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Leer Soberano de las Cenizas (Novela) Capítulo 1042 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Durante el cultivo, el tiempo transcurría fugazmente. Treinta años después... Sein estaba haciendo un gran esfuerzo por alcanzar el reino de los semidioses cuando un invitado inesperado llegó a su castillo. La visitante no era otra que la Reina Súcubo, Anastasia. A diferencia de su último encuentro, la Reina Súcubo que tenía delante había sufrido una drástica disminución de su poder. Quien fuera una deidad intermedia, vio cómo su aura y presencia se debilitaban significativamente, descendiendo al nivel de una santa. Aun así, Sein podía percibir que su verdadera fuerza superaba con creces la de una semidiosa común. Sin embargo, el hecho innegable persistía: su poder general había disminuido drásticamente. Junto con Anastasia, también habían llegado una docena de señores demoníacos de nivel semidiós. Probablemente eran los guardaespaldas de la Reina Súcubo durante la Crisis del Avatar. Con semejante séquito, estaría más segura mientras permaneciera dentro de los confines del Purgatorio. “Pensé que también te habrían arrojado a los confines del primer nivel del Purgatorio” la saludó Sein con un tono cargado de impaciencia. Los magos siempre se irritaban cuando sus experimentos eran interrumpidos. Sin embargo, a Anastasia no le molestó la actitud de Sein. Lo conocía desde hacía mucho tiempo y ya estaba acostumbrada a su temperamento. “Como princesa del Purgatorio, tengo ciertos privilegios legales” respondió con naturalidad. Pasándose los dedos por el pelo, continuó: “Pero no podré permanecer en el segundo piso mucho más tiempo. Pronto tendré que bajar al primero”. Sein asintió en señal de comprensión. No era solo la Reina Súcubo; él también se estaba cansando del segundo piso del Purgatorio a medida que avanzaba la Crisis del Avatar. La propia naturaleza del Purgatorio erosionaba la cordura de quienes lo habitaban. Si bien Sein aún podía resistir, los demás que vivían alrededor de su castillo eran mucho más vulnerables. Si este deterioro continuaba, solo sería cuestión de tiempo antes de que él mismo sintiera sus efectos. Sein no quería convertirse en una criatura sin mente que solo supiera matar. La naturaleza impulsiva y tiránica de los demonios estaba fundamentalmente en desacuerdo con la mentalidad racional y serena que se suponía que los magos debían cultivar. Desde esta perspectiva, su decisión inicial de integrar el linaje del Demonio de la Llama para mejorar su manipulación de la energía piroelemental y su resistencia física no había sido la opción más óptima. “¿Esto es...?” preguntó Sein, girándose ligeramente hacia la figura vestida de negro que seguía a la Reina Súcubo. Esta persona se mantenía a medio paso detrás de ella. Ya fueran los tenues vestigios de poder y leyes divinas que emanaban de ella o la sutil manera en que se comportaba, todo sugería que no era una simple subordinada de la Reina Súcubo. Y lo que es más importante, Sein percibió algo inquietante en ella: una vaga pero instintiva sensación de rechazo. Mientras fruncía el ceño al ver a la figura, la Reina Súcubo sonrió y se lo presentó. “Esta es Morvanya, la Diosa de la Perdición, una deidad intermedia de la Alianza Oscura.” Sein había oído hablar de Morvanya desde su llegada a Faeloria. Era una diosa inusual, que poseía una habilidad divina extremadamente peculiar ligada a la fatalidad misma. Su reputación en Faeloria era pésima. De no haber sido por su buena relación con la Dama Oscura, Morvanya” que había ofendido a innumerables deidades” probablemente habría sido perseguida por sus muchos enemigos. En marcado contraste, su hermana, Tyvera, la Diosa de la Suerte, era muy querida en toda Faeloria. Mientras la Reina Súcubo hablaba, la figura vestida de negro se bajó la capucha. Morvanya no era fea. De hecho, tenía el aspecto juvenil de una joven. Sin embargo, sus labios brillaban con un tono negro inquietante y demoníaco, y extraños patrones arcanos marcaban sus pálidas mejillas. Tan solo mirarla bastaba para incomodar a