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Leer Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 1086 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El viento, tanto dentro como fuera del Mausoleo de los Libros, cesó de repente, al igual que cualquier sonido. El mundo entero pareció congelarse, tanto el tiempo como el espacio. Las dos partes habían llegado a un punto muerto, un estancamiento. Este equilibrio momentáneo era extremadamente frágil. Cualquier variable, una ráfaga de viento o un solo sonido, podía desencadenar innumerables masacres crueles, inundando la capital con mares de fuego y sangre, reduciendo a cenizas tanto la prosperidad como la ambición. Rara vez la gente se atrevía a tomar una decisión en las importantes encrucijadas de la historia. Xu Yourong había demostrado que podía hacerlo. Ni las inundaciones que anegaran el mundo ni una caída al abismo sin fondo lograrían siquiera que le temblaran las pestañas. Y todos sabían que ella no esperaría en silencio para siempre. La caballería de armadura negra de la Corte Imperial galopaba de regreso a la capital. Si Shang Xingzhou no estaba dispuesta a aceptar sus demandas, seguramente comenzaría su ataque antes de su llegada. Y en ese momento crucial, la otra figura importante parecía estar dormida. El príncipe de Zhongshan miró en dirección a aquella persona y arqueó una ceja. Nadie quería que fracasaran las negociaciones entre Xu Yourong y Shang Xingzhou, excepto su hermano. El príncipe de Xiang era un experto en el Dominio Divino y contaba con un profundo respaldo en la corte. Además, poseía una formidable fuerza militar. Si tanto la Corte Imperial como la Ortodoxia resultaron gravemente heridas y los expertos del norte y del sur se enzarzaron en sangrientas batallas, ¿quién podría impedirle ascender al trono? Es probable que tanto Xu Yourong como Shang Xingzhou estuvieran al tanto de esto, pero ninguno de los dos mencionó el asunto. Porque esa era también una de las fichas con las que estaban negociando. La clave del que dependía en última instancia el éxito de las negociaciones seguía siendo esa exigencia. El problema era que se trataba de una exigencia tan insensible e inflexible que ni siquiera alguien sin opinión sobre la vida, como el cocinero novato de alguna taberna al oeste de la capital, que hubiera llevado una vida monótona, mediocre y extremadamente dura, estaría dispuesto a aceptarla. ¿Cómo podría Shang Xingzhou? ... ... No hacía viento, pero el dobladillo de la túnica blanca ondeaba como una flor de papel. En comparación con las flores reales, las flores de papel eran más limpias, más sencillas, más trágicas. Xu Yourong permanecía de pie en el Sendero Divino, con las manos a la espalda, mientras contemplaba la capital. Su expresión era muy serena, pero sus bellos y delicados rasgos parecían emanar un aura grandiosa. Como si estuviera de pie frente al océano o contemplando el mundo. De repente, Shang Xingzhou tuvo la sensación de estar viendo a Tianhai, la Tianhai de hacía muchos años, cuando aún era joven. La primera vez que vio a esa chica fue cuando Taizong aún vivía, en el Palacio Imperial. En aquel momento, no la odiaba. Al contrario, la admiraba, pues de otro modo no habría optado por ayudarla a ascender al trono. La Tianhai de aquella época también era muy hermosa, pero ya fuera mirando a aquel caballo o al emperador Taizong, siempre tenía una expresión muy inexpresiva. Precisamente por eso Shang Xingzhou la admiraba. Si los cielos tuvieran sentimientos, también envejecerían. Solo los carentes de emociones podrían tener éxito en grandes empresas. Shang Xingzhou también admiraba profundamente a Xu Yourong. Hoy, cada palabra que Xu Yourong había pronunciado, desde su análisis de la situación general hasta su complot contra el príncipe Chen Liu, pasando por su descripción final del mundo sumido en el caos, había herido profundamente lo que más le importaba, la parte más sensible de su corazón. Al mismo tiempo, ella también estaba haciendo otra cosa importante. Ella estaba demostrando su valía a Shang Xingzhou. Había derrocado el gobierno de la Emperatriz