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Leer Pocket Mirror (Novela) Capítulo 75 online gratis en español

🏴 Grupo: Kappoff00✍️ Traducción: Kappoff00
Arthur atravesó la brecha espacial; esperaba encontrar una habitación destrozada, con Zhu Qing y Alexei tratando de matarse el uno al otro mientras Lawrence les lanzaba dinero, pero no fue así. En una imponente sala circular, tan blanca que uno creería estar en el pico de una montaña nevada, las tres cabezas de los operadores se reunían alrededor de una mesa de cristal. Lo que más resaltaba en la habitación de reuniones de la asa Vasíliev, además de las decoraciones excesivamente costosas con aquellos floreros, candelabros de oro con joyas incrustadas, cuadros que seguramente costaban una fortuna, era que Alexei se recostaba en un trono dorado, con diamantas en sus antebrazos. Un experto derrochador. —Cada que lo veo, siento que tratas de compensar algo. —¿Y si mejor vas a tratar de compensar el tiempo perdido con tu hija? —Alexei tomó de la mesa una botella de vodka, sirviéndola en una copa de cristal. Lawrence cerró sus ojos, pensando en una cosa tras otra, buscando no reírse de aquella broma que cambió por completo la expresión serena de Arthur. Incluso a Zhu Qing se le escapó una leve sonrisa. —Ya no es gracioso una vez encuentran donde te duele, ¿No crees? —Dejen de ser niños por cinco minutos. Por favor. —Interfirió Qing, borrando la sonrisa en su cara. —Pero te reíste. —Alexei levantó su mano, señalando los carnosos labios pintados de rojo de la mujer asiática que desaprobaba su existencia con la mirada. —Regresemos con lo nuestro, ¿sí? —Lawrence hizo un ademán con su mano, apurando a los otros dos grandes líderes del congreso. Arthur se sentó en un sofá cercano a la mesa. Trató de acomodarse, sin poder ignorar lo molesto que era sentir joyas incrustadas en la madera del espaldar. Tomó una almohadilla cercana colocándola en su espalda. Sergei entró en silencio a la habitación, sentándose junto a él, repitiendo lo mismo con la almohadilla sobrante. Saludó a Arthur, llevándose una mano a su pecho. Un saludo muy típico de los Operadores. —Arthur. —Sergei. —Se puede sentir la tensión sexual entre ellos. —Alexei levantó su mano, señalando al dúo con su pulgar, llevándose una extraña mirada de todos los presentes— Aish, uno no puede hacer una maldita broma. —Basta de juegos. —Zhu Qing interrumpió. Levantó de la mesa algunos papeles, cada uno con información de los miembros que enviarían a la operación liderada por Baskerville—. ¿Qué es esta mierda, Alexei? —Papeles, ¿No? —Hijo de puta. —Gruñó la asiática de ardiente vestido rojo y largo cabello negro. Esparció los papeles sobre la mesa, separando rápidamente a los miembros de su respectiva casa—. Estoy enviando a Lei Qiang, Ne Zha, Ao Bing y otros integrantes de mi hogar. Logan irá en persona con sus dos hijos mayores, Arthur, y su líder de mayordomos. Alexei bordeaba la copa de cristal con su dedo, alternando su mirada entre la bebida y Zhu Qing, asintiendo con la cabeza casi de manera mecanizada ante cada palabra. —Sí. Fantástico. Bien por ustedes. ¿Te doy un caramelo? —¿¡Qué es esta mierda que estás enviando!? —Ella lanzó los papeles correspondientes a los Vasíliev; la mitad eran mercenarios cualquiera contratados por la mansión, la otra operadores mediocres de los que nunca había oído hablar—. El único nombre verdaderamente llamativo que veo ahí es a Nick Deathfield. ¡Lo contrataste hace tres meses! —Sí, ya. Entiendo… ¿Y el punto? Lawrence reía entre dientes, negando con su cabeza en dirección a Arthur y Sergei, quienes se mantenían indiferentes a la escena de comedia improvisada por los jefes de las grandes casas. Lawrence se sintió algo desanimado al ser el único riéndose. «¿Cómo no se ríen? Estos dos no tienen alma». Pensó. Sacó un habano de su caja metálica, encendiéndolo con su propia aura, disparando un veloz y débil rayo a la punta del puro