Leer Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) Capítulo 732 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Creación y destrucción van de la mano.
Cuando nace una vida, otra termina.
Tal era el ciclo de la vida, e incluso los dioses no estaban exentos de esta regla.
Era la Ley que unía a todos en el Multiverso.
En el vacío, un lugar donde el espacio y el tiempo funcionaban juntos en armonía, yacía el paso de los mundos.
Al igual que los antiguos humanos en la Tierra usaban puentes terrestres para cruzar los continentes, este era un método primitivo para recorrer el cosmos y llegar a un lugar predeterminado, según las reglas establecidas.
En este preciso instante, un grupo de asaltantes, compuesto por tres mil hombres, recorría estos antiguos senderos, dirigiéndose a un mundo abocado a la destrucción.
El número de mundos habitados en el Multiverso era incontable, y estos grupos de saqueadores solo se contaban por decenas de miles. Aun así, una cosa era segura: cuando uno de estos grupos llegara a su destino, se desataría una gran batalla.
Una vez que determinaban que existía una fuerte resistencia en ese mundo, enviaban una señal a su fuerza principal, y esta última enviaba inmediatamente un ejército de millones de hombres.
Un ejército con un único objetivo: acabar con toda la vida en ese planeta.
El grupo de asalto de tres mil hombres finalmente divisó su destino más allá de los incontables mundos que se extienden por el vacío.
Era un hermoso mundo azul. Un mundo lleno de vida, y sin embargo, las leyes del Multiverso habían dictaminado que era hora de extinguirla, de dar paso al nacimiento de otro mundo.
Entre esos tres mil heraldos de la destrucción, tres de ellos tenían el rango de semidioses.
Cien de ellos eran pseudo-semidioses.
El resto eran todos de Rango Milenial en su máximo esplendor. A un paso de acceder al Reino Miríada.
Al divisar aquel planeta azul en el horizonte, los Gigantes de Jotunheim y Muspelheim aceleraron el paso. Contemplaban su destino con emoción y expectación, pues eran razas criadas para la guerra.
Eran el ejército al que se le había encomendado la tarea de destruir los mundos conectados a un determinado portal rojo en el ciclo de la reencarnación.
En ese momento, el Ejército de la Destrucción se dirigía a Hestia. Si continuaban su viaje a ese ritmo, llegarían a su destino en una semana.
La cuenta atrás para la destrucción del mundo había comenzado, y no más de cinco personas eran conscientes del desastre inminente que iba a asolar el mundo en el que vivían.
“---
Dentro del Dominio de las Mil Bestias…
¡Ruby! ¡Estoy aquí!
Un oso hormiguero de colores arcoíris corría a toda prisa por los túneles de la colonia de hormigas. Todas las hormigas que seguían el mismo camino que Kasogonaga se apartaban por temor a ofender al oso hormiguero, que en varias ocasiones estuvo a punto de devorar a las hormigas que encontraba en los túneles.
Por suerte, Kasogonaga solo visitaba el nido después de haberse saciado de Núcleos Bestia. Sin embargo, eso no eliminaba el riesgo de ser devorado. Para evitarlo, todos los Hormigas se mantenían pegados a las paredes y evitaban a la plaga multicolor cada vez que pasaba por su territorio.
La Reina Hormiga del Réquiem casi se atragantó mientras comía al oír aquella voz adorable, pero a la vez aterradora.
Medio minuto después, Kasogonaga apareció en la Caverna de la Reina de buen humor.
“¡Aquí tienes! ¡Te he traído algunas Bestias de Clase A!” Kasogonaga vació alegremente todo el contenido de su brazalete de almacenamiento, que había recibido de William.
Más de cien bestias muertas estaban amontonadas como una colina frente a la Reina Hormiga, quien no pudo más que estremecerse ante la escena.
A Ruby le costaba ser feliz, sabiendo que la estaban engordando para el matadero. Si no fuera porque William le había prometido impedir que Kasogonaga se la comiera, la Reina quizá habría perdido toda esperanza y se habría suicidado.
