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Capítulo 117: Vínculos Cotidianos, la Sombra del Acoso y el Frío Silencioso
Punto de vista: Mei y Natsuki
Punto de vista: Mei
—Por cierto, Miguel, tenemos que ir a ver a Natsuki sin falta, pero…
Antes de que pudiera terminar la frase, un par de personas bastante llamativas y conocidas se acercaron a paso tranquilo hacia nosotros. Se trataba de Gojo y Arlette, quienes venían caminando juntos a la par por el pasillo.
¿Acaso Gojo ya dio su primer paso…? pensé de inmediato, observándolos con atención. Vaya, debo admitir que me sorprendía bastante que Arlette hubiera sido capaz de acercarse tanto a alguien como Gojo.
Arlette era, sin lugar a duda, una de las chicas más hermosas, amables y populares dentro de toda la academia. Aunque, claro está, había otras jóvenes que definitivamente no se quedaban atrás en ese aspecto, como Karen y, sobre todo, Lucía. Ellas dos también gozaban de una inmensa popularidad entre los estudiantes.
—Hola, Arle —la saludé con una sonrisa cercana—. ¿Cómo están ustedes dos el día de hoy?
Ella bajó la mirada casi de inmediato, adoptando una expresión decaída y melancólica, como si algo realmente desagradable le hubiera ocurrido recientemente.
Gojo dejó escapar un suspiro pesado y lleno de frustración.
—Bueno… la verdad es que hemos tenido un problema bastante molesto últimamente. Los estudiantes de segundo y tercer año han estado acosando y molestando a Arle de forma constante, y eso definitivamente no es algo normal. Pero hoy uno de esos imbéciles se pasó completamente de la raya con ella, así que tuve que meterme en una pelea para sacarla de ese dilema y poner las cosas en su lugar.
—¿En serio te hicieron semejante bajeza, Arlette? —dijo Miguel, mostrándose claramente preocupado y con el ceño fruncido por la indignación.
—Sí… —respondió ella con una pequeña sonrisa tímida y extremadamente nerviosa—. Pero afortunadamente, gracias a la intervención de Gojo, la situación no pasó a mayores males. El verdadero problema es que ahora toda esa bola de idiotas anda diciendo por los pasillos que ando de zorra con cualquier hombre que se me acerque.
—No digas esa clase de estupideces sobre ti misma —intervino Gojo con absoluta firmeza, cruzándose de brazos—. Tú no tienes la culpa de absolutamente nada de lo que ocurre. Además, si estás caminando conmigo es sencillamente porque esos imbéciles le tienen un miedo tremendo a la envidia de ver que alguien tan endemoniadamente guapo y atractivo como yo esté a tu lado. Y no lo olvides, solo somos muy buenos amigos.
—Sí, entiendo… pero es que ellos dicen cosas tan feas que…
—Por el amor de Dios, Arle… no les des el gusto de afectarte por sus tonterías.
Me acerqué despacio hacia ella y coloqué suavemente mi mano sobre su cabeza, acariciándole el cabello con ternura para transmitirle calma. Arlette se sonrojó de inmediato ante el gesto de afecto.
—Ignorarlos por completo es siempre la mejor opción —dije mirándola fijamente—, pero tienes toda la razón del mundo. Últimamente los alumnos mayores se han salido por completo de control.
Dejé escapar un leve suspiro de resignación antes de continuar hablando.
—Desde que Carlos no está presente aquí en la academia… es evidente que todos esos acosadores le tenían un terror enorme, porque él siempre andaba pegado a nosotros. Pero no olviden algo extremadamente importante: Carlos no siempre va a estar disponible para resolver cada uno de nuestros problemas personales.
—Tienes toda la razón —asintió Miguel con voz seria—. Carlos es alguien que constantemente vive absurdamente ocupado con sus propios asuntos, exactamente igual que el resto de nosotros… y todos aquí sabemos perfectamente bien el porqué.
—¿Lo dices por el gran festival que se aproxima? —preguntó Gojo con entusiasmo en la mirada—. Yo también me estoy matando entrenando todos los días para ese momento. Estoy verdaderamente ansioso por comprobar con mis propios puños qué tan poderosas son en realidad las grandes razas.
—¿Ustedes dos van a participar en el torneo, Mei, Arle? —preguntó mirándonos con genuina curiosidad.
Arlette y yo nos cruzamos las miradas durante unos segundos antes de darle una respuesta definitiva.
—La verdad es que no tengo el más mínimo interés en participar en los combates —dije encogiéndome de hombros—, pero de igual forma voy a estar en las gradas gritando para animarlos a todos.
