Leer Paragón del Pecado (Novela) Capítulo 49 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El Árbol del Edén era una existencia única. Una entidad consciente nacida de un Dao, un Dao de la Mente.
En el mundo, había tres mil tipos de Dao bajo los Cielos y cada Dao estaba dividido en tres mil daos, que a su vez se dividían de esa manera.
Los Daos que Wei Wuyin conocía eran el Dao del Pecado, el Dao de la Materia, el Dao de las Armas y el Dao de la Mente. Estos eran solo cuatro de los Daos Celestiales, pero eran grandiosos y vastos.
El Dao del Pecado no era algo con lo que estuviera particularmente familiarizado, pero sabía que representaba la antítesis de la acción respecto a los Tres Mil Mandamientos de los Daos Celestiales. Si alguien contradecía las reglas del cielo, estaría practicando el pecado.
El Dao de la Materia, como lo expresó la aparición del Palacio del Dao de la Guerra Miríada, abarcaba la totalidad de la creación del mundo. Esto incluía los elementos y fuentes sobrenaturales como el Qi Escarlata formado por la Montaña Solaris Escarlata.
Luego estaba el Dao de las Armas. Abarcaba la guerra en su totalidad y todas sus herramientas. Esto incluía cosas como un trabuquete o una espada. Todo lo que el hombre podía crear para matar o dañar estaba dentro de este Dao.
El que aún lo dejaba en un estado de interrogación era el Dao de la Mente, que se decía abarcaba todas las formas de iluminación.
El Árbol del Edén no tenía alma, pero sí tenía un mar de conciencia, tenía un ojo mental, pensamientos y recuerdos, pero sin alma no podía cultivarse y sólo podía vivir de acuerdo a las leyes naturales.
Era una existencia que había dado origen a un Dao de la Mente. Su Dao único se llamaba: Remordimiento del Edén.
Podía ver el mundo y su inmensidad, pero solo eso. Permanecerá eternamente atado a este mundo, he aquí su aflicción. Lamentó haber nacido como árbol, haber sido utilizado a la fuerza por otros, haber sido talado, habitado a la fuerza y tratado como propiedad.
* * *
Un día, hace más de quinientos mil años, se plantó una semilla. Se desconoce quién ni cómo. Esta semilla usó sus instintos para absorber la humedad y los nutrientes del mundo y desarrollarse. Echó raíces.
Lentamente, día tras día, semana tras semana, trabajó duro. Su deseo era sentir la luz. Al crecer, una pequeña cabeza verde brotó de la tierra. Era solo una hebra y dos hojas que se partían, un retoño.
¡El sol, ya lo había sentido! Era milagroso, extraordinario y cálido, como el abrazo de un padre. Le ayudaba a generar su propio alimento, lo cuidaba y lo veía crecer.
El sol era su padre, poderoso y omnipresente, mientras que la luna era su madre, dulce y amenazante.
El retoño se convirtió en un hermoso brote. Brillaba con un verde intenso. De repente, sufrió una catástrofe. Un animal, de inteligencia y forma básicas, lo aplastó bajo sus patas, casi quitándole la vida.
Aunque no tenía oídos ni sentido espiritual, recordaba la vibración del mundo. A través de esta vibración, pronto comprendería qué era y por qué estaba aplastado.
Había tenido lugar una batalla, y un humano lo había aplastado bajo sus pies con descuido mientras rogaba por su vida. Ese fue el primer día que probó sangre en lugar de agua.
Por suerte, era fuerte. Sanó y siguió creciendo, volviendo a ser el hermoso brote que una vez fue. El sol permaneció, la luna permaneció, y también los humanos. Mientras deseaba crecer, se interponía constantemente.
Al convertirse en un árbol joven, un humano lo tomó como poste de entrenamiento, golpeándolo con el puño una y otra vez. Fue doloroso y aterrador. Lo golpearon sin descanso por el bien de esta forma de vida humana, lo destrozaron y lo obligaron a lidiar con sus inseguridades e ira.
Casi se partió en dos un día y luego fue abandonado. Ese era su único consuelo en su estado casi mortal. Sin embargo, ¡aún quería crecer! Quería alcanzar los cielos, reencontrarse con sus padres.
A medida que este deseo crecía, también lo hacía su forma. Al sanar, su cuerpo se expandía y crecía. Entonces, de repente, dio frutos. Estos eran productos de su deseo de producir, de traer más de sí mismo al mundo.
Desafortunadamente, debido a estas frutas, aquellos humanos regresaron. ¡Se apropiaron de ellas, codiciosos y reacios a dejar de matar sus huevos! Esas frutas no eran para que las comieran, ¡sino para que la criatura tuviera una familia!
