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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 207 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 207: El Destello Plateado, el Sello del Soberano y la Ira Inaudita Punto de vista: Carlos Tanaka, Gabriel, Alumna de Udirmonia, Melissa y Perspectiva General Escena 1: El Orgullo del Guerrero Sin Corazón Estoy en un estado lamentable. No creí que Astaroth fuera capaz de llegar tan lejos, de ser tan preciso. Siento el frío del suelo en mi espalda, pero el frío dentro de mi caja torácica es peor. No hay latido. No hay ritmo. Solo una voluntad terca que se niega a soltar la conciencia. —¡MAESTRO! —el grito de Zani me llegó como un eco lejano. Corrió hacia mí, su rostro era una máscara de pura preocupación—. ¿Estás bien? —Sí... no te preocupes... —solté, y cada palabra era como escupir vidrio—. Mi cuerpo está en mal estado... no tengo corazón, pero sigo vivo, cabrones. Una risa ronca y sangrienta escapó de mis labios. Me burlaba de la muerte porque, después de tres reencarnaciones, ya nos tuteamos. Josué llegó justo a tiempo, sus ojos escaneando mis heridas con una mezcla de horror y alivio guerrero. —Me alegro de que estés bien... Carlos —murmuró mi padre, su voz firme pero cargada de una pesadez milenaria. A su lado, el grupo se reunió como una guardia de honor en medio del desastre: Melissa llegó corriendo, seguida de Saleh, Angélica, Alefa y Rai. La tensión era tan alta que se podía cortar con un cuchillo. —Parece que alguien no resistió una simple puñalada... —soltó Angélica con esa mirada fría que siempre la caracteriza. —¡Oye! ¿Quién te da derecho a insultar a mi maestro? —saltó Yins Shadow, poniéndose seria y rodeándome con su aura protectora. Angélica arqueó una ceja, volviéndose hacia mí con curiosidad ácida. —¿Maestro? Oye, mocoso... ¿desde cuándo tienes alumnas tan peligrosas? Ignoré el comentario. El dolor físico era secundario comparado con la presión que sentía venir del cielo. Miré a mi padre, tratando de incorporarme mientras Zani intentaba estabilizar lo que quedaba de mi torso. —Angélica, no es momento para charlas —sentencié—. Padre, no puedo quedarme de brazos cruzados. Tengo que volver a la batalla. Tengo que salvar a mi madre. Sé lo que dije antes, pero cambié de opinión... no podemos dejarla luchar sola. Podría morir. —Lo sé, hijo... pero... —Josué bajó la mirada, con el peso de un secreto compartido—. En estos momentos, tu madre está enfrentando un pasado que ella misma tiene que encarar. Si tan solo ella estuviera viva... Escena 2: La Provocación de Gabriel y las Revelaciones del Pasado El aire se volvió gélido de repente. Una luz dorada y arrogante empezó a descender, eclipsando por un momento la oscuridad de la batalla de Hina. —Oh, qué tierno. Padre e hijo juntos para siempre, ¿verdad? —la voz de Gabriel cortó nuestra conversación como una guillotina. Su sonrisa era de una superioridad insultante—. Son realmente patéticos. Débiles. ¿Creen que tú podrías hacerle algo a él? Gabriel aterrizó con una elegancia grotesca, señalando hacia el torbellino donde mi madre y Astaroth se destruían mutuamente. —Esa mujer no es rival para Astaroth. Pero en fin... —Gabriel extendió su mano, y un círculo mágico de proporciones divinas empezó a brillar bajo mis pies—, he venido para sellarte, Carlos. Solté una risa seca, desafiante, mientras el círculo de sellado de Gabriel brillaba bajo mis pies. —¿Y ya? ¿Eso es todo? Si lo vas a hacer, hazlo, cara de idiota —espeté, mi voz cargada de un veneno ancestral—. Ni siquiera lo has notado, Gabriel... Shiro pudo haber caído por confiarse, ¿pero tú? ¿Crees que puedes detenerme? ¿Acaso olvidaste quién te dio una paliza en más de dos ocasiones? Mientras hablaba, cerré mis ojos y conecté mi mente con la de Gabriel, alejando mis palabras del oído de mis padres y amigos. (Telepatía): «Dime una cosa... ¿En qué momento tú y el Dios Antiguo se pusieron de acuerdo para mandarme a un mundo paralelo? He muerto y sacrificado mi cuerpo, pero necesito saber qué hicieron con él hace 32 años». Gabriel sonrió, una mueca de victoria prematura. (Telepatía): «Vaya, parece que ese maldito te lo dijo antes de morir. Tu muerte valió la pena, fue un gran sacrificio, pero tu poder era lo único que yo necesitaba para encontrar una manera impecable... Serás parte de mi nuevo sacrificio». Apreté los dientes, la verdad golpeándome como un mazo. —Ya veo... revivieron al dios más temido por todas las razas. Su nombre es Quetzalcóatl. No creí que tú fueras capaz... —¿Para qué haces esto, Gabriel? —rugí en voz alta, haciendo