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Leer Tienda de Mascotas Astral (Novela) Capítulo 532 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡Muérete!” aulló Su Ping. Esta vez no mostró piedad. Mientras hundía el golpe en aquella profunda herida, Su Ping agotó sus fuerzas y asestó un último puñetazo en el cráneo del dragón. ¡Bang! El terror se reflejó en los ojos del dragón de sangre púrpura. El dragón estaba a punto de abrir la boca para implorar clemencia cuando su cabeza fue aplastada, y sus sesos se derramaron. Los demás dragones de sangre púrpura estaban tan atónitos como furiosos. ¡Su Ping había matado a uno de ellos! ¡Allí mismo, en la montaña sagrada! ¡Ese era su hogar! ¡Pero una criatura había ido allí y había matado a uno de los suyos! ¡Un pecado imperdonable! ¡¡Roar!! Los dragones rugieron uno tras otro. Los dragones de sangre púrpura desataron numerosas habilidades legendarias. La energía hervía en el aire, el espacio era turbulento y tormentas de energía caóticas se condensaban sobre la cabeza de Su Ping como una nube púrpura. Pero en su interior albergaba una energía violenta, ¡y cualquier fragmento de esa energía bastaba para aniquilar fácilmente a una criatura de rango legendario! ¡Toda la energía del dragón de sangre púrpura estaba concentrada! ¡Esa era su fuerza combinada! ¡Mátalo! ¡Será enterrado con nuestros parientes fallecidos! Todos los dragones de sangre púrpura gritaban. Esa nube púrpura se abalanzó sobre Su Ping con una fuerza tal que lo redujo a polvo. Su Ping alzó la vista hacia la nube, con los ojos inyectados en sangre. Ya no tenía que preocuparse por sobreesforzarse ni por gastar demasiada energía en el lugar de cultivo. Gritaba, suplicaba, ansiaba más energía, ¡más! ¡¡Quemaré mi sangre, pero dame fuerza!! ¡¡Roar!! Tras él, apareció el Rey Esqueleto. Gritaba con una voz que provenía de cientos de millones de años atrás. Los huesos blancos que rodeaban a Su Ping se contraían, exprimiendo cada vez más sangre de él. Estaba empapado en sangre, pero había adquirido más energía que nunca. Sacrificó su sangre a cambio de poder y concentró toda su fuerza en su puño. "¡¡¡Romper!!!" Su Ping gritó. El Puño del Exorcista estaba surtiendo efecto. Golpeó el espacio sobre su cabeza. Envuelto en un brillo dorado, el puño era como un sol naciente que se estrellaba contra la masa de energía púrpura. ¡¡Boom!! La tierra tembló, pero no se oyó ningún ruido. Una nube en forma de hongo apareció en el cielo y, de nuevo, silencio. Aquella luz cegadora se desvaneció al instante en que apareció, pues un agujero negro se manifestó en el cielo, como si se hubiera abierto un portal a otro mundo. ¡La persona empapada en sangre se lanzaba en picado hacia los dragones de sangre púrpura que yacían en tierra! “¡Vete al infierno!”, gritó Su Ping mientras lanzaba un puñetazo. Con cada golpe lograba abrir una grieta en el espacio. Esos dragones de sangre púrpura se encontraban en el Estado Oceánico o en el Estado del Vacío. A pesar de concentrar sus fuerzas, no pudieron resistir el feroz golpe. Todos resultaron heridos al instante. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Su Ping se lanzó frenéticamente contra los dragones de sangre púrpura. Ninguno salió ileso. Todos resultaron gravemente heridos o muertos en el acto. Los dragones de otras especies temblaban de miedo al ver a aquel loco. Ninguna otra criatura había tenido jamás el valor de armar semejante escándalo en aquella montaña sagrada. Había matado a tantos dragones de sangre púrpura. ¿Acaso piensa acabar con todos? Mientras contemplaban al humano demoníaco, los dragones se preguntaban si debían ayudar a los dragones púrpura. Mientras aún lo deliberaban, Su Ping ya había acabado con más de una docena de dragones de sangre púrpura. Las bestias del Estado del Vacío intentaron levantar escudos, ¡pero ni siquiera eso bastó para evitar que Su Ping las aniquilara! Sin darse cuenta, Su Ping había alcanzado el segundo nivel del Puño del