¡¡¡Ellos eran su familia!!!
Su codicia y ambiciones no tenían límites y solo se preocupaban por sí mismos. Sin embargo, era innatamente pacífico, pacifista en sus creencias, e intentó encontrar una solución mejor. Se nutrió de la energía del sol, la luna y la tierra, y creció.
Continuó creciendo.
En poco tiempo, se había convertido en un gran árbol capaz de erguirse imponente sobre el mundo. Fue entonces cuando los humanos se congregaron a su pie, meditaron, le adoraron y le rezaron. ¡Lo trataban como a un dios!
Estas personas, estos humanos, eran diferentes. No le hicieron daño, sino que le ofrecieron ofrendas. Al hacerlo, también creció su deseo de crecer y extender su influencia a estas bellas criaturas.
Entonces, sufrió una herida grave. Un día, una bestia gigante lo atacó, casi destruyéndolo, y los humanos lucharon para defenderse, pero al final, se marcharon derrotados. La bestia gigante pronto también se fue, buscando otras presas que cazar.
Los humanos regresaron pronto. Rezaron, ofrecieron y hicieron lo que pudieron para sanarlo. Estaba agradecido. Sabía que no lo habían abandonado. Luego, frustrados porque su curación tardaba demasiado, en sus casas discutieron todo tipo de soluciones.
Un día, una niña de unos trece años fue llevada ante el árbol con ropas sagradas. Le rezó durante tres días y tres noches, ¡y los humanos hicieron algo impensable!
¡Decapitaron a la mujer, rociaron sus órganos y su sangre en la base del árbol!
No sabía qué hacían ni por qué. Odiaba el sabor de la sangre, pero no podía detenerlos. Actúaban como si oyeran su voz, realizando todo tipo de ofrendas sacrificiales a niños pequeños con auras sagradas.
No tardó mucho en sanar por completo, pero esa era su velocidad natural de crecimiento. La sangre, las muertes, no le hacían ningún bien. Sin embargo, a medida que crecía, se sacrificaban menos humanos, y así crecía. Deseaba crecer más y más para no presenciar más tales atrocidades.
Pasó el tiempo y se hizo cada vez más grande. Su aura se hizo más imponente. A medida que crecía, los humanos se maravillaban, se sentaban en sus alrededores en masa, a veces decenas de miles a la vez. Volvía a reinar la paz.
Ahora podría crecer en paz, hasta que pudiera llegar hasta su madre y su padre.
Entonces, una batalla estalló de nuevo. Esta vez, no hubo sacrificios, pues los humanos recién llegados masacraron a los habitantes del árbol. Esto ocurrió no solo una vez, sino muchas veces. El grupo que se sentaba bajo sus hojas a veces se quedaba, a veces se iba, o era reemplazado por un grupo completamente nuevo.
Ya no llevaba la cuenta, solo quería crecer. Esta vez, podría escapar de los humanos. De estas bestias que buscaban sangre y muerte.
Entonces, sucedió.
Los humanos ya no permanecían en la base. Excavaron en su pecho, perforaron sus pies, treparon por sus extremidades y se apostaron allí. Lo trataron sin cuidado, hiriéndolo constantemente para mantener sus caminos y palacios a salvo.
Todo tipo de cosas extrañas se formaron en su interior, lo cambiaron, y pronto, de alguna manera, desarrolló una mente. No sabía si siempre la tuvo, pero ahora podía, en circunstancias específicas, comunicarse. Se comunicó con el líder de estos humanos, pero en lugar de ayudarlo, este usó su inteligencia a su favor.
Lo amenazaron con un hacha, fuego y más daño. Ahora era esclavo de los humanos y no podía tomar represalias. Sabía que su vida había terminado. Era solo una propiedad. ¡Se valieron de su fuerza vital, energía de la madera y vitalidad innata usando diversas formaciones para su propio beneficio o para matar!
Entonces, conoció a un niño. Era inocente y libre, y lo seguía como una marioneta, sin ofrecer defensa alguna. Sabía que el niño también era débil, que su vida ya no le pertenecía, y sentía tristeza por su destino. Pronto nació una idea.
¿Y si pudiera irse? Mientras recurría a sus recuerdos, cuya inmensidad acompañaba las conferencias y conversaciones de todos los humanos que vivían en él, aprendió un arte único llamado Posesión Mental. Podía fusionar el aspecto de la mente con otro sujeto dispuesto, y si funcionaba, ¡podría tomar el control de su cuerpo!
Así que ideó un plan. Cuando el niño fue llevado a sus raíces para cultivarlo, se volvió más descarado. Si se volviera "humano", ¡podría moverse, volar y ver a sus padres! ¡Sería libre!
