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Leer No Poseo Nada (Novela) Capítulo 393 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ya venían. Teresa castañeteó los dientes. La creciente sensación de miedo que le recorría la espalda era a la vez desconocida y aterradora. Quería huir, pero la idea de que no debía hacerlo la hizo apretar con más fuerza sus hombros temblorosos. —¿Estás bien? —La telepatía de Scarlett resonó en su mente. —¿Qué ocurre? —preguntó Lloyd, que hasta ahora había permanecido en silencio. “Yo soy…” bien. Las palabras se le atragantaron, negándose a salir. Teresa tragó saliva con dificultad. No estaba acostumbrada a ese tipo de miedo. Desde niña, nunca había creído en la existencia de fantasmas. Cuando fue llamada a este mundo y ya no pudo oír la voz de Dios, a diferencia de otros clérigos, Teresa no se desesperó ni sintió miedo. Aunque ya no podía oír la voz de Dios, mantenía una fe inquebrantable en la existencia de Dios en otro mundo. Habiendo recibido siempre la gracia divina, rara vez había sentido miedo. Aun sabiendo que se acercaba el fin de los tiempos, Teresa se aferró a la esperanza en lugar de a la desesperación. Podría haberse considerado arrogancia. Teresa creía vagamente que, mientras ella estuviera presente, este mundo jamás llegaría a su fin. Porque era una santa. Pero ahora tenía miedo. Tanto miedo que apenas podía soportarlo. Quería gritar y huir. Teresa apretó con fuerza su rosario. ¡Oh, Dios! Invocó el nombre que había repetido incontables veces. Sin embargo, la voz de Dios seguía sin responder. Teresa se tambaleó, pero logró ponerse de pie. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y revisó la imagen. ¿Qué está pasando? ¿Han llegado? El rostro preocupado de Scarlett se dibujó en su rostro. A pesar de estar inmersa en su propia batalla, se comunicaba incansablemente con Teresa, intentando calmar su ansiedad. [No te excedas.] Lloyd, con expresión severa, también estaba presente. —No huiré —murmuró Teresa para sí misma, apretando el rosario contra su pecho. Observó cómo Baek Sogo y Dragón Negro presionaban a Chen y Kuhn. La mirada de Teresa se detuvo en Dragón Negro. Teresa contempló por un instante el rostro de Dragón Negro y luego levantó la capucha de su túnica sacerdotal que le cubría la cabeza. Frotándose las pálidas mejillas con ambas manos, se abofeteó la cara con un sonido seco. Sintiendo el escozor, Teresa se mordió con fuerza el labio inferior. “Ya están aquí.” Apretó el rosario con determinación. Al mirar la imagen que tenía delante, vio a Geniella caminando tranquilamente hacia la orilla del lago. Desde esa distancia, seguían sin poder distinguir a Geniella a simple vista. Para cuando la vieran, sería demasiado tarde. Quizás Geniella ya estaba mirando a Teresa. Y, en efecto, así era. Geniella vio a Teresa de pie frente al lago. Geniella entreabrió los labios y sacó la lengua. Se humedeció el labio inferior, deseando con ansias a esa chica; debía de ser la Santa. A pesar de tener un rostro que parecía ansioso por huir, la Santa no lo hizo. “¡Qué admirable!” Geniella soltó una risita suave. Un ruido agudo rasgó el aire. El espacio vibró. Un repentino destello de luz disipó la oscuridad. Geniella se detuvo. La luz cegadora de una barrera bloqueaba el camino hacia el lago. Mucho más sólida que la barrera que había envuelto todo el bosque. Geniella extendió la mano hacia el muro de luz que tenía justo delante. ¡Crepitar! En el instante en que la tocó, el fuego sagrado le quemó la mano a Geniella. Ella se sacudió el fuego con una sonrisa irónica. La mano carbonizada se regeneró al instante. Intentar avanzar con su propio cuerpo le parecía indigno. Geniella retrocedió unos pasos. ¡Grrr! Un maná rojo emanó del cuerpo de Geniella. Concentró la energía que la envolvía en su mano derecha. El maná que emanaba era tan rojo y viscoso como la sangre. La energía concentrada en su mano derecha formó una esfera. Lentamente, la lanzó desde su palma. ¡¡BOOM!! Una gran explosión sacudió todo el espacio. El maná liberado de la esfera destrozada traspasó la barrera del poder