Leer Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) Capítulo 486 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En la primera cima de las montañas Kyrintor, un fuerte chillido anunció su llegada.
La barrera que protegía el Palacio de Takam se abrió y permitió su entrada. El Águila de Sangre voló hacia allí y aterrizó en un balcón donde el Soberano de las Montañas Kyrintor tomaba el té de la tarde.
“Encantado de conocerte, Scadrez” dijo Takam con una sonrisa. “Vaya, esta sí que es una forma ingeniosa de hablarme, ¿verdad, pequeño Will?
Scadrez gritó una vez, lo que se tradujo como el mensaje de Will de…
“Buenas tardes, Excelencia.”
Buenas tardes, a usted también.
(Nota de la autora: A partir de ahora, hablarán Will y Takam. Como no quiero aburriros con los chillidos del Águila de Sangre, los traduciré para todos. ¡Ejem! No hace falta que me deis las gracias guiño)
“Excelencia, por favor, dígame. La razón por la que me pidió que fuera a la Cripta de los Trasgos, así como que adquiriera Cinco Bestias Centenarias para mi ejército personal, fue para evitar que formara una alianza con el Sabueso Troll Titánico, ¿no es así?”
“¿Prevenir? No. Simplemente te di una opción. Tú fuiste quien tomó la decisión, ¿verdad?”
El Águila de Sangre permaneció en silencio, como si reflexionara sobre las palabras de Takam. Unos minutos después, alzó la cabeza cuando William tomó la iniciativa de reanudar la conversación.
Aunque no me gusta trabajar con los Deus, los necesito más que la ayuda de una Bestia Centenaria con cientos de Sabuesos Troll a su mando. Si hubiera elegido al Sabueso Troll Titánico, no me habría quedado más remedio que luchar contra la organización, lo que habría llevado a la destrucción mutua.
“Para entonces, los Elfos no tendrían que hacer nada. Podrían haber conquistado fácilmente el Reino de Hellan sin ningún tipo de resistencia.”
Takam bebió un sorbo de té de su taza y no confirmó ni negó la afirmación de William. Aun así, una leve sonrisa se dibujó en sus labios al colocar la taza sobre la mesa.
“¿Pequeño Will, es solo por eso que quieres hablar conmigo?” preguntó Takam. “Será mejor que vayas al grano. El tiempo no espera a nadie. Ni siquiera a un semidiós.
El Águila de Sangre asintió. William sabía que, por mucho que insistiera en el asunto con el encargo que Takam le había dado, el semidiós no respondería a su pregunta. Siendo así, era hora de formular la otra pregunta que tenía en mente.
“¿Nos vas a ayudar?” preguntó William. “¿Nos ayudarás a luchar contra los elfos?
Takam negó con la cabeza.
“Pequeño Will, aunque podría solucionar fácilmente tu problema, no lo haré” respondió Takam. “Sin embargo, eso no significa que no te vaya a ayudar. Primero, déjame explicarte cómo puedo hacerlo.
William aguardó pacientemente las palabras de Takam, pues esa era la principal razón por la que había enviado a Scadrez a las montañas Kyrintor. Necesitaba saber qué tipo de ayuda estaba dispuesto a brindarles el semidiós y qué precio debían pagar para obtenerla.
En ningún mundo existen las cosas gratis, especialmente cuando se trata de favores realizados por semidioses.
“Una de mis habilidades es…”, comenzó Takam su explicación.
El Águila de Sangre asintió con la cabeza después de que el Semidiós terminara su explicación. Ahora que William conocía los detalles concretos y las condiciones para la ayuda de Takam, sabría qué hacer cuando llegara el momento.
“Gracias, Excelencia. No olvidaré este favor en lo que me queda de vida.”
“Bien. Puesto que ambos nos entendemos, es hora de que te des prisa con lo que estés haciendo.”
"Comprendido."
Tras la conversación entre William y Takam, el Semidiós propuso que el Águila de Sangre descansara un día en su palacio. William lo consideró una buena idea, ya que Scadrez había estado volando sin parar para llegar a las montañas Kyrintor antes de que los elfos arribaran a la capital de Gladiolus.
Una vez resuelto el asunto, William desconectó su vínculo con el Águila de Sangre y durmió plácidamente. Aún estaba cansado tras la ceremonia de purificación y solo pospuso el sueño porque Scadrez ya se encontraba cerca de las montañas Kyrintor.
“
Unos días después…
“Señor, por fin han llegado” informó Calum.
Conner asintió con la cabeza mientras salía de la sala de conferencias.
“¿Cómo está el príncipe Ernesto?” preguntó Conner.
El joven príncipe desempeñaría un papel crucial en esta guerra, y Conner no dudó en proporcionarle elixires para ayudarlo en su recuperación. Sin embargo, a pesar de que el elixir surtió efecto, el príncipe seguía sin recuperarse por completo.