Gracias al esmero de Kasogonaga por alimentarla a diario, el cuerpo de la reina comenzó a adquirir un brillo carmesí. Por eso William decidió llamarla Ruby.
“Come todo lo que puedas para que crezcas grande y fuerte” dijo Kasogonaga mientras apoyaba su patita sobre el pie de Ruby. “Así podré... jejeje...
A Kasogonaga le costaba contener la baba que se le acumulaba en la comisura de los labios mientras miraba fijamente a la Reina Hormiga del Réquiem Carmesí, que empezaba a estremecerse de miedo.
Las hormigas obreras que cuidaban a la Reina eran todas de Clase A. Ignoraron al oso hormiguero que hacía llorar a su Reina y se pusieron a trabajar. Su tarea consistía en diseccionar cuidadosamente las criaturas que Kasogonaga había traído al nido y prepararlas para que la Reina las comiera.
Naturalmente, también se les dio una parte de su propia comida, lo que aceleró su propia evolución.
Como experto en la crianza de Reinas Hormiga, Kasogonaga fue muy paciente con Ruby. Sabía que no podía apresurar las cosas, obligándola a comer monstruos de una clase superior a la suya. Dado que su Rango era solo Clase A, debía alimentarse de Bestias de Clase A hasta evolucionar a una Bestia Centenaria.
Solo después de que ella se convirtiera en una Bestia Centenaria, Kasogonaga comenzaría a alimentar también a sus Bestias Centenarias.
Según sus estimaciones, Ruby tardaría dos semanas en alcanzar el límite de su Rango y evolucionar. La Reina Hormiga Réquiem Carmesí se envolvería entonces en un capullo e hibernaría.
El tiempo de evolución más corto podía durar un mes, y el más largo, medio año. Kasogonaga desconocía cuánto tardaría Ruby en completar su evolución, pero no le preocupaba. Con tantas criaturas de alto nivel en la Mazmorra de Atlantis, era solo cuestión de tiempo que Ruby alcanzara los rangos Milenario e Innumerable bajo la tutela de Kasogonaga.
“Vuelvo a la Mazmorra” dijo Kasogonaga, dándole una palmadita amistosa en las piernas a Ruby. “No me eches mucho de menos, ¿vale?
El cuerpo de Ruby volvió a estremecerse tras las últimas palabras de Kasogonaga. Si fuera posible, no quería volver a ver al oso hormiguero de colores arcoíris en lo que le quedaba de vida. Por desgracia, no tenía adónde huir.
Ella solo esperaba que William cumpliera su promesa de protegerla de los glotones Osos Hormigueros y honrara el contrato que ambos habían firmado para una relación de subordinación y amo.
“----
William suspiró de felicidad mientras apoyaba la cabeza en la pierna de la princesa Sidonie. Se encontraba en el jardín con la bella princesa, quien había accedido a que él usara su regazo como almohada.
Habían transcurrido tres días desde que William se había convertido oficialmente en alumno de la Academia Hestia, y se podría decir que estaba viviendo la vida académica ideal.
Disfrutaba mucho de las clases y había entablado amistad con sus compañeros. Salvo por el hecho de no estar en la misma aula que sus amantes, todo marchaba sobre ruedas y no tenía ninguna queja.
Por supuesto, aún no había olvidado uno de sus objetivos al ingresar a la academia: cumplir la meta que Aamon le había encomendado. El único problema era que la chica llamada Shannon se encontraba bajo arresto domiciliario en un santuario fuertemente custodiado por la academia.
William había intentado disimuladamente sortear la zona, pero una poderosa barrera le impidió avanzar.
Según Celeste, William solo podría entrar en el Santuario si obtenía la aprobación del director de la Academia, Byron.
“Sidonie, ¿tienes alguna solución para mi problema?” preguntó William. “No quiero ver al director. Ese tipo es un peligro.
