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Leer Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 190 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los escalones eran planos y anchos, con pequeñas marcas grabadas; no eran dibujos, sino que simplemente servían para evitar resbalones. Aunque los escalones de piedra eran largos, los laterales carecían de barandillas o cuerdas, como si se llegara a un profundo abismo. Sin embargo, al caminar sobre ellas, se sentían muy estables, como si uno jamás pudiera errar en sus pasos ; quizás, esto pretendía ser una guía y protección para las generaciones futuras, de parte de quienes construyeron estas escaleras hace tantos años. Contemplando los interminables escalones de piedra, aún debían llegar a una conclusión; Chen Chang Sheng siguió caminando tranquila y serenamente, y después de un largo rato finalmente llegó por encima del cielo nocturno. Al final de la escalinata se extendía un espacio llano, y en el centro se alzaba un pabellón construido con vigas de madera y ladrillos de piedra. Esta edificación abarcaba una superficie inmensa y era de una altura descomunal, pero, debido a su lejanía del suelo y de la civilización, transmitía una profunda soledad. Contemplando el lejano crepúsculo, dentro de lo que alcanzaba a la vista, solo se distinguía la forma de la Plataforma de Rocío Dulce; las legendarias Perlas Luminosas emitían un tenue brillo, pareciendo lámparas. En todo el Palacio Imperial, o incluso en toda la Capital, aparte de la Plataforma del Rocío Dulce, su posición actual era la más alta, pudiendo ver todas las calles y callejones de la Capital; en ocasiones, cuando el clima era bueno, incluso era posible ver el lejano Sauce Ba, pero Chen Chang Sheng no observó ni apreció los alrededores lejanos, eso se debía a que actualmente era muy tarde en la noche y no era posible ver claramente los detalles del suelo, más importante aún, en ese momento no estaba de humor para apreciar la vista. Tras apartar la mirada de la Plataforma de Rocío Dulce, esta se posó en la solitaria estructura y no se movió; su expresión no cambió, pero la emoción en su corazón ya había comenzado a torcerse. Desde la aldea de Xi Ning hasta la capital; miles y miles de tormentas. Finalmente había llegado ante el Pabellón de la Niebla Ascendente. El Pabellón de la Niebla Ascendente no tenía placa con su nombre, ni faroles, ni decoraciones espléndidas. Solo contaba con vigas de madera junto a muros de piedra verde que transmitían una natural austeridad. Ni un solo rayo de luz, lo que lo hacía parecer aún más silencioso. La entrada tampoco tenía cerradura, como si bastara con empujarla para que se abriera. Chen Chang Sheng se detuvo frente a las puertas, permaneciendo en silencio un instante, intentando calmar sus nervios y su ánimo. Solo cuando su respiración se estabilizó por completo, levantó las manos y las apoyó sobre las puertas. Empujó ligeramente hacia adelante. No se oyó ningún crujido, el movimiento fue tan suave como el de una hoja al posarse sobre el agua. Las puertas del Pabellón de la Niebla Ascendente se abrieron lentamente y un rayo de luz brotó de la rendija entre ellas. Al ensancharse la abertura, más luz se derramó, iluminando su cuerpo y su rostro, que se había sobresaltado levemente. La luz que emanaba del pabellón era de color blanco, iluminando su rostro, aún de aspecto ligeramente juvenil, hasta el punto de hacerlo parecer de jade; debido a esto, sus cejas parecían aún más oscuras, asemejándose mucho a líneas de tinta trazadas con un pincel. Chen Chang Sheng no lo entendía. ¿Por qué brillaba tanto dentro, con tantos rayos de luz? ¿Por qué no se veía nada desde fuera antes? ¿Acaso todas esas ventanas eran falsas? Mientras pensaba en estas cosas, sus acciones no se ralentizaron; las puertas se abrieron unos treinta centímetros, levantó el pie y cruzó el umbral, entrando, entrando en el Pabellón de la Niebla Ascendente. Apenas su pie izquierdo tocó el suelo, las puertas se cerraron de nuevo tras él. Involuntariamente giró la cabeza para mirar, y al ver las puertas cerradas, guardó silencio por un instante. Intuyó vagamente que ahora era igual que la luz blanca y cegadora que emanaba del pabellón, en el sentido de que nadie de fuera podía verlo. Viéndolo desde otra perspectiva, desde el momento en que empujó esas puertas y entró en el pabellón, quedó separado del mundo real. Ese pensamiento le duró apenas un instante. Volvió la cabeza hacia adelante y lo único que vio fue un resplandor espléndido. Dentro del Pabellón de la Niebla Ascendente no había luces, ni velas de sebo ni Perlas Luminosas. Si esas puertas y ventanas tuvieran algún tipo de protección capaz de bloquear por completo el sol, el viento y el sonido, en ese preciso instante reinaría la más absoluta oscuridad. ¿Y qué decir de la luz que antes se había filtrado por la puerta? ¿De dónde había venido? Cerró los ojos y se dirigió hacia aquella luz blanca cegadora. Debido a su intensidad, no podía ver con claridad lo que había dentro, ni tampoco los tan rumoreados retratos de distinguidos ministros del gobierno. Era como una polilla que vuela hacia la llama, guiada únicamente por sus instintos más básicos. Sin embargo, apenas había dado un solo paso cuando se vio obligado a detenerse. Esto se debía a que sentía una presencia extremadamente aterradora, una presencia que emanaba de cada rincón del pabellón, de cada rayo de luz; esa presencia era austera, sagrada, sangrienta y tiránica, con innumerables características diferentes, pero todas compartían una esencia común: