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Leer Paraíso de Monstruos (Novela) Capítulo 706 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“Mamá y papá siguen vivos…” Me dejé caer en el sofá temblando, y las lágrimas no paraban de brotar. Finalmente me tranquilicé después de un rato. Eran más de las diez de la mañana cuando volví a mirar la hora. Me levanté y fui al baño, observándome en el espejo. Aparte de mis ojos, que estaban un poco rojos, me veía perfectamente normal. Después de lavarme la cara con agua fría, mi mente empezó a aclararse. La runa del vislumbre del corazón tenía como propósito dar vida al miedo más profundo. A diferencia de una ilusión, no se podía escapar de ella. Como una película de cien minutos, la historia continuaba sin saltarse ni un segundo. Una vez activada la runa, la persona quedaba atrapada en la película, siendo ella misma el protagonista, y debía continuar hasta el final. Sabía que activar la runa no era tarea sencilla. Para ser exactos, era una prueba de las emociones humanas. Como no podía irme, la única opción era seguir adelante. Sin embargo, no tenía ni idea de qué tipo de prueba me esperaba ni cómo la superaría. Lo único que podía hacer era dejarme llevar y permitir que la historia se desarrollara. “¿Xiao Hei?” susurré, pero nadie me respondió. “¡Xiao Hei!”, grité. Esta vez, incluso intenté contactar con Xiao Hei con mi consciencia, pero mi mensaje fue como si se hundiera en arenas movedizas sin obtener respuesta. Entré en pánico cuando mi fiel Dedo de Oro no me contestó. Intenté mirar dentro de mi cuerpo, pero tampoco funcionó. Intenté invocar a Bloody, Bai y los demás, pero no había nada. “¡No puede ser!”. El corazón me dio un vuelco al darme cuenta de que algo andaba mal. Intenté usar mi Poder Vital, pero no sentí nada. Lo mismo ocurrió con mi Telequinesis. No pude invocar mis dagas voladoras telequinéticas. Mi Dao de la Espada, que ya estaba en nivel 5, tampoco se activó. “Brujería...” Con mi última esperanza, intenté invocar el Libro del Dao del Hechicero, pero no obtuve respuesta. Sentía mi cuerpo como si estuviera muerto. Ahora era una persona común y corriente, indefensa. Esto me aterrorizó. Nunca antes me había sentido así, ni siquiera cuando me enfrenté al brazo del Dios Virtual y al monstruo marino rey, pues creía tenerlo todo bajo control. Sin embargo, ahora nada estaba bajo mi control. “Sin duda moriré si la runa envía ahora mismo a ese monstruo marino rey o al brazo del Dios Virtual”. Esa era mi mayor preocupación. No tenía ni idea de lo que contenía la escritura rúnica. “¡Olvídalo! Ya que estoy aquí, tendré que dejarme llevar”. Suspiré y me miré al espejo. Todo estaba borroso; mi rostro me resultaba desconocido. Al fin y al cabo, había estado en otro cuerpo durante los últimos dos años. Quizás, debido a que mi cuerpo era diferente ahora, todo lo que tenía en el otro lado ya no estaba conmigo. Sacudí la cabeza para despejarme después de mirarme fijamente. Luego salí del baño tras arreglarme la ropa. Tomé un taxi al salir de casa y me dirigí a ver a mis padres. Tenía muchísimas ganas de verlos después de tantos años. En mi memoria seguían siendo jóvenes, pero no tenía ni idea de cómo serían ahora, ya que yo tenía veinticinco años. Media hora después, el taxi se detuvo a las afueras de un pequeño pueblo antiguo. Hacía muchos años que no visitaba esa zona. El miedo me hervía en el estómago... Al llegar a la entrada, mi corazón se llenó de nuevo de emociones encontradas. Las lágrimas me inundaban los ojos y el corazón me latía con fuerza. No sabía qué decir al verlos. No podía exponerme. Tras respirar hondo dos veces, me tranquilicé y entré con todo el valor que pude reunir. Un par de minutos después, llegué a nuestra antigua casa. La puerta era la nueva puerta antirrobo, pero el pareado seguía siendo el mismo que recordaba. 