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Leer Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

\-Bosque Báixuě La nieve azotaba el bosque sin descanso. Entre los árboles cubiertos de escarcha, un pequeño conejo corría por su vida, esquivando las fauces que lo perseguían con giros desesperados. Cada movimiento le costaba más que el anterior, y era solo cuestión de tiempo antes de que su cuerpo cediera Detrás de él, un lobo gris rozaba la locura del hambre. Su pelaje, antes blanco, iba manchado de barro y sangre seca; el vapor escapaba de su hocico en ráfagas violentas. Cinco días sin comer, sin carne, sin sangre, sin huesos que roer, solo le quedaba el vacío El lobo aceleró, y sus patas despedazaban la nieve como una flecha lanzada entre los pinos Thump Thump Thump Delante, el conejo se lanzaba de un lado a otro entre las raíces heladas, salvándose una y otra vez por el grosor de un pelo. Las fauces del lobo se cerraron a un palmo de su cuello, arrancando apenas unos mechones de pelaje El mundo comenzó a desdibujarse frente a los ojos de la pequeña presa. Sus patas ya no respondían del todo, su pecho ardía, y los instintos que hasta entonces habían gritado con violencia dentro de él comenzaban a apagarse, como una llama luchando contra el viento Y entonces, algo cambió: un estremecimiento recorrió su conciencia, como si esos mismos instintos, antes de extinguirse, hubieran olido una salida imposible Al pie de la montaña, medio oculta tras cortinas de nieve y raíces negras colgantes, apareció una abertura en la roca, una cueva oscura, profunda, silenciosa como la boca de una bestia dormida. Hasta ese instante había sido invisible; ahora se alzaba frente a él como una revelación nacida del abismo El lobo rugió a su espalda, más cerca que nunca, y sin más tiempo para dudar, el conejo se lanzó hacia la oscuridad en un último esfuerzo. Al cruzar la entrada, el mundo exterior pareció apagarse de golpe La cueva era mucho más vasta de lo que su abertura sugería, una cavidad antigua cuyo techo se perdía en la penumbra. Grandes estalactitas colgaban como colmillos de piedra, cubiertas de hielo que brillaba débilmente bajo la luz filtrada de la entrada, y algunas goteaban en un ritmo lento, casi sepulcral. El aire era inmóvil, demasiado inmóvil, y había en aquel lugar una quietud que no parecía natural, como si algo hubiera dormido allí durante eras El conejo lanzó un chillido de alivio y se internó más profundo, dejando huellas frenéticas sobre la nieve acumulada. Lo había conseguido; solo debía encontrar una grieta donde esconderse, y- Paff Su cuerpo cayó de golpe. Seco. Brutal. Como si una mano invisible hubiera aplastado toda vida dentro de él en un instante, sin espasmo, sin agonía, sin lucha… solo cese Sus ojos quedaron abiertos, vacíos, mientras una tenue línea de escarcha comenzaba a extenderse desde sus patas. Había cruzado a cinco metros del centro de la cueva, y en ese instante exacto, murió, como si dentro de ese radio existiera una ley absoluta que negaba la vida El lobo gruñó de placer al ver la escena. Por un momento pensó que toda su persecución había sido en vano, pero ¿quién hubiera imaginado que su presa se detendría así, de golpe, como si el mismo aire la hubiera decidido? Sus instintos de cazador le gritaron un peligro mortal, y como un rayo cayendo sobre su cabeza, detuvo su cuerpo en seco, justo en la marca de seis metros. Algo de raciocinio volvió a sus ojos mientras desviaba la mirada de su presa hacia el lugar mismo: ¿qué era?, ¿qué estaba mal?, ¿por qué no podía dejar de temblar? Cada uno de sus pelos se había erizado en un terror que el hambre no lograba sofocar Las ráfagas de la ventisca se colaron desde la entrada, perturbando los alrededores. Solo entonces notó una leve distorsión en el aire, no era viento ni frío, era como si el espacio mismo se desviara alrededor de algo En el centro de la cueva había una figura, sentada en silencio, con las piernas cruzadas, humanoide, inmóvil como una estatua. Una silueta de piedra… o quizás algo mucho peor Un sonido húmedo brotó bajo el lobo. Bajó la mirada, y vio al conejo, o lo que quedaba de él. La nieve bajo el pequeño cadáver se había vuelto una masa