Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 767 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Khhuakk.. auhk"
"Es inútil."
Jezabeth sonrió radiante mientras contemplaba al Protector, que estaba en sus manos. La expresión de absoluta incredulidad y desesperación en sus rostros no le produjo más que alegría a Jezabeth, que deseaba saborear el momento el mayor tiempo posible.
…Hubo un tiempo en que los miró con la misma mirada.
Le recordaban a su yo del pasado.
"¿Hm?"
¡Shhh! De repente, se percató de una fuerza poderosa que se acercaba desde la derecha. Jezabeth ni siquiera se molestó en mirar el ataque y simplemente levantó la mano en respuesta.
¡Clank!
La hoja se detuvo en la mano de Jezebeth, y sangre oscura goteó de su palma. Aunque le dolió un poco, Jezebeth no le prestó la menor atención a la molestia.
Simplemente quería observar sus expresiones.
…No se cansaba de ellos.
"Vamos. No luches más cuando los resultados ya están decididos."
Apretó con fuerza la espada y tiró de ella con la mano.
"Akh."
Cuando la segunda Protectora cayó hacia adelante, él extendió su mano libre y la agarró por el cuello, sujetándolo firmemente con la mano.
"Ah... Ahora, esto... esto es algo por lo que moriría."
Dos Protectores… y ambos estaban en sus manos.
Brr-!
Justo cuando estaba disfrutando de la vista, el espacio a su alrededor comenzó a deformarse y aparecieron cuatro enormes fisuras.
El sol inmenso que tenía frente a él se encogió, y dentro de las grietas que se crearon, se materializaron cuatro figuras.
En el grupo había dos orcos y dos enanos.
Jezabeth sintió una presión tremenda casi inmediatamente después de que aparecieran. Mayor que la que le habían ejercido los dos Protectores que sostenía en la mano, y casi le hizo perder el control de ellos.
"Rey Demonio."
El espacio se llenó con el sonido de una voz antigua y etérea a la vez. Pertenecía a uno de los Protectores Orcen.
Al verlo, Jezabet sonrió aún más y bajó la cabeza.
"Ah, si no es el Protector del Asiento de la Paciencia."
Ignorando las palabras de Jezabeth, la gélida mirada del Protector recorrió a Jezabeth antes de detenerse en los dos Protectores que sostenía en sus manos. Frunció el ceño y el tono de su voz denotaba una evidente insatisfacción.
"Déjenlos ir."
"Oh."
Al cambiar la expresión de los dos Protectores que tenía en la mano, la de Jezabeth se transformó en una de evidente insatisfacción.
…La desesperación y el horror que antes nublaban sus rostros habían desaparecido.
¡Qué lástima!
Él asintió con la cabeza.
"Bueno."
¡Crack! ¡Crack!
Ejerció presión con sus manos, y los cuerpos de los dos Protectores desaparecieron de su alcance al desintegrarse en partículas amarillas que flotaron en el espacio frente a él, dejando dos orbes amarillos en su lugar.
"Venir."
Las dos esferas amarillas se materializaron en su mano al extender su delgado dedo, y las observó con serenidad.
"Me pregunto qué hará esto…"
Siempre había sentido curiosidad al respecto, pero por mucho que lo intentara, simplemente no lograba comprender qué era lo que hacían.
Intentó absorberlos, pero no eran algo que pudiera absorber, lo cual fue lamentable dado que el poder que se escondía en ellos era algo que podría haberle ayudado a volverse más poderoso.
—Bueno, da igual. Mejor se lo doy a mis subordinados.
Aunque no pudiera absorberlos, eso no significaba que fueran inútiles para él.
Con las tenues runas doradas que rodean los orbes, si uno fuera lo suficientemente capaz y las estudiara adecuadamente, podría llegar a una sutil comprensión de las leyes.
Si sus subordinados conseguían aprender algo sobre las leyes, entonces…
¿Pero dos son suficientes?
