Leer Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 57 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El viento frío despertó a Margaret de su letargo. Con el pelo revuelto, abrió los ojos y miró a su alrededor. Nada había cambiado. Seguía atrapada en la cubierta de un barco desconocido.
A través del cristal de la cabina del piloto, pudo ver a un hombre envuelto en vendajes que manejaba el timón. Su aspecto le provocó un escalofrío de miedo por todo el cuerpo. Era el hombre que los había comprado.
Al principio, Margaret pensó que por fin había escapado del infierno y que estaba de vuelta a casa. Pero entonces se dio cuenta de que el hombre las había comprado para utilizarlas como ofrendas sacrificiales. Si no hubiera sido porque el capitán del barco regresó por su propia voluntad, quizá ya se habría hundido en las profundidades de las oscuras aguas.
Las palabras de su padre habían sido acertadas: todos los hombres del mar son malos. No respetaban la ley ni la vida. Para ellos, las vidas humanas valían lo mismo que los peces.
Padre, ¿dónde estás? Sálvame... Si consigues sacarme de aquí, prometo quedarme en Whereto y no volver a abandonar la isla jamás. Las lágrimas corrían por las mejillas de Margaret al pensar en su padre.
En ese momento, una ráfaga de ruidos llegó a sus oídos. Los marineros se habían levantado para limpiar la cubierta. Tampoco pasó desapercibida su conversación.
“¿Vamos a quedarnos con esos esclavos? El comercio de esclavos está prohibido en el Archipiélago Coral, así que ¿para qué los traemos? Más vale tirarlos por la borda”.
Al oír las palabras del marinero, una mirada de terror se dibujó en los rostros de los esclavos. Se acurrucaron unos contra otros como ratas acorraladas.
“El primer oficial los compró con su propio dinero, así que son de su propiedad. ¿Tienes el valor de tirarlos?”.
“¡Eh, ni hablar! Además, ¿quién se atreve a meterse con el capitán? Si le haces enfadar, la próxima vez te sacrificará a ti”.
“Déjate de tonterías. ¿No ves que está al timón? Si te oye, eres hombre muerto.
Al ver que las botas de los marineros se acercaban lentamente, Margaret se apresuró a esconder la cabeza en el sucio saco de arpillera.
¡Zas!
La fregona empapada de agua sucia golpeó a los esclavos.
“¿Tenéis ojos?
¿No ves que estoy fregando la cubierta? ¡Largaos al otro lado!”.
Los esclavos, apiñados en un rincón, se levantaron apresuradamente y corrieron por la cubierta como un grupo de ratones.
Margaret se levantó, queriendo seguir a la multitud, pero un marinero alto y musculoso le bloqueó el paso. Sus dedos grandes y gruesos, llenos de callos, se extendieron para pellizcarle la barbilla y levantarle la cara.
“Mira, esta esclava es muy guapa”, comentó el marinero con una sonrisa lasciva en el rostro.
Rodeada por los tres marineros, Margaret temblaba de miedo. Su mirada estaba llena de terror mientras intentaba desesperadamente retroceder, pero ya tenía la espalda contra la barandilla del barco. No tenía vía de escape.
Le echaron un cubo de agua por encima, que le quitó la suciedad. Su piel blanca como la leche quedó al descubierto, y un par de grandes ojos enmarcados por largas pestañas parpadearon en su delicado y pequeño rostro.
La visión de la belleza revelada de Margaret hizo que los marineros respiraran con dificultad, consumidos por la lujuria. Había pasado mucho tiempo; la privación los había dejado hambrientos y ansiosos de liberación.
Sometida a la mirada invasiva e implacable del trío, Margaret luchaba y gritaba aterrorizada. Había visto lo mismo con otras chicas en Sottom.
“¡Soltadme! ¡Soy la hija del gobernador de Whereto! ¡No podéis hacerme esto! ¡Padre! ¡Ayuda!”, gritaba Margaret entre sollozos.
“¿Qué estáis haciendo?”, se oyó una voz cansada detrás del trío. Los marineros se estremecieron de miedo ante la nueva presencia. Rápidamente cogieron los trapeadores del suelo y se alinearon en fila india. “¡Informando al capitán! ¡Estamos limpiando la cubierta, señor!”.
“¿Por qué hay esclavas en mi barco?”, preguntó el joven.
“Capitán, el primer oficial los compró por 4000 ecos cada uno. ¡Iban a ser ofrecidos en sacrificio para salvarle! “respondió un marinero.
Margaret se volvió para mirar al joven que acababa de aparecer en la cubierta. Tenía el pelo negro azabache y vestía un uniforme de capitán de color azul oscuro. La cicatriz diagonal que le cruzaba la mejilla añadía un toque de ferocidad a su rostro.
Al ver a los marineros temblando bajo la autoridad del hombre, Margaret se abalanzó sobre el joven. Con lágrimas corriendo por sus mejillas, lo miró y le suplicó: “Por favor, sálveme. Quiero irme a casa. ¡Nunca volveré a salir al mar!”.
