Leer No soy ese tipo de talento (Novela) Capítulo 78 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La noticia de la rendición del Reino de Ireon, tan rápida que casi resultaba vacía, se extendió por todo el continente en un instante.
Y, naturalmente, la noticia llegó casi de inmediato a oídos del Ejército Revolucionario, que había estado muy pendiente de las novedades del Imperio.
Los miembros del Ejército Revolucionario hervían de rabia en silencio.
¿Qué clase de organización era, después de todo, el Ejército Revolucionario? ¿Acaso no era una agrupación de aquellos que se oponían y protestaban contra los actos de conquista forzosa del emperador Eduardo?
Ante todo, la mayoría procedía de reinos que habían sido aniquilados por la mano del Emperador.
El implacable avance del Emperador y la subyugación forzosa de un reino reabrieron las dolorosas heridas del Ejército Revolucionario y desenterraron recuerdos angustiosos.
La maldita Guerra de los Ocho Años que había borrado tantos reinos del mapa. Y sus propias naciones, borradas entre esos "muchos".
«Ha pasado bastante tiempo desde que se paralizaron todas las operaciones. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir aguantando la respiración así?»
«Aunque no podamos matar al Emperador, no pasa nada. Si al menos conseguimos que coma tierra».
¿Por qué detuvimos todas las actividades precisamente ahora? ¿Acaso el objetivo de todo lo que hemos estado haciendo no era tanto matar al Emperador, sino debilitar sus fuerzas y disminuir su popularidad?
¿En qué demonios está pensando el líder?
Querían avanzar. Querían abrir brechas en las fuerzas del Emperador. Deseaban ver el rostro del Emperador deformado por la ruina total.
Las acciones del Emperador habían avivado la sed de venganza del Ejército Revolucionario.
Sin embargo, al escuchar esta noticia y observar las reacciones de los miembros, la respuesta del líder fue sencilla.
[Sin cambios en las órdenes permanentes.]
Conservarían su fuerza como antes.
Como era de esperar, muchos protestaron. Pero el mensaje posterior del líder silenció sus voces al instante.
[Prepárense para cortar la cabeza del Emperador.]
Un nuevo viento comenzó a soplar en el seno del Ejército Revolucionario.
* * *
Mientras tanto, Daniel, el líder del Ejército Revolucionario que había dado todas esas órdenes, se preparaba en silencio para abandonar el cuartel general. Su rostro, surcado por el cansancio, mostraba una sutil dureza.
Se puso el abrigo y dejó escapar un leve suspiro.
'Agotador.'
Su cuerpo aguantaba más o menos, pero el agotamiento mental era otra historia completamente distinta.
Él sabía desde hacía tiempo y se había preparado para el hecho de que controlar a aquellos consumidos por la ira, aquellos que querían avanzar ciegamente, nunca sería fácil. Pero sentía que se volvía más agotador por cada día que pasaba.
Cuanto más se retrasara la gran operación, más precaria se volvería sin duda esta situación.
Para ser sincero, se sintió agraviado.
'¿Quién creen que mantuvo a todos unidos y evitó que se dispersaran hasta ahora?'
Con gente de distintos reinos reunida, era inevitable que se formaran facciones.
Entre aquellos que se dividían en facciones, oponiéndose y atacándose mutuamente, fue Daniel quien medió entre ellos y los mantuvo unidos para evitar que se dispersaran.
Si tan solo ese elemento fallara, el Ejército Revolucionario seguramente se desintegraría, incapaz de unificarse adecuadamente.
"Hermano."
"Ah, Paul."
"¿Vas a ver a mamá?"
"Sí. Entonces espera aquí. Volveré."
Dejando atrás a Paul, se adentró en el camino oscuro. Mientras recorría el antiguo pasadizo secreto, fiel a su naturaleza y desprovisto de luz, le vinieron a la mente todo tipo de pensamientos dispersos.
Y una vez más, recordó. La razón por la que se había reunido el Ejército Revolucionario.
Todo comenzó por una razón muy simple.