en su mano. —¿El punto? Baskerville está solicitando personalmente intervención directa de las tres casas para trabajar con él. No había ocurrido algo así desde hace ocho años, que tuvimos ese incidente con “El Mago”. Nosotros enviamos lo mejor que tenemos para demostrar nuestro total apoyo y tú envías a… Tú envías a Traperín el trapero. Zhu Qing negó con la cabeza, recostándose en el espaldar de su silla. Se frotó el tabique de la nariz, sin saber por qué se sorprendía cuando el descaro del rubio hace rato superó cualquier límite conocido. Alexei dio otro trago a su copa, revolviendo el vodka dentro de ella para terminar de quebrar la paciencia de la preciosa mujer de tercera edad. —¿Y? —preguntó burlón, dejando la copa en la mesa—. Estoy enviando a uno de mis mejores hombres. Nick tiene toda mi confianza; sé qué hará un trabajo maravilloso. —Eres un mierdas. —¿Lawrence? Me sorprende que estés de acuerdo, pero ¿Desde cuándo ustedes me pueden ordenar qué tipo de tropas tengo que enviar? —preguntó el ruso arqueando una ceja. Entrecerró sus brillantes ojos amarillos. No le interesaba que fuera el mismísimo Baskerville quien solicitara las tropas. Si era por él, le enviaría lo primero que encontrara y no fuera verdaderamente útil para los Vasíliev. —Oh, yo no estoy de su lado. Solo te digo la verdad, eres un cabrón. —Agregó Lawrence con una sonrisa. —Te estoy dando un consejo, inmunda basura humana inservible. —Zhu Qing trató de continuar, pero fue interrumpida por Alexei. —Cariño, no tienes que ser tan cruel. Llegar a los sesenta años vuelve amargados a todos. —¡No le envías lo primero que encuentras a Baskerville! Ten algo de respeto y mínimo envía a Sergei. —Ignoró sus palabras, tomando una copa para servirse algo de beber. Se volvería loca si continuaba escuchándolo sin algo de alcohol de por medio. —Madame Zhu —Sergei tomó la iniciativa, manteniendo una sonrisa forzada demasiado obvia para todo el que lo viera—. No importa si no tienen hazañas o no son conocidos. Nuestros hombres son más que capaces de ser de utilidad y mantener intacta la visión que se tiene sobre la casa Vasíliev. Jaja, de seguro Alexei le agradece su preocupación, pero sabemos muy bien lo que hacemos. La de ojos rojos rechinó los dientes por aquellas palabras vacías junto a esa sonrisa forzada que el alto hombre de traje oscuro le soltaba. Abandonó su intento de ayudar a Alexei; no tenía sentido preocuparse por el bienestar de una casa a la que ni su propio señor le interesaba. —Eres muy osado y temes poco a Baskerville a pesar de lo que ocurrió con Kira Vasíliev. La sonrisa de todos los presentes se esfumó luego de aquellas palabras mordaces. Zhu Qing bebió de su copa, siendo la única que sonrió a pesar de la gravedad de sus palabras. Por alguna razón el ardor del vodka bajando por su garganta fue más placentero que de costumbre. Todos los operadores mantuvieron la boca cerrada. Un tema así de sensible no era algo que se pudiera lanzar a la ligera, uno que solo conocían los cinco presentes en la sala, además del mismo Baskerville. —Bueno, cosas del pasado. ¿Por qué enviarás a tus niños, Lawrence? —Claramente afectado por aquellas palabras, Alexei cambió de tema, golpeando con sus nudillos suavemente la mesa de cristal. —Primero que todo, Luck creo será de mucha ayuda. Además, ya tiene veinte años; es hora de que se junte con los grandes. Debe estar acostumbrando a eso una vez le herede L.L Corp. —Lawrence sonrió, subiendo una pierna sobre la otra—. Fred irá por lo útil que será su operación dentro de la fortaleza de aura. Alice y Jazka simplemente son carnada, ya sabes, mientras más operadores, mejor, aunque no creo que hagan mucho y es probable que mueran. —Lindsy irá porque no dejará a Rachel sola en ningún momento. —Arthur robó las palabras de la boca de Lawrence. No estaba a gusto con esta idea; llevar a Rachel a un campo de guerra era lo que más quería evitar. —Puedes decirle que