Leer Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 1056 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Anna, estás nerviosa", comentó Tobba. Con apenas sesenta centímetros de estatura, levantó la cabeza para observar a la joven, sentada con la barbilla apoyada en una mano.
Anna no dijo nada. En cambio, agarró la botella de leche por un lado y se la metió en la boca sin contemplaciones antes de ignorarlo por completo.
Su mirada permaneció fija en el paisaje que pasaba fugazmente por la ventana. En cuanto a sus pensamientos, solo ella sabía en qué pensaba.
El autobús aminoró la marcha hasta detenerse frente a un mercado bullicioso donde había un flujo constante de vendedores de verduras y repartidores.
Anna se levantó y se dirigió hacia la puerta; el resto de los pasajeros instintivamente la siguieron.
"Quédate ahí", ordenó Anna, "iré sola".
Con esto, ella bajó del autobús.
El suelo del mercado estaba lejos de estar limpio, y no pasó mucho tiempo antes de que los zapatos de Anna acumularan motas de suciedad y residuos.
Sin embargo, no le importó y se adentró con paso decidido en el mercado. Tras cruzar una pequeña y anodina puerta al fondo de la sección de verduras, Anna llegó al fondo del mercado.
Una vía de tren oxidada se extendía, y un tren de carga verde pasaba traqueteando, su ritmo constante resonando en el aire. Al desaparecer el último vagón, un grupo de personas cerca de un montón de basura apareció ante la vista de Anna.
Sus edades variaban de jóvenes a mayores. Los dedos de los pies asomaban a través de zapatos de lona desgastados, la ropa desvencijada y andrajosa, marcada por cuellos mugrientos y ennegrecidos, eran signos inconfundibles de su identidad: un grupo de vagabundos sin hogar.
Una olla de aluminio maltratada se encontraba en el centro de su reunión improvisada mientras sus dedos manchados de nicotina alternaban entre buscar restos y agarrar colillas de cigarrillos.
Cuando Anna se acercó, sus voces ásperas entraron en sus oídos.
¡Obviamente, los misiles Scud son más potentes! ¡Aunque un submarino se esconda bajo el agua, basta con un misil Scud para hacerlo estallar!
A pesar de ser un tema bastante ridículo, el grupo de vagabundos adoptó una postura seria en su debate.
Mientras Anna acortaba la distancia entre ellos, la conversación se convirtió en un susurro apagado. Sus miradas escrutaron a la impactante mujer de impecable atuendo mientras seguían susurrando entre ellos.
Anna estudió sus rostros, pasando de uno a otro con deliberada determinación. Justo entonces, un hombre de unos veinte años con un par de palillos en la mano se levantó bruscamente.
"¿A quién buscas?" Inconscientemente, apartó la mirada en cuanto se encontró con la de Anna. Sus dedos se movían nerviosamente, limpiándose los palillos en la pernera raída del pantalón.
De pie ante Anna, con rasgos delicados y vestido con elegancia, el joven no albergaba ni un atisbo de lujuria. Más bien, solo sentía una incomodidad profunda.
Anna era como un espejo perfecto que reflejaba su realidad actual, la arrogancia que había mostrado momentos antes, su debate sobre asuntos nacionales con falsa bravuconería, y lo reducía a polvo.
Para él, el mero hecho de que ella estuviera allí parada, sin hacer nada, era como una profunda humillación.
Anna no respondió a su pregunta. Simplemente pasó junto a él sin siquiera mirarlo. Sus ojos recorrieron los rostros manchados de tierra de los niños más pequeños que se apiñaban cerca.
Tras una revisión meticulosa, se enderezó. Su búsqueda no dio resultado: ninguno de esos rostros cubiertos de mugre pertenecía a Charles.
Anna se giró hacia el joven, paralizado en su sitio. Sacó una foto antigua de Charles de joven y se la mostró.
"¿Conoces a esta persona?" preguntó.
El grupo de personas sin hogar se reunió inmediatamente y la fotografía pasó de mano en mano para examinarla con atención.
“Ese es Doggo, ¿verdad?” preguntó alguien”. ¿Lo buscan? Salió a buscar chatarra. Probablemente no vuelva hasta esta noche.
"¿Qué parentesco tienes con él? ¿Tienes dinero?", intervino otro.
"Doggo es mi hermano pequeño. Lo cuido todo el tiempo."
"¿Por qué no te sientas aquí y esperas un rato? Volverá pronto", añadió otro.
Mientras Anna continuaba con las preguntas de seguimiento sobre Charles, el grupo de vagabundos parecía bastante ansioso por ofrecerle la información que buscaba. Para ellos, intercambiar palabras con Anna era como disfrutar de la belleza de algo extraordinario.
Después de recibir la confirmación de que Charles efectivamente estaba allí, asintió levemente y se dio la vuelta para irse sin decir otra palabra.
Volvió sobre sus pasos hacia el bullicioso mercado. En cuanto desapareció de la vista de los vagabundos, su figura vibró a gran velocidad mientras se deslizaba bajo tierra y se dirigía hacia donde se habían reunido los indigentes.
Ahora que se había ido, las voces que se oían por encima de ella habían cambiado. El tema de conversación había girado en torno a Anna. Los mayores incluso habían empezado a hacer chistes groseros sobre ella.
