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Leer Punto de Vista del Autor (Novela) Capítulo 269 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
[Los acontecimientos que se desarrollan aquí tienen lugar cinco meses después de la muerte de Ren. (En la línea temporal actual, han transcurrido ocho meses)] —¡Clang! —¡Clang! El sonido del metal chocando contra el metal resonó repetidamente. "Jajaja…jajaja…" Dos jóvenes, uno frente al otro, se miraban fijamente. Uno sostenía una larga espada ancha, mientras que el otro llevaba una daga en cada mano. Eran Kevin y Jin respectivamente. Ambos respiraban con dificultad y gotas de sudor les resbalaban por las mejillas. Al bajar el cuerpo, Jin se fundió lentamente con las sombras. Entrecerrando los ojos y mirando a Jin, que acababa de desvanecerse en las sombras, Kevin cerró los ojos y calmó su respiración. Durante los siguientes segundos, aparte del sonido irregular de su sudor al caer al suelo, no se oyó ningún otro sonido. Kevin abrió los ojos de repente. Dándose la vuelta, blandió la espada ancha. -¡Clang! Saltaron chispas en el aire cuando el cuerpo de la espada ancha entró en contacto con ambas dagas. "¡Feliz!" Kevin apoyó el pie en el suelo y gritó con fuerza mientras los músculos de sus brazos se tensaban. Dio un paso al frente, blandió la espada con potencia y empujó a Jin un par de metros hacia atrás. "…khh" Al ser empujado hacia atrás, un leve gemido escapó de la boca de Jin. Mirando con indiferencia a Kevin, hizo girar las dagas alrededor de su mano. Luego, alzando la mano derecha, inclinó el cuerpo hacia atrás y arrojó la daga. -¡Swoosh! Un silbido rasgó el aire. La daga era tan veloz que solo se alcanzaba a ver un destello de luz. Entrecerrando los ojos y mirando fijamente la daga que se aproximaba, Kevin inclinó la espada ancha verticalmente. -¡Clang! "¡kuhk!" Al bloquear la daga con el cuerpo de la espada ancha, saltaron chispas en el aire mientras un pequeño gruñido escapó de los labios de Kevin. En el momento en que Kevin bloqueó la daga, Jin apareció repentinamente detrás de él. Con la daga en la mano, la blandió. "Mierda." Maldiciendo, Kevin supo que estaba en problemas. Apretando los dientes, en lugar de mover la espada entera, inclinó la muñeca y movió la empuñadura. Junto a su mejilla. -¡Tin! "¡Caqui!" Apenas logró evitar que la daga de Jin le impactara en la cara; sin embargo, el retroceso del bloqueo le golpeó directamente en el rostro, aturdiéndolo un poco. Aprovechando la oportunidad, Jin giró el torso 180 grados en el aire. Empuñando la daga con el dorso de la mano, la punta se acercó rápidamente al otro lado del rostro de Kevin. Kevin, mirando fijamente la daga que tenía al lado de los ojos, volvió a maldecir. "Mierda." -¡Clap! "Vale, ya basta. Jin ha ganado." Donna, de pie en un rincón de la habitación, dio una palmada. En ese instante, una pequeña onda expansiva recorrió el lugar, alejando a Jin de Kevin. Donna miró a Kevin y a Jin con exasperación. "Ya lo he dicho antes, pero esto es un entrenamiento ligero, no están aquí para matarse. Si quieren hacerlo, no lo hagan mientras yo esté presente." "Haaa…" Kevin se desplomó en el suelo y dejó caer la espada. Con la respiración agitada, levantó la cabeza y felicitó a Jin. "¡Enhorabuena por tu victoria!" De pie frente a Kevin, Jin recogió con indiferencia su daga del suelo. Luego le echó una breve mirada a Kevin. "...¿Ganar qué? Sé que todavía no te acostumbras a la espada ancha." "Bueno, una pérdida sigue siendo una pérdida." Durante los dos últimos meses, Kevin había estado cambiando de arma, pasando de una espada normal a una espada ancha. A pesar de su inexperiencia con la espada ancha, logró dominarla rápidamente hasta cierto punto, e incluso aunque no era tan fuerte con ella, seguía siendo una fuerza a tener en cuenta. Por supuesto, eso solo era aplicable si su oponente no estaba al mismo nivel que Jin. Al enfrentarse a un oponente del nivel de Jin, su inexperiencia era bastante evidente. "Voy a clase." Tras echar una última mirada a Kevin en el suelo y guardar sus dagas, Jin salió tranquilamente del campo de entrenamiento. —Kevin, tú también deberías volver —dijo Donna—. La