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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 52 online gratis en español

—Cuadrante Sur del Continente Jiang Por encima del mundo mortal, donde el viento apenas era un susurro y el cielo parecía extenderse hasta el infinito, un océano de nubes blancas flotaba en absoluto silencio. Eran densas, inmensas, antiguas, como si ocultaran bajo su manto los secretos más remotos del firmamento, mientras la luz del sol descendía en largos haces dorados que atravesaban lentamente aquella extensión etérea hasta que, poco a poco, las nubes comenzaron a abrirse Al principio fue apenas una grieta, una delgada abertura que parecía insignificante. Sin embargo, en cuestión de instantes el propio manto celeste empezó a separarse como si una fuerza invisible apartara los cielos, revelando lo que permanecía oculto bajo aquella inmensidad Era una ciudad O, más bien, algo que superaba por completo el significado de esa palabra Una extensión imposible de abarcar con la mirada, cuyas murallas desaparecían en el horizonte y cuyas avenidas, anchas como ríos de piedra, transportaban un incesante torrente de millones de personas entre mercados, templos, residencias y barrios enteros que latían al unísono, formando un océano de vida tan insignificante como imponente frente a la inmensidad del mundo Aquella era la Ciudad del Fénix Carmesí Sin embargo, incluso semejante metrópolis parecía diminuta comparada con la barrera que la rodeaba Más allá de sus límites se alzaba una cordillera tan colosal que daba la impresión de haber sido levantada por la voluntad de los propios cielos para dividir el mundo en dos. No eran simples montañas, sino auténticos titanes de roca cuyos picos ascendían más de diez kilómetros, perforando las nubes mientras sus laderas, marcadas por incontables cicatrices del tiempo, se perdían entre abismos y precipicios imposibles. Desde la distancia, aquellas montañas parecían los pilares que sostenían el cielo Y entre aquella interminable cordillera destacaban siete cumbres Siete gigantes que dominaban sobre todas las demás como soberanos entre reyes, unidas por una misma presencia que impregnaba el mundo entero. Allí el Qi espiritual era tan abundante que había dejado de ser invisible; se condensaba en una neblina luminosa que ascendía en espirales alrededor de las montañas, envolviéndolas en un resplandor casi divino En el centro de aquellas siete se erguía la montaña principal Su sola existencia transmitía una presión silenciosa que hacía imposible apartar la vista, pues el Qi que la rodeaba no fluía como en el resto del mundo. Allí se quebraba, se fragmentaba y cambiaba de dirección siguiendo trayectorias que desafiaban toda lógica, hasta el punto de que el propio espacio parecía deformarse. Por momentos la montaña se desdibujaba para reaparecer apenas desplazada, como si coexistiera en dos lugares distintos al mismo tiempo, mientras diminutas fisuras recorrían el cielo igual que grietas sobre un cristal y hasta el sonido parecía llegar con un leve retraso, como si la realidad necesitara un instante adicional para recomponerse Aquel era el dominio de la Secta de la Fractura Celestial, un lugar donde las leyes del cielo no eran respetadas, sino obligadas a ceder ante una voluntad superior Pero bastaba con apartar la mirada de la ciudad y cruzar aquella inmensa muralla natural hacia el lado opuesto para que el mundo cambiara por completo La luz se volvía tenue, el aire pesado y el silencio reemplazaba cualquier rastro de civilización. Allí no existían ciudades, ni caminos, ni rastros de humanidad; únicamente un bosque infinito cuyos árboles negros y retorcidos se extendían hasta donde la vista dejaba de tener sentido. Sus ramas se entrelazaban unas con otras como manos deformes que intentaban aprisionar el firmamento, mientras la escasa luz que conseguía atravesar el espeso follaje parecía extinguirse antes de