Exorcista. Sumando su fuerza base, era comparable a un ser del Estado del Destino; aplastar dragones en el Estado del Vacío era pan comido para él. ¡Los aniquilaré a todos! Si bien Su Ping había mostrado misericordia con aquellos dragones de sangre púrpura, en ese momento no dudó en matarlos. No escatimó esfuerzos. No le importaron los contraataques, ¡ni intentó defenderse! Pronto, un dragón de sangre púrpura aprovechó la oportunidad perfecta y le aplastó la cabeza a Su Ping. Aun así, volvió a la vida al segundo siguiente; estaba de nuevo en plena forma. Huesos blancos se enroscaron sobre él. Quemó su sangre para aumentar su fuerza para el ataque final. “¡Tú eres el elegido! ¡No huyas!” Su Ping reconoció al dragón de sangre púrpura que había montado. Llevaba el pelo negro suelto y estaba empapado en sangre. Se abrió paso a empujones, apartándose de los demás dragones y acercándose a aquel dragón en particular. El dragón de sangre púrpura estaba tan asustado que sus escamas palidecían. La frialdad había desaparecido de sus ojos; el miedo la había reemplazado. El dragón jamás había imaginado que el humano pudiera estar tan loco. En lugar de disculparse, ¡había comenzado una matanza! Aquel ser insignificante era una criatura que había superado con creces su imaginación. Lo más desconcertante de todo era que Su Ping pudiera revivir. Había muerto dos veces y, sin embargo, había vuelto a la vida al instante. El dragón empezó a preguntarse si Su Ping alcanzaría el Rango Estelar. De ser así, Su Ping solo habría tenido su habilidad para manipular el tiempo y ninguno de ellos habría podido contraatacar. “¡Tú! ¡No te acerques!”, gritó Su Ping, acercándose a grandes zancadas. El dragón de sangre púrpura ya no pudo reprimir su miedo. Jamás imaginó que temería a una criatura de fuera y suplicaría clemencia, justo en su guarida. “¡Vete al infierno!”, bramó Su Ping ante aquella súplica. Cruzó el vacío y pisoteó el lomo del dragón. Era como si Su Ping cargara una montaña sobre sus hombros. El dragón quedó inmovilizado contra el suelo y entonces Su Ping le propinó un puñetazo en la cabeza. El grito del dragón de sangre púrpura apenas se oyó cuando su cabeza fue partida en dos. Sus sesos calientes se derramaron sobre Su Ping. Ni siquiera activó su escudo astral. Era una bestia salvaje completamente desatada. Tras matar al dragón, Su Ping se giró y fulminó con la mirada a los demás. Los dragones de sangre púrpura, que estaban ansiosos por luchar contra Su Ping, se encontraban completamente intimidados en ese momento. Nunca pensaron que un ser tan indigno pudiera disuadirlos. ¡Ellos, los dragones! De todas las criaturas del universo, eran los mejores, ¡los reyes! ¡Pero un humano les estaba dando miedo! El asombro no era la única sensación común; también se sentía humillación. Sin embargo, al ver al humano ensangrentado y los sesos de sus compañeros, la ira que antes había provocado la humillación se desvaneció al instante. Aquello no era un humano; era un demonio que había salido del infierno. Los dragones retrocedían. Esperarían a que llegara alguno de los peces gordos a los que Su Ping había alertado para ejecutarlo. Los dragones de otras razas observaban atónitos cómo Su Ping permanecía de pie en el charco de sangre, sin que ningún otro dragón se atreviera a acercarse. Era algo realmente impactante; jamás había ocurrido nada parecido en ese lugar. No lo habrían creído si no lo hubieran presenciado con sus propios ojos. “Dime. ¿Cuál es el origen del dragón?” Su Ping fulminó con la mirada a un dragón de sangre púrpura que tenía delante. El dragón de sangre púrpura temblaba; estaba claramente intimidado. “¡Escoria, no te saldrás con la tuya por mucho tiempo! ¡Espera a que llegue nuestro santo... ¡Entonces sí que morirás!” ¡Pero no vivirás lo suficiente para siquiera poder decir eso! Su Ping atravesó el espacio y alcanzó directamente al dragón de sangre púrpura. Era apenas del tamaño de una escama de dragón, y aun así, el dragón tembló con más