Leer No Poseo Nada (Novela) Capítulo 397 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Gort, el Rey de la Lanza, se incorporó con esfuerzo. Le temblaban las piernas y sentía un malestar terrible en el estómago. Por mucho que tragara, la sangre que le subía por la garganta parecía interminable. Con las costillas rotas, sostener el torso le resultaba una tarea ardua. Tenía el brazo izquierdo casi inmóvil. La mayor parte de sus músculos estaban destrozados.
El verdadero problema, sin embargo, no eran las heridas, sino el veneno. El Rey de la Lanza chasqueó la lengua mientras miraba su brazo izquierdo. El veneno negro y reptante se retorcía, ascendiendo por su brazo. Este veneno podía purificarse con el poder sagrado de Teresa, pero ahora no era el momento.
A lo lejos, Juwon se ponía de pie. Aquel monstruo... Le había clavado una lanza en el cuerpo innumerables veces. Le había destrozado el corazón y le había aplastado el cráneo repetidamente. Aun así, la criatura se mantenía en pie, ilesa.
El Rey de la Lanza no pudo evitar burlarse mientras miraba su brazo izquierdo. Seguir blandiendo una lanza con él era impensable. Dejarlo así, sin embargo, significaba que el veneno seguía avanzando. La toxina había ascendido por su brazo, llegando hasta su hombro. El dolor era insoportable. Su experiencia con el dolor en las montañas de Mush lo hacía tolerable, pero si el veneno se extendía desde su hombro al resto del cuerpo, complicaría las cosas.
Con resolución, el Rey de la Lanza se agarró el brazo izquierdo. Con un crujido, se lo arrancó justo debajo del hombro y selló inmediatamente el vaso sanguíneo para detener la hemorragia. El dolor punzante le zumbaba la cabeza, pero podía soportarlo.
No tenía intención de huir para buscar a Teresa y tratar el veneno. La idea de huir de esta pelea ni siquiera se le había pasado por la cabeza. El Rey de la Lanza estaba decidido a avanzar sin tregua.
Para él, Juwon era el adversario más fuerte al que jamás se había enfrentado. Más fuerte que el Dios Marcial de hacía una década.
El Rey de la Lanza mostró los dientes en una sonrisa macabra. Juwon, frente al Rey de la Lanza que acababa de amputarse el brazo, le devolvió la sonrisa.
Desde la muerte de Howon (el anterior líder de los licántropos), había vivido sumido en el tedio y la monotonía, pero luchar contra el Rey de la Lanza le había hecho olvidar. Todo eso.
Justo cuando el Rey de la Lanza reconoció a Juwon, Juwon lo reconoció.
“Demasiado buen rival para matarlo, la verdad”, murmuró Juwon entre risas.
Crujido… crujido.
Juwon entrecerró los ojos mientras se crujía los dedos.
“Geniella me ordenó que te sometiera y te llevara ante ella. Dijo que no importaba si apenas estabas con vida”.
“¿Y usaste veneno contra mí?”.
“Si tu arma es una lanza, la mía es veneno. ¿Qué tiene de malo usar las armas que uno tiene a su alcance?”.
Para él, el concepto de cobardía era inexistente. El Rey de la Lanza no tenía intención de condenar a Juwon por usar veneno. Usa lo que tengas a mano. Esto no era una simple riña entre niños del barrio ni un duelo formal ante un juez. Este era un duelo a muerte.
—No, no hay problema —respondió el Rey de la Lanza con una sonrisa astuta.
Con la única mano que le quedaba, sujetó su lanza. Al haberse convertido en un luchador manco, su equilibrio era precario. Blandió la lanza un par de veces, probándola.
Juwon mantuvo la distancia, sin precipitarse. Ya había disfrutado bastante de la batalla. Juwon sabía que el final de la lucha se acercaba.
El Rey de la Lanza había sido un enemigo formidable. Incluso más que Howon, el antiguo líder de los Licántropos, e incluso más que Brock, el leal vasallo de Howon.
Juwon era el vencedor. Era evidente para cualquier espectador.
El Rey de la Lanza, al haber perdido el brazo izquierdo, estaba exhausto, mientras que Juwon no. Aunque algo cansado, por lo demás estaba ileso.
Juwon sintió una punzada de pesar al darse cuenta de que el Rey de la Lanza no era más que un humano frágil. Si hubiera sido un ser no humano, Podría haber luchado más tiempo y con mayor placer.
El Rey de la Lanza no contemplaba la derrota. Nadie conocía mejor que él el estado crítico de su cuerpo. Tras haberse cortado el brazo envenenado, ya no podía blandir su lanza con ambas manos. La abundante pérdida de sangre le mareaba. Debido a las múltiples fracturas, le resultaba difícil mover el cuerpo.
Sin embargo, esto no significaba la derrota. Aún podía seguir luchando.
