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Leer Puerta de la Inmortalidad (Novela) Capítulo 1014 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La gran sacerdotisa bruja golpeó el suelo con el pie, transformándose en un rayo de luz evasiva que se elevó hacia arriba. El Viejo Colmillo del Diablo y los demás cultivadores la siguieron de cerca. Poco después, llegaron a un valle misterioso. El valle estaba completamente silencioso, no se veía ni un alma. Recorriendo con la mirada la zona, la gran sacerdotisa bruja se lanzó hacia lo más profundo del valle, donde se detuvo ante una antigua barrera entre dos imponentes acantilados. El interior del valle era de una oscuridad absoluta, como la boca de un abismo. Ese resplandor negro estaba formado por incontables filamentos delgados, extensiones de la antigua barrera incrustada en los acantilados. Los hilos se entrecruzaban densamente, sellando por completo la entrada del valle. Eran finos como cabellos, etéreos, pero letales. Los cultivadores humanos palidecieron al verlos, sin atreverse a acercarse a un solo hilo. Este lugar ya se había cobrado la vida de muchos. Por suerte, la barrera permanecía inactiva a menos que alguien la traspasara. «La Torre del Cielo es claramente la ruina de una antigua secta humana de espadachines. ¿Por qué se escondería aquí una reliquia de la raza de las brujas?». De pie frente a la barrera, el Viejo Colmillo del Diablo aún albergaba dudas. La gran sacerdotisa bruja fijó su mirada en las profundidades de la barrera y dijo con calma: «¿Quién puede decir si los humanos y nuestra raza de brujas fueron enemigos o aliados en la antigüedad? Dentro del Salón de las Siete Muertes, no solo quedan restos de cultivadores humanos, sino también rastros de las razas de brujas y demonios. El hecho de que podamos cultivar las artes humanas ya demuestra algo. Y si bien los humanos no pueden descifrar estas barreras, nuestra raza de brujas sí podría». Mientras hablaba, la gran bruja sacerdotisa giró la palma de su mano y sacó dos tesoros negros con forma de clavo. Al imbuirlas con su verdadera esencia, las uñas comenzaron a brillar con un tenue resplandor azul celeste desde su interior, revelando intrincadas runas azules. En las puntas afiladas de las uñas, pequeños torbellinos comenzaron a formarse, girando cada vez más rápido hasta adquirir un brillante color azul celeste. "La última vez que vine aquí fue una experiencia peligrosa, y no conseguí nada. Fue porque no pude librarme de Lingzhuzi. Con él acechando cerca, no pude sacar estos dos Clavos del Viento y tuve que recurrir a otros medios. Sin embargo, este tesoro es la llave perfecta, ya que puede contener la barrera mejor que cualquier otra cosa." La gran bruja sacerdotisa chasqueó el dedo. "¡Vete!" ¡Bang! ¡Bang! Los dos clavos salieron disparados hacia adelante, incrustándose profundamente en los acantilados a ambos lados. Los muros de piedra temblaron violentamente. La luz negra del interior se agitaba como agua negra y espesa a punto de estallar. Un vendaval violento surgió repentinamente del valle, cuyo epicentro se encontraba donde habían aterrizado los dos Clavos del Viento. La gran bruja sacerdotisa formó sellos con las manos, vertiendo todo su poder en la activación de los tesoros. Gradualmente, la luz negra que iluminaba los acantilados se fue atenuando. Muchos de los hilos entrecruzados se desvanecieron por completo. En un instante, la densa red de líneas negras se redujo drásticamente. Si bien seguían siendo peligrosas, ya no representaban una amenaza para cultivadores de su nivel. Aun así, la gran sacerdotisa bruja, a pesar de su vasto cultivo, se sentía algo agotada. Se giró hacia dos ancianas hechiceras que estaban detrás de ella. "Anciana Feng, Anciana Yue, quédense aquí. No dejen que los cultivadores humanos se apoderen de las Agujas del Viento." Los ancianos dijeron solemnemente: «Tenga la seguridad, Gran Sacerdote Brujo. Defenderemos este lugar con nuestras vidas si es necesario». Soltó una risita. «No hay necesidad de morir en vano. Si los humanos se acercan antes de nuestro regreso, escóndanse con las uñas. Esperen a que se vayan antes de volver». "¡Sí!" Uno de los ancianos estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo, mientras que el otro salió rápidamente del valle para vigilar. Tras realizar todos los preparativos, el gran sacerdote brujo asintió con la cabeza a Viejo Colmillo del Diablo y condujo al resto hacia la barrera. Los hilos negros en su interior permanecían caóticos y peligrosos. El grupo avanzaba con cautela, abriéndose paso entre los estrechos huecos que los separaban mientras se adentraban más. El valle se extendía mucho más allá de lo que esperaban. Bajo sus pies había roca desnuda, y sobre ellos se alzaba una altura invisible. Parecía que caminaban por el interior de un desfiladero enorme. Aparte de los