[Mi reino fue destruido. Estoy furioso y quiero venganza, pero ya no queda ninguna familia real a la que apoyar para formar un ejército.]
Porque el brutal Emperador había perseguido y exterminado a todos los miembros de la realeza, incluyendo a las ramas colaterales. Porque incluso quienes no pertenecían a la realeza eran masacrados sin piedad por cualquier persona con influencia popular.
Querían rebelarse, pero no tenían un punto de referencia.
Mientras se reprimían y simplemente esperaban una oportunidad, alguien dio un paso al frente como si diera voz a sus corazones.
[Mataré al Emperador. Quienes deseen unirse, que se reúnan. El origen no importa.]
Un propósito que coincidía con el suyo: matar al Emperador. Y esa declaración final: el origen no importa.
Innumerables personas se congregaron.
Las cifras superaban toda imaginación. Daba la sensación de que podían lograr su objetivo en cualquier momento.
Entonces, aunque aún no se había logrado nada, aquellos que habían adquirido una nueva sensación de ocio comenzaron a preocuparse por lo que vendría después del gran acto.
[Si matamos al Emperador y a toda la familia imperial, ¿qué haremos con el trono vacante?]
No podían instalar a un príncipe o princesa heredero como títere. Ellos también tenían que morir.
Pero si uno de los suyos se sentara en ese trono vacante, eso traería consigo su propia serie de problemas.
Se trataba de un grupo de personas de diversos reinos oprimidos por el Emperador. Si alguien ascendía al trono, los habitantes de otros reinos sin duda albergarían resentimiento.
Mientras mantenían un incómodo y silencioso punto muerto, sin poder encontrar una solución clara, se oyó una voz.
¿Es necesario cubrir el puesto vacante? ¿No se puede eliminar ese puesto en sí?
Simplemente matar al Emperador nos convertiría en nada más que rebeldes.
Creemos un nuevo sistema bajo el nombre de "revolución". Acabemos con el sistema de clases y construyamos un mundo donde todos seamos iguales.
Esta declaración obtuvo el consentimiento de la mayoría y se convirtió en la ideología central del Ejército Revolucionario.
De este modo, una organización extremista y violenta, nacida principalmente de la venganza y la ira, se transformó en el actual Ejército Revolucionario, que ahora contaba con el apoyo no solo de quienes habían perdido sus países, sino también de civiles e incluso de algunos ciudadanos imperiales y académicos.
"Es lógico, ya que conquistó el paladar de muchísimas personas."
Aquellos enfurecidos por la pérdida de sus naciones se sintieron atraídos por el aspecto violento del asesinato del Emperador.
Los académicos quedaron cautivados por el nuevo concepto de abolir el sistema de clases.
Los civiles quedaron fascinados por el futuro onírico de un mundo donde todos son iguales.
¿Pero llegaron a saberlo realmente alguna vez?
Que todo este proceso y resultado nunca fue una coincidencia, sino algo que surgió del plan meticuloso de alguien.
Daniel, que se había detenido brevemente frente a la puerta a la que había llegado sin darse cuenta, levantó la mano y llamó.
-Toc, toc.
"Mamá. Soy Daniel."
"Adelante."
El 'alguien' que había reunido a la gente bajo la bandera de 'matar al Emperador'.
Esa persona, en un momento en que todos se preocupaban por lo que sucedería después de que se cometiera el acto, dijo: "En lugar de eso, eliminemos el puesto vacante y creemos un mundo donde todos seamos iguales".
Daniel conocía el concepto de "un mundo donde todos sean iguales" desde hacía mucho tiempo.
Un mundo sin reyes ni nobles, sin sistema de clases. Un mundo donde todos son dueños de la nación y todos trabajan para ella.
"Bienvenido, hijo mío. ¿Te has hecho daño en alguna parte?"
Dentro de la habitación, una mujer de porte elegante estaba sentada en una mecedora, dándole la bienvenida. Sus ojos eran claros y profundos como el mar, como si penetraran en el mundo, y las finas arrugas que los rodeaban sugerían que a menudo lucía una dulce sonrisa.