Había siete clanes y solo dos orbes… claramente, aún no eran suficientes…
Alzó la cabeza y miró a los otros Protectores, cuyas expresiones se habían distorsionado tras la muerte de los dos Protectores anteriores.
La atmósfera comenzó a cambiar y, como consecuencia, la piel de sus cuerpos empezó a desprenderse. Una ola de poder brotó de cada uno de ellos y el espacio comenzó a fluctuar violentamente.
"Lo pagarás".
Todos murmuraron al unísono. Sus voces estaban sincronizadas.
"Oh."
Jezabeth asintió con desinterés. Ya lo había oído muchas veces.
Negó con la cabeza y miró fijamente a los cuatro Protectores mientras guardaba las dos esferas amarillas en su bolsillo.
"Ven entonces... necesito esos orbes amarillos tuyos."
* * *
[Planeta Idoania]
Este exuberante paraíso era el planeta donde la fuerza élfica de élite había decidido asentarse. Era un punto estratégico, estratégicamente ubicado para impedir que los demonios y Jezabeth llegaran al planeta Tierra.
El planeta estaba bendecido con exuberantes bosques, ondulantes colinas y ríos cristalinos que brillaban bajo el sol. Era un espectáculo impresionante, un mundo capaz de asombrar incluso a la persona más estoica.
El cielo era de un azul profundo, sin una sola nube a la vista, y el aire estaba perfumado con el aroma de flores silvestres y hierba fresca. Era un paraíso idílico, donde la suave brisa traía el canto de los pájaros y el susurro de las hojas.
Pero este paraíso no estaba destinado a durar.
¡Estruendo! ¡Estruendo! La tierra tembló y el cielo se oscureció. El refrescante aroma de las flores se desvaneció, reemplazado por un olor repulsivo, como a hierro, que lentamente se apoderó de todo el planeta.
Sustancias oscuras salpicaron y mancharon la hierba verde, al igual que las ramas.
"¡Huak!"
"¡Ehk!"
Gritos de agonía resonaron en el aire, y el suelo se resquebrajó a cada instante.
Una guerra en toda regla se había apoderado de todo el planeta.
En medio de este caos, Angélica se mantuvo firme.
Estaba rodeada por tres guerreros elfos, que parecían estar luchando por contenerla.
Sus ojos brillaron misteriosamente y frunció el ceño al ver un destello plateado que se dirigía hacia ella.
¡Xiu!
Angélica movió rápidamente la cabeza para evitar la flecha y, justo a tiempo, alcanzó a verla.
Una energía demoníaca brotó de su cuerpo, y justo cuando estaba a punto de contraatacar, sintió múltiples ataques que se dirigían hacia ella desde todas direcciones.
"Tsk."
Chasqueó la lengua y dejó de hacer lo que estuviera haciendo.
Extendió la mano hacia adelante y una pequeña barrera se formó frente a ella.
Era de color translúcido y bastante gruesa. Llegaron las flechas y, como si alguien golpeara un cristal, la barrera se onduló.
Pero eso fue todo.
Tic. Tic. Tic.
"¿Eso es todo?"
Angélica dirigió su mirada hacia los guerreros elfos, que la miraban atónitos, sin poder apartar la vista de su barrera.
Les dirigió una mirada indiferente antes de agitar la mano una sola vez.
"¡Oye, qué... huak!"
Como si estuviera en trance, uno de los guerreros elfos se giró y apuñaló a su compañero.
La sangre brotó a borbotones y el ambiente se congeló. El elfo reaccionó y contempló la escena con horror.
"¿Qué acaba de pasar?"
Murmuró, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
¡Puchi!
Una flecha le atravesó el pecho antes de que pudiera comprender lo que había sucedido.
Su rostro se congeló y miró la flecha clavada en su cuerpo con una expresión de incredulidad. Poco después, cayó al suelo y la mirada de Angélica se dirigió hacia el guerrero elfo más alejado.
