Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 33 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 33: El tejido de las pesadillas y el velo de la realidad
Punto de vista — Shiro
Shiro había quedado completamente atrapada dentro de la explosión colosal generada por el rayo de luz.
—¡Mierda! —gritó con rabia contenida entre la densa humareda gris y las llamas que devoraban el terreno.
El calor sofocante quemaba el aire a su alrededor. El suelo temblaba violentamente bajo el impacto de la magia enemiga. Pero Shiro no podía permitirse el lujo de rendirse, no en este momento y mucho menos ante alguien que consideraba inferior a su verdadero poder. Apretó los dientes con firmeza y concentró todo su maná restante, reuniendo lo poco que quedaba disponible dentro de su cuerpo exhausto. Recurrió a la magia de fuego primordial, moldeando una flecha incandescente: una llama azul oscura deslumbrante que iluminó por completo el cielo nocturno. Apuntó con precisión milimétrica directo hacia el punto donde se erigía Gabriel.
La flecha de fuego azul silbó en el aire como un rayo implacable. Impactó de lleno en el pecho de Gabriel, atravesando su torso de lado a lado. El fuego oscuro se expandió destructivamente a sus espaldas, pero Gabriel, a pesar de la herida mortal, se mantuvo de pie de forma casi milagrosa. Tambaleante y expulsando sangre, clavó su mirada verde esmeralda en ella.
—No tengo la menor idea de cómo demonios hiciste para sobrevivir a semejante ataque… —dijo Shiro dedicándole una sonrisa desafiante y tensa—, pero no pienso perder contra ti bajo ninguna circunstancia.
Se lanzó hacia él a la velocidad de la luz, empuñando su espada envuelta en un aura divina.
—¡Técnica de la espada: Devorador de mundos!
Gabriel la miraba con una mezcla inusual de admiración sincera y pánico contenido.
—Es infinitamente difícil de creer… —dijo Gabriel con la voz quebrada por el dolor—, que habiendo recibido mi mejor hechizo, me hayas cortado de un solo tajo la mitad del cuerpo con esa facilidad. Eres realmente una guerrera a la que nadie en este mundo podría vencer jamás…
—Lo sé perfectamente —respondió Shiro con una frialdad absoluta—. Nadie me ha derrotado en más de mil años de existencia. ¿De verdad llegaste a creer que un muerto viviente como tú podría lograrlo?
Gabriel esbozó una débil y grotesca sonrisa ensangrentada.
—No lo sé con absoluta certeza… pero te diré una sola verdad: no importa cuánto corras ni cuánto luches, ese chico de cabello oscuro será trágicamente asesinado esta misma noche.
Shiro lo miró fijamente, sintiendo cómo se le helaba la sangre.
—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó con un tono de voz mortalmente helado, apoyando el filo de su espada directamente sobre el cuello de Gabriel. La hoja hizo un leve corte del que brotó un hilo de sangre.
—Es tal y como te lo acabo de decir —rió Gabriel con una mueca desquiciada—. Él morirá… destruido y asesinado por ellos.
—¿¡Qué quieres decir exactamente con “ellos”!? ¡Espera! No me digas que…
Una sonrisa siniestra y triunfal se dibujó en el rostro agonizante de Gabriel.
—Es totalmente correcto… su propio hermano de sangre se encargará de cortarle la cabeza.
—¡¿Qué dijiste?!
El corazón de Shiro se paralizó por completo. No podía perder ni un solo segundo más en ese lugar. Intentó teletransportarse de inmediato usando su magia espacial hacia la ubicación de Carlos, pero de pronto su cuerpo se negó rotundamente a responder. El aire a su alrededor se volvió denso, pesado y restrictivo como el plomo.
—¿¡Qué demonios estás haciendo, Gabriel!? —gritó furiosa, intentando liberarse por la fuerza.
Gabriel extendió ambas manos hacia el cielo mientras una luz oscura y runas antiguas envolvían toda la zona.
—¿Acaso no es ridículamente obvio? —dijo con aterradora calma—. No voy a dejar que te vayas a salvarlo. Tú, Shiro, serás sellada en este preciso instante para siempre.
—¡Maldito seas! —rugió ella, intentando desatar su maná con desesperación, pero era absolutamente inútil.
Su magia… su poder ancestral… todo había sido neutralizado y sellado en una prisión dimensional.
Una mirada desgarradora y llena de impotencia cruzó su rostro de porcelana.