la gente, como si el mero hecho de estar en su presencia atrajera la desgracia. ¿Era Morvanya realmente malvada? No exactamente. Al menos, nunca se la había conocido por cometer matanzas indiscriminadas. Sin embargo, la naturaleza de su divinidad aseguraba que la desgracia persiguiera a quienes la rodeaban. Aparte de unos pocos seres excepcionales, como los demonios del Purgatorio y la Dama Oscura, Morvanya no tenía amigos. Por alguna razón, la primera vez que Sein la vio, le recordó al amigo íntimo de la Maestra Lorianne, el Maestro Cipher. Más allá del Maestro Cifrado, muchos astrólogos que había encontrado en las Alturas Orientales de Observación Estelar del Mundo de los Magos poseían un aura similar, aunque ninguno tan pronunciada como la Diosa de la Perdición. Dicho sin rodeos, no era más que una maestra de adivinación y profecía, altamente capacitada en artes ocultas y maldiciones. En Faeloria, podría haber sido vista como una anomalía, pero en el Mundo de los Magos, tales figuras no eran infrecuentes. La calma y la compostura de Sein parecieron causar impresión en Morvanya. Aunque carecía del atractivo maduro de la Reina Súcubo, había en ella una profundidad tranquila que desmentía su apariencia juvenil. Dio un paso adelante y presionó suavemente un dedo delgado contra la frente de Sein. “Parece que mi hermana una vez adivinó tu camino. Aún conservas vestigios de su poder” murmuró. Con una leve sonrisa, retiró la mano. “He eliminado ese poder divino que aún persistía. No hace falta que me lo agradezcas.” Sein frunció ligeramente el ceño ante sus palabras, recordando cómo una vez la Liga de la Justicia lo había perseguido implacablemente. Así fue como lograron rastrearlo tan fácilmente. “Si ya no poseo el poder divino de la Diosa de la Suerte... ¿Significa eso que ahora llevo el tuyo en mi lugar?” preguntó sin rodeos. A su lado, la Reina Súcubo soltó una risita divertida. Morvanya, sin embargo, parecía desconcertada, como si su pregunta directa la hubiera tomado por sorpresa. Sein tenía razón: la Diosa de la Perdición le había dejado, en efecto, un rastro de poder divino. Si hubiera llegado directamente al Purgatorio, quizá no habría notado nada inusual. Pero en las últimas décadas había logrado avances significativos en el análisis de las leyes y el poder divino. En el momento en que la yema del dedo de Morvanya tocó su frente, sintió algo extraño en su interior. En realidad, el vestigio del poder divino de la Diosa de la Fortuna había sido demasiado débil para tener algún efecto real sobre él. Había sido tan insignificante que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba allí. Esta Diosa de la Perdición... distaba mucho de ser benevolente. El poder divino de la fatalidad que ella acababa de dejar en él no era para nada inofensivo. Bajo el peso de la mirada penetrante de Sein, Morvanya levantó a regañadientes su mano derecha y retiró el poder divino que había depositado en él. Sin embargo, Sein permaneció en silencio, con la mirada fija. Al ver que ella no hacía ningún movimiento más, él le recordó con calma: “Creo que aún queda un poco. Diosa de la Perdición, será mejor que renuncies a todo tu poder”. Tras una breve pausa, añadió: “Yo, por mi parte, no disfruto especialmente de que me maldigan”. Ante sus palabras, la risa de la Reina Súcubo se hizo más fuerte. Morvanya, por otro lado, parecía aún más avergonzada. Con un rápido movimiento de su mano, hizo desaparecer los últimos vestigios de su poder. Esta vez, Sein no sintió nada persistente en su interior.
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Soberano de las Cenizas (Novela) Capítulo 1042

Estás leyendo el capítulo 1042 de Soberano de las Cenizas (Novela), un novela. Sein era sólo un niño cuando fue secuestrado del mundo de la superficie y obligado a ingresar en la Academia de Magia Negra. En el Inframundo, la fuerza reina y los débiles luchan por sobrevivir. Mientras el número de… Este capítulo tiene publicado el 10 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Soberano de las Cenizas (Novela) tiene 1060 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.