Leer ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 104 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Capítulo 105: ¿Se pasó el nivel así de fácil?
Lukexiya miró primero el disco de la matriz que todavía se encontraba en pleno proceso de refinamiento frente a ella.
Luego, dirigió la vista hacia el pueblo.
En tan solo ese breve instante, las enredaderas de un púrpura oscuro que estrangulaban la iglesia ya se habían marchitado y podrido en su mayor parte, dejando al descubierto los muros de tono blanco dorado que yacían debajo.
Aquellas figuras esqueléticas reunidas en torno al templo parecieron advertir la anomalía y comenzaron a desenterrar con desesperación los tubérculos de las ramas marchitas.
"¿Qué hacemos ahora?", preguntó Lukexiya.
"Primero pongamos a salvo y reubiquemos a las personas afectadas".
No solo el desarrollo de los acontecimientos había marchado con una fluidez inusitada, sino que la efectividad de aquella píldora había resultado sorprendentemente buena.
De entre quienes tenían partes del cuerpo fusionadas con el entorno, salvo por unos pocos casos críticos donde más de la mitad de su anatomía se había fundido con la tierra, la gran mayoría había recuperado la normalidad.
"Y luego aguardaremos a ver cómo evoluciona la situación; si el problema puede zanjarse de este modo, sin duda será lo ideal".
"Entendido".
Ciertamente, si todo quedaba resuelto por esta vía, no cabía duda de que sería el mejor desenlace posible.
Muy pronto, dado que la autoridad fuera de control empezó a estabilizarse, los tentáculos que brotaban del suelo perdieron fuerza a ojos vistas.
Bajo los empeñosos golpes de Haniya, en menos de media hora, la totalidad de los tentáculos fue erradicada por completo del lugar.
"¡Uf...!"
Tras dejar escapar un largo suspiro y contemplar el suelo atestado de restos cercenados que aún se contraían levemente, Haniya dirigió una mirada cargada de orgullo hacia la posición de Lukexiya.
Por alguna razón que no terminaba de comprender, siempre experimentaba una urgencia irrefrenable de lucirse ante la señora Lukexiya...
Sin embargo, al darse la vuelta y divisar a las dos figuras de pie hombro con hombro, se quedó paralizada en el sitio.
'¿Eh?'
'¿En qué momento llegó Su Eminencia Ye Tu?'
Mientras las dudas rondaban por su cabeza, Ye Tu pareció percatarse de su mirada y se volvió hacia ella.
En el instante en que sus ojos se encontraron, Haniya sintió un inexplicable escalofrío helándole la espalda.
Justo cuando murmuraba en su fuero interno que 'la mirada de una auténtica deidad ciertamente imponía una opresión sobrecogedora', la voz de Su Eminencia Ye Tu resonó con claridad junto a su oído:
"¿No vas a cambiarte de ropa?"
Haniya parpadeó, desconcertada.
'¿Cambiarme de ropa?'
'¿Por qué tendría que cambiarme?'
Al bajar la vista de manera instintiva, descubrió con horror que sobre su torso únicamente permanecía aquella coraza de cuero bendecida por conjuros divinos, mientras que la prenda de seda interior se había disuelto por completo sin dejar rastro.
Un fluido denso y viscoso descendía trazando el contorno de su figura, resbalando hacia su pronunciado escote. Aunque la protección del artefacto divino impedía el contacto directo con su piel, aquella finísima película de luz blanca pasaba totalmente desapercibida a la vista.
Por ende, observada desde la distancia, la sustancia cristalina y brillante daba la impresión de estar untada directamente sobre su cuerpo, creando un contraste visual descaradamente provocativo contra su piel blanca y sedosa.
La viva imagen de una Santa corrompida.
Permaneció en blanco durante varios segundos.
Conforme un rubor encendido trepó a toda prisa hasta las puntas de sus orejas, pareció caer en la cuenta de la situación: soltó un grito ahogado de pánico, se cubrió el pecho con ambos brazos y se agachó apresuradamente contra el suelo.
'¡Con razón sentía la espalda helada!'
'¡No era ninguna "opresión de la mirada de una divinidad", era simplemente el viento frío soplando contra mi cuerpo!'
Un rato más tarde.