Al parecer, había estado tejiendo; colocó la bufanda, que ya había tomado forma, sobre su regazo y miró a Daniel a los ojos. Su mirada se curvó suavemente.
De pie en ese lugar, Daniel sonrió con los ojos de una manera que se parecía a la de ella y retomó los pasos en los que se había detenido.
"Estoy bien. Y lo que es más importante, ¿estás bien tú, madre?"
Su madre era hija de una familia noble que se había fugado con un plebeyo.
Sería un error descartarla como la simple historia de una persona insensata enloquecida por el amor. Ella era considerablemente, no, más que considerablemente brillante.
Al enamorarse de un plebeyo, cuestionó las reglas fundamentales que nadie más consideraba cuestionables.
Ideas que iban más allá de las reglas básicas y se acercaban a la raíz misma.
El sistema de clases.
Desde pequeño, Daniel se sentaba en su regazo y escuchaba a su madre expresar esos pensamientos.
Mientras ella mantenía una vida matrimonial sencilla con su padre, cuando este murió tras enemistarse con el noble equivocado, incluso cuando la propia madre se debilitó a causa del estrés severo.
Ella le había expuesto sus ideas y métodos a Daniel, y Daniel había almacenado meticulosamente ese conocimiento en su mente.
Y al ver que su madre se debilitaba día tras día, tomó una decisión.
Él le mostraría ese tipo de mundo que ella imaginaba, antes de que cerrara los ojos.
"Estoy perfectamente bien. Hijo mío, ¿qué te trae por aquí hoy?"
"Tengo pensado visitar Ireon."
Pronunciando el nombre de lo que ahora era una región del Imperio en lugar de un reino, Daniel se arrodilló a los pies de su madre.
Tenían que reforzar aún más sus fuerzas antes de la gran operación.
A diferencia de lo ocurrido durante la Guerra de los Ocho Años, el Rey de Ireon y su linaje seguían vivos, pero el hecho de que el Imperio los hubiera obligado a rendirse permanecía inalterable. Naturalmente, habría quienes se mostrarían descontentos con este resultado. Si las cosas salían bien, incluso podrían contar con el apoyo del rey.
«No, la ideología del Ejército Revolucionario podría incomodarlos».
Incluso sin el apoyo de los poderosos, si lograran atraer a aquellos descontentos con la situación actual, eso sería suficiente.
"Será peligroso."
"Han muerto muchísimos."
Apoyando el rostro sobre las rodillas de su madre, cerró lentamente los ojos.
Los rostros de aquellos que habían desperdiciado sus vidas desfilaron fugazmente ante mis ojos.
"...A este ritmo, no podremos lograr nuestro objetivo. Necesitamos reponer nuestras fuerzas."
"Hijo."
"Madre, soy un pecador."
Fue él quien les había dado las bombas, diciéndoles que, al menos, no murieran solos si la situación era desfavorable. Y fue él quien los había obligado a llevar a cabo acciones en las que la muerte era prácticamente segura.
Entonces, cada vez que llegaban noticias de que civiles habían quedado atrapados y habían muerto, Daniel tenía que sufrir una agonía terrible durante todo el día.
Abrió los ojos. Como si ni siquiera sintiera la mano que le acariciaba suavemente la cabeza, los ojos de Daniel brillaban con determinación mientras murmuraba en voz baja.
"Por su bien también, debemos cumplir nuestro propósito."
"¿Piensas ir tú mismo?"
"Sí. ¿Cómo podría ganarme su confianza sin ir yo mismo?"
"El Emperador lo estará esperando. Incluso puede que haya apostado soldados para que lo esperen."
El Emperador era astuto. Era imposible que no anticipara tales intenciones del Ejército Revolucionario.
Si las cosas eran tan caóticas y ajetreadas que estaba fuera de sí, tal vez, pero... bueno.
"...El Emperador volverá a declarar la guerra. Estoy seguro de ello. El Emperador no se detiene. Aprovechará esta oportunidad para llegar hasta el final. Así que..."
Aun mientras las pensaba, expresó en voz alta las suposiciones de las que se mostraba escéptico.
