quiero saber cuánto de la conversación entre el Papa y él en el Palacio Li fue verdad y cuánto fue mentira.” La Emperatriz Divina apartó la mirada y observó con calma a la muchacha. De repente, una presión indescriptiblemente poderosa se abatió sobre el vasto espacio subterráneo, pulverizando el hielo del suelo. La voz de la niña tembló ligeramente cuando preguntó: "¿Cómo iba a saber yo estas cosas?". “Porque confía en ti. Eso es muy importante” respondió la Emperatriz Divina. Como si intentara explicar algo, dijo apresuradamente: “¡Ni siquiera sé por qué confía en mí!”. La Emperatriz Divina respondió con calma: “Quizás sea porque la primera vez que te conoció ya te contó demasiado, así que ya no le importa y ahora te lo cuenta todo”. Tras pensarlo un momento, la chica respondió: “Esto no es muy lógico”. La Emperatriz Divina la miró con calma y dijo: “Aún queda la razón más importante”. Confundida, la niña preguntó: "¿Cuál sería esa razón?" La Emperatriz Divina respondió con indiferencia: “No eres un ser humano”. La chica frunció el ceño con irritación. “Si... el Señor Demonio y el Papa estuvieran frente a mí, ¿en quién crees que confiaría más?” La Emperatriz Divina la miró y le dedicó una sonrisa que no era una sonrisa. La chica estaba profundamente confundida. Entre el peor enemigo y el camarada más fiable, ¿acaso había que pensarlo siquiera? La Emperatriz Divina no le dio tiempo a pensar.” ¿Y bien? La muchacha miró el hueso de pollo envuelto en papel aceitado y los restos de té que quedaban en su taza, luego parpadeó y dijo: “De acuerdo, estoy de acuerdo. Si me dejas ir, iré con él y te informaré de su paradero”. Se llevó la mano a la espalda y sacó las cadenas, luego miró a la Emperatriz Divina y dijo con seriedad: “Señora, primero debe ayudarme a romper estas cadenas. Gracias”. La Emperatriz Divina la miró con calma y dijo: “Ir tan lejos es demasiado problemático”. Dicho esto, se puso delante de la niña y extendió su mano derecha hasta el espacio entre sus cejas, como si quisiera acariciar aquella herida. Las pupilas verticales de la niña se contrajeron repentinamente al sentir una increíble sensación de peligro. El destello de astucia que había aparecido en sus ojos hacía tiempo que había desaparecido, dejando solo miedo e inquietud. Su cabello negro flotaba a su alrededor, mientras susurraban. Sus labios se entreabrieron mientras se preparaba para rugir furiosamente. Sin embargo, era impotente para hacer nada, incluso incapaz de evitar la palma de la Emperatriz Divina. Aunque la mano derecha de la Emperatriz Divina pareció caer con total naturalidad, en realidad era como si el cielo y la tierra se doblegaran a su voluntad. No había escapatoria posible. Hubo una leve bofetada. La mano derecha de la Emperatriz Divina se posó entre sus cejas, cubriendo aquella línea de sangre. El cuerpo de la niña temblaba violentamente, su rostro palideció hasta la muerte. Sus pupilas se contrajeron hasta desaparecer gradualmente. Todo parecía extremadamente doloroso. Al cabo de un rato, la Emperatriz Divina retiró lentamente su mano. Junto con su mano, la imagen de un Dragón Negro emergió lentamente de la herida. Aquella imagen de Dragón Negro medía unos quince centímetros de largo y tenía el ancho de una uña. Por mucho que forcejeara, era incapaz de escapar de la palma de la Emperatriz Divina. Poco a poco, fue arrancada de la frente de la muchacha. Esta imagen del Dragón Negro parecía ser a la vez real e ilusoria. Parecía tener vida, y sin embargo, era evidente que no era ningún ser viviente. Era un microcosmos del Dragón Negro, así como de su alma. Mientras el Dragón Negro aún vivía, la Emperatriz Divina logró extraer su alma. Al final, esa alma de Dragón Negro había sido extraída por completo. La línea de sangre en la frente de la niña se tornó cada vez más roja. En su superficie se formó gradualmente una gota de sangre abultada. Ahora parecía haberse convertido en una verdadera marca de nacimiento de color cinabrio. Tras extraer la imagen del dragón, la niña quedó anormalmente exhausta y su cuerpo cayó inerte al suelo. La Emperatriz Divina sacó un ruyi de jade de su cintura. Todos sabían que la Emperatriz Divina tenía dos joyas que nunca