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Leer Por favor! ¡Déjame morir! (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

Capítulo uno. El bufón. El día estaba nublado. La lluvia caía sobre toda la ciudad y el ambiente se sentía frío. La gente circulaba con normalidad, cada quien absorto en su propio destino, cubriéndose del diluvio bajo sus paraguas. En medio de ellos, una chica de cabello negro y corte algo rebelde caminaba con la mirada baja, dejando que la lluvia la empapara por completo. Sus ojos grises bellos, pero muertos ni siquiera se molestaban en buscar refugio; parecía no importarle en absoluto. A su alrededor, la gente la ignoraba, apartando la vista antes de seguir su camino, como si mojarse fuera un problema exclusivamente suyo. Ella siguió así todo el trayecto, con la cabeza gacha, hasta llegar a un edificio de apartamentos viejo y descuidado. Entró y comenzó a subir las escaleras, dejando un rastro de agua tras de sí. Subió cinco pisos y se detuvo frente a una puerta blanca, ya maltratada por el tiempo. Con las manos temblando de frío, sacó de su bolsillo un llavero con forma de gato, eligió una llave y abrió. Se quitó la mochila bonita alguna vez, ahora vieja, descuidada y empapada como ella y la dejó caer en la entrada antes de adentrarse en el departamento. El lugar tenía pocos muebles y era diminuto. Latas de cerveza vacías se acumulaban por todos lados, y sobre la mesa descansaba un pequeño recipiente lleno de colillas de cigarro. Se dejó caer en el sillón, recostada apenas, la mirada perdida en el techo. Sus ojos cansados y fastidiados dejaban ver el rastro del maquillaje corrido, manchándole el rostro como si hubiera llorado hace horas y ya ni lo recordara. Mientras seguía ahí, en silencio, sintió una vibración en el bolsillo. Sacó el celular. Un mensaje. \-Hola, soy Ana. Después de un largo proceso y análisis, hemos concluido que no eres lo que buscamos para el puesto de cajera y ayudante general de nuestra tienda departamental, debido a la falta de experiencia que posees en el área. De igual manera, agradecemos tu entusiasmo e interés por la vacante. Te deseamos la mejor de las suertes. Buenas noches :). Sonrió con ironía, como si ya lo hubiera estado esperando. Como si ya se hubiera acostumbrado. Volvió a meter la mano al bolsillo, esta vez sacó un cigarro arrugado y húmedo, junto con un encendedor. Se lo llevó a la boca e intentó prenderlo, pero el encendedor no cooperaba. Lo intentó una y otra vez, cada chispazo fallido más violento que el anterior, hasta que perdió la paciencia: azotó el encendedor contra la mesa y se arrancó el cigarro de la boca para lanzarlo lejos con rabia. Se sentó al filo del sillón, la mirada clavada en el suelo, las manos enterradas en el cabello, tirando de él con fuerza. Estaba frustrada. Lágrimas ligeras empezaron a brotar de frustración, de impotencia. Por fin, algo de emoción se abría paso. Apartó el cabello que le cubría los ojos y levantó la vista despacio hacia la pared, donde colgaba un cuadro con un papel enmarcado. Decía: \*La Universidad Nacional de la Ciudad de México otorga a Aurora Altair García Martínez el título de licenciatura en Diseño Gráfico.