"No podrá dedicarnos toda su atención. Además, el Ejército Revolucionario tampoco ha provocado ningún incidente grave últimamente, así que es posible que nos haya relegado a un segundo plano en la lista de prioridades."
Como si hubiera percibido tales pensamientos internos, la mujer, en lugar de rebatirle, sonrió con benevolencia.
"No hace falta que intentes convencer a esta anciana. Hijo mío, haz lo que quieras."
"Ah..."
"Pero antes de que te vayas, hay una cosa, un regalo que me gustaría recibir de mi hijo... ¿podrías dármelo?"
"Sea lo que sea, si mamá lo desea."
La mujer abrió la boca, esbozando una sonrisa. Y ante las palabras que siguieron, Daniel, que había estado escuchando en silencio, palideció como un fantasma.
.......
"¿Hermano, has vuelto?"
"Sí. ¿No pasó nada?"
"No."
"Ah, Paul. ¿Podrías entregarle un mensaje a Iram y pedirle que seleccione a algunas personas competentes? Y por supuesto, tú también vendrás."
¿Eh? Sí. Pero hermano, ¿estás bien? No te ves bien...
"Ah."
Por reflejo, se tocó la cara.
"...No es nada. Más que eso, Paul, hay un mensaje más que quiero que transmitas."
"Dime."
"Encuéntrame... un veneno que permita una muerte indolora."
"......!"
"Por favor."
Al ver la expresión de asombro de Paul, Daniel sonrió con amargura.
Esto era lo mejor que podía hacer.
¿Qué madre podría perder a su hijo y seguir viviendo plácidamente?
[Hijo mío, debes regresar sano y salvo.]
[Porque si mi hijo muere, esta madre lo seguirá en la muerte.]
No pudo detener a su madre.
* * *
Contrariamente a lo esperado, el Emperador no prestaba la menor atención al Ejército Revolucionario. Esto se debía a que, en el segundo consejo convocado, los nobles, que valoraban su propia seguridad, habían propuesto contramedidas contra el Ejército Revolucionario.
Parecían ser más diversas de lo esperado. El Emperador, tras escuchar todas las propuestas, seleccionó la más útil y encomendó el trabajo posterior a otros. Así, no había necesidad de dedicar tiempo a esos asuntos.
¿Acaso, una vez conquistado el Reino de Ireon, el Ejército Revolucionario se desplegaría allí, por lo que propusieron estacionar soldados?
Probablemente fue algo así.
Entonces recordó haber hecho aproximadamente un comentario.
[Enviar la Orden del Caballero Elevado.]
Conocida por otro nombre: la Orden de los Caballeros Asesinos.
Había dos razones para enviar específicamente a esos bastardos.
En primer lugar, provocaron tantos incidentes que limpiar después de ellos se convirtió en un trabajo a tiempo completo.
Por aburrimiento, por irritación, por alegría... inventaban todo tipo de excusas y provocaban incidentes a diario, lo que empeoraba aún más sus ya fuertes dolores de cabeza. ¿Por qué destrozaban edificios en perfecto estado? ¿Por qué hacían malabares con espadas desafiladas y casi perdían un brazo ileso? Y para colmo, ni siquiera era su propio brazo, sino el de un sirviente que pasaba por allí.
Y la segunda razón fue...
¿Quién más está capacitado para lidiar con locos?
La Orden de los Caballeros Asesinos era una organización universalmente reconocida como una locura. Y el Ejército Revolucionario estaba lleno de canallas que estaban locos en otro sentido.
¿Acaso no era mejor tratar con los locos entre locos?

Continúa leyendo
No soy ese tipo de talento (Novela)
Capítulo 79
No soy ese tipo de talento (Novela) Capítulo 78
Estás leyendo el capítulo 78 de No soy ese tipo de talento (Novela), un novela. Una persona con talento, respetada por muchos y bienvenida en todas partes... ¡Para nada! ¡Un fanático de la batalla sediento de sangre que no conoce la derrota! Sin embargo, suele ser amable y gentil, además de un gran… Este capítulo tiene publicado el 18 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No soy ese tipo de talento (Novela) tiene 142 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.