tocar el suelo No había pájaros No había viento Solo un silencio tan profundo que resultaba antinatural Cuanto más tiempo permanecía alguien observando aquel bosque, más difícil era ignorar la extraña sensación de que la distancia se deformaba, de que los árboles cambiaban lentamente de lugar cuando nadie los miraba directamente y de que, oculto en algún rincón imposible de señalar, algo devolvía la mirada desde la oscuridad Y de aquel bosque emanaba una energía distinta a cualquier otra No era Qi espiritual Era su contrario Una fuerza densa, corrupta y maldita que parecía devorar toda forma de vida, contaminar cuanto tocaba y susurrar directamente a las partes más oscuras del alma. Incluso desde cientos de kilómetros de distancia, aquella presencia se percibía como una inmensa herida abierta en el mundo Así, entre la inmensidad de los mortales y la corrupción que devoraba el horizonte, la Secta de la Fractura Celestial permanecía inmóvil No protegía el equilibrio No lo preservaba. Vivía sobre la grieta que separaba ambos mundos Porque aquella no era simplemente una secta Era una grieta abierta en el cielo . . . . La noche descendió sobre la ciudad del Fénix Carmesí como un manto vivo Las últimas luces del crepúsculo se extinguieron lentamente, devoradas por una oscuridad que no era absoluta, sino vibrante. Miles de faroles comenzaron a encenderse uno tras otro, como estrellas atrapadas en la tierra. Calles enteras se iluminaron en tonos cálidos, dorados y rojizos, mientras el murmullo constante de millones de personas no desaparecía… Solo cambiaba La ciudad no dormía Se transformaba Los mercados diurnos daban paso a tabernas llenas, risas, discusiones y tratos en voz baja. Sombras se deslizaban entre callejones estrechos, invisibles para los ojos distraídos. Cultivadores de bajo nivel meditaban en los tejados, absorbiendo el tenue Qi espiritual nocturno, mientras patrullas recorrían las avenidas principales con pasos firmes Pero no toda la noche era igual En los distritos más cercanos a la muralla de montañas, algunos faroles titilaban de forma irregular… como si una fuerza invisible interfiriera con su luz. El qi en el aire era más denso allí. Inestable, difícil de absorber Algunos cultivadores, incluso, evitaban mirar directamente hacia las siete montañas Como si hacerlo demasiado tiempo… no fuera buena idea Arriba, el cielo nocturno era profundo e inmenso Y, atravesándolo todo… las siete montañas Incluso en la noche, eran imposibles de ignorar Se alzaban como espectros colosales, recortadas contra el firmamento estrellado. Una débil neblina de qi espiritual las rodeaba, visible incluso en la oscuridad, como si respiraran lentamente Pero en la montaña principal… algo no encajaba Por momentos, su silueta parecía inestable Se desdoblaba Se corregía Como si la noche misma no pudiera sostenerl . . . . En una posada cercana a la entrada de la ciudad, el ambiente era notablemente más tranquilo. El bullicio de las calles llegaba apenas amortiguado por la distancia, convertido en un murmullo lejano que apenas perturbaba el silencio de la habitación Li Wang permanecía sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo, inmóvil, la espalda recta y la respiración profunda y acompasada. A su alrededor, el Qi espiritual fluía con serenidad, entrando y saliendo de su cuerpo en ciclos precisos que poco a poco disipaban el desgaste acumulado tras su estancia en la Cordillera del Cielo Marchito. Después de tantos días de combate, tensión y viaje, aquella noche de descanso no era un lujo, sino una necesidad Frente a él, la ventana permanecía abierta, permitiendo que el aire nocturno entrara con suavidad. Era un viento frío, limpio y extrañamente ligero, muy distinto al que impregnaba las montañas que acababa de abandonar Tras varios minutos de cultivo, Li Wang abrió lentamente los ojos. El verde profundo de sus pupilas se reflejó bajo la tenue luz de la luna mientras dirigía