Divina Tianhai, devuelto el gobierno al clan imperial Chen y se había convertido en la persona número uno del mundo. La vida de Shang Xingzhou había alcanzado la perfección. No tenía ningún otro deseo que ese. Al exigirle que optara por rendirse y retirarse, Xu Yourong tuvo que demostrar que podía lograr esa tarea. Quizás Chen Changsheng no pudo, e incluso Yuren tal vez no pudo cumplir el último deseo de Taizong, porque eran buenas personas. Pero ella podía. Porque no era buena persona, como todo lo que había sucedido ese día había demostrado. Quieres exterminar a los demonios. Puedo hacerlo. Quieres que los humanos unan al mundo. También puedo hacerlo. 'Y cuando llegue el momento, el Papa seguirá teniendo el apellido Chen, el Emperador seguirá teniendo el apellido Chen, y la dinastía humana registrada en los libros de historia siempre tendrá el apellido Chen. ¿Hay algo más con lo que no estés conforme? ¿Algo más a lo que no puedas renunciar? Si sus amenazas a los sueños de Shang Xingzhou, esos métodos despiadados, eran olas que rozaban el cielo, las pruebas que las acompañaban eran ese sereno mundo submarino. La colaboración entre ambos creó innumerables olas, una tras otra, que se elevaban hacia el cielo con el fin de aplastar toda resistencia. "La situación que has creado hoy puede calificarse de perfecta, lo suficientemente grandiosa como para destruir el mundo y lo suficientemente sutil como para tocar directamente el corazón. Es realmente difícil de romper." Shang Xingzhou miró a Xu Yourong con admiración y pesar a la vez. "Porque quienes pueden amenazarte no son tus enemigos". Estas últimas palabras tenían un significado bastante complicado y sonaban un tanto extrañas, pero entendieron lo que significaban. "Chen Changsheng confía en mí, por eso permaneció en silencio todo este tiempo. Por desgracia, se equivocó." Xu Yourong dijo: "Por supuesto, sé que él seguramente habrá preparado algunas cosas, así que yo también me he preparado para ellas". Shang Xingzhou suspiró con pesar: "No pensé que ni siquiera lo dejarías ir". Xu Yourong dijo: "Ya que quiero derrotarte, naturalmente tengo que derrotar primero a tus dos estudiantes". ¿Fue esta la razón de aquella conversación en el palacio y de la charla mientras comían costillas de ternera estofadas en Fortune Peace Road? Shang Xingzhou la miró en silencio y luego dijo de repente: "Si no lo hubiera convencido, tal vez hoy realmente habrías ganado". Al terminar de hablar, una ráfaga de viento se agitó repentinamente dentro del Mausoleo de los Libros, llevándose consigo los trozos de piedra y hierba del Sendero Divino. El viento se había agitado porque había descendido una nube. Una nube en el horizonte se posó sobre los suburbios del sur de la capital y luego se desplazó hacia el Mausoleo de los Libros. El sello del Mausoleo de los Libros no pareció tener efecto alguno sobre aquella nube. No tardó en desplazarse hasta la base del Sendero Divino. La persona a la que Shang Xingzhou se había referido estaba sentada sobre la nube, un erudito vestido con ropas sencillas. Dentro y fuera del Mausoleo de los Libros, decenas de miles de personas que vieron a este erudito cabalgando sobre la nube se enfrascaron en especulaciones atónitas, para luego estallar en júbilo y éxtasis. Xu Yourong miró a la erudita de mediana edad; su expresión seguía serena, pero sentía una ligera fatiga en su mente. Y entonces sintió un poco de burla, aunque esto también permaneció en su mente. ... ... Hu Treinta y Dos miró con expresión bastante desagradable a la densa multitud de personas reunidas en la plaza. Cuando Chen Changsheng dijo en aquel restaurante de Fortune Peace Road que creía que Xu Yourong no haría tal cosa, se preocupó mucho. Los acontecimientos de hoy han demostrado que sus preocupaciones estaban bien fundadas. An Hua dirigía a varios cientos de creyentes que se arrodillaban en la plaza, cada uno con un cuchillo brillante y afilado en las manos. Su petición era muy sencilla. Suplicaron al Papa que no abandonara el Palacio Li ese día y que no se involucrara en el asunto que tenía lugar en el Mausoleo de los Libros. Si