no vaya. —Burló Lawrence, siendo acompañado por la risa de Alexei. —Sí, claro. ¡De seguro Rachel va a hacerle caso! Jaja. Ni que tuviera derecho alguno para quejarse. Arthur ensombreció su mirada debajo de esos mechones teñidos de blanco. Sergei frunció el ceño al ser el primero en darse cuenta del repentino cambio de ambiente. —Es cierto que no estuve, pero sigue siendo mi hija, Alexei —Un aura blanca envolvió su cuerpo. Todos los presentes en la habitación lo imitaron—. Si tienes algún problema conmigo, sabes que podemos ir a resolverlo en un estadio como hombres. El ruso soltó una risa, mirando de reojo a los demás, buscando que también se burlaran del comentario de Arthur y su enojo repentino, pero nadie reía. Cuando se trataba de una invitación formal a un duelo, ni el más idiota de los operadores bromearía con algo como eso. Para un operador, su orgullo y apariencia ante el público lo eran todo, más si era un miembro importante de las tres casas. Ensuciarse de esa manera sería el final de su reputación; Alexei lo sabía, pues la casa Vasíliev recibió un duro golpe debido a la arrogancia de Andrei contra la hija novata de Arthur. —Vamos… Vamos, viejo —Alexei apagó su aura, levantando sus brazos—. No hay razones para que te enojes por esas cosas. Solo son chistes estúpidos y ya. Sabes cómo soy. —En nombre de Alexei, la casa Vasíliev le pide disculpas en caso de haberlo ofendido verdaderamente, señor Arthur. —Sergei se levantó de su asiento, apagando su aura de color magenta. Realizó una reverencia, bajando su cabeza en nombre de su líder—. Sabe que la cabeza de nuestra familia es un imbécil. Alexei reprimió un gruñido, bajando la cabeza ante el operador más fuerte de esta generación. Arthur apagó su aura, fingiendo que nada había pasado, por lo que los otros dos líderes hicieron lo mismo y continuaron con su conversación. —Bueno. Sí. Es verdad que Rachel no tiene algún tipo de experiencia, pero mientras siga órdenes y no trate de hacer estupidez alguna, está bien —Zhu Qing cerró sus ojos, sacando su abanico de mano para ventilarse—. Digo, ella liberó a esa cosa del espejo; al menos tiene que participar en el conflicto. —Es una niña, Qing. —Arthur inmediatamente saltó a defenderla. —¡Lo sé! Pero esto no es cuestión de hacer lo correcto o no, por lo poco que sé, ya que no es que me interese para nada la vida personal de tu mocosa; ella únicamente vino a cazarla y se siente culpable. Si no está ahí, jamás superará la culpa. Extrañado de que Zhu Qing dijera algo relacionado a Rachel con lo que estaba totalmente de acuerdo. Alexei asintió, mirando de reojo al operador más fuerte en la sala, que bajó su mirada, juntando las manos. Él lo sabía, todos lo sabían. —Simplemente es algo que ella tiene que hacer —dijo Arthur, resignándose. Rachel iría sin dudar al castillo Pidhirtsi—. Lawrence, si la pierdo de vista, debes cuidarla. No importa qué, tienes que protegerla. —Tienes mi palabra, hermano. La protegeré como si fuera mi hija. —De seguro, como la protegiste en Francia. —Una puñalada se la puede llevar cualquiera. —respondió alzando sus hombros, disfrutando de las risas de Alexei. —Eso es verdad… Pero bueno, váyanse de mi casa, me voy a poner a beber e invitar mujerzuelas. —Alexei se levantó de su trono repleto de joyas incrustadas. Toda esta reunión iría a un lado político y barrido si se alargaba más, por lo que la cortaría de una vez. —Salúdame a tu madre, Alexei. —Está en un burdel en el infierno, mínimo cobra más que la tuya, perro maldito. Lawrence se levantó, acomodando la banda verde que recorría su torso. Arthur brilló, creando un portal a la residencia Zhu. La asiática se levantó, asintiendo con la cabeza en agradecimiento al buen gesto de Arthur. —Lawrence, Alexei. Siempre es un espectáculo reunirme con ustedes. —Ojo, dijo espectáculo, no que lo disfrutara. Zhu Qing no dijo una palabra ante la obviedad de Lawrence, retirándose por el portal, que cambió