arrow_back

Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 13 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
'¿Al final este día tenía que llegar?' A Evia se le encogió el corazón y se apresuró a decir: "Ye Tu está sumamente ocupado; no es seguro que tenga tiempo para verte." "Por eso mismo te pido que me hagas el favor de preguntarle, cariño." Daphne le tocó levemente la frente con la yema del dedo. "Tu maestra ha estado de lo más desocupada últimamente. Mientras tu jefe no tenga inconveniente, yo puedo hacerme un hueco en cualquier momento, ¿sabes?" "..." Tras guardar silencio unos segundos, Evia inquirió: "Maestra, ¿no estarás pensando todavía en hablar con él para disolver el contrato?" "Descuida, ¿acaso tu maestra te parece una persona tan intransigente?", rio Daphne con gracia. '¿Que no? ¡Si antes intentaste quitármelo por la fuerza!' "Te garantizo que no interferiré en lo más mínimo en el pacto suscrito entre tu jefe y tú." "Invitarlo a reunirnos responde, en primer lugar, a mi deseo de agradecerle los cuidados que ha tenido contigo durante este tiempo." ¿Eh? '¿Pero no decías antes, henchida de vanidad, que Ye Tu venía tras de ti? ¿A qué viene este giro radical de actitud? ¿Incluso quieres agradecerle por cuidarme?' "Y en segundo lugar, también tengo ciertos asuntos que comunicarle y, de paso, me gustaría consultarle un par de dudas." 눈\_눈 '¡Claro! ¡Conque esa última frase era tu verdadero propósito, maestra!' 'A juzgar por su reacción... seguro guarda relación con aquel incidente en el que la bola de cristal estalló de repente.' "Está bien, iré a preguntarle a Ye Tu." Tratándose de asuntos serios, por descontado que no se negaría a cooperar. A pesar de que en su fuero interno prefería que ambos no llegaran a encontrarse. "Mmm~" Daphne estrechó nuevamente a Evia entre sus brazos y depositó un beso en su frente. "Muchas gracias por tu esfuerzo, cariño." Al decir esto soltó su abrazo, y en ese mismo instante la luminosidad de la bola de cristal comenzó a titilar de forma intermitente. La figura de Daphne fue volviéndose más difusa. Pronto, a medida que el resplandor se extinguió por completo, aquella proyección mental se desvaneció sin dejar rastro. '¿Ya se marchó?' Tocándose la frente y percibiendo aún la suave tibieza remanente sobre la piel, Evia dio unos pasos hacia adelante y extendió el dedo para darle un toquecito a la bola de cristal posada en el pedestal de piedra. "¡Sssss...!" Ahogando un quejido por la sorpresa, retiró el dedo a toda prisa y le sopló un par de veces para aliviar el ardor. '¿Qué demonios pasa? ¿Por qué quema tanto?' ... Al atardecer. El sol se hundía en el oeste, tiñendo de rojo encendido la mitad del firmamento con el fulgor del ocaso. En la Plaza del Lucero del Alba, ubicada en el mismísimo corazón de la Santa Sede de Lothé, un mar inmenso de personas abarrotaba el lugar. Hasta donde alcanzaba la vista, la enorme explanada hervía con una marea humana agolpada hombro con hombro, sin dejar un solo palmo libre donde posar los pies. Sin embargo, la multitud entera guardaba un silencio anormalmente sepulcral, como si algo colosal se estuviera gestando en el ambiente... En la Santa Sede de Lothé, al atardecer del último día de cada semana, los habitantes se congregaban allí para orar bajo la guía de los clérigos, dando gracias por cada una de las bendiciones concedidas por el Señor del Alba. En el extremo más apartado de la plaza, Evia descansaba sentada en un banco bajo la sombra de un árbol. Ye Tu permanecía de pie frente a ella, contemplando a lo lejos la solemne estatua divina erigida en el centro neurálgico de la explanada, la cual se encumbraba hacia las nubes y sobrepasaba en altura incluso a la Gran Catedral del Alba suspendida en el aire. "Así que, Ye