Habiéndose colocado nuevamente una sobria túnica blanca, la pequeña Santa caminaba detrás de Ye Tu y Lukexiya con la mirada perdida y el ánimo por los suelos, como si hubiera perdido todas las ganas de vivir.
Siendo la Santa de la Iglesia de la Luz y la portavoz terrenal de la Diosa, que una estampa tan bochornosa e indecorosa hubiera quedado al descubierto ante los ojos de otra deidad...
Y para colmo, ¡ante el mismísimo Señor del Amanecer, aquel que siempre había profesado devoción por el resplandor de la Diosa...!
'¡¿Por qué tenía que haber sido precisamente el Señor del Amanecer?!'
Sentía que le había fallado a la Diosa y que había defraudado irremediablemente su confianza.
En el interior del poblado, la pertinaz llovizna continuaba cayendo con un murmullo incesante, como si jamás fuera a detenerse.
En las alturas, un halo difuso de siete colores destellaba con vigor, infundiendo un hálito de vitalidad inagotable en cada gota.
No obstante, bajo aquella estampa de ensueño, lo que se extendía en las calles eran siluetas esqueléticas consumidas hasta los huesos; la mayoría asemejaba osamentas humanas envueltas en pellejo, con las costillas marcadas a la perfección, sin que el individuo más alto sobrepasara el metro sesenta de estatura.
Cuerpos encorvados que parecían enanos deformes.
Nutridos por el influjo de la lluvia multicolor, sus organismos gravemente debilitados habían recobrado una pizca de aliento, lo que a su vez dispersó el letargo en el que yacían sumidos.
Al ver aproximarse a la comitiva de Ye Tu, un pavor inmediato asomó a sus ojos, haciéndolos replegarse contra los rincones sin atreverse a alzar la vista del suelo.
'Nobles de Sangre Divina.'
'¡Son ilustres señores de la nobleza divina!'
Aunque el mundo exterior considerara a la nobleza de sangre divina como una casta de magnates déspotas y carentes de intelecto...
En los confines del Imperio de Santa Cruz, ellos representaban la definición misma de la soberanía indiscutible.
Para la abrumadora mayoría de los siervos de esta tierra, los Nobles de Sangre Divina eran figuras incuestionables a las que jamás cabía ofender.
Por consiguiente, temían con desesperación que este señor feudal hubiera acudido a llevárselos por la fuerza.
Si se tratara de meros soldados de la nobleza, aún habrían intentado resistirse o suplicar clemencia.
Pero ante la imponente presencia de un auténtico Noble de Sangre Divina, ni siquiera se atrevían a albergar el pensamiento de una negativa.
Y sin embargo, en este lugar había sustento; verdaderamente no deseaban marcharse...
Haniya, que todavía se debatía en la vergüenza por el bochorno previo, no pudo contenerse al ver a tantas criaturas famélicas acurrucadas contra los muros, temblando de miedo sin levantar la cabeza.
Extrajo un lote de provisiones de su artefacto espacial portátil y se dispuso a repartirlo entre ellos.
Mas, ante sus muestras de compasión, los pobladores se aterraron todavía más, rehuyéndola con desesperación cual víbora venenosa.
Fue en ese instante cuando Haniya descubrió con asombro que muchos de ellos ni siquiera poseían la facultad de articular palabras con sentido...
Desde muy temprana edad, los clérigos de la Iglesia la habían acogido para educarla como aspirante a Santa de la Luz.
Con el paso de los años, amparada en su prodigiosa afinidad con el poder sagrado de la luz, ascendió rápidamente al rango de Gran Sacerdotisa de tercer nivel, imponiéndose con solvencia sobre las demás candidatas hasta ser investida como la Santa de esta generación.
Sin exagerar un ápice, su trayectoria entera había sido un camino despejado de vicisitudes.
Esta era la primera ocasión en que sus ojos presenciaban una realidad tan cruda y desoladora.
Por alguna razón que no alcanzaba a desentrañar, un nudo amargo le oprimió el pecho.
"Pero si antes de la catástrofe ya vivían de esta forma...", murmuró Haniya en un hilo de voz.
"Porque antes tenías el consuelo de atribuir todo el sufrimiento que padecían a este desastre", resonó el tono impasible de Ye Tu junto a su oído.
