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Leer Pequeño Hongo (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
🏴 Grupo: Shinarje✍️ Traducción: Shinarje
Capítulo 1
Capítulo 1
La cueva estaba iluminada por la tenue fluorescencia de las plantas. Los muros envueltos con enredaderas verdes, púrpuras e incluso de un negro espeso, casi parecian repletos de enormes serpientes enroscadas.
En su interior, un insecto negro revoloteaba sus seis alas tranquilamente. Hasta que una enorme liana púrpura emergió de la maraña. Se hincho y se abrió en dos revelando una especie de boca que cerró de golpe, tragando al insecto por completo. Luego, se retorció lentamente mientras volvía, poco a poco, a su estado original.
Una gota de mucosidad arrastró un elemento translúcido, desde el techo hasta un musgo pegajoso del suelo; tras un breve espasmo, el líquido fue absorbido rápidamente hasta desaparecer en el suelo.
En una grieta oculta entre los muros, iluminada por una tenue luz verdosa que emanaba un hongo fluorescente comenzó a brotar agua blanca como si fuera un maremoto. Se trataba de una vasta red de micelio blanco que se extendió rápidamente, proyectando millones de filamentos que se arrastraron hacia el centro. Aquella masa se congregó y se alargó hasta cobrar forma.
“An Zhe” se miró el tobillo. Esta era una extremidad humana que sostiene el esqueleto, los músculos y los vasos sanguíneos. Noto que las articulaciones podían moverse pero no eran flexibles debido a las limitaciones del esqueleto. Sus uñas —lisas, redondas y transparentes— terminaban en puntas afiladas, como si su forma humana se tornara inevitablemente como las garras de una bestia.
Levantó la pierna y dio un paso. El musgo, que previamente se había hundido al pisarlo, estaba húmedo y elástico. Al retirar su pie, el musgo se retorció como una lombriz y retornó a su forma original. An zhe dio otro paso. Esta vez, pisó algo más bajo sus pies: El brazo de un esqueleto humano.
En la oscuridad, “An Zhe” miró el esqueleto. Los hongos y las enredaderas se habían
arraigado profundamente en los huesos. Las enredaderas estaban envueltas alrededor de los huesos de caderas y piernas, mientras que pequeños hongos de colores brillantes crecían en las costillas como flores. Hongos fluorescentes habian nacido dentro de sus ojos ahora huecos.
“An Zhe” lo miró durante mucho tiempo. Finalmente, se inclinó y recogió una mochila
de cuero. El contenido dentro de la mochila no estaba afectado por la humedad. Había algunas piezas de ropa, comida humana y agua, así como un chip negro de la mitad del tamaño de una palma con el número ‘3261170514’
Hace tres días, ese esqueleto había sido un ser humano vivo.
—3261170514 —la voz del joven sonó ronca, intermitente—. Es mi número de identificación. Con esta tarjeta... podría volver a la base humana…
—¿Puedo ayudarte a regresar? —había preguntado “An Zhe”.
El humano sonrió con amargura. Su mano derecha cayó sin fuerzas y el chip rodó hasta perderse entre el musgo. Recostado en la piedra, levantó la cabeza y se presionó el pecho con la mano izquierda. Tenía una herida atroz: espuelas de hueso gris le perforaban la espalda y la piel infectada mostraba un tono ceniciento, cubierta de una carne fibrosa. La otra parte de la herida, teñida de verde oscuro, subía y bajaba al ritmo de su respiración agitada.Jadeó varias veces antes de susurrar:
—No puedo volver, pequeño hongo.
Su camisa estaba completamente manchada. Tenía la piel pálida, los labios secos y todo su cuerpo temblaba irregularmente.
El pequeño hongo lo miró y no supo qué decir. Finalmente, solo pudo murmurar el nombre de este joven humano:— An Ze.
— Veo que ya has aprendido casi por completo el lenguaje humano— El humano miró su cuerpo.
Además de pus y la sangre, desde sus heridas se extendía un micelio balnco, que ya se había convertido por completo en parte suyo. El micelio crecia de forma sinuosa y se aferraba al torso y las extremidades de An Ze. El hongo quería detener el sangrado de ese ser humano moribundo. Sin embargo, instintivamente, el micelio también absorbió y digirió su sangre fresca.
—¿Puedes aprender tanto comiendo mis genes? El índice de contaminación de este lugar es realmente muy alto— cuestionó el humano.
Fragmentos de recuerdos se descargaban en la mente de An Zhe. Después de cinco segundos de conversión, supo que el índice de contaminación significaba la velocidad en la que se mutaban los genes. Ahora la información genética fluía hacia el pequeño hongo a través de la sangre humana.
—Tal vez … cuando muera, comerás todo mi cuerpo … y ganarás muchas cosas— An Ze
miró la cima de la cueva y contrajo sus labios —Parece que he hecho algo significativo, aunque no sé si es bueno o malo para ti.