violencia al sentir a Su Ping a su lado. ¡Boom! Su Ping lanzó un puñetazo al instante, y una luz deslumbrante iluminó las pupilas del dragón de sangre púrpura. Al instante siguiente, un torrente de luz inundó la cabeza del dragón, que se abrió de golpe. Alrededor de esa cabeza aplastada había un espacio destrozado. ¡Incluso ese espacio estaba abierto de par en par! Su Ping se dio la vuelta y le gritó a otro dragón de sangre púrpura: "¿Dónde está el origen de los dragones? ¡Dímelo!" El dragón temblaba tras presenciar la miserable muerte de su compañero. El que Su Ping acababa de matar se encontraba en el Estado del Vacío, mientras que este nuevo dragón apenas estaba en el Estado del Océano. Dado que ni siquiera uno más fuerte tenía oportunidad, el dragón del Estado Oceánico sintió que la muerte lo acechaba. Si bien Su Ping era un ser humano diminuto, representaba el mayor peligro del mundo entero. El dragón no pudo evitar retroceder. “El origen de los dragones está en la cima de la montaña. ¡Adelante si lo que deseas es la muerte!”. La voz del dragón temblaba. “¿La cima?”. Su Ping se detuvo y contempló la cima de la montaña. Había una escalera que conducía a la cima de la montaña. Sin más dilación, Su Ping voló hacia la cima. Completamente horrorizados, ningún dragón de sangre púrpura se interpuso para detenerlo. A varios miles de metros de altura, Su Ping sintió de repente una fuerza que lo oprimía. Intentó ascender aún más, pero esa fuerza se intensificaba. Sin otra opción, Su Ping bajó al suelo. La misteriosa fuerza desapareció al aterrizar en aquella escalera. “¡Logró alcanzar la marca de los siete mil metros!” ¡No puedo creer que haya desafiado la norma establecida por nuestro Señor! ¡Absolutamente inconcebible! Los dragones, fueran de sangre púrpura o no, quedaron igualmente conmocionados por lo que había hecho Su Ping. ¡En la montaña había reglas que debían cumplirse! Desde la ladera y más arriba, las criaturas que no fueran dragones de sangre púrpura tenían prohibido volar, ¡y esa era una de las reglas! Su Ping había ascendido hasta siete mil metros incluso con esa regla en vigor, algo inimaginable. Los dragones del Estado del Destino no habrían podido hacerlo. ¡Zas! Al desaparecer la fuerza que lo aprisionaba, Su Ping se lanzó escaleras arriba. Los relámpagos que rodeaban sus pies generaban múltiples imágenes residuales. Su Ping avanzó con velocidad y agilidad, como si fuera una nube de humo. Corría incluso más rápido de lo que volaba. Debe haber un dragón de rango estelar en la cima de la montaña... Su Ping recordó lo que acababan de mencionar los dragones de sangre púrpura. La cima de la montaña se ocultaba entre las nubes. Era demasiado alta para que pudiera verla por completo. Aun así, ¡Su Ping no se iba a rendir! La sangre de Su Ping ardía y el Pequeño Esqueleto le transmitía fuerza constantemente para que pudiera usar toda su velocidad en todo momento. Viajaba a una velocidad supersónica, de entre dos y tres mil metros por segundo. Ni siquiera los guerreros con mascotas de batalla más prestigiosos podrían verlo a esa velocidad. Sin embargo, ¡incluso con semejante velocidad, tardó más de una docena de minutos en llegar a la cima de la montaña! ¡Boom! Algo silbó cuando su pie tocó el último escalón. Hubo un temblor y Su Ping casi se cae de las escaleras. Afortunadamente, gracias a su vasta experiencia, Su Ping logró estabilizarse. Miró a lo lejos. En el horizonte de aquella vasta llanura se extendía un lago púrpura. El agua púrpura emanaba un aura misteriosa. Oma y Su Ping también percibieron una fuerte presencia de dragones. Su Ping preguntó rápidamente al sistema al respecto. “¿Es ese el origen de los dragones?” Así es. Su Ping asintió y suspiró suavemente. Por fin lo había encontrado. El origen del dragón estaba justo frente a él. Su Ping respiró hondo. Apartó la vista del lago y observó las numerosas figuras a sus lados que no podían ignorarse. ¡Todos eran dragones de sangre púrpura! Eran ocho en total. Cada