Tu, ¿cuándo tendrías tiempo libre? Para avisarle de una vez a mi maestra." En efecto. Acababa de transmitirle formalmente la invitación de su mentora. En realidad, se había puesto en marcha apenas la proyección de Daphne se disipó al mediodía. Pero al llegar a la residencia descubrió que Ye Tu no se encontraba allí. Tras buscarlo durante toda la tarde hasta casi romperse las piernas de tanto caminar, por fin logró dar hace escasos minutos con él mientras paseaba ociosamente por las inmediaciones de la Plaza del Lucero del Alba. "Tengo tiempo en cualquier momento; pídele a tu maestra que ella misma fije la hora." "¿Qué te parece esta misma noche?" La intención de su maestra era reunirse lo antes posible. Y en cuanto a Ye Tu... 'En todos los días que llevo de conocerlo jamás lo he visto dormir, así que dudo mucho que tenga asuntos pendientes esta noche, ¿no?' "Si consideras que es muy apresurado, también puede ser mañana", añadió Evia por si acaso. "No es necesario posponerlo; que sea esta noche." Archimago Sagrado. La cúspide indiscutible dentro de la senda trascendental de los magos. Cada uno de ellos constituía una entidad a la que los mortales reverenciaban bajo el título de "Su Eminencia". En aquella era pretérita, cuando las divinidades aún no se habían recluido en el Reino Astral y caminaban abiertamente sobre el mundo, a estos individuos se les conocía como "portadores de profesiones del Reino Santo", situándose a un solo paso de convertirse en semidioses tras encender el fuego divino. Tomando a Evia como ejemplo, en la actualidad apenas era una maga de primer rango dentro de la categoría de archimago. Y por encima de los archimagos de noveno rango, era preciso atravesar tres metamorfosis espirituales en la fase de gran archimago antes de poder rozar los dominios del Archimago Sagrado de duodécimo orden. Daphne, la mentora de Evia, era precisamente una Archimaga Sagrada de noveno orden. Las crónicas relataban que, desde aquella remota era en que los dioses aún no se retiraban al firmamento astral, ella ya había entrado en contacto con dicho estrato trascendental. Ye Tu sentía auténtica curiosidad. ¿A qué etapa del cultivo taoísta correspondería la cúspide de la profesión mágica en este cosmos? "¡Hecho! En ese caso, dentro de un rato me acompañas directamente a la Asociación de Magos." Así evitarían que, una vez fijada la hora por su maestra, Ye Tu tuviera que desplazarse deprisa desde su alojamiento. "De acuerdo." "¿Nos vamos ya?" "No hay prisa; aguardemos a que esto termine." '¿Y qué tiene de entretenido ver semejante espectáculo? Bueno, da igual. Al menos así aprovecho para descansar un rato.' Evia se inclinó hacia adelante y se masajeó los tobillos con ambas manos. Tras haber caminado durante toda la tarde, su único anhelo en ese instante era descalzarse y tumbarse plácidamente en una cama. Por desgracia, se hallaba en plena vía pública. ... Al cabo de un momento, el último vestigio del sol moribundo se ocultó tras el horizonte. La luna creciente se encumbró en la noche mientras titilaban miríadas de estrellas. Aquel manto oscuro con tintes azulados que antes apenas ocupaba una fracción del cielo terminó por adueñarse de la bóveda entera. La luz del crepúsculo se extinguió, dando paso a la penumbra nocturna. En la Plaza del Lucero del Alba. Exactamente igual a como ocurría durante las plegarias matutinas al despertar, olas de un resplandor dorado ondularon como una marea resplandeciente que arropó la explanada por entero. Los cánticos e himnos entonados al unísono resonaban solemnes y sacros, haciendo que el haz de luz áurea proyectado desde la cúspide de la Gran Catedral del Alba se volviera más brillante y deslumbrante. Y en los confines de la bóveda estrellada, pareció como si una