Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 7 online gratis en español
🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Ambos cargaban sus provisiones mientras avanzaban por las tierras salvajes, apartando con sus herramientas la maleza que bloqueaba el camino. Qian Long, curtido por la experiencia, iba al frente, evaluando la dirección y ajustando la ruta de vez en cuando.
Al verlo esforzarse así, Tang Zhen no pudo evitar preguntar:
—¿Siempre te orientas de esta manera? ¿No tienes mapas ni brújula?
Qian Long negó con la cabeza y respondió, con un deje de impotencia:
—Los mapas no son confiables; además, son carísimos y muy difíciles de conseguir. Salvo por unos pocos lugares fijos, el resto del terreno cambia constantemente. Mira esta maleza bajo nuestros pies: aunque le prendieras fuego y la quemaras, mañana volvería a estar igual. En una pradera que ayer estaba vacía puede aparecer una gran estructura en cualquier momento. Y una brújula común tampoco sirve: apenas la sacas, la aguja se vuelve loca y no hay forma de determinar el rumbo.
En un entorno así, al final, solo la experiencia es de fiar.
Avanzaron, deteniéndose a descansar cada vez que el agotamiento los vencía. Cuando el cielo estaba a punto de oscurecer, por fin llegaron a un sendero estrecho.
Parecía muy transitado; por eso, la maleza no lograba crecer sobre él.
Qian Long le explicó a Tang Zhen que, si seguían ese camino sin desviarse, llegarían a una Ciudad Edificio.
Esa Ciudad Edificio se llamaba Ciudad Roca Negra. Era poderosa, y su edificio principal contaba con un total de veinte niveles. Alrededor se alzaban cuatro edificios anexos, de unos veinte metros de altura y divididos en cinco niveles, que conformaban la defensa principal del complejo.
En sus niveles estaba apostado un ejército formidable, encargado de velar por la seguridad del lugar.
Cerca del perímetro del edificio se extendía un pequeño poblado fundado por vagabundos. Mientras generaban riqueza para la ciudad, también se beneficiaban, indirectamente, de su protección. Allí intercambiaban objetos e información, a la espera de una oportunidad para unirse a la Ciudad Edificio.
Como los monstruos salían a merodear en grupo al anochecer —su número aumentaba de forma extraña e incluso podían aparecer de la nada frente a uno si tenía mala suerte—, ambos aceleraron el paso. Finalmente alcanzaron el mercado antes de que cayera la noche.
Tang Zhen observó el pueblo de vagabundos a lo lejos. Estaba construido sobre la ladera de una montaña y ocupaba una extensión enorme. En un radio de varios kilómetros, la maleza había sido eliminada, dejando un campo de visión despejado.
La muralla, hecha con grandes piedras y troncos, se veía sólida. Superaba con claridad los cinco metros de altura y, en lo alto, patrullaban numerosos vagabundos armados.
Apresuraron el paso y lograron entrar en el último momento, justo antes de que cerraran la puerta principal. Tras pagar dos cuentas cerebrales cada uno, los guardias les permitieron permanecer en el pueblo durante un mes.
La superficie del asentamiento era inmensa, abarcando varias hectáreas: una fortaleza rudimentaria en toda regla.
Por desgracia, no era una Ciudad Edificio reconocida por la Ley Celestial, así que no disfrutaba de ninguna de sus comodidades. Pero todo tiene ventajas y desventajas: cuando una Ciudad Edificio se vuelve oficial, los vagabundos que no obtienen estatus de residentes ya no pueden entrar, y el dueño del poblado perdería una enorme fuente de ingresos.
Si quisieran convertir a todos los vagabundos del mercado en residentes, el nivel de la Ciudad Edificio tendría que ser altísimo. Y cada ascenso de nivel exige recursos infinitos. Además, durante el proceso, la ciudad sufre asedios constantes de monstruos; si la defensa falla, todo el esfuerzo se pierde.
Invertir recursos incontables, agotar la mente y, al final, arriesgarse a perderlo todo… hacía que administrar un pueblo de vagabundos resultara, en comparación, mucho más llevadero. Aparte, cuando los monstruos atacaban, el poblado podía aportar una gran cantidad de combatientes y formar la primera línea de defensa.
Era de suponer que Ciudad Roca Negra permitió el establecimiento de este lugar por esas mismas razones.
La única desventaja era que los monstruos atacaban de vez en cuando. La guardia nocturna era, en la práctica, una batalla defensiva. A los monstruos menores se los podía contener con facilidad, pero si tenían la mala fortuna de topar con criaturas poderosas, el pueblo podía sufrir una catástrofe.
Aun así, los vagabundos no tenían muchas alternativas. A veces, aunque sepas que no es lo ideal, no queda más remedio que seguir adelante.
Esa es la verdad de la supervivencia: adaptarte a la vida y al destino, en lugar de esperar que ellos se adapten a ti.
Quienes controlaban el pueblo también contaban con una fuerza armada. En las calles se veía, de vez en cuando, a soldados de expresión severa, vestidos con armaduras rudimentarias, que observaban con mirada aguda a todo vagabundo que se cruzara.
Tang Zhen examinó su equipo con detenimiento. La calidad de la mayoría de las armas era mediocre y las armaduras apenas protegían las zonas vitales. No sabía si serían capaces de detener estocadas o tajos de espadas y cuchillos.
Pero, comparados con los vagabundos que apenas llevaban dagas cortas o barras de hierro, y se cubrían el cuerpo con trozos de metal o madera puestos al azar, aquellos soldados estaban muy bien equipados.
Al atardecer, el mercado seguía lleno de actividad. Los vagabundos entraban y salían de chozas, o se reunían junto a las hogueras para conversar. Otros, armados y contratados por el mercado, permanecían solemnes en la muralla, atentos ante cualquier ataque.