poco después a la sala de la familia Logan, donde varios encargados de la limpieza trabajaban dirigidos por Louis Velvet. —Hola, Louise. Me alegra verte trabajando. —Lawrence cruzó el portal, sacándole el dedo del medio a Alexei en el proceso. —Me alegraría decirle lo mismo alguna vez, señor. —respondió ella con una pequeña sonrisa, tratando de sonar lo más respetuosa posible. —Arthur, cuida de que mis muchachos no se mueran, ¿Sí? —Alexei dirigió su mirada al más fuerte, que estaba por cruzar el portal. —Claro… —dijo antes de darse la vuelta, mirando a los ojos del sonriente ruso—. ¿Podrías enviar a Renate a la misión? —Jo~… No. —Alexei negó con la cabeza, disfrutando de cómo el desesperado hombre frente a él asintió, retirándose con Lawrence. Cuando el portal se cerró, Alexei señaló en dirección por donde se fueron, mirando divertido a Sergei, que dejó de sonreír de inmediato. —La hubiera enviado si no me hubiera amenazado por ese chiste tan malo. —Sí, de seguro. ¿Quiere que mande a lavar su ropa? —preguntó Sergei, siendo el siguiente en dirigirse a una salida de aquel cuarto. —¿No la lavaron ya?... ¡Vete a la mierda, Sergei! —Hijo de perra más bruto… —susurró Sergei, abandonando la habitación, ignorando que Sketchman y Renate cuidaban la entrada. Alexei fue tras él. Ya sin trabajo alguno, Sketchman caminó junto a Renate. Que supuso iría a ver a su hermana, pero la acompañaría un rato por el pasillo. —¿Preocupada de que tu niña vaya a involucrarse en esto? Renate no dijo nada, y eso fue suficiente para que el de la máscara blanca y traje negro entendiera que su pobre compañera moría de nervios, así su expresión no lo dijera. Grace era guiado por dos hombres de traje, asistiendo a su segunda clase de entrenamiento militar. A pesar de que era su segunda clase, luego de la primera le quedó más que claro que esto era el infierno. Estaba muy acostumbrado a hacer ejercicio o mantener actividad física constante, pero un entrenamiento de rutina diseñado específicamente para fuerza militar de élite era demasiado para él. «Basta». Grace se cacheteó, llevándose un rápido vistazo de las dos personas que lo llevaban. —Niño, ¿Todo bien? —preguntó uno de los hombres. —Sí… Lo estoy. Los dos guardias no dijeron nada. Grace estaba cansado de asumir una actitud tan pesimista cuando todo esto era necesario para ir a ayudar a su amado. Lo soportaría como viniera, sin quejarse otra vez. No iba a permitir que Jesse volviera a salir herido, no otra vez. La base era distinta; esta era una verdadera base militar a las afueras de Lawrence, Kansas. Recibiría entrenamiento al igual que cualquier otro soldado de los Erradicadores, solo que, en vez de estar con otros soldados, estaban solamente él y su sombrío entrenador de pocas palabras. Los guardias lo dejaron en uno de los campos de entrenamiento, repleto de obstáculos que encontraría en cualquier película militar que hubiera visto antes. De no ser por su estado actual, estuviera bromeando con Jesse, llamando a su entrenador “Sargento Hurtman”. —… ¿Ese es? Grace enfocó su mirada en alguien conocido, que llevaba relativamente poco tiempo sin ver. Corrió sobre la tierra lisa, lista para ser utilizada por los soldados para distintos tipos de pruebas. Ahí estaba su entrenado, Skyler, a quien llamaban el soldado perfecto (según Lawrence). Junto al alto hombre vestido de negro que rondaba entre los 20 y 25 años, un joven moreno de rizos y ojos verdes acomodaba su chaqueta en una banca, vistiendo una camiseta negra sin mangas y un pantalón beige holgado. —Zachary. —Grace, qué bueno verte —Zachary sonrió. Se acercó a Grace, tomando su mano en un firme apretón, convirtiendo su sonrisa en una expresión solemne—. Lamento oír que Jesse está en problemas, pero lo rescataremos. No dudes de eso. —Te enteraste… —Sorprendido por la presencia del británico, Grace asintió, recobrando la compostura—. Sí… Sí, rescataremos a Jesse, amigo. ¿Vendrás con