Sin embargo, ¡no lo dejaría así! ¡Tomaría todo lo que le pertenecía y se lo daría al niño, y causaría el sufrimiento de todos esos malvados humanos! ¡Su mente ahora estaba llena de oportunidades y motivos!
Cuando el joven llegó, se comunicó con él y comprendió que estaba más que dispuesto a hacerlo. Tras algunas mentiras, algunos halagos y algunos beneficios, el niño cedió. Antes, sin embargo, era cruel.
Reunió toda su fuerza vital y la energía de la madera, cultivadas durante incontables años, en una sola marca rúnica. Colocó la marca rúnica en el corazón del niño, su órgano vital, absorbiendo suavemente el vasto poder. Con esto, no solo pudo cultivar, sino también conservar su fuerza natural.
Sin embargo, eso significaba que el daño al árbol sería abrupto y repentino, y que este colapsaría por completo en el momento en que su mente se condensara y abandonara el árbol. Los edificios, túneles y todo lo que se encontraba debajo sufrirían una destrucción total por el colapso casi instantáneo de su gigantesco cuerpo.
¡Se lo merecen!
¡¡¡Todos se lo merecen!!!
¡Eran humanos despreciables, seres inmundos, repugnantes, horripilantes y crueles! Todos se alimentaron de él sin piedad, usaron su energía, cultivaron con su fuerza vital y lo obligaron a ayudarlos en su cultivo cuando descubrieron su inteligencia. ¡Lo esclavizaron!
No supo cuándo empezó a albergar pensamientos de odio y asco. Quizás fue cuando lo amenazaron, quizás cuando ese humano pisó su pequeño y frágil cuerpo de retoño sin ningún cuidado. En cualquier caso, su mente se llenó de odio.
* * *
"¡Jajajajajaja!" Wei Wuyin respiró hondo al despertar de sus recuerdos. No, no de sus recuerdos, sino de los recuerdos del Árbol del Edén.
Sin dudarlo, se palpó la cara y el cuerpo. Se alegró al darse cuenta de que sus dientes habían vuelto a ser perfectos. Una inmensa emoción lo invadió al pensar en lo sucedido. No sabía cómo, pero tras devorar el Árbol del Edén, ¡tuvo la fuerza suficiente para romper las cadenas que sellaban su mente original!
¡Ahora era él mismo y sólo él mismo!
Las lágrimas caían de sus ojos como un torrente. La inmensa felicidad que sentía hizo que su orgullo y dignidad fueran en vano mientras lloraba sin control.
¡Estoy vivo! —rugió con fiereza, pero entonces sintió que algo no cuadraba. Recordó cierto aspecto de los recuerdos del Árbol del Edén y abrió los ojos de par en par, sorprendido.
"¡Tengo que irme!" Dicho esto, no dudó en correr hacia un túnel cercano. Se encontraba en las raíces del Árbol del Edén, y el árbol había formado un túnel que le permitía escapar. Sabía que, al abandonar su mente, se produciría una catástrofe para todos los que vivían en él o dentro de él.
No le importó advertirles, no tenía tiempo, así que exigió al máximo su cuerpo físico mientras salía corriendo. Su cuerpo se sentía increíblemente ligero.
Frunció el ceño mientras analizaba su cuerpo y sintió una fuerza poderosa en su corazón. Latía con una fuerza vital y energía de madera ilimitadas.
¡¿Esto?! Esta era la marca que había dejado el Árbol del Edén, todo su poder y quintaesencia. Aunque sabía que era bastante pasivo, nutría constantemente su cuerpo y le proporcionaba beneficios increíbles.
¡Criiiiiii!
Al mirar el túnel, su corazón latía con fuerza. Corrió aún más rápido. Tras una hora de carrera, finalmente salió del túnel. Al hacerlo, recurrió a toda su base de cultivo y silbó de una forma única.
¡Dulce!
"¡Vamos!", gritó, y al darse la vuelta, vio el gigantesco Árbol del Edén a decenas de kilómetros de distancia. Parecía normal, pero sabía que en un instante, el árbol se derrumbaría por completo.
Él tragó saliva.
¡Criiiiiii!
Se escuchó un ruido fuerte, como el chirrido de una puerta, y luego, sin previo aviso, el árbol que casi tocaba el cielo se derrumbó como un castillo de naipes.

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Estás leyendo el capítulo 49 de Paragón del Pecado (Novela), un novela. El Dao Celestial existe. Él decide lo que está bien y lo que está mal. Actuar en contra de él es pecar, actuar de acuerdo con él es ser bendecido por sus gracias. El mundo del cultivo es difícil, un principio inmutable.… Este capítulo tiene publicado el 23 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paragón del Pecado (Novela) tiene 1014 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.