Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 849 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En lo más profundo de la vasta extensión del cosmos, un lugar aislado por la nada del espacio, se produjo una repentina agitación.
El entorno tembló y se estremeció como si luchara por contener una fuerza inconmensurable. Y entonces, con un repentino estallido del vacío, apareció una grieta.
¡Cr… Crack!
Jezabeth emergió de detrás de la grieta, su figura envuelta en un halo de energía de otro mundo.
Contempló la miríada de estrellas que salpicaban la inmensidad del firmamento, con una expresión que reflejaba a la vez asombro y seriedad.
Al contemplar el paisaje a su alrededor, los ojos de Jezabet se abrieron con confusión al ver las incontables estrellas que centelleaban en la distancia.
Se quedó allí un momento, contemplando la belleza del lugar, sin comprender lo que había sucedido, antes de que su expresión cambiara y su semblante se volviera más serio.
"Así son las cosas."
Murmuró entre dientes, con un destello de comprensión en los ojos.
En un instante, las escenas comenzaron a reproducirse en su mente, y una emoción surgió desde lo más profundo de su ser.
Se llevó la mano al pecho, sintiendo cómo su torso palpitaba con más rapidez mientras se deleitaba con su comprensión.
'Estoy segura... está agonizando...'
Lo que le ocurrió fue un último intento desesperado de Ren por ganar tiempo y retrasar sus planes.
Una lástima que ya no tuviera tiempo.
Lo sintió en sus últimos momentos... Estaba acabado. Las leyes que regían el cuerpo de Ren eran casi inexistentes, y su poder era más débil que nunca.
La victoria parecía inevitable, pero…
"Esto aún no ha terminado. Solo cuando Ren muera todo habrá terminado definitivamente."
A pesar de su euforia, Jezabet logró mantener la compostura, sabiendo que la batalla aún no estaba ganada.
Cerró los ojos y respiró el frío del vacío, dejando que la energía del cosmos penetrara en todo su ser.
Fue una sensación embriagadora, como estar al borde de un precipicio y contemplar el horizonte infinito. Pero a pesar de la oleada de emoción que lo recorría, sabía que debía mantenerse concentrado.
Así que abrió los ojos una vez más y contempló las estrellas con una claridad recién descubierta.
"Se te acabó el tiempo, Ren. Estoy segura."
Tras comprender el motivo de las últimas acciones de Ren, Jezebeth supo que el final estaba cerca.
Un viscoso tono blanco surgió desde lo más profundo de su cuerpo y brotó de él.
Pronto fijó la mirada en un planeta lejano del cosmos y se llevó una mano al pecho, sintiendo el latido constante de su cuerpo. Era un recordatorio de su mortalidad, del hecho de que ni siquiera él había alcanzado aún el poder supremo que perseguía.
Era una sensación que había experimentado muchas veces, y al mismo tiempo, sabía que esta sería la última vez que la sentiría.
Mientras absorbiera los registros, dejaría de ser mortal.
¡Cr—Crack!
Con un repentino estallido de energía, otra grieta apareció en el espacio frente a él. Sin dudarlo, Jezebeth avanzó, su figura envuelta en un aura pulsante de leyes.
Desapareció a través de la grieta, sin dejar tras de sí nada más que el débil eco de su voz.
"No puedes retrasar lo inevitable."
* * *
"Así que esa es tu elección... Angélica."
Una voz suave, pero seductora, susurraba por todas partes.
Sentada en su trono, dentro de un gran salón, su belleza contrastaba de forma sorprendente con la atmósfera ominosa que lo envolvía.
Su piel era del color de la plata iluminada por la luna, con oscuros dibujos arremolinados que parecían moverse como humo. Su cabello, negro azabache, le caía en suaves ondas por la espalda.
Sus ojos eran del color del oro fundido y brillaban con un fuego de otro mundo.
"No puedo decir que no lo vi venir."
Lo que vio... ya lo veía venir. No le sorprendió. Lo que sí la sorprendió fue otra cosa.
"¿Así que el estratega es un ser humano, eh...?"
El fuego en sus ojos brilló con un tono diferente mientras se sumía en sus pensamientos y se reclinaba en su trono tallado en obsidiana negra, que parecía palpitar con una energía ominosa.
La sala que la rodeaba era vasta y cavernosa, con imponentes pilares que se perdían en las sombras de arriba.
El aire estaba impregnado del aroma a incienso y de los ecos lejanos de los demonios que habitaban la sala.
