Leer No Poseo Nada (Novela) Capítulo 391 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Juwon no dirigió palabra al Rey de las Lanzas, quien exhibía su lanza-hacha. El Rey de las Lanzas, con su lanza-hacha en alto, calculó la distancia entre él y Juwon.
El Rey de las Lanzas no era partidario de las armas exquisitas. A diferencia de Lee Sungmin, quien blandía una lanza hecha de huesos de dragón, él no poseía ni una sola lanza forjada en oricalco. Para el Rey de las Lanzas, las armas eran desechables: fáciles de usar y siempre listas para romperse o desafilarse. Incluso con una gran hoja de hacha acoplada, manejar la lanza no le preocupaba. Fiel a su apodo asociado con las lanzas, confiaba en su dominio del arma; incluso si portaba una hoja de hacha, en sus manos seguía siendo una lanza. Sabía que los distintos usos requerían distintos enfoques. Si tenía una hoja de hacha, entonces debía utilizarse como tal.
El Rey de las Lanzas saltó por los aires, cayendo sobre la cabeza de Juwon. Con toda su fuerza, abatió el hacha sobre Juwon. Ante el feroz ataque del Rey de las Lanzas, la respuesta de Juwon fue simple. Sus músculos se tensaron y engrosaron mientras su brazo se elevaba. ¡Crunch! El hacha empuñada por el Rey de las Lanzas lo atravesó. El brazo de Juwon.
El Rey de las Lanzas no pensaba detenerse ahí. Su objetivo era el cuerpo de Juwon. Así como las lanzas eran prescindibles para él, Juwon usaba su propio cuerpo como un recurso desechable. Su cuerpo, cercano a la inmortalidad, se regeneraría al instante, incluso si se rompía o cortaba.
El Rey de las Lanzas, en lugar de sorprenderse por el sacrificio de un brazo de Juwon, se impulsó en el aire para saltar hacia atrás antes de que la mano con garras de Juwon pudiera desgarrarle el abdomen. Empuñando la lanza-hacha con ambas manos, la blandió hacia abajo. La hoja del hacha, envuelta en qi, desató una tempestad.
¡Zas!
Juwon levantó el pie derecho, golpeando el suelo. La tempestad se disipó con un solo paso. Manteniendo una ligera distancia, el Rey de las Lanzas cargó de nuevo. La hoja del hacha, paralela al suelo, se movió horizontalmente.
¡Crack!
El El hacha desgarró profundamente el costado de Juwon.
“Pretendía partirte en dos…”.
No había qi protector presente. El cuerpo de Juwon era simplemente enormemente resistente, con huesos tan sólidos y músculos tan fuertes. No fluyó sangre de la herida.
El Rey de la Lanza vio el rostro de Juwon de cerca. Reconoció las emociones en sus ojos. No alegría. No tensión. Aburrimiento, cansancio. Para Juwon, ese mismo momento de la lucha parecía trivial.
Las cejas del Rey de la Lanza se crisparon.
“¿En serio? ¿No te divierte luchar contra mí?”.
La sonrisa desapareció del rostro del Rey de la Lanza. Retiró la lanza-hacha clavada en el costado de Juwon y retrocedió. Chispas de Qi saltaron de sus dedos al chocar.
Juwon estaba Envuelto en una explosión, no vaciló. De pie entre las llamas de Qi, Juwon miró al Rey de la Lanza, quien en silencio desenvainó otra lanza.
“No te preocupes. Ahora lo haré interesante”.
Una sonrisa fugaz apareció en los labios de Juwon entre las llamas.
El Rey de la Lanza respiró hondo, reuniendo su poder interior. La lanza en su mano, como siempre, se sentía pesada. Sin embargo, sus pies se sentían ligeros.
El pie del Rey de la Lanza se extendió hacia adelante. El espacio pareció colapsar. Con un solo paso, la distancia entre él y Juwon se acortó.
Entre las llamas, Juwon sonrió, mostrando los dientes.
Cuando Juwon irrumpió desde las llamas, blandiendo su puño, la lanza ya estaba clavada.
¡Zas!
El puño de Juwon rasgó el aire, emitiendo un ruido aterrador. La lanza cruzó diagonalmente el brazo de Juwon, atravesándole el hombro. Penetró profundamente, pero no lo atravesó por completo. Eso bastó.
La larga lanza se partió en dos.
El Rey de las Lanzas, blandiendo la lanza corta con la mano izquierda, la clavó en la rodilla derecha de Juwon. No la empujó hasta el fondo. La lanza corta quedó alojada entre la articulación regenerada.
El Rey de las Lanzas esperaba que Juwon se tambaleara un poco, pero descubrió que Juwon no era tan fácil de vencer. Con su pierna grotescamente transformada en perfecto equilibrio, Juwon lanzó un puñetazo con la izquierda.
¡KWAANG!
La ola de fuerza bruta, sin sutileza alguna, se abalanzó sobre el Rey de las Lanzas. Con un suspiro entrecortado, desenvainó una nueva lanza. Su lanza, tanteada con cautela, chocó contra los poderosos golpes de Juwon.
Juwon extrajo la lanza que le había penetrado la rodilla y el hombro. En su mano, la lanza extraída se hizo añicos. Una lanza tan frágil había atravesado su cuerpo.
Admirando la destreza del Rey de las Lanzas, Juwon comenzó su transformación en bestia. Desde lo más profundo de Juwon, un crujido resonó, y su cuerpo, cada vez más grande, pronto se cubrió de pelaje gris. Desatar todo su poder al transformarse era el mayor halago que Juwon podía ofrecer a su formidable enemigo.
—¿No te diviertes? —preguntó el Rey de las Lanzas, sin formular la pregunta.