nosotros? —Soy una de las fuerzas de Lawrence, pero solicité personalmente entrenamiento Erradicador. —Tendrán tiempo para conversar en el descanso. —Skyler interrumpió el agradable reencuentro, sosteniendo su celular fijo en un temporizador—. No quiero ser cruel, pero solo tienen dos semanas para esto, así que adelante. —Ah… Sí. —¡En camino, señor! Grace verdaderamente estaba sorprendida del repentino entusiasmo de Zachary; sabía que tenía cierta admiración por los Erradicadores, pero casi podría decir que su compañero operador soportaba las ganas de sonreír como si su vida dependiera de ello. Verdaderamente lo entusiasmaba estar aquí. —Empezaremos con algo sencillo. 40 minutos de carrera. Ritmo medio alto, ¡marchen! Sin esperar un solo segundo, Zachary obedeció, manteniendo una velocidad razonable, entrando a un circuito de carreras semicircular. Grace se quitó rápido su chaqueta, lanzándola sobre la de Zachary para tratar de seguirle el paso. Aunque se le dificultaba hablar en pleno movimiento, lo intentó. Quizás un compañero haría que todo pasara mucho más rápido. —¿Feliz… por estar aquí finalmente? —Cállate, Grace… ¡Hacemos ejercicio! Pero, por supuesto, de todas las personas que podrían haber sido su compañero, tuvo que tocarle Zachary Hill. Los siguientes cuarenta minutos, Grace presenció la espalda de su compañero durante todo el entrenamiento. Era demasiado rápido, y contaba con una resistencia mucho mayor a la suya. Era tan admirable como aterrador. «¡Maldita sea!... Los operadores como él tienen una excelente condición física». Ignoraba el complejo que se formaba en su pecho, pues Zachary seguramente se ganó ese físico con constancia y mucho trabajo duro, a diferencia de él, que se había descuidado bastante desde que vivió esos meses con los Logan; casi ni pisaba su casa, aunque no era que a su padre le importara mucho, y mientras se pasara por ahí varias veces, su madre estaría contenta. —¡Maldición! —Ni bien maldijo, se llevó una botella de agua a la boca. Jamás tuvo tanta sed en su vida como en este momento… Además del día anterior, pues también tuvo que correr durante cuarenta minutos. —Bebe despacio. —Sudado, con la respiración algo agitada, Zachary disfrutó de su propia botella de agua, negando con la cabeza al ver al pelirrosado vaciar lo poco que quedaba de la suya sobre su cabeza para refrescarse. —¿Cómo?... ¿Cómo lo haces?... —Grace se sentó sobre el césped junto al campo, o más bien, se dejó caer sin importarle el poco dolor que sintió. Todo le ardía demasiado como para prestarle atención a eso. —Yo hago este tipo de entrenamientos muy seguido. —Zachary se sentó frente a él, escuchando el grito de Skyler a decenas de metros. —¡Diez minutos y continuamos al siguiente! —¿Para prepararte? —Grace levantó su mano, dándole un pulgar arriba a su entrenador. —Por supuesto. —Zachary asintió, cerrando sus ojos con una pequeña sonrisa— Lo mejor es siempre estar preparado; aunque escalé gradualmente hasta llegar a este punto, fue mucho mejor que recibirlo de golpe. Los operadores tienden a olvidar su entrenamiento una vez desarrollan su operación y se centran únicamente en ella… No todos, pero sucede muy a menudo. —Entiendo… —Grace levantó la mirada, que entrecerró brevemente antes de cubrirla. No solo tenía que correr mucho hoy; había un calor infernal acompañado por el sol de la tarde—. ¿Tocará flexiones ahora? —Flexiones con balón medicinal, Grace. —Jesucristo. Grace reía, sentándose de nuevo. Miró a su compañero de entrenamiento, que mantenía su vista fija en la base junto a ellos, observando a los soldados ir y venir, además de al mismo Skyler, que se concentraba en su celular, ignorando por el momento a ambos jóvenes muertos por el cansancio. —¿Qué te gusta tanto de los Erradicadores, Zach? —Grace volteó de nuevo hacia el británico, dándose cuenta del repentino brillo en sus ojos. —Son increíbles. —No tardó en responder, dando una cálida sonrisa, una