Leer Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 155 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras se secaba las palmas sudorosas de las manos en la camisa, la mente de Charles corría.
¿Una calamidad? ¿Qué calamidad podría haber en la superficie terrestre? ¿A menos que la humanidad haya causado este intenso calor?
¡Habitantes de la superficie, retírense! ¡Su presencia arriba solo traerá calamidades!
Las mantis gigantes agitaron sus alas y reiteraron la misma advertencia.
Al inspeccionar el área y notar que las monstruosas mantis de seis metros de largo los tenían rodeados, Charles supo que su prioridad inmediata era evitar provocarlas.
Reflexionó sobre sus palabras antes de preguntar: "¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué no nos dejan subir?"
Como estas criaturas podían comunicarse, Charles pensó que quizás podría sonsacarles algo de inteligencia. Sin embargo, las mantis no mostraron intención de conversar. Sus alas aleteaban con mayor rapidez y volumen.
¡Habitantes de la superficie, desciendan de inmediato! ¡La calamidad del pasado fue causada por los de su especie! ¡El pacto ha terminado! ¡Jamás volveremos a creer en una palabra de los de su especie! Todas y cada una de las mantis desenvainaron sus guadañas.
¿De qué calamidad hablas? ¿Qué pasó en la superficie? ¡No sé con qué humano contactaste por última vez, pero no estoy con ellos!” rugió Charles, con la voz impregnada de clara desesperación.
El zumbido de alas cesó al instante. Las mantis se reunieron en círculo y parecían estatuas suspendidas en el acantilado. El tiempo pareció detenerse en ese instante, pues tanto los humanos como los monstruos permanecieron inmóviles.
En ese momento, Charles sintió que la luz del sol se intensificaba aún más. Agarrando la cuerda con ambas manos, ascendió velozmente al globo como un mono ágil.
Se quedó quieto y miró hacia arriba con los ojos entrecerrados. A unos trescientos metros de distancia, un destello azul, con una esquina oscurecida por el brillo plateado del sol, apareció en su visión.
Era el mundo de la superficie, donde originalmente pertenecía.
En ese mismo momento, las mantis extendieron sus aterradoras alas con un zumbido resonante y se abalanzaron amenazadoramente sobre Charles y su grupo.
Sus afiladas patas delanteras, como guadañas, se clavaron en el globo aerostático como si cortaran tofu. Mientras el sonido del cuero al rasgarse y la madera al romperse resonaba incesantemente en el aire, el Luchador Celestial pronto quedó destrozado. Algunos miembros de su tripulación corrieron la misma suerte en el proceso.
Sin embargo, por alguna razón desconocida, las mantis no apuntaron a Charles. Se aferraron a los acantilados circundantes y apuntaron sus cabezas en forma de capullo hacia él mientras caía en picado.
Charles giró rápidamente en el aire. Esperaba que los discípulos de la Orden de la Luz Divina lo salvaran. Sin embargo, esta vez cometió un error de cálculo. Los demás supervivientes del Combatiente Celestial no cayeron con él. Con una determinación inquebrantable, volaron hacia el peligroso túnel.
¡Debemos completar la misión encomendada por Su Eminencia! ¡Viva el Dios Sol!
Desde la perspectiva de Charles, sus acciones actuales eran similares a polillas que se lanzaban hacia el fuego.
Cuando cayó de la grieta, miró hacia la luz cegadora y vio un enjambre enorme de mantis descendiendo sobre los discípulos.
En ese momento, Charles no tenía tiempo para preocuparse por los demás; estaba en caída libre. Desde su altura, incluso si aterrizaba en el agua, sería como estrellarse contra el hormigón.
El cabello de Charles se agitó violentamente debido al fuerte viento que aullaba junto a él. Su mente corría desesperada buscando una manera de salvarse.
Mientras el vasto mar debajo de él se ampliaba rápidamente, Charles sacó el Espejo Murciélago y pasó su mano derecha ensangrentada sobre la superficie de vidrio.
Un grotesco murciélago desplegó rápidamente sus alas y aleteó con feroz intensidad para frenar su rápido descenso. Justo cuando Charles estaba a veinte metros de la superficie del mar, su descenso se detuvo con éxito.
Sin embargo, al instante siguiente, sin previo aviso, fue consumido por una repentina explosión de llamas rojas. El intenso dolor se sentía como si innumerables agujas atravesaran cada centímetro de su cuerpo.
La luz del sol era la némesis de los vampiros. Unos segundos bastaron para que Charles encontrara su fin, no por una caída fatal, sino por un incendio.
Presa del pánico, Charles retrajo sus alas. Retomando su forma humana, se precipitó directamente a las gélidas aguas.