Chen Changsheng no accedía a su petición, se suicidarían delante de él. Eran los seguidores más fervientes de Chen Changsheng, y no cabía duda de que harían tal cosa por Chen Changsheng y la gran causa de la ortodoxia. Hu Treinta y Dos se giró para echar un vistazo a aquel pasillo silencioso. Sintió aún más preocupación, pero era evidente que aquello se debía a otro problema. Chen Changsheng no había dicho nada a aquellas voces que venían de fuera del salón. El anciano de túnica gris con el pincel dijo con impaciencia: "¡Date prisa y dile a esta pandilla de tontos que se callen!" Era extremadamente raro encontrar a alguien que se atreviera a tratar al Papa con tal falta de respeto. En verdad, cuando se conocieron en el monte Han, este anciano trató a Chen Changsheng con gran desdén. El Señor Demonio había intentado devorar a Chen Changsheng en aquel entonces, y este anciano y aquel erudito viajero aparecieron juntos. Que aquel anciano hubiera aparecido en el Palacio Li, en aquella habitación de piedra, y hubiera vigilado a Chen Changsheng durante tantos días, fue naturalmente por orden de aquel erudito. Chen Changsheng era el Papa, pero también parecía incapaz de rechazar a ese erudito. Y mucha gente pensaba que este erudito tenía buenas intenciones. A estas alturas, Chen Changsheng ya conocía la identidad de aquel anciano. Fue él quien, en la época de Taizong, fue aclamado en todo el mundo como el Sabio de la Pintura, el taoísta Wu. Él había pintado todos esos retratos en el Pabellón Lingyan. El día en que el taoísta Wu salió del muro gris, Chen Changsheng supo que Xu Yourong había perdido. Aun así, había subestimado a su amo, o quizás sería mejor decir que había subestimado a estos ancianos. Esos ancianos eran precisamente aquellos en los que había pensado en aquella calle desierta de Wenshui. Fueron esos ancianos quienes habían experimentado innumerables guerras, sangre y fuego, quienes verdaderamente habían visto el mundo transformarse de mares en campos de moreras. Chen Changsheng y el taoísta Wu salieron del salón. Hu Treinta y Dos miró con sorpresa al anciano de túnica gris, pero no se atrevió a preguntar. Dio un paso al frente, se acercó al oído de Chen Changsheng y comenzó a aconsejarle en voz baja cómo proceder. El taoísta Wu se impacientaba cada vez más. Chen Changsheng contempló el cielo gris y nublado y de repente declaró: "¡Ataque!". La caballería comenzó a cargar desde el Salón de la Luna de Hierba, levantando polvo a su paso. La expresión de Hu Treinta y Dos cambió al instante. Quiso arrodillarse y seguir suplicando, pero Chen Changsheng se apartó. El cuerpo de Hu Treinta y Dos se inclinó hacia adelante, cayendo hacia el taoísta Wu. En algún momento, una daga extremadamente sombría apareció en su mano. Su rostro seguía mostrando angustia y preocupación, pero sus ojos estaban extremadamente tranquilos. Al igual que el tenue resplandor de las cuchillas que surcaban el cielo, no atrajeron la atención en absoluto. El rostro del taoísta Wu cambió al instante y un silbido brotó de sus labios. Una energía inimaginablemente poderosa descendió junto con su pincel. Con un ligero chasquido, una rama de sauce sombría voló por el aire y se enganchó en el arbusto. La Piedra de la Estrella Fugaz apareció en la plaza como el abismo del Inframundo, atrayendo la atención de todos y creando una barrera. Con un chasquido, la daga se hundió en el pie del taoísta Wu, provocando que la sangre brotara a borbotones. Hu Treinta y Dos tenía la cabeza gacha y el cuerpo medio arrodillado. Con expresión impasible, sacó su daga y se la clavó en el vientre al taoísta Wu.
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Ze Tian Ji (Novela) Capítulo 1086

Estás leyendo el capítulo 1086 de Ze Tian Ji (Novela), un novela. Elegir es escoger. Esta es una historia sobre elecciones. Tres mil mundos llenos de dioses y demonios, con un pergamino daoísta en la mano, eres capaz de controlar el universo entero... Al principio de los tiempos, un… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ze Tian Ji (Novela) tiene 1086 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.