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Leer Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 68 online gratis en español

🏴 Grupo: Skotádi✍️ Traducción: Skotádi
Independientemente de si estas ruinas habían sido limpiadas por otros errantes o no, Tang Zhen debía eliminarlas. Su existencia representaba un enorme peligro oculto para él. ¿Cómo podría permitir que otro durmiera tranquilamente junto a su lecho? Tang Zhen debía tomar el control absoluto de este valle. Era un paso inevitable. El único problema a considerar era cómo enfrentarse a los posibles monstruos poderosos que pudieran existir. En el pasado, Tang Zhen se habría quedado completamente sin ideas, pero tras haber experimentado lo siniestro del Rey Cadáver de Mente Espiritual y el terror del Señor de los Cadáveres, ya no temía a las criaturas de alto nivel. Incluso empezaba a surgir en él el deseo de medirse con ellas. Porque poseía poderosos recursos y una confianza inquebrantable. Aquellos enemigos que ahora parecían formidables terminarían convirtiéndose en simples cimientos en su camino para construir su Ciudad Torre, permitiéndole alcanzar mayores alturas y ver más lejos. Tras observar cuidadosamente las ruinas, Tang Zhen notó que no eran muy grandes. Dado que la fuerza de los monstruos suele ser proporcional al tamaño de los Edificios Salvajes, incluso si había una criatura custodiando el núcleo, no debería ser demasiado poderosa. Con estos pensamientos cruzando su mente, Tang Zhen volvió la mirada hacia Tyson y los demás. Los quince ya se habían dispersado como zorros ágiles entre la hierba desordenada, moviéndose con rapidez pero sin emitir prácticamente ningún sonido. De no haberlos visto con sus propios ojos y seguido sus posiciones en el mapa, habría sido casi imposible detectarlos. Parecía que todo errante capaz de sobrevivir en el páramo poseía habilidades de supervivencia nada despreciables. Tras observarlos un rato, Tang Zhen notó que los Duendes Sanguinarios que merodeaban fuera comenzaron a chillar entre ellos con sonidos guturales. Poco después, la mayoría se metió en las ruinas, dejando únicamente a un centinela delgado. Al ver esto, Tyson se alegró enormemente e hizo una señal para que el joven llamado Jimmy eliminara al guardia. El delgado Jimmy asintió con expresión seria. Como un mono ágil, se acercó sigilosamente al somnoliento centinela. En ese instante, sus movimientos fueron tan ligeros como los de un felino cazador. Sus pasos no hacían ruido, y su coordinación corporal era perfecta. Al llegar detrás del duende, no dudó ni un segundo: clavó con todas sus fuerzas una varilla de hierro de un pie de largo directamente en la parte posterior de su cabeza. Los ojos del centinela se abrieron de golpe antes de desplomarse sin emitir sonido alguno. En sus pupilas rojas se reflejaba un rastro de lucha y desconcierto. Jimmy arrastró el cuerpo hacia la hierba y luego echó un vistazo al interior de las ruinas antes de hacer una señal de “todo despejado”. Tang Zhen no pudo evitar suspirar una vez más. En este mundo, los hombres —sin importar la edad— eran todos expertos en matar. Jimmy era una prueba viviente de ello. Por supuesto, era el entorno el que los había moldeado así. De lo contrario, los muertos serían ellos. Una vez eliminado el centinela, Tyson ordenó de inmediato a sus hombres avanzar y bloquear la entrada de las ruinas. Uno tras otro, apilaron la hierba verde seca que habían cargado hasta la entrada, y Tyson la encendió con el encendedor que le había dado Tang Zhen. Esta hierba especial, originaria de la orilla del lago, producía al arder un humo amarillo espeso y altamente irritante. Según Tyson, bastaba con inhalar un poco para provocar tos violenta, mareos, palpitaciones y debilidad en las extremidades. Si se utilizaba correctamente en un espacio cerrado, su efecto sería devastador. El hecho de que Tyson hubiera ideado este método para debilitar a los duendes demostraba su astucia. Aunque el resultado aún estaba por verse. Antes del ataque, Tyson ya le había explicado el plan a Tang Zhen, quien incluso ayudó a fabricar varios abanicos grandes para potenciar el efecto del humo. Al