la de ser poderosas, inimaginablemente poderosas. Esa poderosa presencia se abalanzó sobre su ropa, sobre sus cejas, penetrando su piel y fluyendo hacia sus vasos sanguíneos, llegando directamente a las partes más profundas de sus órganos; en un instante, había completado un ciclo. Chen Chang Sheng no tenía forma de resistir esa presencia. Ante ella, era como la hormiga más insignificante, incapaz de reaccionar, ni siquiera de reunir el valor para oponerse. La presencia recorrió su cuerpo, por fuera y por dentro, varias veces, pero no le causó ningún daño; sin embargo, con tan solo este contacto, su sentido divino había comenzado a volverse violentamente inestable; si continuaba un poco más, su mar de conciencia se rompería, siendo reducido directamente a polvo por la presencia. Por suerte, la presencia no persistió demasiado tiempo, ya que su estructura interna, que se derrumbaba rápidamente, estaba a punto de tocar el suelo y colapsar; de repente se transformó en una ráfaga de viento que abandonó su cuerpo con ligereza y agilidad, desapareciendo de la vista. Apenas había transcurrido un instante, y la ropa de Chen Chang Sheng ya estaba empapada de sudor. Se serenó, continuó avanzando y, por suerte, al dar su segundo paso no ocurrieron otros sucesos extraños, a diferencia de lo anterior, donde fue como si se hubiera colocado en medio de una cruel batalla. La luz seguía siendo intensa; entrecerró los ojos y se dirigió hacia el lugar más brillante e intenso; vagamente pudo ver en su campo de visión una luz que se asemejaba a una flor en plena floración, comprendiendo que probablemente esa era la fuente. Extendió la mano y buscó aquella flor de luz resplandeciente; al tocarla con el dedo, no quemaba, sino que estaba fresca, muy agradable; sus dedos la recorrieron hacia arriba, hasta que finalmente la apretó con fuerza en su mano. Bajo su alcance, la luz se desvaneció de inmediato y el edificio incandescente se fue apagando gradualmente. Entrecerró los ojos y, con gran dificultad, pudo distinguir con claridad algunas pinturas, hasta que finalmente todo volvió a la normalidad. Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía una linterna en la mano. La antorcha no era de oro ni de jade, sino más bien de vidrio, aunque no era transparente. Su superficie era de un blanco lechoso con innumerables puntos que brillaban como cristales; dentro de cada punto parecía haber una inmensa cantidad de energía. La antorcha era la flor de luz en ciernes de antaño; después de ser agarrada por él, la luz retrocedió gradualmente y se condensó, convirtiéndose en esta imagen actual, dejando solo una llama blanca en su punta. Aquella llama no era feroz, sino muy bella, parecida a los fuegos artificiales de día, difícil de distinguir con precisión, pero capaz de crear una sensación nítida e imponente de algo que irrumpía en los cielos sombríos. Chen Chang Sheng miró la antorcha y recordó vagamente haber visto en las Escrituras del Camino algunos registros. Hacía mucho tiempo, en el Estandarte de las Cien Armas, la raza demoníaca poseía un arma divina llamada Fuegos Artificiales de Luz Diurna. ¿Podría ser que esta antorcha fuera esa legendaria arma divina? ¿Acaso, durante el conflicto, fue capturada y llevada a la capital por los generales del Emperador Taizong? Con ese pensamiento, sintió que la antorcha en su mano se volvía muy pesada, y entonces recordó que ya se encontraba dentro del Pabellón de la Niebla Ascendente, inmerso en la gloriosa historia de la humanidad. Inconscientemente echó un vistazo a su alrededor; lo único que se veía era que el pabellón estaba vacío, sin mesas ni sillas; solo en el centro había una alfombra de oración, lo que hacía que el edificio pareciera aún más espacioso y vacío, quizá incluso un poco solitario. Este edificio no parecía un lugar para vivir. En realidad, el Pabellón de la Niebla Ascendente no se usaba para residir, sino para venerar retratos: las decenas de retratos que colgaban de las paredes grises. Chen Chang Sheng alzó la antorcha y se dirigió hacia la pared, deteniéndose frente al primer cuadro. Aquel retrato era el de un aristócrata de mediana edad, con tres pobladas líneas de vello facial, ojos llenos de sonrisas, pero la distancia entre ellos era ligeramente amplia, lo que daba a los demás una sensación de distanciamiento; se trataba de un individuo ilustre con el manto de un héroe, el duque de Zhao. Al ver a este cuñado tan famoso del emperador Taizong, Chen Chang Sheng guardó silencio por un momento; sin embargo, después de presentar sus respetos, no se detuvo mucho tiempo y pasó a los demás. El segundo retrato era del príncipe de Hejian, Chen Gong. El tercero, del duque de Lai, Du Ruyu. El cuarto, del renombrado duque de Wei, y el quinto, del duque de Zheng, cuya esposa fue aún más renombrada. Ante estos retratos, Chen Chang Sheng presentó sus respetos, pero no se detuvo hasta llegar frente al octavo. Su expresión finalmente cambió.
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Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 190

Estás leyendo el capítulo 190 de Ze Tian Ji (Novela), un novela. Elegir es escoger. Esta es una historia sobre elecciones. Tres mil mundos llenos de dioses y demonios, con un pergamino daoísta en la mano, eres capaz de controlar el universo entero... Al principio de los tiempos, un… Este capítulo tiene publicado el 13 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ze Tian Ji (Novela) tiene 1166 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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