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Leer Paragón del Pecado (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"No..." Plop. Plop. Plop. Gotas de sangre carmesí caían sin cesar sobre el frío suelo de cerámica del salón. Un silencio espantoso invadió la atmósfera nocturna. Un cuerpo, un cadáver masculino, yacía en el suelo. Estaba tendido en el suelo, sujetándose la garganta con ambas manos, con los ojos abiertos como lunas llenas. Las líneas de sangre caóticas en sus ojos estaban llenas de odio malicioso e incredulidad, como si no pudiera aceptar que hubiera muerto así. Las gotas de sangre provenían de un objeto con un brillo plateado particularmente puro: un sable. Un joven sostenía este sable. Su cabello era negro como una noche oscura, con un par de ojos plateados que contrastaban y brillaban con una pureza inesperada. Estaba desnudo, sosteniendo solo un sable, y permanecía erguido mientras observaba el cadáver que tenía delante. En su rostro se dibujaba una sonrisa suave y pura. Un olor a sangre le inundó la nariz, pero no le afectó en absoluto. De hecho, bajó la mirada hacia el único cuerpo cálido en la habitación. Una jovencita de rodillas, también desnuda, a escasos centímetros de él. Tenía la boca abierta y goteaba un líquido obsceno. Tenía los ojos abiertos y en estado de shock, con lágrimas a punto de brotar. Obviamente, no podía creer lo que había sucedido. Era como una pesadilla de la que solo se podía desear despertar. "H-her-hermano mayor... Yu...", sus palabras estaban llenas de incredulidad y tristeza. Sus facultades mentales se descontrolaron, pues apenas podía comprender lo que le aguardaba. Una oleada de desesperación la invadió al recordar recuerdos de su infancia y acontecimientos recientes. Su primer encuentro. Aquella mañana de otoño, durante la selección de sectas. Era modesto, pero albergaba una cualidad oculta única que la atraía. Había confiado en sí mismo, progresando en su cultivo con un ímpetu feroz hasta conquistar su corazón y su mente. Era como si todo estuviera destinado a ser. Cuando estaba en sus brazos, se sentía animada y feliz. Entonces, comenzó la pesadilla. La tragedia del mundo de la cultivación. Una secta rival, más fuerte que la suya, usó diversas razones para justificar la guerra. Sin suspenso, los recursos de la secta fueron confiscados y sus hermanos y hermanas menores y mayores fueron asesinados, capturados o escaparon para salvar sus vidas. Ella y su hermano mayor, Yu Jin, su amado, escaparon tras el colapso de su secta. Él se cobró la vida de varios enemigos, escapó de la persecución de muchos y sobrevivió. Hasta que... Su mirada se dirigió al joven. Su cabello negro era puntiagudo, abundante y largo. Sus brillantes ojos plateados ahuyentaban la oscuridad mundana. Este joven era un discípulo esencial de la secta enemiga, y la había capturado tras perseguirlos con otros miembros de su secta. Con ella capturada, su destino ya no estaba en sus manos. La tragedia de un enemigo, la tragedia de una debilucha, y sabía que sufriría la tragedia de ser mujer. Sin embargo, confiaba con todo su corazón, con toda su alma, en que Yu Jin llegaría y la salvaría. Ella le creyó. Ella creyó en él. Y tal como lo había imaginado, su hermano mayor, Yu Jin, llegó con una fanfarria heroica y unas ganas de matar mortales. Hacía apenas unos momentos, a pesar de sus acciones y su posición actual, sintió una oleada de calidez y felicidad. Entonces, el infierno descendió de un golpe de sable. El joven sonrió levemente, mirándola como si no hubiera cobrado la vida de su amante. "Puedes continuar." Sus palabras la hicieron estremecerse al sentir el sabor de boca que había olvidado. Los recuerdos rancios inundaron su mente