ennegrecida, como si una corrupción invisible lo devorara desde dentro; el pelaje se desprendía en mechones húmedos, la carne se deshacía como cera expuesta a un fuego que nadie podía ver. En unos segundos, no quedó más que un charco oscuro y espeso donde flotaban fragmentos blanquecinos de hueso, disolviéndose también, siglos de descomposición, comprimidos en un parpadeo Y en el centro de la cueva, la figura sentada no se había movido ni un milímetro Peligro, huir, muerte: esos fueron los primeros pensamientos que cruzaron la mente del lobo, rápidos como chispas en una tormenta, y también los últimos Intentó retroceder. Sus músculos se tensaron para huir, pero fue demasiado tarde: apenas cruzó la marca de diez metros, su destino ya estaba sellado. La misma corrupción lo alcanzó de golpe, y en unas pocas respiraciones, donde antes hubo un depredador, solo quedó podredumbre Solo el borboteo de dos cuerpos deshaciéndose rompía el silencio, hasta que incluso eso cesó Y entonces, un pequeño sonido de grieta tronó en los alrededores. No venía del hielo. Venía del centro de la cueva ¡Crack! Más y más grietas se extendieron por el cuerpo de la estatua, aquella que había permanecido en silencio durante cien años, hasta cubrirla por completo, de una a diez, de diez a cien ¡CRASH! La estatua se hizo pedazos, y una lluvia de piedra se desparramó contra las paredes y el techo del lugar Unos ojos que no se habían abierto al mundo en mucho, mucho tiempo, comenzaron a despertar lentamente, revelando una leve tonalidad esmeralda. La figura desnuda enderezó la espalda con firmeza mientras se levantaba de entre la nieve "Hah…" Abrió y cerró la palma frente a su rostro varias veces, sin poder evitar una sonrisa satisfecha "Se siente bien ser joven otra vez" Sus últimas sensaciones habían sido las de un cuerpo anciano, arrugado por casi dos siglos. En un mundo donde ningún cultivador sobrevivía más de 200 años, él había roto esa norma absoluta: había muerto cinco veces, y cinco veces había regresado Mientras un silbido comenzó a escapar de su labios por costumbre, agacho su cuerpo desnudo e inició la recolección de fragmentos de la estatua “Profusión del Útero Maldito”, estos serían absolutamente necesarios para la rápida formación de su “Dantian” y su comienzo temprano en el mundo del cultivo Su cuerpo joven latía con vitalidad en cada movimiento: 1,75 metros de altura, tez blanquecina, cabello negro y largo; incluso las pecas de su rostro parecían rebosar vigor Sus silbidos se fueron apagando poco a poco, hasta cesar por completo. No pudo seguir conteniendo aquello que llevaba dentro, ni su juventud recién nacida bastaba para lavarlo "Xia Yuen…" Dos palabras, forzadas entre los dientes apretados. Su discípula. Su asesina. La Líder de la Secta de los Lotos Umbríos. Aún podía recordar el día en que la tomó bajo su ala, tan frágil, con esas ojeras que nunca terminaban de desaparecer bajo sus ojos. Solo había querido que ella siguiera viviendo en este mundo de matanzas > Juro, por cada vida que he vivido y cada una que aún he de vivir, que pagarás esta deuda con creces, aunque deba teñir de rojo hasta el último grano de arena de la Isla Méihuā para lograrlo Una ráfaga fría, llegada desde la entrada de la cueva, le devolvió la conciencia al mundo material, y con ella, a un pensamiento mucho más primario "Maldita sea, hace demasiado frío…" ¿En qué estaba pensando? Ahora mismo se encontraba muy lejos de las etapas avanzadas del Reino Monarca; solo tenía el cuerpo de un niño mortal y frágil. ¿Recolectar fragmentos de una técnica prohibida? El solo hecho de estar desnudo en aquel infierno congelante ya ponía en riesgo su insignificante vida Con pasos rápidos llegó hasta la entrada de la cueva. Primero necesitaba saber dónde diablos se encontraba, porque si no fuera por su asquerosa discípula, su despertar habría ocurrido en una base fortificada, rodeado de todos los lujos del cultivo marcial; en cambio, lo que tenía frente a él era nieve, nada más que nieve, hasta donde alcanzaba la vista, un bosque interminable bajo la ventisca. ¿Sería este el lugar donde moriría su quinta resurrección? Qué humillante sería eso, para alguien como él Mientras barajaba