Haniya se sobresaltó y guardó silencio al instante.
Así era.
Comprendía a la perfección que las palabras de Su Eminencia Ye Tu daban en el blanco.
Antes, podía excusarse culpando a la calamidad por las penurias que ellos arrastraban.
Podía reconfortarse pensando que, en cuanto el problema quedara resuelto, la suerte de estas gentes cambiaría.
Pero ahora, el peligro estaba prácticamente disipado, y el tormento de sus vidas continuaba intacto...
En tales circunstancias, ¿quién era el auténtico artífice de tanta desdicha?
Contemplando la espalda de Ye Tu, Haniya sintió súbitamente que los informes custodiados en los archivos secretos de la Iglesia no eran del todo fidedignos.
Este señor Ye Tu...
Al parecer distaba mucho de ser aquel individuo calculador, mezquino y vil del que hablaban las crónicas antiguas.
Avanzando en silencio tras las pisadas de Ye Tu y Lukexiya, los tres arribaron muy pronto a los exteriores de la fortaleza erigida en el corazón del pueblo.
Haniya alzó la mirada hacia las colosales murallas.
La espesa niebla púrpura oscuro que envolvía los baluartes se había evaporado por completo, y aquella fuerza perniciosa capaz de despertar los anhelos más recónditos del espíritu también se había extinguido.
¿Acaso todo había regresado al orden habitual?
"¿Entraremos esta vez?", no pudo evitar indagar.
"Sí".
Al margen de la iglesia que fungía como epicentro del mal, este castillo era la estructura más carcomida por el influjo corruptor.
Aun cuando el desbordamiento de la autoridad de la Lujuria había cesado, las monstruosidades engendradas en su interior bajo su influjo todavía continuaban con vida.
El nivel de aberración que habían alcanzado era demasiado profundo; la mutación de sus cuerpos y mentes resultaba irreversible.
Al menos, ningún recurso ordinario lograría restituirles la cordura.
Siendo así, resultaba imperativo exterminarlas para impedir que en algún momento escaparan al exterior a sembrar el caos.
Ye Tu se giró a mirarla de soslayo:
"Si pretendes acompañarnos adentro, harías bien en alistar un par de mudas de ropa adicionales".
"...", Haniya arrugó la nariz con indignación contenida. "¡Ya lo sé!"
Al fin y al cabo, ¡su estampa más bochornosa ya había quedado a la vista de todos!
¡Ya no tenía nada que temer!
"Piénsalo con calma; las aberraciones que moran ahí dentro no guardan comparación con los tentáculos del exterior", le advirtió Ye Tu una vez más.
Si esto fuera el guion de cierta historieta indecorosa, los tentáculos previos apenas clasificarían como esbirros descartables, mientras que las criaturas del castillo eran engendros de élite en toda regla.
Y en cuanto a la cabecilla definitiva, se trataba ciertamente de la mismísima "Lujuria", cuya autoridad se había descarrilado al verse anegada por el deseo desmedido.
Despachar a la tropa menor resultaba sencillo, pero las criaturas de élite... no serían tan dóciles.
En especial el señor feudal de estas tierras: aunque en origen solo ostentaba el octavo nivel del primer rango, tras recibir la influencia de la Lujuria, su poderío se había disparado hasta la cumbre del tercer rango, rozando casi el umbral de un profesional menor del Rango Sagrado.
Con el nivel actual de Haniya, de batirse en combate frontal contra semejante monstruo...
¡Con seguridad terminaría padeciendo múltiples desenlaces bochornosos!
Por descontado, obviando la intervención de su artefacto divino.
Aunque dada la insólita naturaleza de este plano, cabía la posibilidad de que la reliquia que portaba terminara anulada debido a algún percance disparatado.
"Si las cosas se complican, seré la primera en poner pies en polvorosa", aseguró Haniya con suma gravedad.
No era ninguna insensata; si el enemigo la superaba, por descontado que huiría.
"Además, ¿no cuento con la presencia de usted y de su señora?"
Pudiendo cobijarse bajo el amparo de los poderosos, lo más prudente era no buscarse problemas en vano.
Esa era una verdad que acababa de asimilar.
Instantes después, los tres franquearon el acceso y se internaron en las entrañas de la fortaleza.
