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Leer Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 543 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La Isla Eterna era extensa, con su costa cubierta de un denso bosque esmeralda. El bosque contenía arbustos enmarañados, hierbas silvestres, hongos y musgo. Insectos venenosos y serpientes se arrastraban por las ramas, convirtiendo la zona en una zona prohibida para la gente común. Por supuesto, tales amenazas no representaban un problema real para este escuadrón del mundo de las Artes Marciales Encubiertas. El Qi se filtraba débilmente de los poros de los artistas de combate al aire circundante, lo que les otorgaba un agudo sensor de peligro. Siempre que se acercaba el peligro o un ataque, respondían con una velocidad inhumana. A cada serpiente enroscada entre los árboles le destrozaban la cabeza con un puñetazo o la aplastaban entre los dedos. Algunos, con un Qi aún más fuerte, no hicieron ningún movimiento visible. Avanzaban a grandes zancadas como si el peligro no existiera. Sin embargo, por donde pasaba uno de ellos, el Qi que irradiaban aturdía a los insectos venenosos y a las serpientes en las ramas y la maleza. Las criaturas ocultas en el barro o bajo las piedras tampoco se salvaron. Dada la humedad y el calor de la isla, las bacterias devorarían esos cadáveres en dos o tres días. Toc, toc, toc... toca, toca, toca... Se oían pasos que se perdían en el bosque. La delegación de Artes Marciales Encubiertas avanzaba casi en silencio, con solo algunos susurros de vez en cuando. Todos los presentes eran líderes o ancianos de grandes sectas, así que nadie reaccionó como novatos novatos. Todos eran personas que habían superado tormentas en su juventud. Poner un pie en la isla principal era solo el primer paso; no celebrarían hasta encontrar la antigua ruina. Su tarea solo estaría completa tras sobrevivir a los peligros y trampas de la ruina y obtener sus Técnicas Secretas de Artes Marciales Encubiertas. Hasta entonces, sus objetivos eran los mismos. Cassius condujo a sus cuatro subordinados, junto con la Madre Malvada oculta, adentrándose en la Isla Eterna, adelantándose al grupo. La antigua ruina se encontraba en el centro de la isla. Cassius había consultado una vez el Libro del Diablo y se había enterado de la distribución general de la Isla Eterna. Todo el archipiélago estaba formado por la isla sur y la isla norte, separadas por mar, pero conectadas por estrechos pasajes. Además, la Isla Eterna poseía una isla interior rodeada por un río. La antigua ruina se encontraba en dicha isla. Cassius tocó la llave de bronce en su abrigo. Aún emanaba un frío intenso. Que pudieran sortear algunos de los peligros de las ruinas esta vez dependía de la llave, ya que podía abrir un pasadizo oculto dentro de ellas. Desde allí, podría descender directamente a una zona muy cercana al Puño del Pájaro Acuático del Mirlo Sureño. De esa manera, ahorraría tiempo y evitaría las trampas. Desafortunadamente, aunque tenía la llave de bronce, el antiguo Árbol de Hueso Blanco no estaba en su posesión en ese momento. Había un peligro dentro de las ruinas que solo el antiguo Árbol de Hueso Blanco podía neutralizar por completo, permitiéndole pasar con seguridad. Además, el Puño del Pájaro Acuático Mirlo Acuático Sureño se encontraba en lo profundo de esa misma zona, lo que lo hacía inevitable. "Mansión Lluvia Negra... jejejeje... tú también deberías llegar pronto..." Cassius rió fríamente ante el pensamiento, su mirada volviéndose profunda. Toc, toc, toc... Con el paso del tiempo, el equipo de Artes Marciales Encubiertas pronto llegó a las profundidades del bosque. Tras una hora, emergieron en un claro. Era un montículo anular rodeado de agua, de no más de doce metros de profundidad. Hierba verde y flores silvestres se mecían suavemente en la cima. A primera vista, el terreno