An Zhe guardó silencio. Se arrastró hacia el humano balanceando su cuerpo, mientras lo sostenía con el brazo «humano» que acababa de moldear. Al mismo tiempo, un mar de micelio brotó a su alrededor, entrelazándose para sostener ese nuevo cuerpo que parecia deshacerse con cada paso.
En el la fria cueva solo resonaba la pesada respiración de An ze..
Pasó mucho tiempo antes de que An Ze pudiera hablar de nuevo:
—Soy prescindible, mi vida no tiene ningún propósito. No tengo a nadie ni nada que me ate a la vida, por eso es lógico que me desecharan. De hecho, estoy muy feliz de no volver a la base humana. Ese lugar no es muy diferente a la naturaleza exterior, alli solo sobreviven los mas valiosos… He querido morir durante mucho tiempo, pero nunca esperé encontrar tanta calidez antes del final. Y menos en ti, una criatura tan dulce... un pequeño hongo.
“An Ze” aún no comprendía del todo términos como “valor” o “muerte”. Su mente se aferró a un concepto distinto: “base humana”.
El hongo, se apoyó en el hombro del humano y dijo:
—Quiero ir a la base humana.
An Ze preguntó:
—¿Por qué?
An Zhe levantó el brazo izquierdo y sus dedos buscaron algo en el aire, como si intentaran atrapar algo que ya no estaba allí. Su interior se sentía vacío. Un gran agujero nacía de la parte más profunda de su cuerpo y no había forma de llenarlo, no había forma de sanar. Lo único que le quedaba era una angustia y un pánico interminables que lo atormentaban día a día.
Organizó en su mente el lenguaje humano y lentamente habló: —Perdí … mi espora.
—¿Espora?
—Mi … semilla—No sabía cómo explicarlo.
Todos los hongos poseen esporas a lo largo de su vida. Algunos tenían muchas, mientras que otros solo tenían una. Las esporas eran las semillas de los hongos; nacían entre las agallas del sombrero y se dispersaban con el viento para echar raíces y transformarse en un nuevo hongo. Con el tiempo, ese nuevo espécimen crecería hasta madurar las suyas propias. Al fin y al cabo, la única misión de un hongo en este mundo era proteger y criar su espora. Sin embargo, él la había perdido mucho antes de que pudiera madurar.
An Ze giró lentamente la cabeza. “An Zhe” podía escuchar el chasquido de sus huesos mientras giraba como una vieja máquina humana oxidada.
—No vayas —La voz del humano era ronca y lenta. —Morirás.
“An Zhe” repitió la palabra. —…¿Morir?
—-Solo los humanos pueden entrar en la base humana y no puedes escapar del ojo del juez.
An Ze tosió varias veces antes de respirar hondo —No vayas … pequeño hongo.
An Zhe estaba perdido.
—Yo…
Una mano humana de repente agarró el micelio de “An Zhe". El humano había usado mucha fuerza y su respiración se aceleró.
—Escucha…—-articuló An Ze entre bocanadas de aire, mientras su cuerpo se sacudía. Intentó continuar, pero un violento espasmo le oprimió el pecho. Cerró los ojos lentamente y susurró—: No sabes cómo atacar ni cómo defenderte. Eres solo… un pequeño hongo.
Tiempo después, el pequeño hongo se lamentaba haberle confesado a An Ze sus planes de ir a la base humana. Si no se lo hubiera dicho, este no habría gastado sus últimos alientos intentando disuadirlo. Tal vez, en su lugar, le habría contado una historia, o quizás podría haberlo sacado de la cueva oscura para que viera la aurora cambiar en el cielo por última vez.
Pero los ojos de An Ze no volvieron a abrirse.
Aquel efímero recuerdo se desvaneció en el aire, tal como la vida de An Ze se había extinguido de este mundo. Del humano ya solo quedaba un esqueleto blanco como la nieve.
Sin embargo, todavía quería ir en contra de los deseos de An Ze.
Abrió la mano lentamente. Sobre la delicada piel de su palma descansaba un casquillo de bala de bronce, pesado y marcado con líneas inusuales e incomprensibles. Lo había encontrado en el mismo lugar donde perdió su espora y, desde entonces, no lo había soltado. Si existía una posibilidad entre un millón de recuperarla, residía en ese objeto: una creación humana
Suspiró y guardó el proyectil en la mochila de cuero. Luego, se vistió con la ropa que An Ze había dejado: una camisa gris manchada de sangre, pantalones y botas de cuero negros.
Salió de la cueva. La ropa ligeramente suelta se frotaba contra su piel y pequeñas corrientes eléctricas se transmitían desde sus finas terminaciones nerviosas en la piel del centro. Era la primera vez que estaba en un cuerpo humano y no se había adaptado. Frunció el ceño y se subió las mangas de su camisa suelta.
La cueva era larga y sinuosa. Las vides se apilaron en las paredes de la cueva y se empujaron entre sí. Cuando An Zhe pasó por la cueva, retrocedieron y ocuparon la parte superior de la cueva. Después de tres vueltas, el viento entró. Estaba muy húmedo. El hongo abrió las vides muertas que cayeron de la boca del hoyo. Las setas, su especie, se extendían sin cesar en su visión. Parecían elevarse hacia el cielo.
