Leer SoulShard (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
A la mañana siguiente, el día de la salida, Mariya dobló la última esquina corriendo, tarde, y Sarov la alcanzó a mitad de cuadra con el bolso rebotándole en la espalda.
La calle estaba cortada por el blindado.
Era alto y ancho, con las ruedas a la altura de su pecho y la carrocería de un gris sin brillo. Las puertas traseras estaban abiertas de par en par. Alrededor había cajas repartidas por el asfalto, algunas ya cerradas y otras a medio llenar.
Mariya frenó con las manos en las rodillas.
—Ya estamos. ¿En qué ayudamos?
—Hola —dijo Sarov.
Anya bajó una caja al piso de un golpe y se sacudió las manos.
—Ah, ¿sí? ¿Ahora sí quieren ayudar? Menos mal, Mariya, porque te ibas a morir de hambre.
Dmitry se metió entre las dos con una caja en brazos.
—Tranquila. Mariya, no le hagas caso. Ella te empacó lo tuyo.
—Gracias, Anya —dijo Mariya, y se rió.
Anya se cruzó de brazos.
—Qué bueno que tienes un teléfono de contacto, ¿no?
—Estuve relajándome, perdón.
Sarov dejó el bolso contra la rueda. Nikolai iba con una caja hacia las puertas de atrás, y Sarov agarró otra y se fue detrás de él.
Nikolai subió la suya y la acomodó.
—Las pesadas, abajo. Las livianas, encima. Y que no queden flojas.
Liling apareció por la acera de enfrente con un bolso colgando de una mano.
—Ey.
Pasó entre las cajas sin frenar y subió al blindado.
Sarov se asomó por la puerta trasera.
Adentro había un pasillo estrecho en el medio y dos filas de asientos a los costados, altos y anchos, con cinturones gruesos colgando de los respaldos. Al fondo quedaba espacio para la carga. Adelante estaban los dos puestos de manejo.
Liling estaba tirada en el último asiento, con el bolso a los pies y la cabeza contra la ventanilla.
Ya estaba dormida, y a Sarov se le escapó la risa.
«Qué floja.»
Cuando se volteó, Aleksei lo estaba mirando desde el otro lado del montón de cajas. Después le pegó un empujón a Nikolai en el hombro.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—¿Cómo que nada?
Un ruido grave le hizo levantar la cabeza a Sarov. Un avión bajaba sobre los techos del otro lado de la avenida, ancho y lento, con las luces de abajo encendidas a pleno día. Tocó suelo en el descampado de enfrente y el aire de la calle se movió.
Se le abrieron dos rampas, y comenzó a bajar gente con una pesadez de aburridos, arrastrando los bolsos como si el viaje los hubiera dejado vacíos. El primero, con un 58 en la tela del hombro, alzó la vista hacia la calle.
—Parece que les fue bien en China —dijo Mariya.
Sarov alcanzó a leer el número desde donde estaba.
Dejó en el piso la caja que cargaba y se miró el hombro, donde llevaba el 44 y sus dos letras. Entonces ese era lo mismo que él.
El tipo venía dando órdenes desde la rampa, y los cinco que bajaron detrás de él se fueron abriendo por el descampado sin que tuviera que repetirlas.
Era un poco más alto que Sarov, de pelo negro y corto peinado en puntas, con el traje verde oscuro y una escopeta corta cruzada a la espalda. Una cicatriz le bajaba recta del ojo izquierdo hasta el pómulo, y ese ojo no se movía.
Cruzó la avenida derecho hacia ellos.
—Rato sin vernos, Sokol.
Mariya no se movió del lugar.
El tipo los fue mirando uno por uno mientras se acercaba, a Nikolai, a Dmitry, a Anya, y después a las cajas a medio cargar.
—Están hechos mierda.
—Fue una semana larga —dijo Mariya.
Ahí la mirada se le quedó en Sarov.
Mariya dio un paso al costado y se le puso delante.
—¿Y? ¿Cómo les fue con los lunáticos?
Él se encogió de hombros sin dejar de caminar.
—Nada. No tuvimos que hacer casi nada. Tienen mejor tecnología que nosotros, eso seguro. De los portales no salió nada.
—¿Nada?
—Nada. Se abrieron, se cerraron, y ya. Salió todo bien.