la mirada hacia el horizonte, donde las siete montañas que conformaban el dominio de la Secta de la Fractura Celestial se alzaban sobre la oscuridad como gigantes silenciosos Su vista terminó posándose sobre la montaña principal Y, por un instante... El presente comenzó a desvanecerse > \-Cordillera del Cielo Marchito > > “…Secta de la Fractura Celestial… ¿El Patriarca Fundador es Wu Zhin?” > > El joven que salvó de los buitres de Qi Muerto en aquel entonces, Qin Leng, y los demás muchachos, asintieron con respeto contenido al escuchar su pregunta > > El nombre de Wu Zhin… era una leyenda para ellos, el “Patriarca Fundador” de la Secta de la Fractura Celestial, la Secta de cultivo más poderosa de la zona La mente de Li Wang regresó al presente apenas por un instante Luego, volvió a quebrarse No fue una desaparición repentina, sino una fractura de la realidad misma. La ciudad no se desvaneció de golpe; comenzó a retroceder en el tiempo. Las construcciones más lejanas fueron las primeras en cambiar, encogiéndose lentamente mientras las inmensas torres que rozaban el cielo perdían altura, detalle e historia, como si siglos enteros fueran arrancados de su existencia. Los templos se simplificaron, sus intrincados adornos se deshicieron en polvo y las murallas comenzaron a retroceder piedra por piedra, mientras las amplias avenidas se estrechaban y las incontables luces que iluminaban la ciudad se extinguían una tras otra El retroceso no se detuvo allí. Barrios enteros comenzaron a comprimirse sobre sí mismos, reduciéndose como diminutas maquetas hasta desaparecer por completo, llevándose consigo el murmullo de millones de vidas. El bullicio se apagó, las voces se extinguieron y el silencio terminó por devorarlo todo Incluso los árboles sucumbieron al flujo inverso del tiempo. Los pocos que crecían dentro de la ciudad y en sus alrededores comenzaron a marchitarse al revés, perdiendo hojas, ramas y grosor hasta convertirse en pequeños brotes que, un instante después, también dejaron de existir Finalmente desaparecieron las últimas huellas de la humanidad El suelo quedó desnudo Vacío El tiempo estaba retrocediendo Y la Ciudad del Fénix Carmesí... jamás había sido construida > Solo permanecían las montañas > > La inmensa muralla natural de diez kilómetros de altura seguía erguida con la misma majestuosidad de siempre, inmutable bajo el paso del tiempo, aunque ya no estaba intacta. En la cima de la montaña más alta se abría un cráter gigantesco e irregular, como si algo hubiera descendido desde el firmamento a una velocidad inconcebible, atravesando la roca ancestral sin encontrar la menor resistencia. El aire que rodeaba aquel lugar vibraba con una violencia silenciosa; estaba cargado de una presión tan densa que incluso el espacio parecía deformarse bajo su peso > > "¡Solo mátame de una vez, Li Wang!" > > La voz estalló entre las paredes del cráter, cargada de rabia, odio... y una desesperación imposible de ocultar > > Incrustado contra la roca permanecía un hombre de largo cabello morado, enmarañado por la sangre y el impacto. Sus túnicas, del mismo color, estaban desgarradas y cubiertas por antiguos símbolos que apenas seguían siendo reconocibles, vestigios de unas vestiduras reservadas para alguien que alguna vez había ocupado la cima del mundo cultivador. Sus ojos, oscuros y profundos como un abismo, aún conservaban un último destello de desafío a pesar del estado en que se encontraba > > La sangre brotaba lentamente de sus innumerables heridas > > No era roja > > Era negra, espesa y corrosiva; cada gota que caía sobre la montaña consumía la roca con un tenue siseo, dejando pequeñas marcas humeantes a su paso. Una lanza formada por Qi espiritual verde atravesaba su hombro y lo mantenía clavado contra la pared del cráter como si fuera una ofrenda destinada a permanecer allí para siempre, mientras su respiración, irregular y entrecortada, apenas lograba sostener la vida