¡Golpear!
A sus ojos, él era el más problemático.
¿Cómo debo manejar esto?
Su mirada se posó en la otra elfa, y tras pensarlo un instante, una sonrisa iluminó su bello rostro. Girando sobre sí misma hacia la guerrera elfa que se divisaba a lo lejos, Angélica sonrió con encanto.
"Él-"
Sin embargo, aquella sonrisa no duró mucho, pues pronto se congeló. Presenció cómo el guerrero elfo caía repentinamente de la rama del árbol en la que estaban parados, y una cabeza rodó lentamente en su dirección.
¡Puchi!
Poco después, oyó un ruido que venía de detrás de ella y su expresión se congeló.
Cuando se dio la vuelta, un demonio apareció ante sus ojos.
Tenía el pelo corto y negro y los ojos verdes. Su rostro era bastante encantador, y con dos grandes alas y escamas por todo el cuerpo, tenía una presencia imponente.
"¿Qué estás haciendo?"
Angélica no pudo evitar sentir una sensación de repugnancia al contemplar la apariencia del demonio.
Su cabello desaliñado, su sonrisa torcida y su actitud apática parecían irritarla profundamente. De hecho, su indiferencia parecía exasperarla aún más, helándole el rostro.
"Hola."
"¿Qué deseas?"
Ella estalló.
El demonio se limitó a sonreír, con una expresión amable y casi inocente. Pero Angélica no se dejó engañar. Podía ver el brillo manipulador en sus ojos, la forma en que parecía disfrutar de su incomodidad.
"Poco."
Dijo, encogiéndose de hombros.
"Solo te estoy echando una mano."
"No necesito tu ayuda."
Angélica respondió, con la voz cargada de veneno.
"Puedes ir y ayudarte tú mismo."
"Vamos, vamos, Angélica."
El demonio reprendió.
"¿Es esa la forma de tratar a tu futuro prometido/a?"
Angélica rechinó los dientes al oír sus palabras.
La sola idea de estar prometida a ese demonio le daba ganas de vomitar. Había venido al mundo de los demonios para entrenar, para hacerse más fuerte, no para verse atada a un matrimonio político.
"Todavía no se ha decidido."
La sonrisa del demonio no vaciló.
"Es cierto, pero la decisión se tomará poco después de esta guerra. Espero que estés preparado."
"No lo soy."
Angélica resopló y se apartó del demonio. No le interesaba ni la política de su familia ni el asunto de tener un heredero.
¡Fwoop!
Mientras batía sus alas y se elevaba por los aires, no pudo evitar sentir una sensación de frustración.
Había llegado al mundo de los demonios con un propósito: hacerse más fuerte y perfeccionar sus habilidades. Y estaba progresando; estaba segura de ello.
Pero ahora, con la amenaza inminente de un matrimonio político pendiendo sobre su cabeza, no podía evitar sentir como si hubiera sido arrastrada de nuevo al mismo mundo del que había estado intentando escapar.
Angélica apretó los dientes, sintiendo una oleada de ira subir por su interior.
Mientras se alejaba volando del demonio, su mente inevitablemente se desviaba hacia el pasado, a una época más sencilla. Cuando podía concentrarse únicamente en su entrenamiento y nada más. Parecía una eternidad, aunque solo habían pasado unos meses.
"Suspiro."
Angélica suspiró, sabiendo que no podía quedarse estancada en el pasado.
Debía concentrarse en el presente y en la tarea que tenía entre manos. Aún estaba lejos de alcanzar el rango de duquesa, pero progresaba, lenta pero seguramente.
'Si solamente...'
Se mordió el labio, sintiendo cómo la frustración crecía en su interior.
Si no tuviera que lidiar con todas esas tonterías políticas, podría dedicar todo su tiempo y energía a su entrenamiento.

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Punto de Vista del Autor (Novela)
Capítulo 768
Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 767
Estás leyendo el capítulo 767 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.