La princesa Sidonie sonrió mientras cepillaba suavemente el cabello de William y le acariciaba el pecho con sus suaves y delicadas manos.
“¿Has intentado preguntarle a Celeste?” respondió la princesa Sidonie. “Si es ella, la posibilidad de obtener la autorización es alta.
William suspiró. "No está colaborando. Parece que el director le ha dicho que no me ayude en nada."
La princesa Sidonie estaba a punto de decir algo cuando oyeron una voz familiar que pedía ayuda.
"¡Sálvame!" gritó Conan mientras volaba hacia donde estaba William.
Justo detrás de él iba una pequeña hada de pelo corto y verde con las puntas rizadas, y ojos grises tan serenos como un lago. El hada no era otra que Claire, la familiar de Celeste. Desde que William apareció en la academia, la pequeña hada solía llevarse a Conan para "examinarlo".
Elliot, en cambio, deambulaba por la academia en busca de Chloee y otras chicas guapas que le llamaban la atención. Comparado con el familiar angelical, el pequeño diablillo de William era como un protagonista que huía de una yandere.
Conan se metió inmediatamente dentro del uniforme de William con la intención de usar al medio elfo como santuario, para evitar ser acosado por la malhumorada hadita a la que le gustaba tocarlo por todas partes.
“Claire, ¿puedes dejar en paz a Conan?” preguntó William mientras observaba a la hada de aspecto indiferente de Celeste, que miraba el bulto en el uniforme de William.
“¿Descanso? Le doy muchos descansos” respondió Claire. “Solo quiero ver en qué se diferencia de nosotros. Esta es una investigación importante en lo que respecta a los Familiares. Como ya sabrás, Elliot y Conan son los únicos otros dos Familiares que pertenecen a la profesión de Familiamante.
"Además, soy consciente de las dificultades que tenéis para entrar en el santuario. Si me entregáis a Conan, os prometo que se os dará permiso para entrar en dos o tres días."
William agarró al familiar diabólico que se escondía dentro de su uniforme y se lo presentó a Claire.
“Por favor, llévelo con usted” dijo William con seriedad. “Solo recuerde nuestro trato.
Claire sujetó el brazo de Conan con fuerza antes de asentir a William. "Cumpliré mi promesa. Recibirás el alta antes de que termine la semana. Vamos, Conan. Todavía no hemos terminado tu examen físico."
“¡William, traidor!” gritó Conan entre lágrimas mientras Claire lo arrastraba. “¡No! ¡No quiero ir! ¡Me niego a participar en tu examen! ¡William! ¡Sálvame!
“Te lo compensaré después, Conan. Lo siento” respondió William mientras rezaba en silencio para sí mismo.
Aunque se sentía mal porque Claire se había llevado a Conan, sabía que la pequeña hada no tenía intención de hacerle daño. Creía que simplemente sentía mucha curiosidad por Conan, ya que era uno de los primeros familiares que habían nacido, aparte de ella y su hermana gemela, Chloee.
“Claire no podría estar enamorada de Conan, ¿verdad?”, reflexionó William. “No. Es imposible. A diferencia de Elliot, Conan era del tipo inocente. ¿Cómo puede alguien así resultar atractivo para las chicas?”
William soltó una risita para sus adentros antes de cerrar los ojos y echarse una siesta. Ahora que Claire le había prometido que conseguiría una reunión con Shannon, el corazón del medio elfo por fin se tranquilizó. Solo esperaba que, cuando finalmente la viera, el problema que ella tenía fuera algo que él pudiera resolver fácilmente.

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Capítulo 733
Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) Capítulo 732
Estás leyendo el capítulo 732 de Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela), un novela. «La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la Luz puede hacerlo» dijo la Diosa Amaltheia mientras estrechaba a William en su amoroso abrazo. «El odio no puede expulsar al odio, sólo el Amor puede hacerlo».… Este capítulo tiene publicado el 28 de julio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) tiene 1004 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.