como un torrente. Para sobrevivir, tuvo que ganar el mayor tiempo posible. Incluso cometió actos indeseables con la esperanza de ganar tiempo suficiente. Sus ojos revelaban un odio denso e incontrolable. Ardían con una ardiente intención asesina. Nació en ella la voluntad de luchar hasta la muerte por venganza, por su hermano mayor. Sin embargo, cuando el brillo del sable se topó con su mirada, su coraje se desinfló como un globo reventado. La realidad se impuso de inmediato. Con su base de cultivo y su fuerza, lo máximo que podía hacer era abalanzarse y ser decapitada a esa distancia. Como una luz al final del túnel, sus ojos brillaron al contemplar la hombría del joven. Era de dimensiones fuera de lo común, un órgano de calidad divina, suficiente para que cualquier hombre se sintiera orgulloso. Sabía que su vida llegaría a su fin, ya fuera en términos de libertad o de su vida real, así que ¿cómo podía permitir que este hombre viviera en paz? Con prisa, pretendía usar sus mandíbulas y arrancarle lo único que le causaría el mayor dolor. "Suspiro...", una suave exhalación sonó como el susurro de un dios de la muerte. La joven, presa del pánico, se lanzó hacia adelante, pero una brillante luz plateada se deslizó velozmente por su cuello. Antes de que pudiera continuar, su cabeza se deslizó de sus hombros y, con un golpe sordo, aterrizó en el suelo de cerámica. Rodó lentamente debido al impulso y se detuvo solo cuando los ojos enloquecidos se posaron en el cadáver de Yu Jin. "Al menos en la muerte, estarán juntos." Un silbido resonó mientras el joven de ojos plateados, cabello negro y complexión delgada blandía el sable en su mano. La sangre suelta se esparció, dejando solo la hoja plateada limpia. "Wei Wuyin, ¿eres decente?" Una voz suave y melodiosa resonó y entró en la sala. Apareció una figura masculina, musculosa hasta los topes, de piel bronceada y vestida con piel de animal escarlata. El joven llamado Wei Wuyin dirigió su mirada con impaciencia hacia esa voz. A pesar de la suavidad y feminidad de su voz, su cuerpo rebosaba una singular masculinidad. Resoplando fríamente, «Parece que tu Método del Eco Yin ha alcanzado un nuevo nivel». Wei Wuyin agitó la mano derecha y una túnica escarlata emergió de su anillo de almacenamiento. No fue rápido ni lento al vestirse. El conjunto, incluyendo la túnica escarlata, provenía de su secta y conservaba no solo sus colores, sino también su insignia. En su lomo, un legendario lobo negro terrible se alzaba sobre una montaña, con sus garras arremetiendo en un ataque aterrador. Sus ojos eran extremadamente feroces y estaban llenos de instinto asesino. "¿En serio, celoso?", se burló el hombre de porte masculino pero voz femenina, y una carcajada resonó en su interior. "¿Celoso?", respondió Wei Wuyin riendo, como si hubiera escuchado el chiste más gracioso del mundo. Entonces, como si recordara algo, miró al joven degollado y sin vida. "Chu Yan, ¿necesitabas atraerlo? No es como si pudiera matarme." Chu Yan frunció el ceño. Una leve decepción se asomó a sus ojos, pero la disimuló rápidamente con un rastro de indiferencia. "No tengo ni idea de qué quieres decir. Este joven evadió nuestras defensas con métodos únicos y entró en tu palacio improvisado, ¿cómo iba a saberlo? Solo la oleada de Qi me permitió darme cuenta de mi error". Esas palabras fueron dichas sin una pizca de veracidad. Sus propias palabras y reacciones aludían a su implicación, pero obviamente no le importó. Wei Wuyin ni siquiera sintió la necesidad de mirar la expresión de Chu Yan, como si fuera irrelevante. "Recibirás la reprimenda correspondiente por negligencia. Limpia esto". Tras ordenar esto, comenzó a caminar hacia la entrada por donde entró Chu Yan. "Por