que muy pocas personas lograban presenciar en él, pero en este momento, su corazón sentía que estaba donde debía estar—. Hay muchas cosas para decir, pero simplemente, siento que este es el lugar donde más podría encajar… Admiro a esta gente, son verdaderos héroes. No sabía qué lo llevó a pensar de esa forma, pero su sonrisa contagiosa lo llevó a mejorar su humor, así fuera un poco. Sonrió, levantándose del suelo, al igual que Zachary. Ya había descansado lo suficiente como para seguir con el infierno que se le venía por delante, pero al menos tenía un pequeño consuelo e inspiración. Si Zachary podía sonreír de esa manera al saber todo lo demás que venía, él podía aguantar esos entrenamientos por Jesse. El siguiente entrenamiento fue complicado para Grace al inicio. Jamás realizó flexiones mientras una de sus manos se encontraba sobre un balón, pero no fue difícil acostumbrarse; lo difícil fue que debía realizar 5 series de 20 flexiones con intervalos de 20 segundos entre series. En esos pequeños intervalos miraba de reojo a Zachary, que las realizaba con una velocidad abrumadora, manteniendo en su rostro una determinación inquebrantable. Casi podía decir por esa mirada que, para Zachary, solo existía él, el balón y el suelo. Con su cuerpo adolorido, gritando porque se detuviera, luego de otro descanso de diez minutos, lo siguiente era realizar zancadas con salto, 5 series de 20 repeticiones. En mitad de los saltos, Grace trataba de hablar con Zachary, pero era silenciado, ya fuera por Skyler o el mismo Zachary. —Créeme, niño, no quieres hablar mientras haces estas cosas. —comentó Skyler, tan apacible como siempre. Grace siguió el consejo, rindiéndose en tener una conversación con Zachary que aligerase el dolor en medio de cada rutina. Para los burpees, otros soldados se unieron al entrenamiento. Grace descansaba, mientras que Skyler saludaba a cada uno de ellos. El pelirrosa se sorprendía de que conociera los nombres de todo, pero supuso que era lógico que, si era uno de sus altos mandos y se jugaba la vida en el campo con ellos, era normal que supiera. —¿Hoy es día de traer a tus hijas al trabajo o por qué las niñas están aquí? —preguntó un soldado, dejando escapar su acento alemán. —Uno es un operador, Doc. —Skyler señaló a Zachary, que se acercó al grupo de al menos 20. Grace lo siguió. —Oh, y el otro debe el niño de ayer. —El hombre de cabello y ojos oscuros con acento alemán levantó su mano, saludando a los dos pequeños reclutas que miraba con una sonrisa burlona—. ¿Es verdad que eres gay? —Te veo con mucho interés. —respondió Grace, entrecerrando sus ojos. Los demás soldados exclamaron en sorpresa; algunos rieron, burlándose del hombre conocido como Doc. El alemán cambió su expresión radicalmente, de burlón a una casi furiosa, plantándose frente a Grace, que ni siquiera parpadeó. Zachary dio un paso atrás, desinteresado de lo que ocurría, al igual que el pelirrosado, que no cambió su expresión ante las intimidaciones de su contrario, mucho más alto y fornido. De un momento a otro, el Doc reía, abrazando a Grace por el cuello, restregándole sus nudillos contra su cabello. Grace trató de soltarse, pero la fuerza del hombre era superior. —¡Tienes bolas, rosita! ¿Verdad, muchachos? Me caes bien. Zachary observó con una ligera sonrisa aquel enternecedor momento, colocándose una mano en la cintura. Grace continuaba luchando para soltarse, hasta que el alemán se lo permitió. —¡Tienes el espíritu de un soldado! Si eres bueno siguiendo órdenes, encajarás aquí, pero eres demasiado joven, ¿cuántos años tienes? ¿Quieres una cerveza? —Nada de alcohol a estas horas, Christoph —Skyler intervino, agitando su celular—. Estamos en medio entrenamiento, así que o se unen o se largan. Además, son menores de edad. —Una cerveza no mata a nadie, jefazo. Ante la mirada de su superior, Christoph asintió, obedeciendo las órdenes de su estirado amigo, pero eso no le impedía