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Leer Sonmia (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

Gotas. Gotas frías caían sobre la ciudad. Las luces se reflejaban en el suelo mojado y las voces de la gente se mezclaban en el aire. A pesar del clima, había personas sonriendo, disfrutando el momento como si la lluvia no pesara. Todos caminaban hacia algún lugar. Con prisa. Con rumbo. Los bares estaban llenos. Los restaurantes también. Desde afuera se podía ver a la gente riendo, comiendo, viviendo. Y luego estaba ella. Cabello negro, pegado a su rostro por la lluvia. Piel pálida. Ojeras marcadas que hacían ver sus ojos morados aún más intensos. Caminaba sin paraguas. Sin intentar cubrirse. Su ropa estaba completamente empapada, pero no parecía importarle. Como si el frío ya no le afectara. Mantenía la mirada baja. Desconectada de todo. —Tal vez… debí traer un paraguas… Lo dijo en voz baja, casi sin ganas. A veces levantaba la mirada. Solo un poco. Veía a la gente. Parejas tomadas de la mano. Familias comiendo juntas. Risas detrás de los vidrios empañados. Pero no sentía nada al respecto. Ni envidia. Ni molestia. Solo miraba. Como si eso no fuera parte de su mundo. Llegó a una parada de autobús. Se quedó ahí, quieta. El agua seguía cayendo sobre ella. Un coche pasó rápido y la salpicó con agua sucia. Cualquiera se habría molestado. Ella no. Apenas reaccionó. El autobús llegó y subió. El conductor la miró con algo de preocupación. —Señorita, ¿se encuentra bien? Ella solo sonrió un poco y asintió. Avanzó y se sentó junto a la ventana. Apoyó su cabeza en el vidrio frío, mirando hacia afuera. —Me pregunto si mañana también lloverá… Su voz fue suave. Con el aliento empañó la ventana y dibujó una carita feliz. Eso le sacó una pequeña sonrisa… pero duró muy poco. Sacó sus audífonos y se los puso. Cerró los ojos. Se fue quedando dormida poco a poco. Pero no soñó. No había nada. Solo oscuridad. Un vacío enorme donde ella flotaba sin moverse. —Otra vez… nada… Lo dijo como si ya fuera normal. Como si estuviera acostumbrada a ésto. Un ruido la sacó de golpe. Abrió los ojos. El autobús ya estaba en su parada. Se levantó rápido y bajó antes de que las puertas se cerraran. —Que tenga buena noche, señorita. dijo el conductor. Ella no respondió. Siguió caminando bajo la lluvia, con la música aislándola del mundo. Llegó a un semáforo. No vio que estaba en rojo. No escuchó nada. Y casi la atropellan. Un claxon fuerte la hizo reaccionar a tiempo. El coche pasó muy cerca. El conductor le gritó. Ella lo ignoró. Siguió caminando. Como si nada. Después de un rato llegó a su edificio. Subió las escaleras hasta su departamento. En la puerta había un papel. Lo leyó. Aviso de desalojo Si no paga la siguiente cantidad en la fecha correspondiente será desalojada de la unidad número 12. Lo arrancó sin decir nada y entró. El lugar era pequeño. Sencillo. Casi vacío. Fue al baño. Se quitó la ropa mojada y vio las manchas. —Espero que se quite… no tengo otra cosa para el trabajo… Se dio una ducha. El agua caliente la relajó. Esto era Solo… rutina. Se puso una pijama y fue a la cocina. Abrió el refrigerador. Había casi nada. Un plátano. Un bote de leche. Dos cervezas. Y unas rebanadas de pizza. Tomó el plato y lo calentó. Se sentó a comer en silencio, con una sola luz iluminando el lugar. Terminó. Lavó el plato. Fue a su habitación. Encendió la lámpara y se acostó mirando el techo. Se quedó así un rato. Sin pensar demasiado. —Ojalá mañana sea mejor… Lo dijo bajito. Sin mucha fe. Cerró los ojos. Y otra vez… Ese vacío. Ese lugar oscuro donde no hay nada. Donde solo está ella. Flotando. En silencio. Todo estaba tranquilo… hasta que un sonido la molestó. Un chillido. Luego más. Voces. Muchas. No entendía qué decían. Solo ruido. Cada vez más fuerte. Abrió los ojos de golpe y se levantó, llevándose la mano a la cabeza. —¿Qué fue eso…? Respiró agitada. Pero entonces lo notó. Algo no estaba bien. Porque… ella ya no estaba en su habitación. El techo no le era familiar. Demasiado limpio. Demasiado perfecto. Se quedó quieta unos segundos, tratando de entender… pero no había nada. Ningún recuerdo claro de cómo llegó ahí. Se sentó en la cama. Las sábanas estaban frías. Como si nadie hubiera dormido antes. Frunció el ceño y miró alrededor. Paredes metálicas. Todo ordenado. Silencio absoluto. Entonces vio la ventana. Se levantó despacio. Y se detuvo. Allá afuera… no había ciudad. No había nada conocido. Solo el espacio. Oscuro. Inmenso. Lleno de estrellas… Su respiración se volvió agitada. —…¿Dónde estoy…? Ella se levantó de golpe. Respiraba rápido. Se acercó a la ventana y miró afuera. No había nada… solo el espacio. Oscuro, inmenso, con algunas estrellas brillando a lo lejos. Se quedó ahí unos segundos, intentando calmarse. Poco a poco, su respiración se estabilizó. —Esto es nuevo… Murmuró, todavía algo confundida. En