supuesto", dijo Chu Yan con falso respeto. El castigo por negligencia era solo una sustracción de recursos, nada grave. Quería acabar con esto de una vez, así que se acercó. Cuando Wei Wuyin pasó junto a Chu Yan, sus ojos se volvieron agudos y destellaron con una luz terriblemente asesina. ¡Escabullirse! Chu Yan sintió una repentina sensación de crisis mortal, sin esperar que Wei Wuyin actuara en ese momento. Cuando quiso reaccionar, una espada ya le había penetrado la sien y le había atravesado el cerebro. Muchas palabras, arrepentimientos y recuerdos fluían por su cerebro mientras este era perforado y posteriormente destruido. Desafortunadamente, nunca verían la luz del día. Mientras el cadáver de Chu Yan caía, con la cabeza hecha un desastre sangriento e irreconocible, Wei Wuyin inhaló con fuerza, recogiendo un poco de saliva, y escupió fríamente sobre su cadáver. "Arruinaste mi diversión, ¿acaso necesitas vivir? Pedazo de basura". Con paso despreocupado, Wei Wuyin salió y se encontró con los guardias apostados frente a sus aposentos. Los observó con indiferencia, recordando sus rostros. «El teniente Chu Yan murió por el ataque sorpresa de un intruso. Como resultado, maté al intruso. Limpien este desastre, lo reportaré a la secta». Los guardias quedaron atónitos al oír esto. Si bien no esperaban que Wei Wuyin muriera a manos del intruso, tampoco esperaban que Chu Yan cayera en sus propias traiciones. Sintieron una profunda tristeza. Sintieron que se cernía sobre ellos una sombra de calamidad. * * * Era otoño. Las hojas de los árboles estaban cambiando a un hermoso color, ondeando al viento como hadas danzantes. Un olor acre y colores que iban del rojo al amarillo, morado, negro, azul, naranja, magenta y marrón lo esparcían todo. Sentado en la rama alta y gruesa de un árbol, Wei Wuyin observaba en silencio los alrededores. No muy lejos de él se alzaba un campamento. Este albergaba a varios hombres y mujeres, jóvenes, viejos y fuertes. Todos lucían atuendos morados con un parche en varias partes de su ropa que representaba una luna creciente. Nadie en el campamento se había dado cuenta de su llegada ni de su mirada perdida en sus pensamientos. "El último campamento...", sus palabras eran suaves y llenas de desdén. Su secta, la Secta Solaris Escarlata, cuyo símbolo era el legendario Lobo Terrible, le había declarado la guerra a la Secta Luna Violeta. Sin pretensiones, y aunque existían muchas razones fundadas para la guerra, él conocía la verdad. Era para una mujer. Una mujer particular y al mismo tiempo extraordinaria. Era descendiente del líder de la Secta Luna Violeta; no se sabe si era hermana, sobrina o nieta, pero eran parientes. Nacida con un gran talento natural, un semblante que evocaba a un hada inmortal caída y una facción poderosa, estaba más que bendecida. Sin embargo, en un mundo de cultivación donde los fuertes se aprovechan de los débiles, una belleza y un talento de tal nivel eran sinónimo de envidia y lujuria. ¿Su destino ahora? Sabía con certeza que ya la habían capturado y que se la habían regalado al joven señor de su secta. Su destino ahora era ser vista como un juguete, una prisionera, restringida y utilizada a su antojo. Mirando hacia el cielo despejado de un azul claro, Wei Wuyin negó con la cabeza. Se lamentó con lástima en los ojos: «Está perdida con ese idiota. Si estuviera conmigo...». Una sonrisa fría e insensible no pudo evitar dibujarse en sus labios. El brillo en sus ojos era oscuro, cruel y lascivo. Se lamió los labios y extendió la palma de la mano. Una leve oleada de qi y una manzana roja perfecta aparecieron en sus manos. ¡Crack! Dando un mordisco fuerte, masticó ruidosamente y sin cuidado. La gente del campamento se puso