se separaban de su cuerpo. En su cabello lucía una horquilla de ébano, cuya punta estaba pintada con un punto de un rojo cautivador, como si hubiera bebido sangre. Su parte trasera estaba dañada en algunos puntos y era extremadamente antigua. Sin embargo, nunca la habían cambiado, pues era la tercera arma de mayor rango en el Nivel de Armas Legendarias, conocida como la Horquilla Anterior. La otra joya era ese brazalete ruyi que siempre llevaba atado a la cintura. Nadie sabía para qué servía, pues lo trataban con el mismo cuidado que aquella horquilla de ébano. Al instante siguiente, la Emperatriz Divina vertió el alma del Dragón Negro en el ruyi. Parecía muy simple, casi como un truco de magia, pero en realidad era una de las habilidades divinas más supremas del mundo. El ruyi de jade cobró vida repentinamente, transformándose en un pequeño Dragón Negro. Aquel pequeño Dragón Negro yacía inmóvil en las manos de la Emperatriz Divina. Parecía muy débil, pero sus ojos ardían de feroz resentimiento mientras miraba fijamente a la Emperatriz Divina. “Eres un dragón, por lo que tu sangre está inherentemente condensada. Mientras no dure demasiado, separar tu alma espiritual de tu alma animal no debería hacerte daño. Además, si no hubieras renunciado voluntariamente a tu verdadera sangre de dragón, ni siquiera yo tendría forma de tomar una pizca de tus tres pizcas de alma de dragón, así que si debes guardar rencor a alguien, primero deberías guardarte rencor a ti mismo.” La Emperatriz Divina miró al pequeño dragón en su palma y dijo con calma: “Debes saber cuán crueles son las consecuencias si el alma espiritual no regresa, así que cuando vayas al Jardín de Zhou, debes comportarte bien”. En aquella noche de primavera, la luz era tan brillante y hermosa como el día. Bajo el cielo estrellado, los árboles parecían rebosar de vitalidad. La Emperatriz Divina se despidió del pozo y paseó con calma por la animada atmósfera primaveral. No muy lejos de ella había un carruaje. Al acercarse, el rinoceronte negro que iba enganchado al carruaje se arrodilló en señal de humildad, o más bien, de reverencia. Al mismo tiempo, un hombre de mediana edad, de tez pálida, también se arrodilló. El largo río de la historia seguía su curso, y aún quedaban personas que no habían muerto. Sus nombres aún no se habían desvanecido, pero sin duda se convertirían en algunos de los recuerdos más imborrables de ese largo río. Uno de esos nombres era Zhou Tong. Era absolutamente seguro que, en esos miles de años transcurridos, seguiría siendo recordado como uno de los funcionarios más despiadados y ministros más traicioneros de la historia. Ya fuera por la extraordinaria crueldad de sus torturas o por la cantidad de ministros que ejecutó bajo falsas acusaciones, ocuparía el primer lugar sin duda alguna. Tanto para los funcionarios del gobierno como para el pueblo llano, Zhou Tong era un individuo enigmático. Salvo en eventos importantes como el Gran Examen, permanecía casi siempre en la apartada y siniestra oficina del Ministerio de Personal, al sur de la capital. En sus escasas salidas, siempre iba custodiado por numerosos expertos. Rara vez veía a otras personas, e incluso cuando se reunía con sus colegas en los pasillos de la Corte Imperial o interrogaba a prisioneros, su rostro permanecía oculto tras un velo negro. En general, solo las mujeres, especialmente las hermosas, usaban velo negro. Esta peculiaridad de Zhou Tong fue objeto de muchas burlas. Muchos pensaban que, debido a la crueldad de sus métodos y a la desvergüenza de sus acciones, Zhou Tong no tenía rostro para mirar a sus ancestros ni para contemplar el cielo y la tierra. Por eso, ocultaba su rostro todo el año. Claro que estas burlas, o quizás maldiciones, solo se susurraban en la oscuridad. Sin duda, no llegaban a oídos de Zhou Tong. Probablemente la gente no podía imaginar que Zhou Tong fuera en realidad un hombre de mediana edad de aspecto normal. Solo porque pasaba demasiado tiempo en prisión y siempre llevaba el rostro cubierto por un velo, su tez era bastante pálida. “Majestad, no sé cómo tratar con Chen Changsheng.” Zhou Tong continuó hablando en voz baja: “Teniendo en cuenta sus conexiones con el