uno era más grande que los que Su Ping había visto en la ladera. Medían casi quinientos metros de altura, ¡más grandes que el dragón del Estado del Destino al que Su Ping se había esforzado tanto por derrotar! Había algo inmensamente poderoso en esos dragones de sangre púrpura. Sin embargo, lo que había aprendido del Entierro del Semidiós le indicaba que los ocho se encontraban en la cúspide del Estado del Destino, no en el Rango Estelar. Carecían de cierta aura propia del Rango Estelar. Poco después, Su Ping vio otro dragón de sangre púrpura que no había notado hasta entonces. Aquello medía más de mil metros de largo y tenía escamas de un púrpura polvoriento. El dragón de sangre púrpura yacía sobre sus extremidades junto al lago. Mantenía los ojos entreabiertos; aun así, clavó en Su Ping una mirada carente de toda emoción. Su Ping sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aunque solo fuera una mirada, le dieron ganas de temblar. ¡Rango estelar! No cabía duda. ¡Ese dragón de sangre púrpura era de rango estelar! Por mucho miedo que sintiera, Su Ping no retrocedió. Había llegado hasta allí. Ese era el último paso. “¿Cómo revivo al Dragón Infernal con el origen de dragón?” preguntó Su Ping al sistema. A lo que el sistema respondió:” Deja que el alma del Dragón Infernal absorba el origen de dragón, y este le ayudará a reconstruir su cuerpo. La naturaleza del origen de dragón es benévola con todos los dragones. Eso lo explicaba todo. Su Ping dio un paso adelante. ¡Boom! Una fuerza intangible estaba en acción. Uno de los dragones empleó una técnica que no solo confinó el espacio alrededor de Su Ping, sino que también convirtió el aire en un martillo que se abalanzó sobre él. Su Ping desató toda su fuerza para resistir el golpe, pero comenzaron a aparecer grietas en sus huesos blancos. “¿Cómo es posible?” preguntó con sorpresa uno de los dragones de sangre púrpura que descansaba a su derecha. Era asombroso que Su Ping hubiera sobrevivido a ese ataque. “¡Miserable! ¿Cómo te atreves a profanar nuestra montaña sagrada? ¡Tu raza entera será exterminada!” dictó sentencia aquel dragón de sangre púrpura. Apenas se había apagado su voz cuando el espacio alrededor de Su Ping se resquebrajó. De las grietas surgieron numerosas espadas formadas por el vacío. Su Ping se apresuró a blandir el puño. Sin embargo, aquellas espadas eran increíblemente afiladas y veloces; lo hicieron pedazos en un instante. ¡Bang! Llovió sangre. Sin embargo, la lluvia de sangre desapareció al instante, y Su Ping volvió a la vida en el acto. “Esto no está bien”. Al producirse la resurrección de Su Ping, los dragones de sangre púrpura abrieron los ojos de par en par. La sorpresa se reflejaba en sus ojos, antes tan tranquilos. “¿Viajes en el tiempo?” El dragón de sangre púrpura que descansaba junto al lago entrecerró los ojos. Aquella habilidad debía ser dominada únicamente por aquellos de Rango Estelar o superior, pero el humano sin duda no era uno de ellos. “No creo que el propio humano utilizara esa habilidad.” “¿Utilizó algún tipo de artefacto?” Los ojos de los dragones de sangre púrpura brillaron con codicia mientras discutían la posibilidad. ¡Qué tesoro! También les resultaría atractivo. “Sin duda, debes tener algún as bajo la manga para atreverte a subir aquí después de lo que hiciste allá abajo. Pero, por muchas cartas que tengas, tendrás que entregárnoslas”. El dragón de sangre púrpura que había asestado el golpe anterior a Su Ping gruñó. Una vez que dejó claras sus intenciones, espadas del vacío surgieron sigilosamente del espacio que rodeaba a Su Ping. Él las ignoró. Se había fusionado con el Pequeño Esqueleto y echó a correr a toda velocidad. ¡Su objetivo era alcanzar el origen del dragón! ¡Sin importar el precio, tenía que llevar al Dragón Infernal al origen del dragón! ¡Bang! Esas afiladas espadas del vacío estaban destrozando a Su Ping. Ese dragón de sangre púrpura se encontraba en la cima del Estado del Destino y solo necesitaba una