parecía común y corriente. Sin embargo, la espesa y agitada niebla que lo cubría le daba un aire de misterio. Solo se distinguían los contornos de las colinas, pero más allá no se veía nada. Una sensación de vacío desconocido invadió el lugar. "Las Ruinas de Ao Yin también tenían una niebla como esta. ¿Podría haber una conexión entre ambas?", se preguntó Cassius, sin detenerse en ningún momento. Sus botas negras tocaron la orilla del arroyo y saltó. Todo su cuerpo se deslizó por el aire en un arco estrecho. Cruzó el arroyo y aterrizó en la ladera más alta, observando en silencio la distancia. Los numerosos artistas de combate del mundo de las Artes Marciales Encubiertas corrieron tras él. "Eso es ..." Había estatuas colosales bajo la colina. Sus mitades inferiores estaban enraizadas en la tierra, mientras que las superiores estaban muy desgastadas por el clima. Sus bordes estaban romos y sus superficies ásperas como una piedra de afilar. Una fila de estatuas se alzaba a la izquierda, otra a la derecha. Entre ellas discurría un amplio pasillo, como si estos imponentes guardias esperaran el paso del carruaje de un monarca para recibir el homenaje del pueblo. "¿Reliquias de una civilización antigua?" "Vamos a echar un vistazo..." Los artistas de combate se dirigieron hacia las estatuas. Solo al acercarse percibieron su enormidad. Tuvieron que estirar el cuello para vislumbrar las cimas. Cada monolito medía aproximadamente siete u ocho metros de altura, con trazos de cincel toscos que, sin embargo, transmitían la fuerza de un guerrero. Las cabezas de las estatuas lucían adornos similares a cascos, lo que hacía que sus cráneos parecieran especialmente gruesos. Un vistazo rápido los mostró todos cubiertos de musgo. Algunos incluso servían de nidos, manchados de excrementos blancos. Cassius permaneció en silencio en la entrada de la avenida. Por alguna razón, una sensación inexplicable se agitó en su corazón. Respiró hondo y se tranquilizó. Crack... Se adentró en el sendero. Quizás era una ilusión, pero las estatuas a ambos lados parecían temblar. Sin embargo, ninguna aura se agitó al enfocar, y Cassius se acercó lentamente a una estatua. Al tocarla, la roca erosionada se desmoronó en polvo negro. ¿Quién podría decir cuánto tiempo llevaban allí estas estatuas? Inclinó la cabeza ligeramente, observando cómo la arena caía de su palma. Sintió una extraña y vaga familiaridad. Curiosamente, aunque nunca recordaba haberlos conocido, su cuerpo reaccionó como por instinto. Cassius levantó lentamente la mirada. La tenue luz del sol atravesó la niebla y se posó sobre el hombro del gigante, dejándolo imponente y solemne. Tras un momento, se giró y se unió al grupo principal. Atravesó el camino de las estatuas con el grupo de Artes Marciales Encubiertas. El silencio regresó mientras la niebla se desplazaba perezosamente. Crack, crack, crack, crack... Una serie de grietas partió la piedra. Cayeron astillas de los gigantes y el musgo se desprendió de sus lomos. Bajo las estatuas había raíces pálidas que parecían tótems hundiéndose en la piedra. Se retorcían y se estremecían como si acabaran de recibir una orden. Sin embargo, las estatuas bajo su control permanecieron silenciosamente resistentes. Nadie podía decir si habían percibido el verdadero aura de Cassius y no se atrevieron a actuar o si su presencia los repelía de alguna manera. Crack, crack, crack, crack... Se oyó otro crujido de piedra al fracturarse. De repente, ambas filas de imponentes estatuas giraron la cabeza hacia el camino que Cassius había tomado. Dos ojos carmesí brillaron bajo sus yelmos desgastados. Observaron siglos de historia en la espesa niebla. Era como si pudieran vislumbrar la silueta de Cassius más allá de la neblina blanca. El viento se llevó una voz murmurante. * * * Una hora más tarde, el grupo de Mansión Lluvia Negra llegó al otro lado de la colina, después