clase empieza en una hora, así que dúchate y cámbiate. "Sí." Al escuchar a Donna, Kevin se levantó y se marchó del mismo modo que se había marchado Jin. "haaa…" Donna contempló la figura de Kevin alejándose y suspiró. A pesar de que Kevin intentaba aparentar estar bien, Donna sabía que aún no se había recuperado de la muerte de Ren. Él y Jin cambiaron drásticamente después de 'ese' evento. Aunque habían entrenado mucho antes, de alguna manera la muerte de Ren había encendido en su interior una llama que los impulsó a esforzarse por alcanzar la fuerza. El mes pasado, ambos estuvieron a punto de alcanzar el rango. Les faltó muy poco, y para finales de año, ella estimó que ambos lo lograrían, antes de alcanzar el rango al final de su tercer año. Su nivel de mejora dejó a Donna realmente asombrada. En cuanto a talento, no había nadie que pudiera igualarlos. Eran unos auténticos monstruos. “…no, en realidad, había alguien más que podría haber rivalizado con su talento.” Tiempo pasado. Antes había alguien que podía rivalizar con Jin y Kevin en cuanto a talento. …pero lamentablemente, dicha persona ya no estaba presente. Si hubiera sido él, Donna no dudaba de que Kevin y Jin les habrían dado mucha guerra. Lamentablemente, eso ya no era posible. Al recordar los momentos previos a la muerte de Ren, la mirada de Donna se ensombreció. Si dijera que su muerte no la había afectado en lo más mínimo, estaría mintiendo. Tras haber pasado mucho tiempo con Ren durante sus días de entrenamiento, Donna se había encariñado bastante con él. Al igual que a Kevin, su muerte la había afectado profundamente. Se volvió más estricta con sus alumnos y decidió dedicar todos sus esfuerzos a su formación para que tales incidentes no volvieran a ocurrir. Desafortunadamente, a diferencia de antes, ahora estaba sola de nuevo. Mónica ya no estaba en la academia, y la última vez que supo de ella fue hace aproximadamente un mes. Últimamente las cosas han estado bastante agitadas en el sindicato, especialmente porque en estos momentos hay una guerra. Una que era prácticamente conocida por todo el mundo. El Monolito contra la Unión. Tras el incidente ocurrido en la esclusa, la Unión se enfureció enormemente, y a partir de ahí, estalló una guerra sin cuartel entre los dos gigantes. Mónica, al ser una de las personas más fuertes del sindicato, tenía que participar en la guerra. Por ello, siempre estaba demasiado ocupada para hablar con ella, y mucho menos para ayudarla a entrenar a Jin y Kevin. "...En realidad, me pregunto cómo estará Mónica." Donna se recogió el pelo detrás de la cabeza y murmuró. “Voy a intentar llamarla”. Donna sacó su teléfono personal y marcó un número. “…Espero que no esté muy ocupada. Quiero saber cómo está la situación por allá”. * * * Ta.Ta.Ta.Ta.Ta. Se oía el sonido rítmico y repetitivo de las teclas al ser pulsadas. "Da, dum, da, dum~" En una habitación bastante grande, Ryan estaba sentado en un sillón de cuero negro que le doblaba el tamaño. Frente a él había cinco pantallas. Con las piernas apoyadas en el sillón, la mirada de Ryan recorría rápidamente los monitores. Esto continuó durante aproximadamente una hora. Tras un rato, rascándose la nuca, se dio la vuelta y pidió disculpas. "...Mmm, lo siento, pero no hay ninguna coincidencia." "¿No hay coincidencia? ¿Estás seguro?" "Positivo." —Haaa… —PequeñaSerpiente, que estaba tumbado en un pequeño sofá gris en la habitación de Ryan, dejó escapar un largo suspiro—. ¿Cuántas veces lo has comprobado? "Once, no hay rastro de él." —Mmm —murmuró PequeñaSerpiente, masajeándose la cabeza—. ¿Dónde demonios estás? Habían transcurrido cinco meses desde la desaparición de Ren. Desde entonces, las cosas ya no eran iguales. Aunque seguían unidos, era solo por contrato; en realidad no hacían nada aparte de entrenar y holgazanear. PequeñaSerpiente aún recordaba haber visto la transmisión en vivo donde murió Ren como si hubiera sido ayer. Mientras observaba la transmisión, se llevó el susto de su vida. Ese día, creyó seriamente que Ren había muerto. …pero, contrariamente a lo que esperaba, Ren no había muerto. Estaba seguro de ello, ¿por qué? Por el contrato de maná que él y cada uno de