que los demás retrocedieran por la intensidad de mi aura. —¡Por venganza! —gritó Gabriel, perdiendo su compostura divina—. ¡Por todos los que me despreciaron! No sabes lo que tuve que pasar para no ser el débil que tú destruiste hace tiempo. Pero no te preocupes, tarde o temprano lo perderás todo de nuevo. Tus amigos te darán la espalda... y me divertiré bastante con esa chica, ¿su nombre era Charlotte, verdad? Escena 3: El Destello Parpadeante y la Decapitación del Ángel El mundo se detuvo. El nombre de Charlotte actuó como un detonante en mi alma herida. El shock inicial se transformó en una furia ciega y plateada. —¿Qué... qué fue lo que dijiste? ¿Acaso tú...? —balbuceé antes de que la comprensión total me invadiera—. Eres de lo peor. Das asco. Eres una basura de mierda... Te vas a arrepentir de lo que has hecho. Gabriel soltó una carcajada histérica. —¿Crees que tus insignificantes amenazas podrán hacerme algo? No terminó la frase. Llegando a un límite que superaba la vida y la muerte, activé el Destello Parpadeante de Brillo Plateado Oscuro. Fue un movimiento que nadie pudo seguir con la vista. Un destello metálico y sombrío cortó el espacio. La cabeza de Gabriel salió volando, separada de su cuerpo por primera vez en la historia. Todos —Josué, Zani, las alumnas y los aliados— se quedaron petrificados, mirando el cuerpo decapitado del abismal y a mi figura, que permanecía de pie por pura voluntad de destrucción. —Tú... maldito humano... —balbuceó la cabeza de Gabriel desde el suelo, sus ojos inyectados en incredulidad. Caminé hacia él, mi sombra cubriendo los restos del ángel. —¿Qué pasa? ¿Acaso te encontraste con la misma muerte frente a tus ojos, Gabriel? —mi mirada ya no era la de un humano, ni la de un guerrero; era la de un verdugo que no permitiría que su enemigo regresara jamás a la existencia—. Solo veo a un demonio asustado tratando de esconderse. No eres prácticamente nada, ¿verdad? El pecho me seguía sangrando en un vacío absoluto, pero mi mente finalmente había unido las piezas del rompecabezas. —Ahora entiendo por qué Kratos estaba así ese día... —murmuré con una frialdad que detuvo el viento—. Kratos... Charlotte... ustedes jamás quisieron darme la espalda. Querían salvarme de este cruel destino. Pero ahora... supongo que mi tiempo termina aquí. —¡HIJO! —gritó Josué, intentando romper la barrera, pero la magia de sello de Gabriel ya estaba activa, rodeándome con una geometría sagrada y letal. —Padre, no es el momento —respondí, mirando a la nada mientras sentía una energía aterradora, algo que superaba incluso a los 10 Legendarios Héroes, acercándose a la batalla de Hina—. Mamá no estará sola. Esa persona... estoy seguro de que la salvará. Gabriel, a pesar de estar herido y ver cómo su sello luchaba por someter a un hombre sin corazón, sintió un escalofrío. «¿Cómo puede un humano sostener esta fuerza de voluntad?», pensó Gabriel con desesperación. «¿Acaso está por encima de todas las razas? ¿Es siquiera humano?». Una risa retorcida cruzó el rostro del ángel al mirar a Josué. «Qué débil será mi oponente...». Miré a Melissa con una serenidad que dolía. Era una despedida, aunque me negara a llamarla así. —Oye, Melissa... dile a Natsuki que la amo. Que no se preocupe tanto por mí. Que cuide de Yue y que no se desprecie. Le oculto cosas porque quiero que vivan una vida normal... algo que yo nunca pude conocer. El sello empezó a cerrarse, una luz blanca devorando mi figura. —Este sello tardará meses en romperse, pero saldré. Hasta entonces... les encargo el Festival del Año. No pierdan por nada. Si encuentran a alguien fuerte en las Grandes Razas, trátenlos con respeto... porque la paz es frágil. Escena 4: Ecos lejanos: La Joven de Udirmonia Lejos de la carnicería del Reino Platinos, el mundo seguía girando, ignorante del sacrificio del Soberano. En bibliotecas distantes, campos de entrenamiento y cimas olvidadas, la gente vivía sus vidas. En la Academia Udirmonia, una joven semi-humana bestia caminaba por los pasillos, aburrida de la paz que Carlos había luchado por construir. —En mi reino no hay rivales fuertes —suspiró ella, mirando sus propias manos—. Escuché rumores de un humano que convenció a las Grandes Razas para unir fuerzas... alguien que quiere que vivamos en paz. Pero la vida es oscura y cruel. Quisiera conocer a alguien que esté a mi altura... alguien con un valor único. Se levantó, sus pasos resonando en los pasillos tranquilos de Udirmonia, sin saber que el hombre de esos rumores acababa de ser sellado para salvar el futuro de todos ellos. «Caminar por estos pasillos se ha