inspiración para alcanzar el Rango Estelar. Ese dragón era mucho más poderoso que los dragones que Su Ping había encontrado en la ladera. ¡Resurrección! ¡Reanudó su ataque en cuanto se recuperó! "¿Cómo?" El dragón de sangre púrpura no podía creer que la resurrección de Su Ping pudiera repetirse. El dragón conjuró espadas del vacío justo delante de Su Ping. ¡Iba a aniquilarlo por completo! “¡Vete!”, gritó Su Ping mientras se liberaba de un puñetazo. Ignoró los golpes que le llegaban por la espalda y avanzó con ímpetu. Con un estallido y un temblor, las espadas del vacío se hicieron añicos. Pero la luz de espada restante dejó numerosas marcas en los huesos blancos, así como en las zonas desprotegidas por ellos. Su Ping quedó, una vez más, empapado en sangre. Aun así, Su Ping siguió adelante a toda velocidad. Aquel dragón de sangre púrpura estaba furioso. El dragón volvió a sacar muchas espadas. Esta vez, Su Ping no pudo sobrevivir. En el momento de su muerte, volvió a la vida y continuó su camino. Cada vez, antes de morir, lograba avanzar varios miles de metros. Murió una y otra vez, pero logró enviar al Dragón Infernal más cerca del origen de los dragones. El dragón de sangre púrpura estaba furioso. Era inmoral que alguien empleara métodos tan deshonestos. Había matado a Su Ping una docena de veces, pero siempre volvía a la vida. ¡Ya basta! “¡Está intentando llegar al origen del dragón!” ¡Deténganlo! ¡Es un simple mortal! No podemos permitir que manche el origen del dragón. Los dragones de sangre púrpura se prepararon, al comprender las intenciones de Su Ping. Varios dragones de sangre púrpura, en la cúspide de su Estado del Destino, atacaron a Su Ping simultáneamente; murió una vez más y, por supuesto, resucitó una vez más. En cuanto pudiera respirar de nuevo, se fusionaría con el Pequeño Esqueleto y cargaría durante miles de metros. ¡Bang! Como era de esperar, caminó hacia su muerte. “¡Maldito sea! ¿Cómo puede resucitar tantas veces?” “¿Qué tipo de artefacto puede ser ese?”. Los dragones de sangre púrpura estaban furiosos. Sus ataques eran implacables, al igual que las resurrecciones de Su Ping. No se podía decir que sus ataques fueran inútiles, pues lograban matar a Su Ping cada vez. El problema era que matarlo no servía de nada. Como un fantasma persistente, su maligna fuerza vital permanecía, ignorando por completo a los dragones. Tras más de cien muertes, finalmente, Su Ping alcanzó el origen del dragón. En ese preciso instante, el dragón de sangre púrpura de rango estelar intervino: “No eres un dragón. ¿Por qué insistes en obtener el origen de dragón?”. Los dragones de sangre púrpura detuvieron sus inútiles esfuerzos y miraron a Su Ping con frialdad. “Quiero revivir a mi dragón mascota. Necesito tomar prestado el origen de dragón”, afirmó Su Ping. Su Ping se sorprendió tras responder a esa pregunta. No lo había hecho por voluntad propia. Aquel dragón había logrado que hablara sin darse cuenta. “¿Una mascota dragón?” preguntó el viejo dragón con calma. “¿Es uno de los nuestros? Déjame ver. Quizá te permita usar algo de la esencia del dragón para devolverle la vida. Tras un instante de vacilación, Su Ping invocó al Dragón Infernal. Ya no había mucho más que hacer. El Dragón Infernal apareció en el Nutridor de Almas. Tras una nube de humo rojo, la imagen del Dragón Infernal apareció sobre aquella brizna de hierba translúcida. El Dragón Infernal se sobresaltó al ver a tantos dragones poderosos reunidos en un solo lugar. "¿Es ese un Dragón Infernal?" "Creo que sí..." Un Dragón Infernal no era lo que los dragones de sangre púrpura esperaban ver. Todos suponían que Su Ping iba a invocar a uno de los suyos, o a un dragón de alguna de las otras especies principales presentes. Ignoraban que el dragón del que hablaba Su Ping ni siquiera poseía un linaje legendario. Los Dragones Infernales sí consideraban el Reino de los Dragones de Sangre Púrpura su hogar, pero se les contaba entre los residentes débiles. Para los dragones