Al presenciar la caída de algo desde la grieta superior al mar, la angustia se apoderó del corazón de todos los habitantes de la Isla Esperanza. Los nadadores expertos se lanzaron de inmediato a las aguas para salvar a los caídos.
Pronto, Feuerbach regresó y ayudó a Charles, apenas consciente, a entrar al refugio.
Liderando a un grupo de discípulos, Hunn fue el primero en acercarse a Charles. Con evidente nerviosismo en la voz, preguntó: "¿Qué pasó allá arriba? ¿Viste al Dios de la Luz?".
Con la piel carbonizada hasta un tono negro antinatural, Charles agitó la mano débilmente. "No. Nos atacaron las criaturas que habitan en lo alto de la caverna. Nos impiden subir."
"¿Qué aspecto tienen? ¿Eran muchos?", continuó Hunn con sus preguntas.
Sin embargo, cualquier esperanza de respuesta se desvaneció cuando la cabeza de Charles cayó hacia un lado y se hundió en la inconsciencia.
Tras un tiempo indeterminado, Charles finalmente se despertó y recuperó la consciencia. Se encontró tendido en una cama amplia e impecable, con el cuerpo envuelto en gruesas capas de vendajes blancos.
Incluso el más mínimo movimiento enviaba una oleada de dolor a través de todo su ser.
"No te muevas", sonó la voz ronca de Laesto desde la izquierda de Charles.
Reuniendo todas sus fuerzas, Charles se esforzó por girar el cuello hacia la voz y vio a Laesto preparando un brebaje. Su mirada se posó entonces en Vendajes, sentado a un lado.
¿No te dije que no te movieras? Laesto extendió la mano para agarrar la cabeza de Charles y la colocó de nuevo de cara al techo.
"¿Cuánto tiempo he estado fuera?"
Siete días. O quizás ocho. Esta vez sufriste heridas graves. Gran parte de tu piel está quemada.
Charles soltó una risita débil. "¿Tan mal, eh? Supongo que entonces tendré algunas cicatrices más."
Al oír el tono relajado de Charles, una pizca de confusión cruzó el horrible rostro de Laesto. “Para alguien que sufrió heridas tan graves, parece estar de buen humor”.
Las comisuras de los labios de Charles se elevaron ligeramente al recordar el atractivo tono azul celeste que había vislumbrado. Por primera vez en nueve años, vio el mundo exterior. No podía distinguirlo con claridad debido a la luz cegadora, pero era de una belleza sobrecogedora.
"Mientras sobreviviera. Valió la pena."
Una mueca de desprecio apareció en el rostro de Laesto. "Claro. Sigue así. Un buen día, no volverás, y entonces, por fin podré bajar de esta maldita nave."
Charles no tenía tiempo para charlas ociosas.
Necesitaba compartir de inmediato lo que había descubierto sobre la grieta con los discípulos de la Orden de la Luz Divina. Dado que esas mantis eran simples criaturas vivientes, lidiar con ellas se volvió mucho más fácil. Solo necesitaban encontrar la manera de deshacerse de ellas para despejar el camino hacia la superficie.
"Doctor, llame a Hunn. Necesito hablar con él."
"Silencio. No estás en condiciones de conocer a nadie. Descansa primero."
Dicho esto, Laesto hundió una jeringa con un líquido negro en el brazo de Charles. Antes de que Charles pudiera replicar, sus párpados se cerraron y volvió a quedarse dormido.
Laesto salió cojeando de la sala. En la puerta, un discípulo de la Orden de la Luz Divina, que llevaba un buen rato esperando, se levantó de inmediato.
"¿Ha vuelto en sí el gobernador Charles?" preguntó el discípulo con voz teñida de ansiedad.
¡A qué viene tanta prisa! ¡Sigue inconsciente! Laesto lo apartó bruscamente y se alejó.
Al salir del estrecho pasillo, Laesto se paró en la cubierta del Narval. Contemplando la lejana Isla Esperanza bañada por la brillante luz del sol, bebió un trago de su petaca.
"¿Por qué... no les... dijiste... que... el Capitán... había... cambiado de opinión?"
Los ojos de Laesto permanecieron fijos en la isla a pesar de escuchar la voz lenta detrás de él.
“Déjalo descansar. Ahora mismo, la cama es lo único que puede mantenerlo quieto” respondió Laesto antes de tomar otro trago de alcohol.

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Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 155
Estás leyendo el capítulo 155 de Paisaje Marino Envuelto (Novela), un novela. En lo más profundo de la superficie terrestre, se esconde un desconcertante paisaje marino subterráneo, un archipiélago bañado en una negrura tenebrosa donde reinan el suspense y el horror. Aquí yacen extrañas islas y… Este capítulo tiene publicado el 23 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Paisaje Marino Envuelto (Novela) tiene 1149 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.