los miembros de Caissa habían firmado. Si hubiera muerto, el contrato habría quedado anulado hacía tiempo. Como no murió, significaba que estaba vivo. Al saber que estaba vivo, PequeñaSerpiente empezó a albergar la esperanza de su regreso. Con la ayuda de Ryan, PequeñaSerpiente creó un código que burlaba la mayoría de las cámaras de seguridad públicas de la ciudad de Ashton. Desde allí, utilizando un software de reconocimiento facial, revisó las numerosas cámaras de la ciudad de Ashton con la esperanza de encontrar a alguien que coincidiera con las descripciones de Ren. Desafortunadamente, a pesar de todos sus intentos, no pudo encontrar a Ren. Aun así, no se rindió. Ren era el pilar de Caissa. Sin él, todo se iría al traste. Tenía que encontrarlo. —Haz otra revisión —ordenó PequeñaSerpiente mientras miraba a Ryan—. Esta vez, elimina a cualquiera que sea gordo y alto. Conserva a cualquiera que tenga una complexión similar a la de Ren. "Sí." Acostumbrado a esto, Ryan volvió su atención a los monitores y tecleó en el teclado. De vez en cuando, Ryan empezaba a morderse las uñas, lo que provocaba que PequeñaSerpiente lo regañara. "Oye, ¿cuántas veces te he dicho que eso no es bueno para ti?" "Lo siento." Ta.Ta.Ta.Ta.Ta. Mientras Ryan programaba, PequeñaSerpiente se puso de pie y se dirigió al campo de entrenamiento, donde una figura misteriosa estaba sentada en el centro. A su alrededor giraba una especie de energía negra tangible. Al entrar en la habitación, PequeñaSerpiente preguntó: “Angelica, ¿tienes alguna idea de dónde está Ren?”. Tras tanto tiempo transcurrido y sin resultados, PequeñaSerpiente empezó a dudar de la vida de Ren. Aunque el contrato estipulaba lo contrario, no lograba comprender cómo había sobrevivido a la explosión. Era, sencillamente, imposible. Aun así, sabía que era una preocupación innecesaria. Al abrir los ojos, un rastro de disgusto cruzó la mirada de Angélica al detenerse en PequeñaSerpiente, que estaba de pie frente a ella. "Si lo hubiera sabido, ¿crees que me quedaría aquí contigo?" —Sí, es cierto, olvídalo —dijo Serpiente Pequeña con una sonrisa amarga antes de mirar a su alrededor y preguntar—: Por cierto, ¿dónde está Leopoldo? No lo veo por ninguna parte. Angélica cerró los ojos y respondió. Mientras hablaba, el disgusto en su voz se hizo aún más evidente. "El humano bestial está afuera, chupando ese palo de fuego." "¿Palo de fuego? ¿Te refieres a cigarrillo?" Angélica abrió los ojos y fulminó con la mirada. "Me da igual, deja de molestarme." "haaa…" Ante la mirada fulminante de Angélica, PequeñaSerpiente salió rápidamente de la sala de entrenamiento. Dejando escapar un suspiro, murmuró algo. "Ren, estés donde estés, por favor, regresa pronto." Estaba empezando a perder la cabeza. * * * El sindicato, piso 76. ¡Malditos bastardos, me hacen trabajar 7 días a la semana! Aunque soy poderoso, sigo siendo humano. Sentada detrás de un escritorio, Mónica murmuró en voz alta mientras golpeaba con una pequeña goma de borrar la superficie del escritorio. Aunque Mónica dijo eso, en realidad no estaba enfadada. Un poco cansada, sí, pero por lo demás, no le molestaba el hecho de trabajar siete días a la semana. Ella sabía perfectamente lo importante que era su misión actual. En ese momento se encontraban en una situación muy delicada. Hacía apenas unas semanas que habían logrado encontrar la forma de acceder al Monolito. Si bien no podían enviar a nadie directamente allí debido al peligro que suponía y a que se desconocía su ubicación, la Unión contaba con un arma secreta. Un artefacto especial que podía crear una pequeña puerta que los guiaba hacia un lugar determinado siempre y cuando tuvieran una imagen visual del sitio. En cuanto a la imagen, la obtuvieron extrayendo los recuerdos de varios villanos que capturaron. Ese artefacto era el arma secreta de la Unión, y con él planeaban enviar una pequeña unidad directamente al Monolito, con la esperanza de crear el mayor caos posible. 'Ojo por ojo, diente por diente' Eso fue lo que dijeron los altos mandos durante la reunión. Por supuesto, los artefactos tenían muchas limitaciones, como el número limitado de personas que podían entrar y el período de espera, pero dada la situación, sin duda era la mejor arma que podían tener para asestarle finalmente un golpe devastador al Monolito. “¡Malditos locos!”