Leer Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 515 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ernst abrió los ojos de par en par. Bajó la mirada y descubrió que estaba empapado en sudor frío. No podía evitarlo, pues acababa de sufrir una muerte auténtica a manos del malvado Charles, quien lo había transformado en el llamado "Vendaje" en su sueño.
El sonido de las olas rompiendo fuera de la habitación devolvió la conciencia a Ernst, quien comprendió que en realidad había estado soñando. Después de todo, seguía en ese barco.
Al mirar a su alrededor, Ernst descubrió que estaba en una habitación muy peculiar. Las paredes estaban hechas de gruesas esponjas amarillas.
Aunque Ernst no tenía idea de a dónde lo llevaban, una cosa sabía con certeza: iban a matarlo para resucitar a "Bandages".
¡No! No puedo quedarme de brazos cruzados. ¡No soy una maldita Venda! ¡Tengo que escapar y volver a mi Isla Helada!
En ese momento se escuchó un crujido y la pequeña rejilla de hierro en la parte inferior de la puerta se abrió, revelando una humeante variedad de platos de desayuno.
"Disfrute de su comida, señor Weister."
Ernst no iba a rechazar ninguna comida que le ofrecieran, pues negarse significaba que se vería obligado a comer. Por suerte, estos días de tortura pronto llegarían a su fin. Ya había ideado un plan para escapar, y hoy era el Día D.
Ernst se acercó a la puerta y saludó con la cabeza a la persona que estaba afuera. Luego, sonrió y dijo: "¿Puede decirle al capitán que he recuperado parte de mi memoria? Ya lo recuerdo; me llamo Bandages y soy su primer oficial, ¿verdad?".
El individuo al otro lado de la puerta negó con la cabeza, impotente, al oír la elocuencia de Ernst. Ni siquiera se molestó en responder y cerró la reja de hierro.
Ernst suspiró con impotencia al verlo y desayunó con deleite. No podía morirse de hambre, pues debía comer hasta saciarse para tener fuerzas para escapar.
Ernst pronto terminó su comida y se sentó tranquilamente, esperando pacientemente algo.
Había pasado bastante tiempo desde que empezó a vivir en esta nave, así que ya había memorizado su rutina. Cada mañana, los dejaban salir de sus celdas para tomar aire fresco y asegurarse de que no desarrollaran otras enfermedades debido al largo confinamiento.
El plan de Ernst consistía en aprovechar ese tiempo libre para buscar aliados.
El tiempo transcurría, y Ernst se alegró de inmediato al oír pasos familiares fuera de la puerta. La oportunidad de oro había llegado, y tenía que aprovecharla.
Pronto, más de una docena de tripulantes fueron conducidos a cubierta por los cuidadores. Era hora de que la tripulación tomara aire fresco mientras caminaban por la cubierta, que había sido cubierta con telas negras a modo de refugios improvisados. Ernst era uno de ellos, y caminaba lentamente por la cubierta mientras echaba vistazos a los barcos de escolta no muy lejos de ellos.
La expresión de Ernst era de desprecio al contemplar los barcos de escolta, pero por dentro estaba estupefacto. Después de todo, era impensable que unos simples barcos de escolta tuvieran semejante tamaño y cañones de cubierta de acero de aspecto tan robusto.
Ni siquiera Ernst tenía barcos tan enormes, armados hasta los dientes con acero fino, como el Gobernador de la Isla Frost. La Isla Frost solo contaba con pequeños veleros, así que era imposible que tuvieran barcos tan grandes, y mucho menos las aeronaves que sobrevolaban.
Ernst se asustó muchísimo al ver por primera vez las enormes aeronaves con sus enormes bolsas de gas suspendidas en el cielo. Quedó tan impactado que creyó estar viendo monstruos gigantescos.
Odiaba admitirlo, pero el gobernador Charles era docenas de veces más fuerte que él cuando se trataba de fuerza militar.
Ernst observó el brillante mundo exterior; tenía la persistente sensación de que algo andaba mal. Cabía la posibilidad de que este mundo no fuera el de donde venía, pero tenía que escapar de la nave para confirmar su teoría.
Él no podía morir aquí. ¡Absolutamente no podía convertirse en Bandages!
Ernst bajó la mirada y caminó lentamente. Así, Ernst pasó una hora cabizbajo hasta que los cuidadores bajaron la guardia antes de caminar lentamente hacia una mujer calva.
La mujer calva se volvió hacia Ernst, y éste vio que la primera parecía bastante frustrada.
"Primer oficial, ¿ha visto al capitán? Quiero disculparme con él...", murmuró Linda, mirando aturdida a Ernst.
Ernst miró brevemente a su alrededor antes de responder en voz baja: "Sé dónde está su capitán ahora mismo. Hagan lo que les digo y definitivamente los ayudaré a encontrarlo".
"¿En serio?" Los ojos de Linda se iluminaron. "Entonces, vamos a buscarlo. De verdad quiero disculparme con él. Nunca tuvo ni idea de que lo había engañado, y siento mucho lo que le hice".
"¡Shhh!" Ernst extendió la mano y agarró el brazo de Linda, deteniéndola en seco; estaba a punto de irse emocionada al escuchar el comentario de Ernst.
"Quédate quieto y espera. Te informaré inmediatamente si tengo alguna novedad."