alerta. Algunos guardias lo miraron atentamente y sus ojos se encogieron hasta el límite. Ese atuendo escarlata que los atormentaba en sus sueños y los convertía en pesadillas infernales era evidente. Él sonrió y un hilo de jugo de fruta corrió por sus labios. "Hola." ¡Enemigo! ¡Enemigo! ¡Enemigo! —gritó a todo pulmón el guardia más ágil. Ya corría, intentando tomar una ruta de escape preestablecida. Parecía que su único trabajo era alertar y que la vida de los demás no era su responsabilidad. Con razón reaccionó con rapidez. "Inteligente", Wei Wuyin admiró las acciones del hombre. La decisión en el mundo del cultivo era realmente deficiente. "Mata a los que se resistan. Captura al resto". A diferencia de las fuertes exclamaciones del guardia, Wei Wuyin fue mucho más moderado en el volumen de su voz. Incluso su tono contenía un toque de actividad despreocupada. ¡Swish! ¡Swish! ¡Swish! Rayos escarlata brotaron de los alrededores y rodearon el campamento. Los miembros de su secta se abalanzaron como antiguos Lobos Temibles hacia su presa. Blandían sables y espadas, armas de guerra y muerte, y atacaban con fuerza letal. Todos aquellos que parecían siquiera remotamente una amenaza fueron asesinados y su sangre manchó las hojas de otoño sin cesar. La mirada de Wei Wuyin reflejaba los chorros de sangre, los horribles gritos de agonía y dolor, y la desesperación en el aire. Parecía... hermosa. "¿Hmm?" Una anomalía le llamó la atención. Una jaula cúbica de cinco por cinco metros se encontraba al fondo del campamento. Parecía que la jaula había sido transportada por estos débiles y patéticos cultivadores hasta allí. Como discípulo principal y comandante de este equipo, no sintió la necesidad de prestar demasiada atención a la masacre. Por lo tanto, arrojó a un lado la manzana a medio comer y saltó hacia adelante. Sus movimientos eran despreocupados mientras caminaba por el caótico campo de batalla de muerte y agonía. Sus subordinados eran hábiles, eludiendo a su líder y persiguiendo diligentemente a las fuerzas remanentes. "¡Ayúdenme!" Una joven de veintipocos años vio el paso tranquilo de Wei Wuyin y supo que su única oportunidad estaba ahí. Sin dudarlo, no huyó, sabiendo que sus piernas y su cultivo no la llevarían muy lejos. En cambio, esperaba encontrar una forma de sobrevivir. Se abalanzó sobre los pies de Wei Wuyin, deteniéndolo. Antes de que la chica pudiera decir nada más, varias espadas afiladas ya habían intentado atravesar su cuerpo con una intensa intención asesina. Ella chilló. Frunciendo el ceño, Wei Wuyin hizo un gesto con la mano en el último instante. En efecto, justo cuando la espada más lejana ya atravesaba el trasero de la chica por un milímetro. La empuñadora también era una mujer. Su mirada era fría e indiferente. Los demás también se detuvieron. Observaron la alta figura de Wei Wuyin, su atractivo rostro y su poderosa aura. Wei Wuyin miró a la joven y le sonrió. Se agachó. Extendió la mano derecha, volteó la palma y apareció en ella una manzana roja y madura. "¿Tienes hambre?" preguntó. Sobresaltada, la mente de la joven se desvaneció brevemente antes de que un grito repentino y su abrupto final la devolvieran a la realidad. La cabeza de un hombre de mediana edad rodó a pocos metros de ella, lo que la hizo desviar la mirada. Su corazón se encogió como si una víbora despiadada lo hubiera agarrado. ¿Ese sería su destino? ¡Ella no estaba dispuesta! Con decisión, asintió hacia Wei Wuyin, con la desesperación y la esperanza reflejadas en sus ojos más fuertes que nunca. Extendió la mano y agarró la manzana, aferrándose a su esperanza, y solo después de recibirla, le dio un mordisco. "Mn. Mantenla con vida", ordenó Wei Wuyin. Los demás asintieron. La mujer