No lejos de allí, la gigantesca Ciudad Edificio se alzaba en la noche como una bestia feroz.
Cada vez que los vagabundos levantaban la vista, veían la tenue luz que escapaba por sus ventanas. En los ojos de muchos brillaba el anhelo: fantaseaban con que algún día podrían vivir allí dentro y poner fin a la amarga vida de vagabundeo.
De pronto se oyó un gran alboroto. Tang Zhen miró hacia el origen del ruido y vio a un grupo de monstruos intentando atacar el mercado. Tras unos diez minutos, los guardias los derrotaron y los obligaron a huir, dejando atrás numerosos cadáveres.
Cuando saliera el sol al día siguiente, extraerían las cuentas cerebrales de esos monstruos y los animales carroñeros se encargarían de limpiar los restos.
Si uno miraba con atención hacia el exterior en ese momento, descubriría que aún había muchísimos monstruos rondando fuera del pueblo. Seguían intentando atacar, pero el miedo al fuego y a las armas de los vagabundos les impedía acercarse; solo rugían con frustración.
Qian Long conocía bien el lugar. A modo de guía, llevó a Tang Zhen hasta un edificio de adobe, de dos pisos y gran tamaño.
Era una de las posadas más baratas del pueblo: baja, oscura, con el aire impregnado de un olor extrañísimo.
Detrás de un mostrador de madera, junto a la hoguera, estaba sentada una mujer de ropa sorprendentemente limpia y rasgos seductores. A su lado, dos hombres corpulentos bebían licor de mala calidad en vasos de madera.
Al ver llegar a Tang Zhen y a su compañero, los hombres los miraron un instante y luego los ignoraron.
—Dos personas, tres noches —dijo Qian Long.
—Media cuenta cerebral de nivel uno por persona y por día, con dos comidas incluidas. Por tres días son tres cuentas cerebrales de nivel uno. Paguen, guapos.
Mientras hablaba, la mujer se inclinó hacia adelante, resaltando su busto. En ese movimiento, un escote profundo quedó ante los ojos de los dos hombres, acompañado de un leve aroma carnal.
Tang Zhen la miró de reojo y no dijo nada. Qian Long ignoró por completo la mirada coqueta y la provocación; se limitó a asentir, inexpresivo.
Tras pagar las tres cuentas cerebrales de nivel uno, les dieron una torta de grano y sopa de hierbas para la cena: la ración diaria que la posada ofrecía a sus huéspedes. Después de comer, cada uno se retiró a su habitación, pequeña, estrecha, oscura y cargada de olores extraños.
Acostado en una cama de tablas cubierta con heno seco, Tang Zhen serenó la mente. Tras revisar los alrededores, sacó del bolsillo la bolsa de cuentas cerebrales. Lentamente las acercó a su teléfono móvil y, tal como había imaginado, el dispositivo las absorbió al instante.
Cuando terminó la absorción, la pantalla mostró nuevos cambios. Bajo el ícono de \[Teleportación\] aparecía el número “200+”, indicando que las monedas de oro que poseía le permitían realizar más de doscientos viajes de ida y vuelta.
En su información personal, el total de monedas de oro ya superaba las 13.000, una cifra que lo emocionó profundamente. Tenía ganas de probar a descargar algunas aplicaciones, pero, por seguridad, decidió primero intentar teletransportarse de regreso a casa.
Sosteniendo la bolsa con efectivo y metales preciosos, buscó la opción de \[Teleportación\] en el teléfono y tocó el ícono con cuidado. En un instante, su visión se nubló; sintió que atravesaba un túnel y, de pronto, Tang Zhen regresó con éxito a su hogar.
Observó a su alrededor y, al confirmar que estaba en casa, soltó un suspiro de alivio.
Aquel viaje había sido tan peligroso y extraño que, si se lo contaba a alguien, nadie le creería. Y, por supuesto, Tang Zhen no pensaba decírselo a nadie: su vida dependía de ello.
Ahora, en casa, podía usar el teléfono con tranquilidad para hacer pruebas. Primero abrió \[Teleportación\] y confirmó que cada viaje consumía cinco cuentas cerebrales de nivel uno.
Convertido a monedas de oro, cada viaje costaba 50 monedas; por lo tanto, un viaje de ida y vuelta requería 10 monedas de oro.
Luego abrió la \[Tienda de aplicaciones\] y comenzó a elegir lo que necesitaba.
Tras comparar opciones, concluyó que, en ese momento, las cuatro funciones más adecuadas eran:
Primero, \[Mapa básico\], que mostraba el terreno y los monstruos en un radio de cien metros.
Segundo, \[Proyección Ocular\], que permitía proyectar la pantalla ante los ojos y operar el teléfono mediante inducción.
Tercero, \[Detector de Monstruos Básico\], que mostraba información de monstruos cuyo nivel no superara en tres grados al del usuario.
Y cuarto, \[Espacio de almacenamiento miniatura\], que abría una dimensión de un metro cúbico para guardar objetos.
Si descargaba las cuatro aplicaciones, gastaría todo el oro que acababa de obtener, pero, comparado con su seguridad personal, esa inversión no era nada. Además, aquellas herramientas le ayudarían a sobrevivir mejor y con mayor seguridad en el otro mundo.
Tras confirmar la descarga, las monedas de oro se dedujeron rápidamente de su cuenta. En apenas unos instantes, la instalación se completó. Al ver que la pantalla, antes vacía, por fin tenía contenido, Tang Zhen sintió una profunda tranquilidad.

Continúa leyendo
Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela)
Capítulo 8
Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 7
Estás leyendo el capítulo 7 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 14 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.