Antes de que Margaret pudiera terminar la frase, sintió que algo invisible se enroscaba a su alrededor y la empujaba.
Margaret luchó por incorporarse y se encontró cara a cara con el joven. Al ver su hermoso rostro de cerca, algo se agitó en el corazón de Margaret.
“¿Dices que eres la hija del gobernador de Whereto? ¿Tienes alguna prueba? “preguntó el capitán con tono gélido.
Las palabras del joven sacaron a Margaret de su estado de miedo y rápidamente sacó una ficha de espina de pescado de su bolsillo.
“Mi padre me dio esto. Solo tiene que enseñárselo y sabrá que estoy aquí”.
El joven tomó la ficha en su mano y la examinó. Mientras tanto, Margaret esperaba ansiosa su veredicto. Después de todo, su vida pendía de su decisión.
En ese momento, de repente notó algo escalofriante en el joven que tenía delante. Uno de sus ojos la miraba, pero el otro estudiaba la ficha de espina de pescado.
Horrorizada, Margaret se abrazó con fuerza mientras se mordía el labio con inquietud.
“¿Cómo escapaste?”, preguntó de repente el hombre, sobresaltando a Margaret.
“Me secuestraron y me llevaron a Sottom, donde me encerraron durante mucho tiempo. Pero una noche, una mujer me rescató. No sé quién es, pero vestía igual que yo y se disfrazó para parecerse a mí”.
Al oír la respuesta de Margaret, el joven frunció el ceño, como si recordara algo.
Margaret continuó con sus súplicas desesperadas: “Señor, ¿puede llevarme de vuelta? Si lo hace, mi padre le recompensará generosamente”.
“Claro, estaba esperando esas palabras. Ahora tenemos financiación para nuestras aventuras”.
Antes de que Margaret pudiera entender la situación, la llevaron a lavarse y le pusieron ropa holgada.
Cuando salió del baño, su belleza original quedó al descubierto. Podía sentir las miradas lascivas de los hombres del barco.
Margaret instintivamente aceleró el paso para volver al lado del joven. A pesar de su actitud fría, se sentía segura a su lado.
“¿Sabes escribir?”
“Sí...”
“Bien. Escribe una carta a tu padre.”
Pensando que había encontrado a su salvador, una expresión de alegría floreció en el rostro de Margaret. Sin embargo, las siguientes palabras del joven la sumieron en la tristeza casi al instante.
“Dile que un amable desconocido te ha salvado y que me has prometido cinco millones de Echo como muestra de gratitud.”
Margaret tomó la pluma y comenzó a escribir. No importaban las circunstancias, estaba de vuelta a casa, de vuelta a ese lugar cálido que conocía.
Tras terminar la carta, se la entregó respetuosamente al joven. Cuando él le indicó que se marchara, un instintivo sentimiento de miedo la invadió.
“Señor... ¿puedo quedarme cerca de usted? “preguntó Margaret. No tenía ni idea de quién era aquel joven, pero sabía que estaría a salvo mientras permaneciera a su lado.
En ese momento, su estómago rugió por el hambre. Margaret se sonrojó profundamente cuando la mirada del joven se fijó en ella.
* * *
Sentada en el comedor, Margaret estaba a punto de llorar al ver la comida más básica que le habían servido. Desde que la secuestraron, nunca se había sentido tan saciada.
De repente, una idea cruzó por su mente. Echó un vistazo al joven que estaba a su lado antes de meter a escondidas un poco de pan en su bolsillo.
Después de la comida, Margaret corrió en secreto a la cubierta y vació los bolsillos. Los esclavos hambrientos se abalanzaron frenéticamente sobre la comida.
No es que los marineros les dieran buena comida. Ya sería bueno que les dieran lo suficiente para sobrevivir.
“¿Por qué les has dado comida?”, resonó una voz detrás de ella. Margaret se volvió apresuradamente y se dio cuenta de que era el capitán del barco.
“Porque tener hambre es horrible. Yo estoy llena, pero ellos siguen pasando hambre.
“Si le pides a tu padre que me dé una recompensa mayor, puedo asegurarme de que tengan mejores comidas.
“¿De verdad? Señor, usted es un buen hombre “exclamó Margaret.
“¿Un buen hombre? Ja, ja, tal vez.
Justo cuando Margaret se regocijaba por el hecho de que ya nadie pasaría hambre, vio una mota de luz en el horizonte marino.
El punto se acercó rápidamente y reveló un barco colosal de casi cien metros de eslora. Su casco lucía un gigantesco triángulo blanco.

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Estás leyendo el capítulo 57 de Paisaje Marino Envuelto (Novela), un novela. En lo más profundo de la superficie terrestre, se esconde un desconcertante paisaje marino subterráneo, un archipiélago bañado en una negrura tenebrosa donde reinan el suspense y el horror. Aquí yacen extrañas islas y… Este capítulo tiene publicado el 23 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Paisaje Marino Envuelto (Novela) tiene 1149 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.