sus opciones, distinguió una diminuta columna de humo negro en la lejanía, tal vez a treinta y cinco, cuarenta kilómetros "¿Fuego? ¿Hay un asentamiento cerca?" Era todo lo que necesitaba por ahora. Giró la cabeza una última vez para grabar el lugar en su memoria, y echó a correr hacia la estela de humo con todas sus fuerzas. El ascenso en el cultivo podía esperar; por ahora, solo necesitaba mantenerse vivo Una bocanada de aire caliente escapó de su boca mientras corría. Se vio obligado a recurrir a la respiración del Arte Imperecedero para sostener sus funciones vitales en un nivel aceptable, ya que con semejante distancia por delante y una temperatura muy por debajo de los treinta grados bajo cero, era la única forma de mantener aquel cuerpo mortal sin daños permanentes . . . . En ese mismo mundo gobernado por la nieve, donde el viento no cesaba ni un instante, un niño de apenas once años luchaba contra el frío mientras cumplía con las labores de su hogar Afuera, la ventisca rugía como una bestia desatada, azotando las paredes de madera del cobertizo hasta hacerlas crujir. La nieve no caía: era lanzada en ráfagas horizontales que se colaban por cada rendija como cuchillas invisibles "¡Hah!" El hacha descendió con fuerza. El golpe fue limpio; el tocón se partió en dos, pero el impacto hizo vibrar sus brazos entumecidos, y el mango, casi tan grande como él, tembló entre sus manos pequeñas Exhaló con dificultad. Su aliento se volvió una nube blanca que las corrientes heladas se llevaron al instante Se inclinó, recogió el pedazo de madera y lo arrojó junto a los demás. El montón crecía, pero nunca lo suficiente; el frío de afuera no perdonaba, ni esta noche, ni ninguna Apretó los labios y volvió a tomar el hacha. Sus dedos, casi sin sensibilidad, obedecieron a la fuerza: necesitaba más leña, más calor, más tiempo. Si fallaba, su madre no sobreviviría a las noches que se avecinaban "Hermano mayor… Padre… ¿cuándo volverán?" La pregunta se le escapó en un murmullo, casi ahogado por el rugido constante de la tormenta. Levantó la mirada de inmediato, sin tiempo para lamentarse, apretó los dientes, enderezó la espalda, y volvió a ajustar el agarre sobre el mango del hacha Era bajo para su edad, apenas superando el metro treinta, de cuerpo delgado y aún sin desarrollar. Su cabello rubio, corto y desordenado, se pegaba a su frente por el esfuerzo, mientras sus ojos celestes, claros pero cansados, reflejaban una determinación que no correspondía a un niño de once años Vestía ropas opacas, endurecidas por el uso y el frío, con las mangas arremangadas hasta los codos para poder blandir el hacha sin estorbo, dejando ver unos brazos finos, marcados más por el esfuerzo constante que por la fuerza real Pero si algo destacaba en su rostro, eran sus lunares: dos puntos oscuros, simétricos, ubicados un centímetro bajo cada ojo, extrañamente notorios, como si el destino hubiera querido marcarlo allí con un propósito La puerta del cobertizo se abrió de golpe, dejando entrar una violenta ráfaga de viento. El niño se dio la vuelta de inmediato, y lo que apareció ante sus ojos fue un joven desnudo, cubierto de escarcha de pies a cabeza "Agh… agh, oye… mocoso…" Un agitado Li Wang lo miró con una sonrisa amable, a pocos segundos de perder la conciencia por la hipotermia. Aun así, hizo su mejor esfuerzo "¿Te gustaría ayudar a este humilde hermanito?" Tras decir aquello, su cuerpo cayó al suelo con un sonido seco, no el de la carne humana al chocar contra la madera, sino algo más parecido a un bloque de hielo “………” El niño bajó la mirada, sin comprender del todo lo que acababa de suceder Así fue como, esa noche, sus destinos quedaron entrelazados
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Sellando el Tiempo (Novela) Capítulo 1

Estás leyendo el capítulo 1 de Sellando el Tiempo (Novela), un novela. Li Wang inicia su quinta vida en el Bosque Báixuě, en un mundo donde incluso los cultivadores más poderosos están condenados a un límite de vida de apenas 200 años. Sin embargo, él carga con más de 800 años de… Este capítulo tiene publicado el 15 de junio de 2025. Sellando el Tiempo (Novela) tiene 168 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.