Ese era el precio que el príncipe Ernest tenía que pagar para poder usar la limitada Divinidad que la diosa Astrid había otorgado al Reino Helénico.
“El príncipe Ernesto sigue en un estado de letargo. No creo que pueda durar mucho tiempo sentado en el Trono de la Divinidad” dijo Calum, negando con la cabeza mientras daba su informe.
“Está bien” respondió Conner. “Que alguien lo lleve al trono. Si es necesario, átenle la cintura para que no se caiga. Estoy seguro de que lo entenderá e incluso me lo agradecerá.
“Sí, señor” dijo Calum, haciendo una reverencia antes de ir personalmente a ver al príncipe.
Se trataba de un asunto importante y no quería delegarlo en nadie.
Diez minutos después, Conner llegó a las murallas defensivas de la Ciudad Capital de Gladiolus. En el horizonte, varias manchas negras” que parecían un enjambre de murciélagos” flotaban en el cielo. Conner miró a través de su telescopio y vio las Águilas Voladoras, la caballería alada de los Elfos.
Tras comprobar su número, apuntó el telescopio hacia tierra firme. Allí vio el ejército que avanzaba como una marea plateada. Faltaban solo dos horas para la puesta de sol, pero Conner sabía que a los elfos les daba igual que fuera de día o de noche.
Podían ver con facilidad en la oscuridad, pues era una de sus habilidades raciales. Sin embargo, Conner creía que los arrogantes elfos no atacarían al anochecer. Eran demasiado orgullosos para eso.
El líder de Deus resopló porque le daba igual si atacaban de noche o no. No cambiaría el resultado.
Cincuenta mil defensores, contra más de cinco millones.
Todos los miembros de Deus se habían reunido en la Ciudad de Gladiolus y sumaban treinta mil. El resto eran los adolescentes que decidieron luchar por su reino.
Quienes no podían luchar habían sido evacuados días atrás. Los enviaron al oeste del Reino de Hellan. Aunque Conner desconocía el motivo de la propuesta del príncipe Alaric, prefirió no indagar. No le convenía tener no combatientes en una guerra donde lucharían por sus vidas.
Tal como Conner había previsto, los elfos acamparon a dos millas de las murallas de la Ciudad de Gladiolus.
Elandorr decidió cumplir con su papel de Comandante Elfo y ordenó que todos descansaran. El ejército élfico estaba muy cansado tras muchos días de viaje, así que obedecieron su orden con gusto.
Esa noche, se desató una animada discusión en el campamento élfico. La mayoría eran apuestas sobre quién sería capaz de matar a más humanos o quién lograría arriar la bandera que ondeaba en la cima más alta de la ciudad.
Todos creían que el Reino Hellan ya estaba bajo su control. Ni por un segundo imaginaron que un grupo heterogéneo de forajidos y adolescentes, que no llegaba ni a los cien mil, pudiera detener su invasión.
Los Tres Guardianes también sentían lo mismo.
Eneru había recuperado la consciencia hacía dos días y les había contado todo lo sucedido a sus dos compañeros. Era plenamente consciente de su regresión, pues era el precio que debía pagar para escapar con vida.
Tras conocer el as bajo la manga que escondía el enemigo, Drauum y Ezkalor decidieron simplemente observar la guerra y dejar que Elfos y Humanos se enfrentaran entre sí.
Aunque confiaban en su fuerza, no eran tontos. Tenían una larga vida, pero no eran inmortales. Cualquier ataque que contuviera suficiente Divinidad podía acabar con sus vidas, igual que una espada podía acabar con la de un mortal.
Eneru apenas había logrado escapar con vida. Drauum, al igual que Ezkalor, no tenían mucha prisa por poner a prueba a los Defensores para ver si aún tenían algún as bajo la manga.
“Todo se resolverá mañana” dijo Drauum en voz baja mientras contemplaba la ciudad a lo lejos.
Ezkalor y Eneru asintieron en señal de aprobación.
El escenario estaba preparado.
El telón se había levantado.
Llegó el momento de que los actores desempeñaran su papel.
La emperatriz Sidonie esbozó una dulce sonrisa mientras contemplaba el horizonte. Al amanecer, ocuparía el mejor asiento del escenario. Un asiento desde donde presenciaría el inicio y el fin de una batalla que decidiría el reparto del poder en el Continente Sur.

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Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) Capítulo 486
Estás leyendo el capítulo 486 de Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela), un novela. «La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la Luz puede hacerlo» dijo la Diosa Amaltheia mientras estrechaba a William en su amoroso abrazo. «El odio no puede expulsar al odio, sólo el Amor puede hacerlo».… Este capítulo tiene publicado el 24 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Reencarnado con el sistema más fuerte (Novela) tiene 1028 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.