Sentada en su trono, la demonio irradiaba un poder silencioso.
Sus largos y delgados dedos descansaban sobre los reposabrazos de su trono, y su mirada estaba fija en algún punto distante más allá de las paredes del salón.
Sus labios esbozaban una leve sonrisa, como si hubiera presenciado algo que le resultara divertido.
A pesar de su belleza, había en ella una frialdad que helaba el aire que la rodeaba.
Su presencia era a la vez seductora y aterradora, atrayendo a cualquiera hacia ella con una fuerza magnética a la que no podían resistirse.
Y sin embargo, aquellos que la miraban a los ojos podían ver la oscuridad que acechaba en su interior, una oscuridad que amenazaba con consumir a todos aquellos que osaban acercarse demasiado.
No era otra que Lillith Von Doix, la Maestra del Pilar de la Casa de la Lujuria y madre de Angélica.
"...Es una verdadera lástima."
Apartando la mirada de la lejanía, cerró los ojos y el silencio volvió a reinar en los grandes salones.
Levantó la mano y chasqueó los dedos.
"Tráela ante mí."
* * *
"Es... es muy agradable tenerte de vuelta, PequeñaSerpiente."
Hein apenas podía contener la emoción mientras miraba a PequeñaSerpiente frente a él. Aunque había cambiado con los años, seguía pareciéndose al PequeñaSerpiente que conocía.
"Espera a que Ryan se entere de que sigues vivo... Probablemente será el que más se emocione."
Aunque todos extrañaban a PequeñaSerpiente, con quien tenía una relación más cercana era con Ryan. Él también fue quien más sufrió su muerte, y aunque no lo demostraba, seguía profundamente afectado.
Él todavía era joven por aquel entonces…
"Ryan…"
Murmurando entre dientes, PequeñaSerpiente bajó la cabeza y se tocó la barbilla.
"¿Cómo está?"
"Está muy bien. Ha crecido mucho durante el tiempo que no estabas aquí. De hecho, casi todos hemos crecido mucho durante el tiempo que no estabas con nosotros. Curiosamente, Leopold dejó de fumar…"
"Podemos continuar nuestra conversación más tarde."
Tal vez porque le emocionó descubrir de repente que PequeñaSerpiente seguía vivo de nuevo, Hein empezó a hablar mucho.
Tuvo que ser detenido por Angélica, cuyas palabras interrumpieron fríamente las suyas.
Cuando giró la cabeza para mirarla, pudo ver que su expresión seguía siendo tan fría como siempre, pero…
También se dio cuenta de que solo era una actuación.
Probablemente se estaba reprimiendo para no mostrar sus emociones.
"No tenemos tiempo para ponernos al día en este momento. Aunque he intentado por todos los medios evitar que nos espíen, me doy cuenta de que nos han visto."
El aire se congeló al instante al oír sus palabras, y todos se volvieron para mirarla.
¿Nos han visto? ¿Qué quieres decir con eso?
"Es como te dije, Ava."
Giró la cabeza para mirar a lo lejos, sus labios se crisparon y bajó la cabeza.
"Nos han rodeado."
¡Crack! ¡Crack!
Poco después de que sus palabras se desvanecieran, más de diez poderosas auras surgieron de los arbustos, rodeándolos.
Hein y los demás se sobresaltaron inmediatamente por su repentina aparición y desenvainaron sus armas.
"No te resistas. Es inútil."
Solo después de escuchar las palabras de Angélica bajaron las armas. No necesitaban que Angélica se lo recordara para comprender que, en ese momento, la situación era desigual.
Un paso en falso, y podrían encontrar su final…
"Señorita joven."
La atmósfera se congeló de nuevo ante las palabras que salieron de la boca de uno de los demonios. Ava y Hein ya lo sospechaban y, por lo tanto, no se sorprendieron, pero no se podía decir lo mismo de PequeñaSerpiente, quien quedó desconcertado por la situación.
"Lo explicaré más tarde."
Angélica apenas pronunció un par de palabras antes de dar un paso adelante.
"¿Qué estás haciendo aquí?"
"Hemos venido bajo las órdenes de Su Alteza para traerte de vuelta."
"¿Sólo yo?"
"No."
El demonio negó con la cabeza y lanzó una mirada en su dirección.
Angélica sonrió con sorna al ver la escena.
"Je... me imaginaba que sería así."
En la expresión de Angélica se notaba una clara decepción al oír esas palabras, pero parecía haber esperado ya esa respuesta y rápidamente recuperó su expresión habitualmente fría.