A través del dosel, entró la tenue luz del cielo. El cielo estaba gris con un tenue brillo verde. An Zhe podía oler la lluvia, la niebla, las serpientes y las plantas.
Era de noche. Se sentó a la entrada, bajo el amparo de los hongos grises, y sacó un mapa. Los distintos colores marcaban el riesgo de cada región; An Ze le había señalado una vez su ubicación: el área más oscura de todas. Era el "Abismo", una zona con seis estrellas de peligro y seis de contaminación.
En el mapa, el área del Abismo estaba marcada con muchos símbolos extraños. “An Zhe” los revisó uno por uno según el índice en la esquina inferior derecha del mapa. Estos símbolos significaban que había hongos, vides devoradoras de hombres, arbustos devoradores de hombres, monstruos, mamíferos, monstruos mamíferos, monstruos reptiles comunes, monstruos reptiles altamente venenosos, monstruos alados, monstruos anfibios, monstruos polimórficos mixtos y monstruos humanos en el Abismo. Al mismo tiempo, había valles, colinas, montañas, ciudades humanas en ruinas, sitos de carreteras y otra topografía.
Sus ojos se dirigieron hacia arriba. En una zona marcada por colores brillantes había un área blanca pura marcada por una estrella roja de cinco puntas. El lado derecho de la estrella de cinco puntas tenía el nombre de esta área: Base Norte.
La luz verde del cielo se hacía más brillante mientras el fondo se volvía más oscuro. A la medianoche, “An Zhe” apenas podía reconocer las estrellas en el cielo. Sabía que el más brillante se llamaba Polaris y podía indicar una dirección. Orientó el mapa, ajustó su rumbo hacia el norte y comenzó a caminar, pisando madera podrida, micelio y tierra húmeda.
Aquella noche estaba iluminada por los destellos verdes y cambiantes de la aurora, como la llamaban los humanos. A su alrededor, An Zhe solo distinguía hongos de tonos amarillos, rojos y marrones, algunos con sombreros enormes. Pequeñas y densas colonias de setas se agrupaban en las rocas de la montaña, mientras que varios cuerpos bacterianos redondos salpicaban el suelo. Una vez que maduraran, expulsarían sus esporas como si fueran niebla o lluvia; estas caerían en el suelo húmedo y se dividirían hasta convertirse en sacos esféricos idénticos a sus progenitores. También había hongos sin sombrero: simples redes de hifas blancas o amarillas que se agrupaban o se extendían de forma radial, flotando en el aire como si fueran algas.
Sin embargo, esto no era solo un mundo de hongos. Había enredaderas, musgos, arbustos, flores devoradoras de hombres y árboles de formas extrañas que acechaban silenciosamente en la noche. En la jungla de plantas, había algunas sombras oscuras y algunas formas extrañas. Bestias o mezclas de latidos y humanos corrían en la jungla, aullando y luchando.
Los animales luchaban con los animales, los animales luchaban con las plantas o las plantas luchaban con las plantas. Aullidos altos y bajos golpearon los tímpanos mientras las piedras y el lodo se mezclaban con sangre fresca. An Zhe vio un pino doblar su tronco para tragarse una serpiente con dos colas. También vio a un sapo gigante estirar una larga y brillante lengua roja para agarrar un murciélago con brazos humanos desde el aire. Cinco minutos después de tragarse el murciélago, un par de alas negras crecieron desde su espalda. Esta era solo una de las miles de escenas que el hongo había visto y se había acostumbrado.
En este momento, una bestia gris se acercó. Tenía cuatro ojos y estaba cubierto de escamas, plumas y pelo. La cabeza era como un cocodrilo y un lobo gigante. Sus siete dientes estaban expuestos al exterior y se inclinó cerca de An Zhe, olisqueándolo con una nariz ensangrentada.
An Zhe no se movió. Se recostó en silencio contra un hongo y respiró de manera uniforme mientras olía todo su cuerpo. El enorme monstruo pareció no recibir nada y arrastró sus pesados pies.
An Zhe comprendió que, incluso en un cuerpo humano, seguía siendo invisible para los depredadores. Quizás era porque los hongos estaban en todas partes, libres de nutrientes. No eran agresivos y algunas veces eran venenosos. Por lo tanto, él y las criaturas de este mundo vivían en paz.
Tal vez fue como dijo An Ze. Era solo un pequeño hongo.


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Estás leyendo el capítulo 1 de Pequeño Hongo (Novela), un novela. An Zhe es un pequeño hongo que habita el Abismo, un lugar plagado de criaturas monstruosas, producto de los efectos de la radiación cósmica que devastó la Tierra tras la desaparición del campo geomagnético. Al… Este capítulo tiene publicado el 16 de abril de 2026, Traducido por el grupo Shinarje. Pequeño Hongo (Novela) tiene 7 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.