El castillo, moldeado por el poder corruptor de la Lujuria, se había transformado en un dédalo asfixiante tapizado por mantos de carne de tono rojo violáceo.
Toda clase de aberraciones permanecía agazapada en la penumbra.
Había lombrices colosales de un tono púrpura grisáceo que asemejaban jirones de carne viva, engendros alados conformados por centenares de manos humanas entrelazadas, y promontorios amorfos integrados por fragmentos de carne ensamblados al azar.
Cada espécimen resultaba grotesco y repulsivo; desprovistos de conciencia, solo respondían a los impulsos más primarios del deseo desenfrenado.
Y para colmo, su apariencia desbordaba cualquier límite concebible de fealdad.
Los más débiles se situaban en el segundo rango, ¡mientras que los más peligrosos alcanzaban de lleno el tercer rango!
Si un profesional ordinario de tercer rango ponía un pie allí por descuido, en cuestión de minutos acabaría asimilado por la masa cárnica, encontrando una muerte segura.
En un principio, Haniya rebosaba seguridad en sí misma; después de todo, había acabado con una marea interminable de tentáculos sin ayuda.
Sin embargo, a medida que avanzaban hacia las profundidades y contemplaba aquellas manifestaciones monstruosas e inexplicables, el desasosiego fue apoderándose de su temple.
De no haber contado con Su Eminencia Ye Tu y la señora Lukexiya...
Aun cuando pudiera plantarles cara, sin duda habría terminado sufriendo amargos contratiempos...
Imágenes escabrosas cruzaron fugazmente por su mente, y al representarse los ultrajes a los que podría haberse visto expuesta, un estremecimiento le recorrió la espina dorsal.
Por fortuna, Su Eminencia Ye Tu y la señora Lukexiya marchaban a su lado.
Barriendo a los engendros a su paso, alcanzaron finalmente el corazón de la fortaleza.
Allí, encaramado sobre un trono esculpido con carne y sangre pulsante, aguardaba un varón corpulento de facciones diabólicamente hermosas y pupilas escarlata.
Vestía una suntuosa túnica litúrgica de color púrpura oscuro que le otorgaba un porte curiosamente refinado.
Sus ojos barrieron la figura de Haniya, como quien contempla un exquisito banquete servido sobre la mesa listo para ser devorado.
"Conque se trata de Su Alteza Haniya...", su voz brotó en ecos colosales superpuestos, haciendo cimbrar los cimientos del castillo entero.
¡En el segundo en que sus miradas se cruzaron!
Haniya sintió un gélido espanto invadirle el alma; el corazón se le encogió en el pecho, sobrecogida por la presencia de una entidad espeluznante.
'¿El Barón Evan?'
'¡No!'
Era la aberración nacida tras la mutación del Barón Evan.
De improviso, las pupilas del Barón Evan se clavaron obsesivamente en Lukexiya.
Deseo, avidez, lascivia desatada...
Un torbellino de pulsiones se agitó en su interior, atizando el fulgor carmesí de sus ojos hasta volverlo cegador.
Glup...
Su garganta tragó saliva con fruición, disponiéndose a saborear visualmente a aquel manjar insólito y sublime.
¡Weng!
Una luz prístina, inmaculada e infinita estalló de pronto en un resplandor colosal, inundando cada rincón de la estancia.
¡Una voluntad de majestad infinita cayó como un decreto implacable, pulverizándolo todo a su paso!
Toda inmundicia y vileza se evaporó en el acto bajo aquel fulgor puro y absoluto, sin dejar el menor vestigio sobre la faz de la tierra.
En medio de aquel océano de luz deslumbrante, Haniya experimentó la sensación de haber regresado al amparo protector de la Diosa; una reconfortante calidez envolvió la totalidad de su ser.
El poder sagrado de la luz que recorría sus canales espirituales se avivó con un fervor inusitado, incrementando su caudal a un ritmo pasmoso.
Nadie supo cuánto tiempo transcurrió...
Hasta que el resplandor absoluto fue disipándose con lentitud.
Al recobrar la visión, el salón entero de la fortaleza lucía desierto; no quedaba nada en pie.
Haniya tardó un largo rato en salir de su estupefacción.
'¿Se pasó el nivel así de fácil?'
Y además, aquella vivencia de hacía unos segundos...