fría e indiferente golpeó la nuca de la joven antes de que pudiera agradecer al cielo por su supervivencia, dejándola inconsciente. Con un fuerte tirón, la cargó por los hombros y se fue. Los demás hicieron una pequeña reverencia y comenzaron a capturar o matar a los demás. Wei Wuyin lo ignoró todo y continuó su camino hacia la jaula cúbica. La jaula estaba oxidada, con una sola entrada corrediza y una ventana del tamaño de una pelota de béisbol. Era esta ventana la que proporcionaba la escasa luz solar y oxígeno. Tocó la jaula y sintió su frío en los dedos. Se sobresaltó. "¿Acero helado?" Wei Wuyin sabía que el acero helado era un material muy particular y tortuoso. Sin importar si era verano u otoño, el acero helado se mantenía a una temperatura baja y constante. Incluso si se arrojaba al fuego, se mantenía igual. Solo usando un fuego varias veces más fuerte que el punto de fusión del acero normal se podía siquiera pensar en forjar algo con él. Frunció el ceño. Debía ser un infierno helado dentro de una jaula hecha de él. Sin embargo, su curiosidad era inmensa. ¿Para qué podría un grupo de rezagados que corrían y se escondían para salvar sus vidas necesitar una jaula como esta, y qué había dentro? Sin pausa, agarró el asa de la jaula y abrió la entrada. Una oscuridad parecía persistir en la jaula helada. Al respirar, emergió un aire blanco y gélido. "Frío...", comentó, hizo un gesto con la mano y un sable plateado emergió en su mano. Al entrar, miró a su alrededor con curiosidad. La jaula era pequeña, apenas cabía él, pero se sentía extrañamente espaciosa. ¡Aaah! Un grito desgarrador lo sobresaltó, y su cuerpo giró al instante en que su espada cortaba. Sin embargo, su espada solo cortó aire frío y solo arañó acero helado. Antes de que pudiera reaccionar, sintió una presencia a sus espaldas. Un dolor punzante le surgió en el cuello y abrió los ojos de par en par. Con un rugido, una ráfaga de qi fluyó de sus puntos qi y explotó en su cuerpo. Una sombra negra se estrelló con fuerza contra la jaula. Se oyó un repugnante crujido de huesos, pero ningún grito de agonía. Una punzada le atravesó el cuello al hacer una ligera mueca. Esto solo sirvió para despertar sus violentos impulsos. Sujetándose el cuello, Wei Wuyin se giró y apuntó con su sable. Una furia incesante inundó sus ojos, y unas ganas de matar se apoderó de él. Sin embargo, lo que quedó fue una risa maníaca. Al observar la figura con atención, Wei Wuyin se dio cuenta de que era un hombre. Era un hombre joven, no mucho mayor que él, de unos veinte años. Sin embargo, su cuerpo estaba desnutrido y extremadamente flaco. Sus ojos oscuros estaban hundidos y su cabello plateado era largo, despeinado y sucio. No llevaba ropa, soportando la fría temperatura del acero helado solo con su cuerpo carnoso. Su piel áspera parecía arrugada y congelada. Wei Wuyin se dio cuenta de que este joven también había sido torturado; marcas, cortes y moretones dejaban marcas en su piel como una serie de caminos. La risa sacó a Wei Wuyin de su furia asesina y, en cambio, la curiosidad lo invadió. Presionando con fuerza la herida del cuello, entrecerró los ojos. "¿Por qué estás aquí?" preguntó. "¿Por qué estás aquí?", preguntó una voz áspera y áspera, llena de locura. Parecía una locura. Wei Wuyin pateó. Sus piernas eran como el viento al azotar la cabeza del joven. Un sonido escalofriante de carne y hueso chocando resonó. La cabeza del joven retrocedió violentamente y se estrelló con fuerza contra las paredes de acero helado de la jaula. ¡Bang! "¿Por qué estás aquí?" preguntó Wei Wuyin de nuevo. El joven, desconcertado y apenas consciente, ni siquiera pudo responder. ¡Bang! Wei Wuyin volvió a patear. "¿Por qué estás aquí?" Esta