colosal y sacra entidad abriera lentamente los ojos, posando su mirada sobre el mundo terrenal para contemplar a cada uno de sus devotos creyentes. ¡El Señor del Alba! El fervor en los rostros de aquellos que entonaban las alabanzas en torno a la estatua divina alcanzó cotas de auténtico frenesí. ¡Lo sentían! ¡Todos y cada uno de ellos podían sentirlo con absoluta nitidez! ¡El Señor! ¡El Señor los estaba contemplando en ese mismísimo instante! Frente a tal escena, apostada en el borde de la explanada, Evia lucía una expresión de completo desconcierto. '¿Y ahora qué demonios les pasa a esta caterva de fanáticos desquiciados?' Al ser una incrédula ajena a la fe, era incapaz de percibir el escrutinio del Señor del Alba. Por su parte, Ye Tu clavaba los ojos en el firmamento estrellado, mientras el diagrama del pez Yin-Yang emergía en lo profundo de sus pupilas, rotando con pausada lentitud. Así transcurrió media hora. Los cánticos al unísono cesaron por fin, la marea dorada que envolvía la plaza se fue atenuando y la marea humana comenzó a dispersarse paulatinamente. Ye Tu retiró la mirada del cielo y se dispuso a llamar a Evia para emprender la marcha hacia la Asociación de Magos. Sin embargo, en ese preciso momento, una anciana de espalda encorvada, ataviada con ropas desgastadas y descoloridas de tanto lavarse, se aproximó con una cesta de flores en el brazo, repartiendo entre los presentes pequeñas flores blancas conocidas como "Coronas de la Aurora". Al percatarse del ejemplar de 《El Pacto del Alba》 que Ye Tu sostenía en la mano, sus ojos se iluminaron de alegría y se acercó presurosa. Extrajo una flor de la cesta y se la ofreció con devoción: "Joven, que el glorioso resplandor del Alba derrame sus bendiciones sobre ti." Ye Tu se mostró ligeramente sorprendido, pero extendió el brazo y la recibió con cortesía: "Que el glorioso resplandor del Alba derrame también sus bendiciones sobre ti." La anciana esbozó una sonrisa colmada de complacencia. No obstante, a espaldas de Ye Tu, el rostro de Evia mudó al instante. Recordaba muy bien a esa mujer: ¡era la misma anciana que días atrás le había regalado una flor, para luego arrebatársela de las manos en cuanto supo que era una 'maga'! Una detestable discriminadora regional. "¡Ye Tu, ¿ya terminaste?!", gritó Evia deliberadamente para llamar la atención. Tal como esperaba, al clavar la vista en Evia, el semblante de la anciana dio un vuelco drástico. Como si estuviese contemplando la más inmunda inmundicia. "¿Están juntos?", le preguntó a Ye Tu con desconfianza. "Así es." "..." Todo el mundo sabía que los 'magos' eran calaña de la peor calaña. Por lógica elemental, cualquiera que mantuviera cercanía con un 'mago' tampoco podía ser una buena persona. Sin embargo, aquel joven portaba en sus manos un ejemplar de 《El Pacto del Alba》 confeccionado de manera exclusiva por la Iglesia; era absolutamente imposible que fuese un malhechor... Dos convicciones profundamente arraigadas en lo más hondo de su ser chocaron con violencia en su mente, dejándola completamente pasmada en el sitio, incapaz de procesar semejante contradicción. \----- • Novela: 飞升错世界了怎么办? • Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World? • Autor: A Jiu Wei (阿玖未) • Traductor: Inmensurable ☯️ ¡Compañero(a) daoísta, deja tu reacción y comentario para ayudar a acelerar el cultivo de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es nuestra energía espiritual! ¡Que tu Gran Dao prospere! 🙏
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

Continúa leyendo

¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)

Capítulo 14

Siguiente Capítulo ›

¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 13

Estás leyendo el capítulo 13 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.