sagrado. “¡Ah…!” Un grito ahogado escapó de la boca de Teresa. Apretó los dientes y fortaleció sus piernas temblorosas. Todavía no podía derrumbarse. Teresa tragó la sangre que le llenaba la boca y reforzó la barrera. “¡Argh!” ¡¡BOOM!! El maná de Geniella volvió a impactar contra la barrera. Teresa gritó de dolor. Sus piernas, que había intentado mantener firmes con todas sus fuerzas, cedieron y se desplomó al suelo. La sangre le corría por los labios temblorosos. Por favor. Teresa tomó su rosario con manos temblorosas. Apenas alzó la vista para divisar la figura del Dragón Negro. “…Por favor ayuda…†Su súplica temblorosa no fue escuchada. De nuevo. La barrera se estremeció. Sangre negra goteaba de los ojos y la nariz de Teresa. Dios… Teresa abrió sus labios temblorosos para invocarlo, aunque sabía que no obtendría respuesta. ¡Bang! Un impacto incomparablemente mayor hizo añicos los límites de la barrera. Tosiendo, Teresa no pudo contenerse y escupió la sangre que le llenaba la boca. La sangre oscura salpicó el suelo. Con ojos desesperados, Teresa miró la sangre que había vomitado. Necesitaba aguantar más… Alguien agarró a Teresa del hombro. Ella giró la cabeza para mirar hacia atrás. Lee Sungmin observó con compasión a Teresa, que ahora sangraba abundantemente por los ojos, la nariz y la boca. Lee Sungmin presionó con la mano el punto de acupuntura donde sangraba. “Lo has hecho bien.” Teresa, en su lecho de muerte, oyó esas palabras. ¿De verdad podía permitirse descansar así? Justo antes de perder el conocimiento, Teresa sintió esa ansiedad y miedo. Lee Sungmin alzó el cuerpo inerte de Teresa en brazos. Se la confió a Oslo, que estaba detrás de él. “Por favor, cuídenla.” “Entendido.” Oslo asintió y con cuidado tomó a Teresa en brazos. Se acercó al lago y la recostó suavemente. Gotitas de agua del lago envolvieron el cuerpo de Teresa. Bajo la superficie, unas diminutas hadas con expresiones preocupadas la recibieron. Al perder Teresa el conocimiento, la barrera se disipó. Lee Sungmin respiró hondo y avanzó. A lo lejos, Geniella permanecía de pie con una amplia sonrisa en su rostro. Justo cuando Lee Sungmin la vio, Geniella lo estaba mirando. [Esto es molesto.] Heoju refunfuñó. Lee Sungmin apretó con fuerza su lanza. Oslo permanecía detrás de él con expresión tensa. “¿No se suponía que íbamos a negociar?” Preguntó Geniella. A pesar de la considerable distancia, su voz sonaba como si estuviera hablando justo al lado de ellos. “Si viniste a negociar, no deberías haber venido así.” —Si vamos a señalar con el dedo, tú fuiste el primero en secuestrar a Aine. ¿Qué tal fue? Geniella mostró los dientes en una sonrisa. ¿Lo disfrutaste? —No. El latido en su pecho seguía siendo algo extraño. "Pensé que estarías enfadado." “Ya que he llegado hasta aquí, no hay necesidad de que mantengas viva a la niña. ¿Acaso me tomas por tonta? Nunca pensé que devolverías a Aine en silencio si venía personalmente.” —Entonces, ¿por qué viniste tú mismo? “Porque ahora no puedo ver el futuro. Vine a verlo por mí mismo. Además, ya no pienso ignorarte”. He sido bastante indulgente, ¿no? Geniella se encogió de hombros. “Esto se acabó. ¿Por qué no huiste?” “Porque luchar aquí es la mejor opción.” —¡Ajá… ¿Debes creer en el poder de la Reina de las Hadas? —dijo Geniella, mirando a Oslo. Oslo le sostuvo la mirada con ojos fríos. Los labios de Geniella se curvaron en una sonrisa divertida. —Es cierto. Si hoy no hubiera luna llena, luchar aquí me pondría en una gran desventaja. Pero hoy hay luna llena. Geniella no subestimó el poder de Oslo. Especialmente en este lugar donde Oslo podía ejercer toda su fuerza dentro de su dominio. “No habría venido si no tuviera confianza.” Geniella comenzó a caminar. Gemini no se movió. Miró a Lee Sungmin con expresión sombría. En su interior, esperaba que Lee Sungmin huyera. Por mucho que lo viera con optimismo, era imposible que Lee Sungmin derrotara a Geniella. Por muy favorables que fueran las condiciones, la luna llena lo eclipsaba todo. “No debería ser así”. La intención asesina que Géminis albergaba hacia Geniella era genuina. Aunque