mismo tiempo, los combatientes armados con espadas y lanzas custodiaban la entrada, listos para eliminar a cualquier duende que intentara escapar. La coordinación de Tyson era impecable. Al ver esto, la preocupación de Tang Zhen disminuyó ligeramente, y una leve sonrisa apareció en sus labios. La mayor ventaja de la humanidad era su inteligencia. Si todos los líderes de los asentamientos fueran como Tyson —capaces de ganar batallas minimizando pérdidas y manteniéndose unidos— el resurgimiento humano no estaría lejos. Pero la realidad era otra. En este vasto páramo, las razas extranjeras dominaban, mientras que los humanos apenas sobrevivían. La hierba verde ardía con un chisporroteo, como una mecha, liberando grandes cantidades de humo amarillo. Bastaba inhalar un poco para empezar a toser violentamente. Tang Zhen pensó que realmente era un recurso extraordinario. Debería almacenar más en el futuro. Cubriéndose el rostro con telas, Tyson y los demás comenzaron a agitar los abanicos, empujando el humo hacia el interior de las ruinas. Aun así, algunos en la dirección del viento no pudieron evitar toser con fuerza. El humo, espeso como arena en tormenta, invadió el interior. Los Duendes Sanguinarios, incapaces de planificar salidas alternativas, quedaron completamente desorganizados. Pronto, desde dentro se escucharon gritos de pánico y tos desesperada. Sus simples mentes no podían comprender el origen de aquel ataque. El efecto del humo fue incluso mejor de lo esperado. Muchos duendes, aturdidos, corrían sin rumbo dentro de las ruinas y caían inconscientes sin encontrar la salida. Los pocos que lograban salir tampoco corrían mejor suerte. En cuanto aparecían —temblando y con espuma en la boca— eran inmediatamente masacrados por Tyson y los demás. En poco tiempo, la entrada quedó cubierta de cadáveres destrozados, y el suelo empapado en sangre fétida. Cuando el humo finalmente comenzó a disiparse, la matanza había terminado. A juzgar por la escena, la tribu de Duendes Sanguinarios había sido completamente erradicada. El odio de Tyson y su gente hacia estos monstruos era profundo. Al menos diez miembros de su campamento habían sido devorados por ellos. Por eso, no mostraron piedad: cada duende que emergía recibía múltiples heridas mortales. Tras consumir toda la hierba, esperaron un poco más antes de entrar a limpiar el interior. Pero, dado el efecto del humo, era casi seguro que no quedaba ninguno con vida. Tang Zhen no participó en la limpieza. El hedor dentro de las ruinas era insoportable incluso para él, así que se sentó en un lugar limpio y observó con interés cómo los demás recogían el botín. Lo que le llamó la atención fue que Jimmy arrancaba los colmillos de varios duendes grandes y los guardaba cuidadosamente. Al preguntarle, el joven respondió con orgullo que planeaba hacer un collar de trofeos. Ya tenía los colmillos de duende; solo le faltaba la uña de un ogro que él mismo matara. Tang Zhen sintió un escalofrío. Conociendo a los ogros —criaturas de cinco metros de altura y nivel cinco— y viendo la complexión de Jimmy, dudaba que ese objetivo fuera alcanzable pronto. A veces, fijarse metas demasiado altas puede convertirse en una carga pesada. Esperaba que, en el caso de Jimmy, fuera más bien una fuente de motivación. Mientras ambos conversaban sin rumbo fijo, un extraño sonido surgió desde la entrada de las ruinas. Instintivamente, Tang Zhen giró la cabeza. Al mismo tiempo, el arco de Qian Long y la espada de Tyson apuntaron en esa misma dirección.
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Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) Capítulo 68

Estás leyendo el capítulo 68 de Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela), un novela. En un mundo apocalíptico donde la superficie terrestre es sinónimo de muerte segura debido a peligros invisibles, la humanidad ha tenido que refugiarse en ciudades monumentales con capacidades asombrosas: fortalezas que… Este capítulo tiene publicado el 1 de abril de 2026, Traducido por el grupo Skotádi. Tengo una Ciudad en un Mundo Alternativo (Novela) tiene 91 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.