'El roce de la piedra forja una espada poderosa. El frío intenso perfuma la flor del cerezo.' La pancarta decía “Tras el invierno llega la primavera”. Había escrito el pareado el año en que falleció mi abuela, como un recordatorio para mí misma. Sin embargo, reconocí mi letra; la que veía no era la que yo había escrito. La habían comprado en otro sitio. Mientras estaba allí, me inundaron los recuerdos. Preparé lo que iba a decir antes de tocar el timbre. Un instante después, la puerta se abrió y una persona se plantó frente a mí. Me quedé en blanco. Todo lo que había preparado para decir se esfumó. Solo podía pensar en aquel hombre de mediana edad que estaba frente a mí. Mi padre no había cambiado mucho, pero había engordado un poco y ahora tenía canas. Lo reconocí al instante. Paralizada, intenté hablar, pero no pude. Solo sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas. "¡Ponte las pilas!", me repetía a mí mismo que tenía que reprimir mis emociones. “Has vuelto” dijo mi padre sonriendo mientras me miraba, pero pronto se dio cuenta de que algo andaba mal. "¿Qué ocurre?" “¡Papá!”. La voz familiar me sacó de mis pensamientos. Intenté contener las lágrimas, pero no pude evitar correr a abrazar a mi padre con fuerza. Las palabras simplemente se me escaparon de los labios. "Papá, te extraño." “¿Qué te pasa, muchacho tonto?” preguntó mi padre, atónito. Aunque yo ya era más alto que él, me dio una palmadita en la cabeza. Lo solté después de calmarme. "Estoy bien. ¿Dónde está mamá?" “Está clasificando las verduras en la cocina” dijo mi padre con escepticismo. Evité mirarlo a los ojos y entré directamente en la cocina. Mi madre, con delantal, estaba sentada en una silla clasificando verduras. Separaba las hojas de los tallos y las echaba en la cesta de plástico. Al percatarse de que había alguien en la entrada de la cocina, levantó la cabeza y me miró. “¿Ah, has vuelto?” Mamá me miró con una sonrisa. Había perdido peso y tenía arrugas en el rabillo del ojo. Aunque era un poco distinta a como la recordaba, el recuerdo iba volviendo. “Mamá” dije, tranquilizándome y acercándome a ella. Me agaché y la ayudé a clasificar las cosas. “No te preocupes, yo me encargo. Ve a hablar con tu abuela” dijo la madre. “¿Abuela?” Mis manos se detuvieron al oírla. "¿Dónde está ella?" “Está en su habitación viendo la tele. Lleva días viendo "Luchador del Destino" y prácticamente no se la puede quitar de encima”. La madre sonrió poniendo los ojos en blanco. "Iré a verla." Me levanté de inmediato, sin esperar que la abuela aún estuviera viva en este mundo. Mientras estaba de pie frente a la puerta de su habitación, vi a la anciana de cabello gris sentada en una silla de madera. Estaba absorta en la televisión, ajena a mi presencia. Sentí que las emociones volvían a aflorar, aunque solo podía ver la mitad de su rostro. Ella fue quien me crió desde que mi padre falleció. Me cuidó desde los trece hasta los dieciocho años, ella sola. Desafortunadamente, falleció antes de que yo empezara a trabajar y ni siquiera pudo disfrutar de la vida. Las lágrimas comenzaron a brotar mientras decía: "Abuela, he vuelto".
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Paraíso de Monstruos (Novela) Capítulo 706

Estás leyendo el capítulo 706 de Paraíso de Monstruos (Novela), un novela. Hace 800 años, 3000 puertas dimensionales se abrieron en todo el mundo. Era como si 3000 ojos de colores distintos se desplegaran por el planeta mientras hordas de monstruos emergían de estas puertas como lágrimas.… Este capítulo tiene publicado el 13 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paraíso de Monstruos (Novela) tiene 942 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.