Anna simplemente cerró los ojos y esperó en silencio mientras escuchaba cada palabra anterior.
Los segundos pasaban. Anna nunca había sentido que el tiempo transcurriera tan dolorosamente lento, como si cada segundo fuera una eternidad.
En ese momento, una voz alegre interrumpió la charla: "¿De qué están hablando? Tengo tres bollos. ¿Alguien quiere uno?"
Los ojos de Anna se abrieron de golpe.
Mientras tanto, Doggo estaba claramente sorprendido por el repentino aumento de entusiasmo de su variopinto grupo de compañeros.
¡No se amontonen a mi alrededor! Solo tengo tres bollos. Y logré recoger unas cuantas docenas de botellas de plástico. ¡Eso es todo!
Entre los empujones, Doggo divisó a lo lejos a una joven vestida con un vestido blanco inmaculado. Por un instante, creyó estar contemplando a una diosa. Era simplemente hermosa.
Anna se acercó al niño, que no parecía tener más de siete u ocho años. Sus ojos temblaban ligeramente mientras escrutaba los rasgos del niño que tenía delante.
Tras estar separados tanto tiempo, Charles finalmente apareció ante ella. Sin embargo, ya no era el mismo capitán paranoico del Mar Subterráneo.
Este Charles, en apariencia, era demasiado frágil y escuálido. Parecía un brote de soja a punto de romperse bajo el peso del mundo.
Llevaba unas sandalias deshilachadas que le quedaban mal y un abrigo remendado, con el relleno desbordado por las costuras, que le cubría la delgada figura. Su cabello era un revoltijo enredado y la mugre le cubría la cara. Sin embargo, sus ojos brillaban con claridad.
Charles parecía haber recibido una paliza, pues tenía el ojo derecho hinchado. Pero ni siquiera eso podía ocultar la pureza de su mirada, una mirada pura que no existía en el Charles que conoció en el Mar Subterráneo.
En el momento en que Anna vio al joven, finalmente recibió la confirmación que necesitaba. Este era Charles, su Charles. Y en ese instante, la ira y el resentimiento que había albergado durante tanto tiempo comenzaron a disolverse gradualmente.
Anna se arrodilló lentamente, extendió los brazos y lo abrazó. Su frágil cuerpo era solo huesos y poca carne. Era demasiado ligero, tan ligero que le tocó el corazón dolorosamente.
“Déjame ir” murmuró Charles mientras se retorcía contra su agarre.
"Estoy sucio. Si te arruino la ropa, no puedo pagarla", añadió, abrumado por la ansiedad y el pánico.
Cuanto más forcejeaba, más fuerte lo apretaba Anna. Sentía que las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos.
Su voz se quebró mientras susurraba: "Gao Zhiming... ¿cómo llegó a esto? Esto es... tan lamentable..."
Charles lo había dado todo en el Mar Subterráneo para encontrar el camino de regreso a casa. Sin embargo, su hogar nunca existió. No tenía familia, ni padres, ni vínculos con este mundo de la superficie. Todas las batallas que libró, todos los sacrificios que hizo en nombre del amor y la pertenencia, todo había sido en vano.
Anna llevó a Charles de vuelta al autobús. Durante todo el trayecto, se negó a soltarlo; lo sujetó con fuerza hasta que llegaron a su escondite.
Al llegar a su escondite, Anna lo condujo inmediatamente al baño y lavó con cuidado las capas de mugre adheridas a su pequeño cuerpo. Mientras lo secaba, sus ojos recorrieron los lunares de su piel.
No había duda; era Charles. Esos lunares estaban escondidos en lugares que solo ella conocería y recordaría con la máxima claridad.
Anna tomó una toalla blanca y suave y secó con delicadeza el cabello de Charles. Por primera vez, su habitual actitud irritable dio paso a una inesperada ternura y cariño en su mirada.
Una vez eliminada la suciedad y la mugre, Charles parecía notablemente más adorable.
Charles observó con cautela la decoración interior. Su pequeño cuerpo estaba rígido, sus nervios eran evidentes en la forma en que sus dedos se movían nerviosamente contra sus rodillas.
Pero antes de que su ansiedad se apoderara de él, el aroma de comida recién hecha requirió su atención. No había probado bocado en todo el día y ahora tenía la mirada fija en la comida que acababan de traer a la habitación: dos tazones humeantes de sopa de fideos con pescado.
“Come” dijo Anna suavemente mientras deslizaba un tazón hacia él.
El rico y sabroso aroma del caldo hizo que Charles tragara saliva involuntariamente. Sin embargo, no se abalanzó sobre su plato de inmediato. Esperó a que Anna tomara sus palillos y le diera un mordisco antes de coger los suyos.

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Capítulo 1057
Paisaje Marino Envuelto (Novela) Capítulo 1056
Estás leyendo el capítulo 1056 de Paisaje Marino Envuelto (Novela), un novela. En lo más profundo de la superficie terrestre, se esconde un desconcertante paisaje marino subterráneo, un archipiélago bañado en una negrura tenebrosa donde reinan el suspense y el horror. Aquí yacen extrañas islas y… Este capítulo tiene publicado el 16 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Paisaje Marino Envuelto (Novela) tiene 1149 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.