Volvió la cabeza con recelo para observar a Lukexiya de reojo.
'La señora... ¿no será en verdad la Diosa en persona?'
'¡Imposible!'
'¡Absolutamente descabellado!'
'¡Seguramente el poder divino del Amanecer y el de la Luz comparten afinidades casi idénticas al pertenecer ambos a la rama luminosa, y por eso experimenté semejante conmoción!'
Entretanto.
En la Capital Imperial del Imperio de Santa Cruz.
En lo alto de la misma aguja negra que coronaba el epicentro de la ciudadela.
El Emperador de Santa Cruz aguardaba frente al altar de piedra, contemplando los tres prismas hexagonales de tono grisáceo con un semblante aún más lóbrego que dos jornadas atrás.
¡Dos días enteros habían pasado!
El Ejército Insurgente no solo no daba muestras de flaquear, sino que sus huestes se multiplicaban sin cesar.
¡El señorío del Gran Duque Milo había sido arrollado, y el mismísimo Gran Duque Milo fue decapitado públicamente en plena calle!
¡Aquello era una afrenta directa y descarada!
'¡¿Cómo se atreven?!'
'¡¿Cómo osa esa chusma insolente...?!'
"Uf...", exhaló un suspiro áspero y pesado.
"Ha llegado el momento de desatar el poder del 'Verbo Verdadero'".
¡Esa chusma rebelde, esa caterva de infames que osaba desafiar su mandato!
¡Era imperativo recordarles con sangre por qué la nobleza de sangre divina era la única y legítima dueña del Imperio de Santa Cruz!
En ese preciso instante, una familiar punzada de zozobra le atenazó el pecho una vez más.
Acto seguido, un murmullo etéreo y colosal, tejido en capas interminables de susurros solemnes, resonó en su mente: "Detenlos".
La visión de un poblado bañado por una lluvia de luz de siete colores se dibujó nítidamente ante sus ojos.
"¡Cállate!", bramó el Emperador de Santa Cruz con una cólera helada.
¡Él era el soberano absoluto del Imperio de Santa Cruz, el amo supremo de estas tierras!
¡Nadie tenía la potestad de impartirle órdenes!
Además, comparada con una remota aldea fronteriza, ¡esa chusma insolente que ignoraba su condición, ese maldito Ejército Insurgente, era la única amenaza que demandaba su atención inmediata!
Justo cuando el soberano extendió el brazo dispuesto a aferrar uno de los cristales del "Verbo Verdadero"...
De forma imperceptible, un manto de luz grisácea y brumosa se desplegó en el vacío, abarcando la totalidad de la capital imperial en un parpadeo.
Petrificando a la urbe entera en una quietud absoluta.
Una silueta difusa emergió en el aire; en sus pupilas apenas delineadas, un vórtice de visiones comenzó a arremolinarse, proyectando múltiples destinos:
La capital imperial devorada por las llamas de la guerra...
La Isla Celestial quebrándose en dos mitades...
Los reinos divinos de los dioses precipitándose al abismo cual bólidos ardientes...
En medio del caos primordial infinito, sombras aterradoras retorciéndose y agitándose en un baile grotesco...
Finalmente, el flujo de visiones se detuvo, dejando únicamente la estampa de aquel poblado azotado por el viento helado y la llovizna implacable, con la iglesia asfixiada bajo enredaderas de tono púrpura oscuro y la fortaleza envuelta en densa niebla púrpura.
Opresivo, lúgubre...
Una voz superpuesta en incontables ecos retumbó con el peso inexorable de una ley cósmica:
"Lo que Yo pronuncio, se convierte en la Realidad".
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• Novela: 飞升错世界了怎么办?
• Título en inglés: What Should I Do If I Ascended to the Wrong World?
• Autor: A Jiu Wei (阿玖未)
• Traductor: Inmensurable
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¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela)
Capítulo 105
¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) Capítulo 104
Estás leyendo el capítulo 104 de ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela), un novela. Año 745 del Calendario de la Luz. Los dioses que antaño caminaban entre los mortales se han retirado a las profundidades del reino astral. Con el silencio divino, ha comenzado la verdadera era de los seres mortales.… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¿Qué Hago Si Ascendí al Mundo Equivocado? (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.