Aunque el dolor era intenso, no sentía miedo. Tampoco sentía desesperación. Solo sentía alegría al saber que aún podía luchar.
El Rey de la Lanza levantó el pie y avanzó. Utilizó todas sus habilidades. Basándose en el principio de la Unidad con la Lanza, empleó todas las técnicas que había dominado a lo largo de su vida, las cuales manejaba a la perfección.
Aunque el cuerpo del Rey de la Lanza era más frágil que el de Juwon, las habilidades que había perfeccionado compensaban la diferencia entre sus capacidades físicas y le permitían luchar en igualdad de condiciones con Juwon.
Si Juwon no hubiera poseído una Si tuviera un cuerpo inmortal y un cuerpo humano como el del Rey Lanza, esta lucha ya habría terminado con la victoria del Rey Lanza.
“Insuficiente”, murmuró el Rey Lanza, con los labios temblando.
Las habilidades que había perfeccionado y dominado a lo largo de su vida no bastaban. Apretó con fuerza la lanza en su mano derecha.
Hacia un lugar más allá. Hacia un lugar mucho más lejano.
Una sonrisa se dibujó en su rostro pálido. Lo sabía. Sabía que aún era algo que no podía controlar. Lo había estado persiguiendo durante diez años seguidos.
La lucha entre el Dios Marcial y el Señor de la Orden Sama fue de tal magnitud que el Rey Lanza no se atrevió a intervenir. Las técnicas empleadas por el Señor de la Orden Sama para doblegar al poderoso Dios Marcial hicieron añicos el marco de las artes marciales que el Rey Lanza había estudiado durante toda su vida, mostrándole un mundo mucho más amplio.
Anhelaba alcanzarlo. Tras diez años de búsqueda, apenas había logrado vislumbrar su potencial. Eso fue todo: un fugaz vistazo. No había alcanzado su mismo nivel, ni lo había superado. Ahora seguía igual.
“Intentar perseguir una grulla como un gorrión solo te destrozará las piernas”, le dijo burlonamente el Dragón Negro al Rey de la Lanza, quien había sufrido una leve desviación de Qi.
Era cierto. Con piernas diferentes, era imposible alcanzarla. Aun así, debía seguir intentándolo.
Se convirtió en el gorrión que intentaba seguir el único paso de la grulla. Para alcanzarla, enlazó sus cortos pasos sin descanso.
La lanza que sostenía se sentía pesada.
Era hora de terminar.
¡KWANG!
¡KWAAAAANGGG!
Una fuerte explosión resonó no muy lejos. Era el sonido de Geniella luchando. Juwon no debía interferir. Sin embargo, antes de que el combate entre Geniella y la Lanza Fantasma concluyera por completo, deseaba presenciarlo. Juwon avanzaba. Su visión era borrosa. El Rey de la Lanza no se molestó en limpiar la sangre que empapaba las comisuras de sus ojos. Ver ya no significaba nada para él.
Sus sentidos, en cambio, estaban completamente alerta. Una brisa fresca rozó su piel. El olor a sangre le cosquilleó la nariz. De la lanza emanaba un aroma a metal y aceite. Era pesada. El peso, tan familiar, le resultaba ahora extraño.
—¿Pesabas tanto?
El Rey de la Lanza era la lanza. Las razones de por qué la había empuñado por primera vez ya no acudían a su mente. Tampoco importaban. Continuó avanzando.
El paso del gorrión era lento, su zancada corta. Para entonces, la grulla ya se habría alejado mucho. Era imposible perseguir a una grulla caminando.
Probablemente cree que ganó.
El Rey de la Lanza estaba acostumbrado a luchar. Un cuerpo humano no era tan resistente como el de un monstruo. No existía la regeneración tras una decapitación o un corazón destrozado. Juwon combatía explotando al máximo su condición monstruosa. El Rey de la Lanza lo sabía bien tras haber peleado con él hasta quedar en ese estado.
Casi nunca se defendía. Si no tenía escapatoria, recibía los golpes con el cuerpo desnudo, sin rechistar. Estaba habituado a cazar humanos. Para un humano, aquello sería destrucción mutua; para un monstruo que revivía incluso tras la muerte, era un método de caza eficaz.
Juwon sabía que la lanza del Rey de la Lanza no podía ser mortal para él. Por muy fuerte o rápida que fuera, un cuerpo que no moría simplemente se regeneraba. Esa lanza no podía matarlo.
Le había dado tiempo suficiente. Lo había llevado al límite; incluso había perdido el brazo izquierdo. El enemigo estaba seguro de su victoria. Justo lo que necesitaba.
Había luchado para infundirle esa confianza absoluta.
El Rey de la Lanza deseaba dos cosas.
Que Juwon estuviera convencido de su victoria… y que lo reconociera como un oponente digno.