—Yo opino exactamente lo mismo —añadió Arlette regalándonos una sonrisa verdaderamente hermosa y radiante—. Prefiero mil veces apoyarlos a todos ustedes desde afuera como espectadora.
—Ya veo… qué verdadera lástima —respondió Gojo rascándose la nuca—. Me hubiera encantado verlas pelear y demostrar su poder contra los demás estudiantes. Aunque tú nunca vas a cambiar, ¿verdad, hermano? Siempre queriendo demostrarle a todos que eres el más fuerte de la estancia.
—Pues claro que sí, hermano —se rió Gojo con arrogancia divertida—. Siempre tengo que dejar bien en claro quién soy y de lo que soy capaz. Aunque eso sí… si en algún momento del torneo me toca luchar contra una mujer, tengo el deber de hacerlo con total honor y respeto.
—Ahora que lo mencionas de esa forma… —intervine arqueando una ceja y dibujando una sonrisa burlona—, ¿entonces por qué razón siempre sales huyendo a toda prisa cada vez que Shiro aparece en el mapa?
Al escuchar ese nombre, la tez de Gojo palideció de golpe, perdiendo todo el color en un segundo.
—Eso es sencillamente porque esa mujer es la mismísima hija del diablo —respondió tragando saliva con evidente pavor—. No tienes la menor idea de las atrocidades de las que es capaz esa criatura. Carlos y yo ya sufrimos un infierno horrendo por culpa de esa loca psicópata. Esa mujer sí que sabe perfectamente cómo dar golpes que te rompen los huesos de verdad…
—¡A mí me usó directamente como un jodido saco de boxeo durante horas! —exclamó Miguel, alterándose de solo recordar los entrenamientos.
Rápidamente decidí cambiar el rumbo de la conversación antes de que entraran en pánico.
—Por cierto… ¿a dónde exactamente van ustedes dos? Los veo demasiado juntos y acaramelados… ¿o es que acaso ustedes ya son oficialmente…?
Antes de que pudiera terminar de articular la frase capciosa, sentí un golpe seco y directo en la parte posterior de mi cabeza.
—¡Cállate la boca, Mei! —dijo Miguel sobándose el puño, visiblemente avergonzado—. No es para nada lo que estás pensando con esa mente perversa. Solo voy a acompañarla a un lugar. Quedamos en ir a buscar a Natsuki para que le diera algunos consejos sobre sus temas.
—Ah, ya entiendo todo —respondió Gojo recuperando la compostura—. En ese caso, si van a ver a Natsuki, Arlette y yo podemos acompañarlos sin ningún problema. La verdad es que no tenemos nada mejor que hacer en este momento.
Miré a Arlette con ternura y le sonreí dulcemente.
—Vamos, Arle, no seas tan tímida. Lo único que quiero es que te diviertas y te despejes un poco de toda esa tensión.
—Además, tengo el deber de cuidarte bien —continué diciendo—; ya sabes perfectamente cómo es la personalidad de Lucía, y no me gusta para nada que me esté reclamando y regañando por todo lo que te pase. A veces esa mujer da muchísimo más miedo que la mismísima Shiro, pero hay que admitir que siempre lo hace por tu propio bien.
Di un paso más cerca de ella.
—Para Lucía, tú eres sin duda alguna lo más valioso, sagrado e importante que existe en su vida.
Arlette bajó ligeramente la mirada, con las mejillas completamente sonrojadas por el afecto de las palabras.
—Ella solo desea con todo el corazón que tengas una vida buena, tranquila y que seas capaz de hacer muchos amigos sinceros —añadí—. Como eres una chica tan ridículamente tímida, reservada y callada… abrirte a los demás no es una tarea nada fácil para ti.
—Tienes toda la razón —dijo Arlette levantando el rostro con una sonrisa suave y reconfortante—. Estando a tu lado me siento ridículamente tranquila y segura. Muchas gracias por animarme siempre, Mei.
Levantó la mirada con una determinación renovada en los ojos.
—Entonces… ¿qué estamos esperando aquí parados? Vamos de una vez a buscar a Natsuki.
Punto de vista: Natsuki
Caminaba a paso lento y pausado por el silencioso pasillo de la academia, sosteniendo varios libros pesados contra mi pecho entre ambos brazos, mientras mi mirada se perdiendo melancólicamente a través del cristal de los grandes ventanales.
Han pasado tantos días ya… pensé mientras un nudo de nostalgia se apretaba en mi garganta. Y aún lo extraño con cada fibra de mi ser.