Y la pasó de largo.
Se paró delante de Sarov y le estiró la mano.
—Ey. Sarov. ¿Cansado de descansar?
Sarov miró la mano un momento antes de dársela.
—¿Qué? Ah. Sí. Puede ser.
El tipo no apretó. Se quedó con la mano de Sarov en la suya, y el ojo bueno le recorrió la cara.
Después lo soltó, le pasó el brazo por encima del hombro y le acercó la boca a la oreja.
—Tú no eres Sarov, ¿cierto?
Lo dijo tan bajo que nadie más lo oyó.
Sarov dejó de respirar.
—¿A qué te refieres?
Lo empujó hacia atrás con el brazo, y Sarov casi se cae.
—Espera… ¿qué está pasando?
—El Sarov que yo conozco es amenazante, no expresivo.
El del 58 sacó la escopeta de un tirón y se la apuntó al pecho.
—¡Roman, para!
Mariya ya venía encima.
Dmitry se asomó por el otro lado del blindado con una caja todavía en las manos. Katja, que venía llegando, frenó en seco.
—¿Qué mierda está pasando ahora?
Anya dio un paso adelante. Nikolai fue el único que no se movió.
Sarov subió los puños a la altura del pecho, uno más adelante que el otro.
—Eres un impostor —dijo Roman.
Y disparó.
El estallido llenó la calle. Un golpe de aire le pegó a Sarov en la cara, y a lo largo de toda la cuadra los vidrios de las plantas bajas temblaron a la vez.
Sarov apenas alcanzó a doblar las rodillas, y ya había terminado.
Entre los dos, frente a su pecho, la bala estaba partida en pedazos, quietos en el aire a distintas alturas.
El viento del avión seguía cruzando la calle. Le movía el pelo a Sarov y a Roman, y levantaba polvo del asfalto.
A los pedazos no los movía.
Liling bajó al asfalto descalza, con el pelo aplastado de un lado y los ojos entrecerrados, de un verde encendido.
Miró a Roman.
—¿Vas a seguir?
Roman levantó las dos manos, con la escopeta colgándole de un dedo.
—Me rindo —dijo, sonriendo.
Los pedazos cayeron al asfalto todos juntos.
Roman se colgó la escopeta a la espalda y se dio la vuelta.
—Ese no es el Sarov que ustedes conocen —dijo, ya caminando.
—Tiene amnesia, imbécil —dijo Dmitry.
Roman se rió sin voltearse y cruzó la avenida hacia los cinco que lo esperaban.
Sarov volvió a respirar.
Todavía tenía las manos arriba, cerradas. Las abrió y se las quedó mirando.
—Gracias —le dijo a Liling.
Liling ya estaba subiendo otra vez al blindado.
Katja se acercó y se paró junto a él.
—¿Te pasó algo?
Sarov se miró el pecho, donde le había apuntado la escopeta.
—No. Estoy bien.
«¿Quién es este tipo?»
Miró una última vez hacia el otro lado de la avenida.
Después agarró la caja del piso y siguió cargando.
◆ ◆ ◆
Para cuando terminaron de cargar, ya era mediodía.
Las cajas quedaron atadas contra la pared del fondo. Nikolai tiró de cada correa, y después volvió a empezar. Anya fue tachando cosas en el teléfono. Dmitry subió y bajó varias veces buscando algo que al final estaba en su bolso.
Aleksei cargó lo último él solo y no le costó nada.
Liling se había vuelto a dormir en el mismo asiento. Tenía la cabeza caída contra el hombro y la boca abierta.
Sarov se quedó mirándola desde el pasillo.
«Esta también se ve inofensiva, y es un monstruo.»
Dmitry se sentó al volante y se acomodó el respaldo de una patada. Anya se subió al asiento de al lado con el teléfono todavía en la mano, y habló con los ojos en la pantalla.
—Bueno. Entonces ya deberíamos irnos, ¿no les parece?
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Estás leyendo el capítulo 24 de SoulShard (Novela), un novela. Perdió la memoria por mi culpa. Despertó entre las ruinas de un mundo que ya no es de los humanos, y yo sigo aquí adentro, compartiendo con él un cuerpo y un alma que no pidió. Detrás de las murallas lo espera un… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026. SoulShard (Novela) tiene 24 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.