—No… esto no puede estar pasando… esto es imposible…
Los recuerdos más preciados comenzaron a invadir velozmente su mente: las sonrisas de Carlos, sus intensas batallas juntos, las promesas de proteger el futuro. Todo se desmoronaba en pedazos frente a sus propios ojos.
—Supongo… que esto era exactamente lo que los príncipes del Abismo querían desde el principio. Y lo consiguieron… —susurró con una sonrisa triste y rota mientras las cadenas oscuras la arrastraban al vacío—. Lo siento muchísimo, Carlos...
Shiro fue sellada. Sellada en las profundidades de la nada para la eternidad.
El regreso de la oscuridad
Carlos abrió de golpe los ojos, encontrándose en un lugar completamente desconocido y aterrador.
—¿Qué… qué clase de sitio es este...? —murmuró confundido, levantándose a duras penas.
El suelo bajo sus pies estaba cubierto por una densa capa de polvo negro. Las altas paredes, construidas con una piedra oscura y rugosa, parecían pulsar como si estuvieran vivas. El aire del recinto era espeso, sofocante y olía a azufre y muerte.
—Esto... se me hace dolorosamente familiar... ¿Acaso no es la mismísima mansión del Dios Demonio? —susurró para sí mismo con el pulso acelerado.
Empujó la gigantesca puerta principal. El chirrido del metal oxidado retumbó en medio del vacío sepulcral. Dentro de la estructura solo reinaba una oscuridad absoluta.
Y entonces… se escucharon risas.
Risas frías, distorsionadas y burlonas que resonaban desde todas las direcciones al mismo tiempo.
—¿¡Quién anda ahí!? —preguntó Carlos empuñando su espada con ambas manos.
Una voz trágicamente familiar respondió desde el manto de sombras.
—¿Oh, vamos, querido hermano… acaso no me vas a dar una cálida bienvenida después de tanto tiempo?
De entre la penumbra emergió Kronos, su hermano mayor. Su presencia era sofocante y abrumadora, y llevaba dibujada una sonrisa fría y calculadora en el rostro.
—¿Por qué estás aquí, Kronos? ¿¡Qué demonios significa todo esto!?
Kronos se encogió de hombros con una desfachatez hiriente.
—Simplemente hago esto por el bien mayor de todos.
—¿¡De qué diablos estás hablando!?
Pero antes de que Carlos pudiera dar un solo paso al frente, múltiples figuras oscuras surgieron en fila detrás de Kronos. Kratos. Charlotte. Drako. Oscar. Ascan. Todos y cada uno de ellos estaban allí parados. Sus antiguos compañeros de armas. Sus aliados más leales.
—No puede ser verdad… —susurró Carlos, completamente incrédulo y golpeado en lo más profundo del alma—. Ustedes…
Kratos dio un paso al frente y habló con una voz grave y carente de emoción:
—Esto era algo totalmente inevitable, Carlos. Te has convertido en una amenaza demasiado grande e inestable para este mundo.
Charlotte, con una mirada helada, sonrió con cierta tristeza ensayada:
—Y Shiro… también ha sido felizmente sellada hace unos momentos. Todo ha salido exactamente tal y como lo planeamos desde el inicio.
Carlos apretó los puños hasta que sus uñas le atravesaron la piel de las palmas.
—¡Traidores! ¡Yo confié ciegamente mi vida a ustedes! ¿¡Acaso nuestra amistad y todas las batallas juntos no significaron nada para ninguno de ustedes!?
Kronos lo miró desde arriba con una frialdad implacable.
—Depositar tu confianza en nosotros fue tu mayor error, hermano. Y ahora… al fin ha llegado tu triste final.
Carlos levantó su espada hacia el frente, temblando de una rabia incontrolable.
—No. Jamás me rendiré. ¡No voy a permitir que se salgan con la suya!
Se lanzó a toda velocidad utilizando un paso sombrío, reapareciendo en el punto ciego de Kronos. Le propinó un corte devastador, pero Kratos bloqueó el impacto e intercedió atacando por la espalda. Carlos esquivó la estocada a duras penas, solo para recibir de lleno la ráfaga de un destello sagrado lanzado por Charlotte. Una explosión de luz blanca pura lo envolvió por completo.
Su cuerpo cayó de rodillas sobre la tierra negra, sangrando abundantemente por múltiples heridas.
—¡Maldita sea...! —murmuró tosiendo sangre e intentando ponerse de pie.
Detrás de él, Drako, Oscar y Ascan combinaron sus manás para desatar una tormenta elemental destructiva. El impacto combinado lo arrojó bruscamente contra el suelo, dejándolo casi incapaz de mover un solo músculo. Pero aún así, su voluntad se negaba a quebrarse.