\* Al verlo, algo en ella estalló. Se levantó, se lanzó contra el cuadro, lo arrancó de la pared y lo estampó contra el suelo con una violencia que hizo volar los vidrios en todas direcciones. Se quedó ahí un segundo, mirando el marco destrozado y la foto que asomaba entre los restos: ella sonriendo, junto a esas palabras que ahora le pesaban como una burla. Algo se le apretó en el pecho al reconocer esa cara feliz. Miró a su alrededor, el departamento, la vida que llevaba, todo lo que era en ese preciso instante. \-Supongo que es ahora -dijo, con la voz ya sin fuerzas. Caminó hacia la cocina. Abrió un cajón junto a la estufa y sacó un arma. Después fue al refrigerador, casi vacío unas cervezas, algunas verduras, queso, y una botella de vino que parecía cara. Tomó la botella, buscó un vaso de plástico en la alacena y regresó al sillón. Dejó todo sobre la mesa: el arma, el vaso, la botella. Sirvió un poco de vino. Sacó otro cigarro del bolsillo, tomó el encendedor, y esta vez sí prendió a la primera. Fumó, dejó salir el humo despacio, bebió un trago. No pensó en nada. Solo repitió el gesto una y otra vez fumar, beber, fumar, beber hasta que el vaso quedó vacío y el cigarro se consumió del todo. Dejó el vaso sobre la mesa, apagó la colilla en el recipiente, y tomó el arma. Se la llevó a la cabeza. Volvió a recostarse, la mirada fija en el techo, y de su boca salieron unas últimas palabras cansadas, cargadas de rencor, tristeza y miedo: \-Jódanse todos. Jaló el gatillo. Lo último que escuchó fue un estruendo. Y para Altair, todo se volvió oscuridad. Su cuerpo se sintió liviano, suave como una pluma, en paz. Pero en medio de esa calma, un sinfín de olores comenzó a llegarle: mantequilla, algodón de azúcar, un rastro de humo como el de los fuegos artificiales. Algo pequeño y frío empezó a caerle sobre el rostro. Abrió los ojos. Ya no estaba el techo del departamento. Se tocó la cara y recogió lo que le había caído: confeti. Se sentó de golpe, aturdida, girando la cabeza en todas direcciones. Lo que veía parecía imposible: carpas, juegos, puestos de palomitas y algodón de azúcar, juegos mecánicos, luces, globos, confeti flotando en el aire. Una especie de carnaval o circo, pero descuidado, abandonado, casi tétrico. Se puso de pie sin entender nada. Estaba segura de una cosa: había jalado el gatillo. Había estado en su sillón, en su departamento. Y ahora estaba aquí. \-¿Estoy soñando? -se preguntó en voz baja. De pronto, una explosión resonó en el cielo, arrancándole un pequeño salto del susto. Levantó la vista y vio fuegos artificiales estallando en lo alto, uno de ellos formando una flecha roja que apuntaba hacia abajo, hacia un punto exacto. Siguió la dirección con la mirada y encontró, en medio de todo, una carpa de circo gigantesca. Otra explosión iluminó el cielo, esta vez formando unas palabras: \*ven aquí.\* No entendía nada, pero la curiosidad pudo más que el miedo. Caminó a través de aquel lugar hasta llegar a la carpa, y entró con cautela. Apenas puso un pie adentro, una voz alegre, fuerte y elocuente resonó por todo el espacio: \-Bienvenida, bienvenida seas, joven viajera. En el centro de la carpa, un bufón de máscara blanca y sonrisa pintada, vestido con ropas brillantes y pomposas, bailaba dando vueltas por el escenario. Sus movimientos eran vistosos, casi incómodos de ver. De pronto dio un gran salto, encadenó varias volteretas en el aire e hizo aparecer, de la nada, una enorme pelota roja bajo sus pies, en la que cayó parado a la perfección, con un equilibrio imposible. Me vio. Hizo una reverencia. \-Déjeme presentarme, encantadora señorita. Mi nombre es Astriel, y le doy la bienvenida a mi casa de la felicidad y la alegría. Un lugar que, sin duda, la hará sonreír.
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Por favor! ¡Déjame morir! (Novela) Capítulo 1

Estás leyendo el capítulo 1 de Por favor! ¡Déjame morir! (Novela), un novela. Altair es una joven aplastada por el peso de la vida y por una sociedad en la que nunca logró encontrar su lugar. Después de años de fracasos, decepciones y cansancio, finalmente toma la decisión más difícil de todas:… Este capítulo tiene publicado el 25 de agosto de 2026. Por favor! ¡Déjame morir! (Novela) tiene 1 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.