Se acercó. El Rey de la Lanza siguió avanzando sin detenerse. Alzó la lanza con fuerza.
¿Seguridad? No existía tal cosa. Sería bueno si funcionaba, pero si no…
No me arrepiento de nada. Hice lo mejor que pude.
El Rey de la Lanza esbozó una sonrisa.
Me pregunto hasta dónde habrá llegado la grulla. ¿Adónde iré caminando? No… ¿acaso necesito caminar?
Golpeó el suelo con el pie.
Un gorrión extendió sus alas y alzó el vuelo.
Para el Rey de la Lanza, el camino recto que conducía hacia Juwon se transformó en una larga y solitaria senda. El paisaje se volvió sinuoso. Su corazón anhelaba una sola cosa.
El objeto en su mano se sentía pesado.
Y entonces, el peso desapareció.
Por un instante, no pudo reconocer lo que sostenía.
¿Es una lanza? ¿Qué otra cosa podría ser?
Era obvio.
Con su única mano, lanzó el objeto hacia adelante, sin saber con certeza si era una lanza… pero convencido de que lo era.
Juwon no esquivó.
Confiado en su victoria, se lanzó al enfrentamiento final contra un oponente formidable, aburrido y exhausto. Su puño, cargado de una fuerza aterradora, intentó destrozar la lanza del Rey de la Lanza.
El viento se detuvo.
El Rey de la Lanza miró su cuerpo. Apenas conservaba en pie el brazo derecho. El golpe de Juwon le había arrancado más de la mitad del torso.
El dolor desapareció.
Sus piernas cedieron y se desplomó.
Miró su brazo derecho extendido, la lanza aún aferrada en su mano… y más allá. El camino que había vislumbrado por un instante no había desaparecido. Seguía allí.
El Rey de la Lanza sonrió, con los labios goteando sangre.
¿Lo viste bien?
La pregunta quedó atrapada en su corazón. No hacía falta decirla.
En la entrada del sendero —no al final—, solo la mitad inferior de Juwon permanecía inmóvil.
—Bastardo.
El cuerpo de Juwon se tambaleó y cayó hacia atrás. Ya no podía regenerarse. La lanza del Rey de la Lanza, que había trascendido el Reino de la Trascendencia, había aniquilado por completo su alma.
El Rey de la Lanza soltó una risita y negó con la cabeza.
—Deberías haberla esquivado, imbécil.
—Aunque hice imposible esquivarla.
Cerró los ojos con alivio. Aunque fue una destrucción mutua… aun así, Juwon fue el primero en morir. Eso lo complació.
Sí. El vencedor de esta batalla no fue el monstruo Juwon, sino el humano Rey Lanza.
—Pero aun así, estuvo bastante bien.
No se trataba de la vida que había vivido. Al reflexionar sobre la pelea, sonrió satisfecho.
—La última vez ni siquiera pude blandirla bien y no dejaba de vomitar sangre. Ahora la blandí hasta el final… y no vomité sangre. Mis piernas no se desgarraron.
Dragón Negro, ese bastardo… deberías haber visto esto.
Fue divertido. Una pelea satisfactoria y placentera.
Lamentaba no haber podido vengarse del Dios Marcial ni terminar la pelea con Lee Sungmin. Aun así, no le quedaron remordimientos persistentes. Era inevitable.
Porque sabía que no había terminado.
Antes de pulverizar el cuerpo de Juwon, su lanza avanzaba hacia un sendero. Juwon estaba frente a él; y un largo y solitario camino se extendía detrás.
El Rey de la Lanza sintió que su consciencia se desvanecía. En ese instante, comprendió lo pequeño que era el mundo.
—Qué insignificantes eran aquellos que luchaban en él… y qué insignificante era yo hace apenas unos momentos.
—Este es el mayor infierno…
Cerró los ojos y sonrió.
Vio el lugar donde monstruos reales, que trascendían los límites humanos, retozaban.
—Voy allí.
No soltó la lanza hasta el final.
En la entrada del sendero solitario, avanzó lentamente. A lo lejos, una gran grulla extendió sus alas y lo saludó con una carcajada.
El camino interminable era ancho y lejano. El Rey Lanza era pequeño.
No importaba.
Con la lanza al hombro, recorrió el sendero solo. Con pasos cortos, sin detenerse, avanzando sin cesar.

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No Poseo Nada (Novela) Capítulo 397
Estás leyendo el capítulo 397 de No Poseo Nada (Novela), un novela. Comenzó como un "Sin Clase", sin poseer nada. Sobrevivío 13 años las profundidades de un mundo cruel. Termina muriendo como mercenario de rango C. Logra regresar al pasado con los conocimientos de su primera vida, pero… Este capítulo tiene publicado el 6 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No Poseo Nada (Novela) tiene 433 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.