—¡¡Dios del Rayo!! ¡¡Corte Dimensional!! —rugió Carlos desatando la totalidad de su energía restante.
Su espada cortó el tejido mismo del aire. El suelo tembló sísmicamente. Una colosal explosión destructiva desintegró por completo la estructura de la mansión del Dios Demonio. Carlos avanzó a paso firme entre los escombros, espada en mano, dirigiéndose mortalmente hacia ellos.
Pero… justo antes de poder alcanzarlos, una fuerza invisible lo detuvo en seco. Una barrera de absoluta oscuridad se cerró a su alrededor. Su poder mágico desapareció en un instante. Su maná se desvaneció por completo. Incluso su habilidad nocturna se extinguió sin dejar rastro.
Gabriel Osawa apareció repentinamente frente a sus ojos, totalmente intacto.
—¿Sorprendido de verme nuevamente con vida, Carlos?
Carlos cayó pesadamente de rodillas, incapaz de sostener su propia espada. Los rostros de sus antiguos camaradas lo observaban en silencio con una indiferencia helada.
—Juro por mi alma… —dijo Carlos con la voz totalmente quebrada por el dolor y las lágrimas—... que algún día… los haré pagar a todos y cada uno de ustedes.
Kronos se acercó lentamente a su posición, levantando su espada de ejecución hacia lo alto.
—Lo dudo mucho, querido hermano. Es hora de que te despidas de este mundo para siempre.
El filo de la espada descendió a una velocidad despiadada. Un corte limpio y certero. La ejecución se había llevado a cabo.
El silencio absoluto consumió el universo.
El regreso
Una luz blanca y pura inundó de pronto la visión de Carlos. Un profundo y ahogado suspiro escapó de su garganta mientras abría los ojos bruscamente, hiperventilando.
—¿Dónde… dónde demonios estoy…? —murmuró mirando a su alrededor con el corazón latiéndole a mil por hora.
—Me alegra enormemente que al fin hayas despertado, Carlos —dijo una voz suave y maravillosamente familiar a su lado.
Era Natsuki. Ella le sonreía con una expresión repleta de alivio y ternura.
—¿Qué… qué fue lo que me pasó? —preguntó Carlos sobándose la cabeza, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda.
—Cuando estábamos en el restaurante conversando con Mío, te desmayaste de la nada —explicó Natsuki acomodándole el cabello con delicadeza—. Tal vez te sentías muy mal o el cansancio te pasó factura. No pienses demasiado en eso ahora.
Carlos respiró hondo, intentando procesar el torbellino de emociones y la pesadilla que acababa de vivir.
—Ahora que lo mencionas… creo que lo recuerdo ligeramente. Iba a levantarme para irme… y después… todo se volvió negro.
Natsuki colocó suavemente ambas manos sobre las mejillas de Carlos, mirándolo a los ojos.
—De verdad me alegra muchísima que estés bien —dijo con una sonrisa pura y cálida.
Carlos bajó la mirada, visiblemente avergonzado por el susto que le había sacado.
—Lamento haberte preocupado de esa manera, Natsuki...
—No tienes absolutamente nada por qué disculparte, tonto —dijo ella suavemente con una pequeña risita—. Ah, por cierto, Mío nos dijo que tenía muchísimo sueño por todo lo que pasó, así que decidimos quedarnos a pasar la noche en su casa. Ella ya está profundamente dormida en su habitación.
—¿Espera, qué? ¿Estamos actualmente en la casa de Mío? —preguntó Carlos sorprendido.
Natsuki se echó a reír con ganas.
—¿Acaso no es ridículamente obvio, despistado?
Carlos sonrió con cansancio, sintiendo cómo el peso de la pesadilla comenzaba a disiparse lentamente de su pecho.
—Supongo que tienes razón…
—Bueno —dijo Natsuki levantándose con elegancia y dirigiéndose hacia la puerta del dormitorio—, yo también me iré a dormir a la habitación de al lado. Que tengas una hermosa noche… amor mío.
La puerta se cerró suavemente con un click. El silencio de la noche volvió a cubrir la habitación. Carlos se recostó sobre la cama, contemplando fijamente el techo de madera mientras entrelazaba sus manos.
—Supongo que muchas cosas difíciles y peligrosas están por venir… —susurró para sí mismo en medio de la oscuridad.
Continuará…

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 34
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 33
Estás leyendo el capítulo 33 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.