. Al recordar los detalles del plan, Mónica hizo un puchero con fastidio. “¿Por qué no me dejan unirme al escuadrón de infiltración?”. Desafortunadamente para Monica, mientras la Unión planeaba enviar a alguien a infiltrarse en el Monolito, a ella le asignaron una misión diferente. …y eso era para llamar la atención de los altos mandos del Monolito, con el fin de facilitar la situación al escuadrón que planeaban enviar. Con la cabeza apoyada en el escritorio, murmuró. "¡Hombre, ¿por qué esos viejos cabrones no me dejan unirme a la diversión? Yo... ¿Eh?" —¡Ring! —¡Ring! El sonido del teléfono de Mónica la interrumpió. Al sacarlo y ver el identificador de llamadas, contestó con una sonrisa pícara. ¿Eres tú, Donna? ¿Quizás me echaste de menos? —¿Qué? Ah… sí, sí. Te extrañé muchísimo. —Qué amable de tu parte —bromeó Mónica—. ¿Y para qué me llamaste? Casi podía imaginarse a Donna poniendo los ojos en blanco dentro de su mente. —No… nada en realidad, es solo que no he tenido noticias tuyas en un mes, ¿pasó algo? Ante la pregunta de Donna, a Monica le tembló la boca y el tono de su voz se elevó. "Eh... ¿no?" —Así que sí que pasó algo. La expresión de Donna se volvió severa. —Cuéntalo. —¡Maldita sea! —Una sonrisa de derrota apareció en los labios de Mónica mientras murmuraba—. Tan aguda como siempre. —Bueno… no, en realidad no, es solo que eres demasiado fácil de leer. "¡Uf, eso duele!" Por desgracia para Mónica, las palabras de Donna tenían algo de cierto. Le costaba mucho ocultar secretos, pues su rostro siempre la delataba. Por suerte, esto solo le pasó a Donna. Si hubiera sido otra persona, habría podido mantener una expresión estoica. —Bueno, basta de bromas, ¿de verdad pasó algo? La voz severa de Donna resonó a través del altavoz del teléfono. Un dejo de preocupación se mezclaba en su voz severa. —En ese caso, ¿hay algo en lo que pueda ayudar? —Mmm… —murmuró Mónica mientras jugaba con la goma sobre la mesa—. No puedo decir mucho, pero lo único que puedo decirte es que estamos planeando algo grande. —¿Algo importante? Donna preguntó. "Mhm, lo siento, aunque seas tú, no puedo decir mucho." Se trataba de una operación ultrasecreta que la Unión iba a llevar a cabo. Aunque confiaba plenamente en Donna, no podía decir nada. Donna pareció haber comprendido también este punto, ya que no insistió más en el asunto. —Entiendo. Buena suerte con tu misión. "Gracias, ¿hay algo más que quieras preguntar?" —Bueno, iba a preguntarte si te gustaría venir a ayudarme a entrenar a Jin y Kevin, pero por lo que veo, vas a estar bastante ocupado. "Sí, lo siento. La verdad es que no creo que esté disponible durante bastante tiempo." La operación iba a ser muy arriesgada. Requería mucha planificación y podía tardar desde un mes hasta dos años en completarse. Al golpear suavemente la goma sobre la mesa, los ojos de Mónica se iluminaron de repente al pensar en algo. “…Creo que deberíamos tomar algo antes de que me vaya, ¿qué te parece?” —…Me gusta cómo suena eso. —Genial —dijo Mónica, levantándose de repente de su asiento—. Hagámoslo ahora mismo. —¿Qué? ¿Ahora? "Sí, espérame, Donna, ya voy." —Espera, ¿qué estás haciendo? ¡Ta Tak—! Antes de que Donna pudiera responder, Monica ya había colgado. Cogiendo una chaqueta roja que estaba sobre el respaldo de su asiento, se dirigió rápidamente a la puerta. "No se quejarán, ¿verdad? Bah, ¿a quién le importa? Me merezco un pequeño descanso." -¡Clang! Tras cerrar la puerta, Mónica salió rápidamente de su oficina.
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Estás leyendo el capítulo 269 de Punto de Vista del Autor (Novela), un novela. La persona alrededor de la cual gira el mundo. La persona que derrota a todos sus oponentes y, al final, se queda con la chica guapa. La única existencia que todos los villanos temen. Ese es el protagonista. ¿Y yo qué?… Este capítulo tiene publicado el 7 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Punto de Vista del Autor (Novela) tiene 861 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.