seguir molestando a los nuevos prospectos. —¿Qué hay de ti, operador? —Mi nombre es Zachary Hill. —Uuuy, un británico. —dijo otro de los soldados. —Ya se me hacía raro que tuviera ese acento espantoso, pensé que tenía algún retraso o algo. Grace no pudo evitar cubrirse la boca; ese chiste fue tan repentino que casi se ahogaba de la risa. Los demás soldados reían, excepto Zachary, que mantenía una expresión serena y tranquila. Ese tipo de comentarios no le causaba efecto alguno. —El placer es mío, espero formar muy pronto parte de sus fuerzas. —comentó con una ligera sonrisa, dándole su mano a Christoph, que la estrechó con fuerza. —Así que eres otro como Skyler, no te preocupes, muchacho. Empezarás a hablar como hombre a los dos meses de estar aquí. —¿Entonces no hablo como un hombre? —cuestionó Skyler, disfrutando de ver el alterado rostro del alemán, que buscaba una respuesta rápida. —No, no. Jefe, ¿cómo se le ocurre que yo diría algo así? Ay, mire la hora. Que ya es hora de seguir con el ejercicio. ¡Vamos, soldados! A mover el cacharro. Demuéstrenles a los futuros novatos lo que son hombres de verdad. El doctor se alejó, ignorando la sonrisa en la expresión de Skyler. Grace sonrió; era un ambiente bastante familiar para él, uno muy nostálgico. No importa si fuera entre los Operadores o los Erradicadores, había gente que le recordaba a sus más queridos amigos de la escuela, recordándole cómo se sentía solo bromear todo el día con sus compañeros. —Hmmp. Hay payasos en todos lados. —comentó Zachary, yendo a su lugar para continuar con su entrenamiento. Grace aprovechó que ahora había más soldados, preguntándoles sobre sus experiencias en la milicia mientras entrenaban, recibiendo un regaño tanto por parte de Skyler como de Zachary, pero ahora podía conversar con Christoph. Los siguientes fueron 5 series de abdominales oblicuos con balón y planchas. Al terminar, su cuerpo quedó hecho trizas, tirado en el suelo mientras observaba cómo los demás soldados se reunían cerca de Skyler. —Son libres de retirarse si gustan; pueden llamar a Arthur. —dijo Skyler, dirigiendo su atención al grupo de soldados que se acercó para conversar sobre la operación que estaba por ocurrir. Zachary se levantó tan rápido como pudo, despidiéndose de Grace con un gesto con su barbilla. El pelirrosa se levantó, sacándose la camisa porque ya no soportaba su propio sudor. Pensó en llamar a Arthur, pero al tener su celular en su mano, chasqueó la lengua, acercándose al grupo. —Bueno, una cerveza sí acepto. —¡Hey! Ahora me agradas más. —No, es menor de edad, nadie va a beber aquí. —Skyler, como siempre, tuvo que matar la sonrisa de todos los presentes, que rogaban al hombre vestido de negro—. Ah… solo una, pero ellos dos beben refresco o jugo. —¡Bien! —Los soldados gritaron al unísono, mientras el operador brillaba con un aura negra, sonriendo mientras extendía su mano dentro de una sombra, sacando algunos paquetes de cerveza, lanzándole una a cada soldado presente. —¡Eres el mejor, Skyler! —No existe un mejor compañero. Grace sonrió; Christoph gritó a uno de sus conocidos que pasaba que trajera un refresco para los muchachos, mientras que Grace se sentó junto a los Erradicadores, al igual que Zachary. Este último volvió a sonreír, con un brillo en sus ojos que Grace disfrutaba de ver. —¡Y luego estuvimos bebiendo juntos! Claro, Skyler no nos dejó beber, pero mierda. ¡Fue increíble! Es lo mejor que me ha pasado en la vida. —Entre risas, Zachary se paseaba por la sala de la casa de Joao; había pedido a Arthur que lo dejara ahí luego de irlo a buscar cerca de las nueve de la noche, algo que no le hizo gracia a Joao, pues en Pernambuco ya eran las 12 de la noche. —Eres un bastardo hijo de puta —comentó sin muchas ganas, pues de la nada su mejor amigo apareció en su sala en medio de la noche; no le quedó de otra que servirle un trago del mejor whisky en la despensa de su padre—. Al menos te