En ese momento, Norton, vestido con una bata de hospital, se acercó sigilosamente y exclamó: "¡Informando al primer oficial, señor! Nos han rodeado estas criaturas deformes. Seguí sus órdenes y me abstuve de molestarlas. ¿Qué hacemos ahora?"
¡No te acerques tanto a mí y baja la voz! ¡Nos están mirando! En fin, lo haremos hoy. ¡Espera mi señal cuando volvamos a nuestras celdas!
"Entendido; ¡Prometo completar la misión!"
Ernst aprovechó el descanso para acercarse a los demás tripulantes. Habló con ellos y los convenció de unirse a su misión.
Ernst sólo se acercaba a aquellos que eran un poco menos locos que el promedio, y no se molestaba en perder el tiempo tratando de ganarse a aquellos que se habían vuelto completamente locos que ni siquiera podían alimentarse, como el hombre regordete con una pierna protésica.
Afortunadamente, los demás parecían muy cercanos a Ernst, y como resultado, el plan de Ernst avanzó sin contratiempos.
"¡Se acabó el aire fresco! ¡Es hora de volver!", exclamó el médico de cabecera. Los cuidadores se acercaron a los tripulantes y los acompañaron a sus celdas.
Ernst no se molestó en resistirse y permitió que los fuertes cuidadores lo llevaran de vuelta a su celda. Ernst echó un último vistazo al exterior y vio un punto negro en el brillante horizonte a lo lejos. Era una isla; se acercaban a su destino.
Un ruido sordo resonó al cerrarse la puerta de hierro envuelta en una esponja amarilla. Ernst pegó la oreja a la puerta, atento a cualquier movimiento en el exterior.
El barco estaba a punto de atracar, y se enteró por la charla ociosa de los cuidadores que atracaban en una isla llamada Corona del Mundo para reponer suministros y combustible.
Ernst se dio cuenta de que ésta era su oportunidad de oro para escapar, y que si podía liberarse o no dependía de ese único intento.
El balanceo del barco pronto se hizo menos intermitente y brusco; ¡el barco finalmente había atracado en el muelle de la isla!
Sin embargo, Ernst no hizo nada de inmediato. Esperó en silencio otra media hora antes de presionar suavemente la puerta con las manos. Sus dedos se transformaron en enredaderas verdes y tantearon la cerradura.
Ernst no tenía idea de cuándo había aprendido una habilidad tan especial, pero recientemente había descubierto que tenía la habilidad especial de controlar plantas y era bastante bueno en eso.
Al descubrir su habilidad especial, Ernst no se atrevió a mostrársela a nadie; decidió ocultarla, ya que era su carta del triunfo, una carta del triunfo que aumentaría enormemente sus posibilidades de escapar del confinamiento.
Se oyó un clic. Momentos después, Ernst abrió la puerta de un empujón y salió corriendo.
Los cuidadores se quedaron atónitos al ver a Ernst salir de su celda, pero rápidamente volvieron a la realidad y atacaron a Ernst con jeringas tranquilizantes en la mano.
Ernst extendió las manos, y las enredaderas retorcidas treparon por los cuidadores, atándolos. Ernst los sometió rápidamente.
¡Lo logré! ¡Por fin salí! El corazón de Ernst latía con fuerza de emoción. Corrió a las otras celdas y liberó a los lunáticos que estaban dentro.
Después de reunir a los pocos miembros de la tripulación que había logrado persuadir antes, Ernst se volvió hacia los lunáticos restantes y les azotó la espalda.
Los lunáticos gimieron de dolor y salieron corriendo asustados.
“¿Por qué los azotó, primer oficial, señor? Son nuestros amigos” preguntó Norton, con asombro.
Sin embargo, Ernst no tuvo tiempo de explicarse y arrastró a sus conspiradores para perseguir a los lunáticos que huían.
¡No se acerquen a mí y corran! ¡Dense prisa! Que tomen la delantera. Tendremos más posibilidades de escapar si les permitimos correr delante de nosotros. ¡Y no olviden agarrar todas las armas que encuentren!
Un grupo de lunáticos se había escapado de sus celdas, sembrando el caos en toda la cabaña. Desafortunadamente, estos dementes eran figuras muy importantes para el gobernador, por lo que las tropas de la marina no se atrevieron a emplear fuerza letal.
Desafortunadamente, Ernst y su grupo de lunáticos no compartían el mismo sentimiento.
Después de apoderarse de todas las armas que encontraron al salir, Ernst y su grupo de lunáticos inmediatamente amenazaron a las tropas de la marina.
Las tropas de la marina dudaron, sin saber cómo derribarlos. Al final, solo pudieron observar cómo Ernst y su grupo de lunáticos salían corriendo de la cabina.
Al llegar a cubierta, Ernst vio a lo lejos el distrito portuario de la Corona Mundial y gritó de inmediato: "¡Corran! ¡Corran hacia el puerto! ¡Tienen demasiado miedo de dispararnos!".

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Capítulo 516
Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 515
Estás leyendo el capítulo 515 de Paisaje Marino Envuelto (Novela), un novela. En lo más profundo de la superficie terrestre, se esconde un desconcertante paisaje marino subterráneo, un archipiélago bañado en una negrura tenebrosa donde reinan el suspense y el horror. Aquí yacen extrañas islas y… Este capítulo tiene publicado el 22 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paisaje Marino Envuelto (Novela) tiene 1149 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.