de sangre púrpura, los Dragones Infernales no eran nada digno de mención y nunca los consideraron de su misma especie. El viejo dragón también se mostró visiblemente sorprendido. ¿Por qué Su Ping usaría un dragón tan patético como mascota teniendo semejantes poderes? "¿De verdad quieres usar nuestro origen dracónico para revivir a esta pobre criatura?" “Eso no es digno del nombre de dragón.” “Ni siquiera lo comería. Está demasiado sucio.” Los dragones de sangre púrpura no ocultaron su desprecio. El viejo dragón se había calmado. La sorpresa se desvanecía de su rostro. “¿Es ese el dragón que quieres resucitar? Lo que dijeron los otros dragones hizo que Su Ping apretara los puños. Miró al viejo dragón y respondió: “En efecto. Posees un gran origen dracónico. Si me permites obtener una parte, estoy dispuesto a intercambiarla por algo de igual valor. No tendrás nada que perder”. “No será necesario” dijo el viejo dragón con desdén. De repente, el Dragón Infernal mostró una expresión de dolor y su alma se desvaneció en la nada. Su Ping no podía creerlo. Sintió que el tiempo se había detenido cuando el alma desapareció ante sus ojos. No sintió absolutamente nada. Bajó la cabeza. Su cuerpo temblaba incontrolablemente. “Todos los dragones de sangre púrpura deberían ser exterminados...”, murmuró. No gritó ni lloró; parecía hablar consigo mismo. Suplicó que el Dragón Infernal volviera a la vida. El alma dispersa del Dragón Infernal regresó. Claro, regresó como alma. ¡El Dragón Infernal seguía siendo la mascota de batalla de Su Ping y podía ser revivido en ese lugar de cultivo! “¿Qué?” El viejo dragón, al igual que los demás dragones de sangre púrpura, se sorprendieron e incluso se asustaron al presenciar la resurrección. Su Ping no era el único que podía volver a la vida. ¡Incluso su mascota podía! Intentaban matar a Su Ping una y otra vez, pero el Pequeño Esqueleto era una criatura inmortal. Por ello, los dragones no se habían percatado de que Su Ping era capaz de resucitar a su mascota. “Ve. Ve al origen del dragón” le ordenó Su Ping al Dragón Infernal. El Dragón Infernal flotó hacia el lago. El viejo dragón gruñó. ¡Cómo te atreves! ¡Zas! El enorme dragón se irguió. El color polvoriento se desvaneció de sus escamas, que ahora brillaban con toda su intensidad. El viejo dragón no atacó al Dragón Infernal. Dado que Su Ping había logrado revivirlo, ningún ataque sería de utilidad. El viejo dragón simplemente pretendía demostrar que un dragón tan patético era indigno de entrar en el origen de los dragones. El Dragón Infernal no se atrevió a avanzar, todo por la imponente fuerza del gran dragón. Aunque solo era un alma, el Dragón Infernal temblaba. El Dragón Infernal se había enfrentado a muchas criaturas de rango estelar junto a Su Ping y en el Reino Caótico de los No Muertos; habían presenciado cosas indescriptibles. El Dragón Infernal no era un dragón tímido. Sin embargo, en ese instante, el viejo dragón lo atacaba directamente. No era lo mismo. La autoridad profundamente arraigada hizo que el Dragón Infernal se estremeciera de terror, como si se enfrentara a uno de sus miedos más profundos. El viejo dragón rió con desdén. "¿Eso es todo lo que tu dragón puede hacer?" Su Ping abrió mucho los ojos y gritó histéricamente: “¡Sigue moviéndote! ¡Sigue moviéndote! ¡No tengas miedo! ¡Un día te convertiré en el dragón más poderoso de todo el mundo!”.
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Tienda de Mascotas Astral (Novela) Capítulo 532

Estás leyendo el capítulo 532 de Tienda de Mascotas Astral (Novela), un novela. ¿Qué es lo que no me gusta de mi nueva vida después de transmigrar a un mundo centrado en las mascotas? Pueden ser mimosos compañeros, ayudantes en tu vida diaria, audaces exploradores o fuertes luchadores. O todo lo… Este capítulo tiene publicado el 28 de julio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Tienda de Mascotas Astral (Novela) tiene 799 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.