ese momento, una puerta se abrió sola detrás de ella. El sonido la hizo girarse. Dudó un instante, pero terminó saliendo. El pasillo era frío, todo de metal. Las luces eran blancas, apagadas, como si el lugar no tuviera vida. Caminó despacio, mirando a su alrededor. —¿Esto es… una nave espacial? Se preguntó a sí misma, más por costumbre que por curiosidad. Siguió avanzando. —Tenía tiempo sin soñar… supongo que esto no está tan mal. Sonrió un poco, aunque sin mucha emoción. Abrió una puerta. Luego otra. Y otra más. Todas estaban vacías. No había nadie. Nada fuera de lugar… pero tampoco señales de que alguien hubiera estado ahí. Eso le dio una sensación rara. —Está vacío… Dijo en voz baja, frunciendo un poco el ceño. —Todo está vacío. La nave era inmensa. Demasiado. Había pasado horas recorriéndola… tal vez más. El tiempo ahí dentro no fluía, se estancaba. Habitaciones vacías. Zonas de recreación intactas. Salas de videojuegos silenciosas, congeladas en un momento que ya no existía. Incluso una piscina… enorme… con un ventanal abierto hacia el vacío infinito del espacio. Todo estaba ahí. Todo funcionaba. Y aun así… todo estaba muerto. Las luces parpadeaban de vez en cuando, como si la nave respirara con dificultad. No era un fallo total… era peor. Era abandono. Era un lugar que alguna vez estuvo lleno… Ahora No había nadie. Nadie. Después de tanto buscar, llegó finalmente a la cabina de control. Todas las puertas se habían abierto para ella sin oponer resistencia, como si la nave la aceptara… o no le importara su presencia. Pero esa puerta… Esa no. Empujó. Nada. Insistió. Nada. Se inclinó ligeramente, observando a través del cristal. Oscuridad absoluta. Ni una sola luz encendida. Era como mirar el interior de un cadáver. Estuvo a punto de irse. De rendirse. Pero antes de hacerlo… se giró una vez más. Y entonces lo vio. Una pequeña tapa, discreta, casi oculta junto al marco de la puerta. Se acercó. La retiró. Un panel. Un escáner. Dudó un segundo… y colocó la mano. Pero este lanzó una luz Roja. Y Una voz salió de el. Fría. Mecánica. Vacía. —Acceso no autorizado. Frunció el ceño. Volvió a intentarlo. Y otra vez. Y otra. Rojo. —Acceso no autorizado,Acceso no autorizado,Acceso no autorizado. La frustración comenzó a subirle por el pecho, apretándole la garganta. Insistió una vez más… y entonces. La alarma. Un sonido seco. Cortante. Invasivo. Se sobresaltó. Pero no fue eso lo que la paralizó. Dentro de la cabina… Una luz se encendió. Luego otra. Y otra. Como si algo… hubiera despertado. —Miembro de la tripulación no reconocido. dijo otra voz, distinta, más…presente. —Restableciendo valores. Unidad de inteligencia artificial de soporte Ergo Sum activa y puesta nuevamente en marcha. El aire cambió. Dentro de la cabina, todas las pantallas estallaron en vida. Datos. Números. Letras. Flujos de información descontrolados, violentos, casi agresivos. Las luces comenzaron a parpadear con mayor intensidad. Eso fue suficiente. Corrió. El sonido de sus pasos rompía el silencio muerto de los pasillos. A su alrededor, la nave despertaba. Pantallas que antes estaban apagadas ahora brillaban. Luces que titilaban. Sistemas que regresaban… sin que nadie los hubiera llamado. Corrió hasta su habitación. Cerró la puerta. Respiraba agitada. —…Bueno… creo que ya fue suficiente… es hora de despertar… Cerró los ojos. Esperó. Nada. Los abrió. Seguía ahí. El mismo cuarto. El mismo silencio. Lo intentó otra vez. Y otra. Apretó los párpados con fuerza, como si pudiera obligarse a salir de ahí. Nada. —¿…Qué? Su respiración se quebró. Más rápida. Más corta. El miedo empezó a filtrarse… lento… inevitable. Se llevó las manos a la cabeza. Golpeó. Una vez. Otra. —Despierta… despierta… despierta… Nada. —¿Por qué no despierto…? Su voz tembló. Y entonces… Algo más. Algo que no encajaba. Una pantalla, en la habitación… se encendió. Sin previo aviso. La luz la golpeó de frente. Y la voz volvió. —Buenas noches, tripulante no reconocido. El terror fue inmediato. Cayó al suelo, retrocediendo, arrastrándose lejos de la pantalla como si esta pudiera alcanzarla. —Mi nombre es Ergo Sum. Unidad inteligente de soporte y apoyo. continuó la voz, perfectamente calmada. —Me gustaría saber cuál es el motivo por el que intentó acceder a la sala del capitán… Una pausa. Breve. Precisa. —…y el motivo por el cual abordó esta nave. El silencio que siguió… Ya no estaba vacío.
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Sonmia (Novela) Capítulo 1

Estás leyendo el capítulo 1 de Sonmia (Novela), un novela. QCaroline, una joven de 20 años, vuelve a casa arrastrando el cansancio de un día difícil, cena sin pensar demasiado y se deja caer en la rutina de siempre, preparándose para dormir con la esperanza de que el mañana sea… Este capítulo tiene publicado el 31 de marzo de 2026. Sonmia (Novela) tiene 1 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.