vuelto una tarea agotadora», pensó ella mientras aceleraba el paso. «Siento las miradas de los chicos clavadas en mi espalda como agujas; sé que soy hermosa, no soy ciega ni modesta, pero esa belleza parece ser lo único que ven. Qué pérdida de tiempo. No andaría con alguien débil. Busco a alguien con un corazón puro y sincero, pero con una mentalidad poderosa... alguien que, aunque sea destruido o derribado por sus enemigos, siempre encuentre la forma de levantarse y solucionar el problema». Se detuvo un segundo, ajustando su uniforme de la academia. ¿Será que era demasiado exigente? ¿O es que el mundo se había vuelto demasiado blando? Sus padres siempre la criaron con la idea de que los humanos son seres frágiles, efímeros como el polvo. Pero había una historia que no la dejaba dormir: aquella vez que ellos se enfrentaron a una humana. No recordaba su nombre, pero su mirada era tan seria y su poder tan absoluto que se ganó el respeto de todas las grandes razas. —¿Cómo sería mi vida al lado de un humano así? —se preguntó, sintiendo una curiosidad que la quemaba—. ¿Habrá alguien con esa fuerza ahí fuera? Siguió caminando, pero la irritación crecía al sentir que los demás no dejaban de seguirla con la vista. Era frustrante tener que esconderse solo por estar sola. Pero, al decir eso en su mente, un pinchazo agudo atravesó su pecho. Un dolor real, físico. —¿Por qué duele tanto? —murmuró, apretando el puño contra su pecho—. ¿Acaso estoy desesperada? ¿O es este el vacío de ser una semi-humana que no encuentra a nadie a su altura? Ignoró el sentimiento y siguió avanzando por Udirmonia. Caminar por las calles de la ciudad fuera de la academia debería darle paz, pero el bullicio le resultaba ajeno. «Siento que esto va para bien y para mal a la vez», pensó, intentando ignorar la agitación de su propio espíritu. Las personas reían y convivían en un buen ambiente, pero un presentimiento oscuro le advertía que no pertenecía a este lugar. —Soy una mujer solitaria y me quiero tal como soy —murmuró—, pero el vacío en mi pecho persiste... ¿Podrá mi vida seguir así? Quisiera ser amada... eso es todo. De pronto, un aura incontrolable emanó de su cuerpo. Sus ojos, una mezcla mística de blanco y negro, brillaron como luz de pétalos bajo su cabello color crema. Su mirada se volvió siniestra e imponente, una advertencia para cualquiera que se atreviera a acercarse. —Ojalá llegue pronto el Festival del Año... solo quedan dos meses. Escena 5: La Desaparición y el Despertar de Melissa Gabriel, regenerado y con una arrogancia divina, observó el vacío donde antes estaba Carlos. —Vaya, Carlos, eres alguien peligroso... pero no importa. Ten dulces sueños. El sello se cerró. Con un destello final, Carlos desapareció de la realidad. En ese mismo instante, Fer, Yins y Zani se desvanecieron, arrastrados por la conexión espiritual con el Soberano sellado. Josué, Melissa, Saleh, Alefa y Rai se quedaron solos frente a la devastación. —¡Esto no tiene sentido! —rugió Rai, apretando los puños con impotencia—. Es injusto que Carlos haya sido sellado... y ese maldito demonio escapó. Ahora los abismales son nuestra mayor preocupación. Shu y Ling, los generales abismales, aparecieron entre las sombras con risas de emoción. —Entonces... ¿en qué estábamos? —preguntó Ling con sadismo. Josué se puso en guardia, dispuesto a dar su vida, pero una figura se adelantó. Melissa dio un paso al frente. Estaba en un silencio sepulcral, su mirada perdida en un abismo de furia contenida. Josué intentó detenerla, pero ella no lo escuchó; era como si hubiera dejado de ser la niña que conocían. —Josué, es mejor que te alejes de ella —advirtió Saleh con gravedad. —¿Qué? ¿Por qué dices eso? —preguntó Josué confundido. —Lo que quiere decir es que esa mocosa nos superó en tan solo unos meses... —intervino Angélica, con los ojos fijos en la espalda de la joven—. Es extraña, pero es aterradoramente fuerte. Ling suelta una carcajada, subestimando a su oponente. —Oh, una niña dispuesta a morir... qué increíble. Al menos podré ver cómo tú... Ling no logró terminar la frase. En tan solo un segundo, Melissa se movió a una velocidad que desafiaba la percepción abismal. Ling fue derrotado, su cuerpo impactando contra el suelo antes de que nadie pudiera reaccionar. Sin detenerse, Melissa siguió caminando hacia Shu. Ambos se miraron: el abismal con una creciente duda en sus ojos, y la niña con un poder que amenazaba con consumirlo todo.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 207

Estás leyendo el capítulo 207 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.