de haber atravesado claramente el bloqueo de los practicantes de Ondulación para ingresar a la Isla Eterna. Liderados por el Dragón Negro Tirano y el Maestro de Ondulación, avanzaron con rapidez y sin obstáculos. Esto se debió principalmente al Maestro de Ondulación, quien había vivido en el Archipiélago Eterno y conocía bien el terreno. Por lo tanto, era perfecto para guiar a los intrusos. Era incluso más rápido que el equipo de la Organización de la Puerta. El Maestro Ondulado vestía un frac negro ajustado. Su cabello ondulado y barba recortada estaban impecablemente arreglados. Lucía un sombrero alto de ala ancha que le ocultaba las cejas, dejando solo visibles sus ojos azules. Lucía extravagante, pero con un toque de refinamiento. Hemos dejado el bosque. Más adelante hay dos rutas. Toma la ladera derecha de las colinas y llegarás a un peligroso mar de floraciones alienígenas. Ese camino también es más largo. Ve a la izquierda y la distancia es mucho más corta. Encontrarás un grupo de estatuas. No hay peligro real, solo avanza rápido... El Maestro del Ondulación habló lentamente, observando la niebla turbulenta que se extendía frente a ti. El grupo confiaba en sus palabras. Después de todo, él era el experto. Había sido practicante de Ondulación de la Isla Eterna y, según se decía, había vivido allí durante más de una década. Fue solo después que desertó, fue perseguido y se unió a la Mansión Lluvia Negra. "Adelante." El Dragón Negro Tirano avanzó a grandes zancadas. Las juntas de su robusta armadura metálica rechinaron con una serie de profundos crujidos. Su andrajosa capa negra colgaba baja, dándole la apariencia de un caballero antiguo. El equipo de la Mansión Lluvia Negra estaba compuesto en su totalidad por formidables y excepcionalmente hábiles caballeros de élite. Al frente se encontraba el Tirano Dragón Negro. Como ya había dicho, destacaba en el combate terrestre. Sus pies eran firmes, su fuerza era inagotable y en su interior residía el poder de un dragón furioso. Su físico era el mejor de Mansión Lluvia Negra. Toc, toc, toc... toca, toca, toca... Una hilera de Hellsings cruzó las colinas y apareció en la entrada del corredor de piedra. Todo el grupo entró con una velocidad asombrosa. En menos de un minuto, habían cubierto la mitad de la distancia. No sé por qué, pero me da escalofríos... Hace frío, sí. Quizás haya demasiada humedad en esta niebla. "Vamos a pasar rápidamente." Los Hellsings murmuraron suavemente y aceleraron su ritmo. "Algo me parece extraño." El Dragón Negro Tirano, que iba al frente, se giró hacia el Maestro del Hamon. "¿Estás seguro de que este camino es seguro?" "Por supuesto. Siempre he viajado entre las islas interiores y exteriores por este corredor. Debo de haber hecho más de cien viajes. Nunca tuve ningún problema...", respondió el Maestro de la Ondulación con seriedad. "Sigue moviéndote, deja de dudar..." ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Antes de que terminara, un gran estruendo se escuchó detrás de ellos, seguido por una salpicadura húmeda de carne. Ambos se giraron bruscamente y vieron el caos en las filas de la Mansión Lluvia Negra. En la retaguardia, un Hellsing había sido incrustado en el suelo por un gigantesco puño de piedra. El pozo medía dos metros de ancho y se hundía tres o cuatro metros de profundidad, con el borde salpicado de sangre. Parecía que el Hellsing que contenía había sido destrozado por una fuerza tremenda, y la culpable era la estatua colosal cercana. Crack, crack, crack, crack... La estatua giró lentamente su cuerpo, con su enorme cabeza mirando al suelo. La sangre goteaba de su puño, con tiras de tela rasgadas adheridas a él, creando una imagen espantosa. Al mismo tiempo, todas las estatuas circundantes se giraron. Todas las miradas se posaron en el grupo de la Mansión Lluvia Negra, en el centro del camino. "¿Esto es lo que llamas seguro?" El Tirano Dragón Negro fulminó con la mirada al Maestro de la Ondulación, mientras su capa se elevaba en el aire. "¡Qué inesperado!" El Maestro de la Ondulación frunció el ceño. "¡Nunca había pasado nada antes! Maldita sea, estas estatuas no deberían moverse..." Maldijo en voz baja, pero el ataque de las estatuas no cesó. ¡Crack, crack, crack! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Los gigantes poseían un poder inmenso. Aunque sus cuerpos se movían lentamente, sus golpes, una vez fijados, eran veloces y demoledores. Sus puños corpulentos trazaban amplios arcos, obligando a muchos miembros de la Mansión Lluvia Negra a esquivarlos. Algunos desafortunados que no lograron evadirlo fueron alcanzados y lanzados como una bala de cañón. Saltaban por el suelo como una piedra sobre el agua. Cada rebote dejaba una mancha de sangre hasta que caían inmóviles. Independientemente de si estaban muertos o no, sin duda estaban gravemente heridos. "¡Ah!" "¡Esquivar!" ¡No te enfrentes a esos puños! Los Hellsings gritaron, cada uno desplegando sus propias habilidades. Sin embargo, algunos flaquearon o fueron alcanzados por golpes tan poderosos. En poco tiempo, tres o cuatro ya habían perecido. "¡¡¡Quítate de mi camino!!!" Las robustas piernas del Dragón Negro Tirano se hundieron en la tierra. Su corpulenta figura se hinchó, con hombros y brazos abultados hasta casi duplicar su circunferencia anterior. Su armadura crujió bajo la tensión mientras el acero casi gemía. Apretó el puño como si estuviera a punto de ser alcanzado por un huracán. Delgadas corrientes blancas de Qi se extendían entre sus dedos. ¡Boom! El Dragón Negro Tirano y la estatua que avanzaba se enfrentaron a puñetazos. El gigante de más de siete metros de altura frenó su embestida. Retrocedió tambaleándose, dejando profundas fosas en el suelo. ¡Bang! Otro puñetazo envió a la estatua hacia atrás desde la izquierda. El Dragón Negro Tirano lideró la carga, derribando ocho o nueve estatuas que cargaban con una fuerza feroz. Sin embargo, más estatuas convergieron a su alrededor. Al percibir su fuerza, decidieron abalanzarse sobre él. Incluso los párpados del Dragón Negro Tirano temblaron ante la gran cantidad de gigantes que se avecinaban. Giró bruscamente la cabeza hacia el Maestro de Ondulación. ¿Dónde está el antiguo Árbol de Hueso Blanco? Si no es ahora, ¿cuándo? El Maestro de Ondulación entrecerró los ojos. Sin opción, sacó el árbol ancestral de su abrigo. Vertió energía en él, y el árbol se volvió translúcido como una lámpara de cristal. Una extraña onda se extendió en todas direcciones. En un instante, todas las estatuas se congelaron. El tiempo mismo pareció detenerse. Las pálidas raíces que las controlaban también se volvieron transparentes, brillando tenuemente al cesar su retorcimiento. Es más, la onda del árbol arrasó el aire, atravesó el mar, se sumergió bajo tierra y alcanzó rincones desconocidos del Archipiélago Eterno. Había una vasta y oscura cavidad en las profundidades del subsuelo, donde todas las raíces convergían en un imponente tocón. Formaba una telaraña que tocaba cada rincón de la Isla Eterna. Ese tocón, con forma de pilar, parecía atrapado en un extraño estado. No estaba ni completamente vivo ni muerto, era a la vez ilusorio y real. Era como si dos mundos se superpusieran en un mismo lugar.
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Regreso a la Era Misteriosa (Novela) Capítulo 543

Estás leyendo el capítulo 543 de Regreso a la Era Misteriosa (Novela), un novela. Retorno a la Era Misteriosa presenta a un niño que puede viajar al pasado utilizando viejas reliquias. ¿El giro? Está atrapado en el cuerpo del propietario de la reliquia. Tras una experiencia cercana a la muerte,… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Regreso a la Era Misteriosa (Novela) tiene 605 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.