Estar sola sin su presencia a mi lado era una experiencia infinitamente más complicada y dolorosa de lo que jamás me llegué a imaginar en el pasado. Por suerte, la pequeña Yue siempre estaba ahí a mi lado para consolarme en los momentos de mayor soledad, y eso ayudaba un poco a sobrellevar el vacío, aunque la niña crecía a un ritmo sorprendentemente rápido. Supuse que tal vez era algo completamente normal en seres de su especie... los recién nacidos siempre experimentan cambios drásticos con el paso del tiempo; algunos tardan meses, otros apenas unos pocos años en desarrollarse.
Pero aun así, al detenerme a mirarle el rostro, me era del todo imposible no notarlo de inmediato: Yue se parecía cada día más y más a él.
Se suponía que debía sentirme inmensamente feliz por ello. Tener a una criatura así iluminando mi vida era una bendición absoluta. Sin embargo, en el fondo de mi alma, lo único que deseaba desesperadamente era que él regresara sano y salvo a mi lado. Quería volver a verlo con mis propios ojos, saber qué tan fuerte se había vuelto durante todo este tiempo de ausencia… y, siendo totalmente honesta conmigo misma, también había un deseo oculto y mucho más profundo que me inquietaba e impacientaba por dentro.
Ese pensamiento sin filtro hizo que mi rostro ardiera en un rubor rojo e intenso.
—Por favor… vuelve muy pronto… —murmuré en un hilo de voz casi imperceptible para el viento.
Mi corazón no dejaba de latir desbocado contra mi pecho. Al menos me quedaba el consuelo absoluto de saber que él se encontraba con vida y en perfecto estado. Después de todo, él llevaba consigo la otra mitad del collar mágico que le había regalado con tanto amor durante nuestro aniversario; un objeto imbuido con un encantamiento antiguo que me permitía sentir la constante vibración de su estado de ánimo y su energía vital. Mientras esa conexión mágica e invisible siguiera estando intacta, firme y estable entre los dos, yo podía darme el lujo de respirar con relativa tranquilidad.
Aún estás bien… lo puedo sentir… pensé experimentando una ola de alivio reconfortante.
Mientras pudiera seguir vigilando su bienestar a la distancia mediante el collar, no sentiría tanto pavor por su seguridad. Aunque… no podía negar del todo una verdad amarga.
Me aterraba hasta la médula la sola idea de que alguna otra mujer intentara aprovecharse de la nobleza o la vulnerabilidad de mi novio mientras yo no estaba cerca para protegerlo.
Sacudí ligeramente la cabeza a ambos lados, intentando apartar con fuerza esos pensamientos celosos y perturbadores de mi mente, pero casi de inmediato otros dilemas mucho más oscuros tomaron su lugar.
Mi magia.
Últimamente mi propia energía mágica se había vuelto exponencialmente más poderosa… y, al mismo tiempo, aterradoramente más peligrosa e inestable. Quizá se trataba simplemente de un logro natural derivado de mi propio crecimiento como guerrera, o tal vez era el resultado directo del exhaustivo entrenamiento que había mantenido bajo la tutela de Hina, quien me ayudó a fortalecer y comprimir mi reserva de maná mucho más allá de lo que jamás creí técnicamente posible.
Aun así, había algo que definitivamente no andaba bien dentro de mi cuerpo.
Tenía una teoría inquietante sobre la verdadera naturaleza de mi magia de hielo. En diversas ocasiones, cuando intentaba canalizarla al máximo, sentía cómo el frío extremo comenzaba a devorarme lentamente desde el interior de mis órganos, dejando a su paso un vacío helado, abrumador y desolador… exactamente como si algo vital se estuviera apagando de forma lenta e irreversible dentro de mi alma.
Y esa sensación me aterraba como ninguna otra cosa en este mundo.
Tenía un pavor brutal a perder el control total de mi poder y terminar lastimando de gravedad a las personas que más amaba a mi alrededor. Por esa misma razón, hacía todo lo posible por evitar utilizar mi magia de hielo a su máxima capacidad.
Porque sabía perfectamente que, si algún día llegaba a ceder ante ese frío descontrolado, dejaría de ser la persona que soy. Dejaría de ser yo misma para convertirme en una simple cascara que viviría únicamente para resistir el dolor… para sobrevivir en la penumbra… o, peor aún, convertirme en un monstruo que solo existiera para matar sin piedad.
Un escalofrío helado y violento recorrió cada rincón de mi cuerpo de arriba a abajo.
—Algo grave va a pasar muy pronto… —susurré para mis adentros, abrazando los libros contra mi pecho.
No sabía exactamente qué era. No tenía una forma lógica de explicarlo con palabras. Simplemente podía sentir ese pesado y sofocante presagio oprimiéndome el corazón.
Ojalá… pensé con todas las fuerzas de mi alma mientras me detenia a mirar el cielo a través de la ventana. Ojalá que todo esto no sea más que una horrible ilusión de mi mente.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 117 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.