"Está bien."
Ella asintió con la cabeza y miró a los demonios que la rodeaban.
"Llévanos ante ella…"
Se detuvo a mitad de camino y miró con furia a quienes la rodeaban.
“…Les recuerdo que no deben sobrepasar los límites. Si siquiera los dañan un pelo, me aseguraré de que paguen un precio acorde a sus acciones.”
Sus palabras no provocaron grandes cambios en las expresiones de los demonios, pero cuando Hein prestó más atención, notó que sus posturas se enderezaron un poco.
¿A qué altura está su madre?
Esa misma pregunta rondaba la mente de todos los presentes. Nadie se atrevió a formularla, permaneciendo en silencio durante todo el tiempo.
"Síganos, los escoltaremos ante Su Alteza."
"Bueno. "
Tras ello, siguieron a Angélica por detrás mientras ella seguía a los demonios que iban delante. Se resistían a hacerlo, pero al ver que no les quedaba otra opción, no les quedó más remedio que seguir obedientemente a Angélica.
Era lo único que podían hacer…
* * *
"Eh... eso es un poco grandilocuente..."
Hein no podía creer lo que veía mientras contemplaba la colosal montaña que se extendía ante él.
Había dado por sentado que volarían a su destino, dado que todos ellos tenían un rango superior al de marqués y, por lo tanto, podían volar.
Sin embargo, para su gran sorpresa, los hicieron caminar hasta el imponente pico que se alzaba en la distancia.
Mientras avanzaban con dificultad, Hein no pudo evitar maravillarse ante la inmensidad de la montaña.
Su cima se perdía entre las nubes y sus laderas estaban cubiertas por un espeso manto de nieve. El aire se volvía más frío con cada paso que daban, y Hein se envolvió con más fuerza en su capa, temblando levemente ante el frío penetrante.
"Huuu..."
Cada una de sus respiraciones se volvía brumosa, y sus zapatos se hundían bajo la alta nieve.
Después de lo que parecieron horas de caminata, finalmente llegaron al pie de la montaña.
Hein contuvo el aliento al alzar la vista y contemplar una magnífica estructura tallada en la ladera de la montaña. Era algo nunca antes visto.
La estructura se alzaba alta y majestuosa, con intrincadas tallas y esculturas que adornaban sus paredes.
La piedra con la que estaba construida parecía brillar con un resplandor sobrenatural, y Hein no pudo evitar maravillarse ante su grandeza. Las paredes de la estructura estaban adornadas con grandes esculturas de demonios temibles, cuyos ojos parecían seguir cada uno de los movimientos de Hein.
Hein vio a varios demonios de pie sobre las murallas, vigilando atentamente los alrededores. Su imponente presencia le heló la sangre. Varios de ellos eran más fuertes que él, y se preguntó si podría defenderse en caso de que lucharan.
'Probablemente no.'
Los demonios vestían elaboradas armaduras y sus ojos brillaban con un inquietante tono rojo, lo que los hacía parecer aún más amenazadores.
Al acercarse a la entrada del edificio, Hein no pudo evitar sentir una mezcla de temor y curiosidad.
Se preguntó qué se ocultaba tras aquella misteriosa fortaleza de montaña. Las puertas eran enormes, de hierro macizo, y estaban adornadas con intrincados grabados que parecían brillar con un tono misterioso.
"¡Abrir la puerta!"
Clank-
Los demonios que acompañaban a Hein alzaron las manos y las puertas se abrieron lentamente con un chirrido, dejando al descubierto un gran salón en el interior.
Los ojos de Hein se abrieron de par en par con asombro al entrar en la vasta cámara.
Las paredes estaban revestidas de tapices que representaban escenas de batallas y conquistas, y el techo se elevaba muy por encima, adornado con un elaborado mural que representaba la historia del reino demoníaco.
Al fondo del salón, Hein vislumbró lo que parecía ser un trono de obsidiana, adornado con piedras preciosas que brillaban con una luz de otro mundo.
Al acercarse, se percató de que el trono estaba ocupado por una figura seductora, ataviada con vestimentas regias y que exudaba un aura de poder.
En ese momento, su cabeza descansaba sobre su puño, dejando que su cabello negro cayera en cascada por el costado de su hombro.
En cuanto entraron, abrió los ojos de golpe y su mirada se detuvo en Angélica. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro mientras entreabría los labios.
¿Qué has estado haciendo, mi buena hija?

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Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 849
Estás leyendo el capítulo 849 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.