hilos negros, no existía nada más. El gran sacerdote brujo y el Viejo Colmillo del Diablo tomaron la delantera, mientras que los demás los siguieron en silencio, manteniendo una amplia distancia entre sí para evitar activar la barrera por error. Tras recorrer cierta distancia, la gran sacerdotisa bruja se detuvo de repente. Miró a su alrededor, luego se pasó la mano por la cintura y sacó un disco de piedra de un negro intenso grabado con unos pocos símbolos sencillos. Levantándola con una mano, comenzó a recitar un conjuro enigmático. Intrincados tatuajes cobraron vida en su pálida muñeca, delicada pero llena de poder. A nadie le sorprendió. Esos tatuajes representaban patrones divinos, la verdadera fuente de la fuerza de la raza de las brujas, junto con sus gu de insectos ligados a la vida. Lamentablemente, el camino de los patrones divinos había alcanzado su límite hacía tiempo, sin poder superar el Reino de Refinamiento del Qi humano. Todas las brujas cultivadoras presentes habían estudiado alguna vez el camino de los patrones divinos, pero ninguna lo había logrado. Por el contrario, el gu de insecto ligado a la vida prometía. Algunos incluso habían vislumbrado un nuevo Gran Dao a través de él. Ante ese pensamiento, varios cultivadores brujos miraron instintivamente hacia el Viejo Colmillo del Diablo. Había abandonado su cuerpo humano, fusionándose con un gu insectoide para trascender sus límites. Este acto fue escandaloso incluso para la raza de las brujas. Pero si eso le otorgaba una mayor probabilidad de alcanzar el Reino Infantil Espiritual, muchos habrían tomado la misma decisión. Después de eso, el Viejo Colmillo del Diablo se volvió cada vez más solitario, cultivando en la Cueva de la Cigarra Espiritual, sin tener discípulos y sin compartir ninguno de sus secretos. Nadie sabía si transmitiría sus técnicas prohibidas a las futuras generaciones tras su muerte. El mismísimo Viejo Colmillo del Diablo permaneció en silencio, limitándose a observar las acciones del gran sacerdote brujo. ¡Ding! El disco de piedra tembló en su mano. Mientras invocaba el poder de sus patrones divinos, innumerables hilos de lluvia caían a su alrededor, cubriendo el aire con un brillo brumoso. Parecía hermoso, como una doncella danzando bajo la lluvia, pero todo sucedía en el corazón de una antigua y letal barrera. Las gotas de lluvia rozaron los hilos negros, rozándolos por un margen mínimo. Su dominio era exquisito, preciso hasta la perfección. Gota... Gota... La lluvia se acumulaba dentro del disco de piedra. Los extraños símbolos grabados en él comenzaron a brillar y a cambiar de color, como si cobraran vida. Dentro del disco, las olas se agitaban como un mar embravecido. El gran sacerdote brujo extendió un dedo y agitó ligeramente las aguas. Las olas rodaron hacia un borde del disco, chocando contra su aro, intentando desbordarse hacia afuera pero sin poder atravesarlo. Al ver esto, la gran sacerdotisa bruja alzó la cabeza, con los ojos brillantes. "¡Está ahí!" El grupo se puso en marcha de inmediato. El gran sacerdote brujo iba a la cabeza, disco de piedra en mano. El Viejo Colmillo del Diablo los rodeaba como vigía, listo para prevenir cualquier percance que pudiera perturbar al gran sacerdote brujo. Caminaron así durante un buen rato. No encontraron nada, y justo cuando la impaciencia comenzaba a apoderarse de ellos, apareció una visión inesperada. Delante de ellos, los hilos negros que formaban la barrera se desvanecieron en el aire, revelando una sala circular de piedra sin placa ni rastro de escritura. Desgastada y con manchas, la sala desprendía un aura antigua, claramente ajena a la época actual. Tras una breve inspección, encontraron la entrada. Era una enorme losa de piedra oblonga. Como una estela gigante, se erguía ante ellos como la puerta de entrada al salón. En el centro de la losa había un hueco circular. Todos se percataron de algo al instante, y sus miradas se dirigieron al disco de piedra que sostenía el gran sacerdote brujo. El hueco y el disco eran del mismo tamaño. La gran sacerdotisa bruja vaciló un instante, dio un paso al frente y no colocó inmediatamente el disco en su sitio. En cambio, extendió una mano y rozó ligeramente la estela de piedra con la punta del dedo, tanteando con cautela la barrera que se encontraba dentro del salón de piedra.
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Estás leyendo el capítulo 1014 de Puerta de la Inmortalidad (Novela), un novela. Un joven mortal tropezó accidentalmente con el camino de la inmortalidad y luchó por avanzar en el arduo viaje de la búsqueda de la inmortalidad. El camino hacia la inmortalidad es más difícil que alcanzar los cielos,… Este capítulo tiene publicado el 27 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Puerta de la Inmortalidad (Novela) tiene 1269 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.