Palacio Li, me resulta imposible recurrir a la tortura”. La Emperatriz Divina sonrió, pero no dijo nada. Todo el continente sabía que Zhou Tong era el perro más leal y más loco de la Emperatriz Divina. Para muchos, sin duda era su perro más obediente. Sin embargo, en realidad, no fue así, porque Zhou Tong entendía muy bien a los perros. Si el amo le ordenaba al perro que dejara de ladrar y este dejaba de hacerlo, no necesariamente significaba obediencia. Al contrario, si el amo le ordenaba que dejara de ladrar, pero el perro seguía ladrando porque había algo fuera de la puerta, entonces, aunque el amo tuviera que regañarlo delante de los invitados o pegarle, se sentiría satisfecho en su interior, pensando que realmente era un buen perro. Este tipo de desobediencia era verdadera obediencia. Zhou Tong sabía perfectamente cuándo debía ladrar y cuándo debía callar. Sabía cuándo debía lanzarse a la refriega y cuándo debía degollar directamente a los enemigos de Su Majestad. La Emperatriz Divina siempre había estado satisfecha con su desempeño. Aunque había cometido tantas maldades y se había convertido en una mancha imborrable en el floreciente mundo de la dinastía Zhou, jamás se le ocurriría la idea de matarlo y cocinarlo para luego dárselo de comer a sus víctimas. Esto se debía a que le complacía enormemente que este perro no fuera como Xu Shiji, que nunca maduraría. Además, no le importaba la opinión de los libros de historia, así que ¿por qué habría de importarle lo que dijera la gente común? “¿Qué crees que deberíamos saber de Chen Changsheng?” La Emperatriz Divina preguntó con indiferencia. Era muy extraño. Incluso cuando ascendió a emperatriz, rara vez se refería a sí misma usando el plural mayestático. Solo ante Zhou Tong se dirigía a sí misma de esa manera. Los ministros de la corte también se habían acostumbrado a llamarla la Emperatriz Divina. Zhou Tong era el único que insistía en dirigirse a ella como “Su Majestad”. Zhou Tong respondió: “Dado que Su Majestad le ha permitido vivir hasta este punto, debe ser porque Su Majestad quiere que diga algo”. En este mundo, solo los muertos no hablaban. La Emperatriz Divina reflexionó sobre esto en silencio, luego dijo: “Quiero confirmar algunas cosas”. Zhou Tong dijo en voz baja: “Si no puedo usar la tortura, entonces... ¿debería usar la muerte?”. La Emperatriz Divina se rió de estas palabras y luego dijo alegremente: “Una vez le hice una pregunta a Mo Yu, y ahora puedo hacerte la misma a ti”. Zhou Tong respondió: “Con mucho gusto responderé a la Emperatriz”. La Emperatriz Divina preguntó: "¿Crees que hay alguien en el mundo que no tenga miedo a la muerte?" Zhou Tong reflexionó seriamente sobre esta cuestión durante un largo rato, y finalmente dijo: “No lo creo”. La Emperatriz Divina sonrió. “Antes no lo creía, pero después me di cuenta de que realmente había gente que no temía a la muerte”. Sin esperar a que Zhou Tong respondiera, continuó: "¿Un hombre que no teme a la muerte, cómo puede no temerle?" Zhou Tong reflexionó profundamente pero no encontró respuesta. Preguntó: "¿Cómo es posible que Chen Changsheng no tema a la muerte?" “Porque es una persona auténtica, fiel a sus convicciones y a su propia naturaleza.” La Emperatriz Divina colocó las manos tras la espalda y miró hacia la Academia Ortodoxa. Había otra razón que no había mencionado: la muerte siempre estaba presente en la juventud. Pensó en silencio: si Chen Changsheng era fiel a sus sentimientos y a su naturaleza, si lograba vivir más allá de los veinte, ¿acaso no se convertiría en el segundo Zhou Dufu?
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Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 241

Estás leyendo el capítulo 241 de Ze Tian Ji (Novela), un novela. Elegir es escoger. Esta es una historia sobre elecciones. Tres mil mundos llenos de dioses y demonios, con un pergamino daoísta en la mano, eres capaz de controlar el universo entero... Al principio de los tiempos, un… Este capítulo tiene publicado el 25 de julio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ze Tian Ji (Novela) tiene 1186 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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