dentro de su cuerpo. Incluso el aire parecía evitar acercarse a él, retrocediendo como si reconociera algo demasiado peligroso para tocar > > Entonces, el espacio frente a él se deformó > > Li Wang apareció > > No descendió del cielo ni caminó hasta allí; simplemente existía donde un instante antes no había nada > > Y no estaba solo > > Enroscado alrededor de su cintura como una prolongación viva de su propio cuerpo, un ciempiés negro comenzó a deslizarse lentamente. Su cuerpo, grueso como el brazo de un adulto y de más de un metro de longitud, brillaba con un lustre metálico bajo la tenue luz, mientras sus incontables patas raspaban con un sonido seco las ropas de Li Wang durante su lento ascenso. El movimiento era pausado, casi hipnótico, hasta que la criatura emergió por encima de su hombro y asomó la cabeza junto a su rostro > > Las mandíbulas del ciempiés se abrieron lentamente > > De ellas escapó un sonido húmedo e irregular, semejante al de una bestia incapaz de contener el hambre. Permanecieron apuntando directamente hacia Wu Zhin, temblando apenas unos milímetros, como si la criatura luchara por contener el impulso de devorarlo en ese mismo instante > > Los ojos verde esmeralda de Li Wang se posaron sobre él con absoluta indiferencia > > No había ira > > No había satisfacción > > Solo la fría mirada de alguien que contemplaba algo tan insignificante como un pedazo de basura > > "Todavía no, Wu Zhin" > > El ciempiés emitió un leve chasquido y, al mismo tiempo, la lanza de Qi espiritual se desintegró en incontables partículas de luz. Liberado de golpe, el cuerpo de Wu Zhin cayó pesadamente al fondo del cráter, donde comenzó a toser con violencia mientras espesas bocanadas de sangre negra manchaban la roca bajo sus rodillas. Intentó incorporarse una vez, luego otra, pero sus fuerzas ya no respondían > > Aun así... > > Se rio > > Era una risa baja, rota y áspera, la risa obstinada de alguien que se negaba a aceptar la derrota incluso cuando la muerte ya había extendido la mano para reclamarlo > > Li Wang dio un solo paso > > Cuando su pie tocó el suelo, ya estaba frente a él > > Sujetó a Wu Zhin por el cuello y lo levantó con absoluta facilidad, dejando que su cuerpo destrozado colgara en el aire mientras sus pies apenas rozaban la roca > > "Una muerte rápida no sería suficiente para pagar por tus pecados" > > La presión de sus dedos aumentó lentamente y el aire que los rodeaba volvió a distorsionarse. A su lado, el ciempiés inclinó la cabeza con un movimiento casi imperceptible, olfateando la sangre que impregnaba el ambiente mientras esperaba, paciente, una orden que nunca llegaba > > "Todavía puedes servirme... para algo que ni siquiera tú llegarás a comprender" > > Por primera vez desde que comenzó la batalla, el miedo apareció con claridad en los ojos de Wu Zhin > > Li Wang lo observó durante unos segundos antes de hablar una última vez > > "Pero déjame hacerte una promesa" > > Sus pupilas verde esmeralda brillaron tenuemente bajo la oscuridad > > "La próxima vez que nos volvamos a ver... será el día de tu muerte" La visión volvió a quebrarse Li Wang seguía sentado frente a la ventana de la posada, inmóvil, con la misma postura serena con la que había comenzado a cultivar, como si nada hubiera ocurrido Sin embargo, sus ojos permanecían fijos sobre la montaña principal de la Secta de la Fractura Celestial Y entonces ocurrió Durante un brevísimo instante, apenas el tiempo de un parpadeo, la silueta de la montaña pareció desdoblarse sobre sí misma antes de recuperar su forma original, como si algo oculto en sus profundidades hubiera percibido la presencia de Li Wang... y hubiera respondido
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 52

Estás leyendo el capítulo 52 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 30 de marzo de 2026. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 170 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.