vez, después de que el joven recuperara el equilibrio y la sangre manara a raudales de su cráneo, dejando una marca visible en su interior, miró a Wei Wuyin con ojos claros y cuerdos. Era la mirada de un erudito que había viajado mil millas y leído innumerables libros. "¿Ah?" Su interés se despertó. ¿Había recuperado el sentido común con ese golpe? "¿Eres bueno o malo?", preguntó el joven con una voz suave pero poderosa. Era completamente diferente a antes. Wei Wuyin frunció el ceño, pero respondió sin dudarlo. ¿Eres bueno o malo? ¿Eres un niño? Una pregunta tan absurda pertenecía a los eruditos filosóficos y a los cuentos infantiles; no tenía cabida en el mundo de la cultivación. Estaba a punto de lanzar una nueva patada con la esperanza de que otro golpe le ayudara, pero el joven sonrió y asintió al azar, lo que lo obligó a detenerse. Bien. Mal. Moral. Inmoral. En nuestro mundo, los buenos obtienen suerte kármica. En nuestro mundo, los malos obtienen pecado infernal. La moral es justa. Los inmorales son condenados. En este mundo, los fuertes se aprovechan de los débiles; los débiles son malvados e inmorales; los fuertes son buenos y morales. En mi vida, no he hecho nada malo, y aun así, me consideraron malo. ¿Fui bueno o malo en mi vida? Una profunda reticencia surgió de sus palabras. Wei Wuyin negó con la cabeza. Este prisionero claramente había perdido la razón, así que ¿por qué necesitaba seguir con vida? Con su sable, lo apuntó hacia el joven. Se sentía misericordioso hoy, así que decidió hacerlo solo un poco doloroso. "¡No!", gritó el joven con fiereza. "Simplemente fui débil. Esa es la mayor fuente de pecado, pero también la mayor fuente de suerte". Wei Wuyin lo ignoró y clavó su sable en el hombro demacrado del joven. Una niebla sangrienta y un líquido carmesí explotaron, pero el joven no reaccionó ni gritó de dolor. Su mirada era clara y firme, y su expresión, firme. "Renace en el pecado, roba la suerte kármica. ¡Yo seré causa kármica, tú serás efecto kármico!", afirmó con vehemencia el joven. Lo que lo recibió fue una puñalada en el abdomen que le atravesó la espalda. Wei Wuyin lo había atravesado ferozmente con su sable. "Tonterías", espetó Wei Wuyin con frialdad. "Si quieres renacer, te enviaré a reencarnar un poco antes. Saluda a la anciana Meng Po de mi parte". Sacó su espada y la colocó en el cuello del joven, con la mirada indiferente ante su locura. "He visto mi pecado. He visto mi karma. Tú... Renace..." Una línea de sangre apareció en su garganta, sellando su voz. Un golpe sordo se escuchó cuando la cabeza del joven se estrelló contra el suelo de la jaula. "Inútil", espetó Wei Wuyin con frialdad y desdén. Dicho esto, salió y lo recibió el sol abrasador del otoño. Entrecerró los ojos. Se sujetó el cuello mientras un hilillo de sangre se filtraba entre sus dedos. Observó la masacre que se desarrollaba ante él. Sabía que la situación estaba llegando a su punto álgido y sintió un extraño alivio. Por alguna razón, se sentía anormalmente cansado y quería regresar a la secta cuanto antes. Cerrando los ojos, respiró profundamente y exhaló. Una tenue luz carmesí, más brillante que la sangre, brilló brevemente en la herida de su cuello.
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Estás leyendo el capítulo 1 de Paragón del Pecado (Novela), un novela. El Dao Celestial existe. Él decide lo que está bien y lo que está mal. Actuar en contra de él es pecar, actuar de acuerdo con él es ser bendecido por sus gracias. El mundo del cultivo es difícil, un principio inmutable.… Este capítulo tiene publicado el 26 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paragón del Pecado (Novela) tiene 1004 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.