amaba a Geniella, también deseaba desesperadamente matarla. Sobre todo porque el deseo de Geniella era la destrucción del mundo, Géminis sintió que debía hacer todo lo que estuviera en su mano para matarla. Esa reina vampiro enloquecida deseaba su propia muerte e impuso la destrucción del mundo y el suicidio colectivo a toda su estirpe. Pero Géminis no tenía ningún deseo de morir. “¿Qué…?” La consciencia de Prescan, que había estado congelada como si el tiempo se hubiera detenido, comenzó a moverse. —Aine... espera, no... Eso no puede ser. Aine…†“Está muerta.” Geniella respondió sin volver a mirar a Prescan. Incluso la desesperación de Prescan le resultaba divertida. ¿De verdad creías que podía estar viva? ¿Tenías demasiadas esperanzas puestas en un giro inesperado de los acontecimientos? Piénsalo: no hay ninguna razón para que Aine esté viva. Esa... esa... no puede... ser... Reina...? “No había nada que hacer. Si hubiera estado allí, lo habría impedido, pero murió cuando yo no estaba.” “¡Ahhhhh!” Prescan gimió. Se desplomó en el acto, dejando escapar gritos llenos de desesperación y odio. Para Geniella, el sonido era como una dulce música. Sonrió con satisfacción. “Esta vez no podrás escapar.” “No estoy pensando en escapar”. —¿Entonces planeas morir? —No. ¿Crees que puedes ganar? —No. “¿Qué significa eso?” Geniella soltó una risita. Su cuerpo estaba envuelto por una esfera roja que flotaba suavemente. “Eso sería aburrido entonces.” Lee Sungmin observó a Geniella alzarse contra el telón de fondo de la luna llena. ¿Géminis no se mueve? Sería bueno que se quedara quieta. Aunque había esperado que Géminis ayudara activamente, sabía que no tenía por qué hacerlo. Géminis siempre ofreció solo la ayuda que podía permitirse. No rompería por completo sus lazos con Geniella ahora. “Apoyaré todo lo que pueda. Oslo respondió con voz firme. “No puedo brindar apoyo desde el ataque. Mis ataques son más débiles que tu lanza. En cambio, mi protección te resguardará.” “No te fíes de lo que perciben tus ojos y oídos. Geniella, bajo la luna llena, es una inmortal que ha alcanzado la cima del poder mágico. Confía en tus instintos. Cree en las experiencias de todas las batallas que has librado hasta ahora. Y confía en mí. Lo que no puedes ver, yo lo veré.” El aura de Heoju se intensificó. El cuerpo de Lee Sungmin quedó envuelto en una fuerza púrpura. “No lo olvides. Tu oponente es inmortal. Lucha sabiendo que no puede morir. No malgastes golpes decisivos. No sé cuánto puedes aguantar, pero no uses Final Marcial precipitadamente. Si te agotas como la última vez, se acabó. Morirás.” Lee Sungmin asintió. No debía olvidar jamás que su oponente era un monstruo inmortal. Aunque le atravesara el corazón y le destrozara la cabeza, ella no moriría. “[Todavía queda mucho tiempo hasta que se ponga la luna. Incluso si logras aguantar hasta entonces, no importará mucho. Al fin y al cabo, es su ojo demoníaco el que crea la luna llena. ¡Ja, ja! Incluso en esas condiciones, no tienes ninguna ventaja.]” Lo sabía. Había imaginado ese momento innumerables veces hasta hoy. En esas imaginaciones, siempre perdía contra Geniella. Incluso en su imaginación, habría sido agradable visualizar una victoria al menos una vez. Pero Lee Sungmin siempre se imaginaba perdiendo. Lo sabía bien. Era débil. No podía compararse con la monstruosa reina. Aunque pudiera partir piedras con huevos, Geniella no era algo que pudiera compararse con una simple roca. Lee Sungmin se puso de puntillas y saltó hacia adelante. Aun sabiendo todo esto, no pudo huir. Al acercarse, Geniella sonrió.
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Estás leyendo el capítulo 393 de No Poseo Nada (Novela), un novela. Comenzó como un "Sin Clase", sin poseer nada. Sobrevivío 13 años las profundidades de un mundo cruel. Termina muriendo como mercenario de rango C. Logra regresar al pasado con los conocimientos de su primera vida, pero… Este capítulo tiene publicado el 6 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No Poseo Nada (Novela) tiene 433 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.