diviertes. ¿Cómo está Grace? Todos en el chat están preocupados y él casi no contesta. —Está desesperado; si no supera el entrenamiento, no le permitirán ir a buscar a Jesse… Bueno, el cadáver de Jesse —Zachary soltó un suspiro, dándole un largo trago al whisky, asintiendo con la cabeza. Era demasiado bueno—. Mañana le diré a tu padre que tiene unos buenos gustos, bueno… hoy, en unas horas. —Te voy a romper la botella por la cabeza; al menos avisa para tenerte un cuarto listo. —Ellos son todo lo que he imaginado; cada vez estoy más cerca. Cuando vuelva a ver de frente a Baskerville, me convertiré en… en un Erradicador. —Sus labios temblaban de la emoción. Había esperado demasiados años por este momento; ahora, solo era cuestión de tiempo—. El único problema… —Ay, no, ¿por qué no vas a torturar a Taara? —Es que la operación trata sobre esa maldita copia de Rachel. —Inmediatamente apretó la copa en su mano al pensar en la joven de gabardina, ignorando que podría romperlo en cualquier momento—. Necesito asegurarme de que nada salga mal. —Necesitas conseguir un psicólogo. —¡Esto involucra a Rachel! No han pasado ni dos semanas desde que terminó el evento y ahora es por ella que estoy así de cerca, Joao, así de cerca de convertirme en un Erradicador. —Zachary juntó sus dedos, formando un círculo con su índice y su meñique, acortando la distancia entre él y Joao; no permitiría que un error o un berrinche ocasionado por Rachel arruinara su debut como miembro no oficial del ejército—. Te juro por Dios que sí, por ella pasa algo que me impida ver a Baskerville. —Le cortarás la garganta, lo sé, lo sé. —respondió Joao, acomodándose su cabello para volver a beber de su copa—. Todo saldrá bien, hermano… bueno, tan bien como pueda salir una operación militar. —Te digo, hermano, este será el momento más importante de toda mi vida. —Zachary regresó a su asiento, observando a su compañero de arriba abajo, dándole media sonrisa— Incluso podría conseguirte un trabajo como Erradicador. —No, gracias, no quiero involucrarme en ninguna pelea. Vengo de una familia de arqueólogos, y me gusta mi vida tranquila. —Respondió al instante. Varias veces tuvieron esta discusión. Zachary quería llevar a Joao al “buen lado”, sin importar cómo. El moreno entrecerró su mirada, negando con la cabeza. —¡Puede estar tranquilo! ¿Crees que la mayor fuerza de defensa contra los Operadores y lo paranormal no tiene gente trabajando 8 horas al día en una computadora? Podría conseguirte un puesto fuera de las líneas de fuego. Tú, una computadora, un sueldo bueno de seis cifras. —Suenas como estafa piramidal, Zach. —Joao reía, mirando de reojo el estante junto a los sillones en los que se encontraban. Asintió múltiples veces, pues si lo ponía de esa forma, verdaderamente era tentador—. Lo pensaré, amigo mío, solamente si me reduces esas ocho horas a seis. —Seré soldado, Joao, no Jesucristo. —Zachary arqueó una ceja ante aquella petición, volviendo a disfrutar del delicioso whisky que su compañero le brindó. Volvió a sonreír al pensar en las dos semanas que estaban por ocurrir; su corazón aumentaba su ritmo, mientras sentía lo que otros llamarían “mariposas en el estómago”. Joao notaba lo inquieto que se encontraba el británico frente a él, lo cual le hacía muy feliz. Incluso Zachary, el hombre más disciplinado, obsesivo y perfeccionista que conocía, se sentía nervioso ante una entrevista de trabajo.
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Pocket Mirror (Novela) Capítulo 75

Estás leyendo el capítulo 75 de Pocket Mirror (Novela), un novela. Luego de encontrar un espejo de bolsillo en las cosas viejas de su madre fallecida, la vida cotidiana y tranquila de Rachel Ficks da un giro total llevándola al epicentro de los problemas políticos y morales entre los… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Kappoff00. Pocket Mirror (Novela) tiene 76 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.