Al completar la transformación, Juwon se irguió como un imponente hombre lobo. Un hombre lobo. De sus fauces abiertas, escapó el aullido de la bestia.
El Rey de la Lanza, sujetando con ambas manos una lanza recién desenvainada, sintió una punzada de placer. Se le erizó la piel y su corazón latía con fervor. Esa emoción de la batalla era lo que el Rey de la Lanza anhelaba. La razón por la que había empuñado su lanza toda su vida era para saborear esa sensación, con mayor intensidad, durante más tiempo.
“Sí, más…”.
Le resultaba entrañable.
El Rey de la Lanza, al darse cuenta de que su cuerpo estaba en el aire y sus entrañas temblaban, apretó los dientes y sonrió. La sangre brotó de su garganta, salpicando entre sus dientes apretados. Lo habían alcanzado.
¿Pero cómo?
Esa curiosidad también le era preciada. La anticipación del gozo que estaba por venir hacía que su cuerpo temblara más que el dolor.
En pleno vuelo, el Rey de la Lanza dio una voltereta. Desde la luna llena, un monstruo descendía. El bosque se estremeció violentamente.
Juwon miró hacia abajo. El Rey de la Lanza había desaparecido. Juwon ni siquiera se molestó en buscarlo. Sus sentidos, agudizados y expandidos más allá de los límites, le permitían percibir lo que sus ojos no alcanzaban a ver. La lanza que se acercaba desde un punto ciego no era diferente.
Juwon retrocedió dos veces. El espacio donde acababa de estar se abrió de golpe.
“Suspiro”.
Tragando saliva, el Rey de la Lanza examinó su costado izquierdo. Por suerte, no se había roto ningún hueso. Un aura protectora instintiva había bloqueado el ataque de Juwon. Tuvo suerte.
“O quizá no pretendía matarme”.
“¿Deseas continuar jugando?”, preguntó el Rey de la Lanza, estudiando a Juwon.
Ya lo había comprendido en cierta medida. Lo más difícil de vencer no era su capacidad regenerativa casi inmortal, sino el veneno en sus garras. Sin embargo, Juwon no había usado ese veneno.
“Disfruto de una buena pelea”.
“No hables de cobardía, bastardo. ¿Qué clase de pelea es esa cuando te regeneras después de que te matan a golpes?”.
Con un escupitajo de sangre, el Rey de la Lanza sonrió con sorna.
Juwon se rió a carcajadas de sus palabras.
“Así como tú posees lo que yo no tengo, yo también poseo lo que te falta”.
“¿Ah, sí?”.
El Rey de la Lanza forzó una risa, levantando ligeramente el pie. A pesar de haber sufrido heridas internas leves… su pie aún se sentía ligero. Todo estaba bien.
Tras evaluar su estado, el Rey de la Lanza sonrió con ironía.
Teresa extendió las manos temblorosas. De pie en el centro del círculo mágico, respiró hondo y observó su entorno. El bosque estaba repleto de ojos observadores y demonios invocados por Scarlett y Lloyd. Teresa podía ver todo el paisaje a través de la lente de observación y desde allí invocar demonios. Monstruos como nunca antes había visto avanzaban hacia donde Lloyd y Scarlett esperaban.
Concentrándose en una de las criaturas, Teresa apretó su rosario. Su cuerpo fue envuelto en un poder sagrado cegador. El poder sagrado brotó del círculo mágico, golpeando al no muerto que Teresa había elegido como objetivo. Su objetivo eran los Caballeros de la Muerte. Si bien su poder sagrado afectaba fuertemente a todos los seres sobrenaturales, los Caballeros de la Muerte y los Liches eran particularmente vulnerables a él.
—Bien hecho —dijo Scarlett telepáticamente.
Teresa tragó saliva con dificultad, comprobando el punto desde donde había canalizado su poder sagrado a través del círculo mágico. Las armaduras esparcidas de los Caballeros de la Muerte se convirtieron en cenizas y se alejaron flotando.
“…Dios…”
Teresa cerró los ojos con fuerza, susurrando una plegaria. Era inútil buscar la intervención divina allí. Sabía perfectamente que las almas de los Caballeros de la Muerte que habían perecido en este mundo no recibirían respuesta de un dios de otro mundo. Aun así, rezó por su salvación, plenamente consciente de que, incluso si eran desterradas con poder sagrado, las almas de los Caballeros de la Muerte no se salvarían, sino que volverían a manos del Rey Demonio.
“¿Y allá?”
“Todavía… nadie ha venido.”
“La Reina llegará pronto”, advirtió Scarlett con voz rígida.
Teresa tragó saliva y revisó la grabación. Tal como Scarlett había dicho, vio a la Reina caminando directamente hacia ellas.
—¿Eh… deberíamos atacar?
—Bueno… ahora mismo camina con bastante tranquilidad. No hay necesidad de provocarla, ¿verdad?
—Pero si seguimos así, la Reina llegará.
—Sí, es probable.
Las explosiones lejanas sonaron como si hubieran detonado justo delante de ellas. Teresa gritó y se tapó los oídos.
—Perdón, perdón. Eso fue un poco fuerte, ¿eh?
—¿Estás… estás bien?
—Claro que sí, estoy bien. ¿Crees que la magia de un Lich podría hacerme algo?
Temiendo lo peor, Teresa giró la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Scarlett en el vídeo, quien hacía la señal de la victoria hacia la lente de observación.
—¿Ves?
—Sí…
—No te asustes. Hemos hecho todos los preparativos posibles. Aparte de esa reina vampiro, los monstruos que atacan este bosque no son gran cosa.
—De acuerdo… Entiendo.
—No llores de miedo. Terminaré aquí lo antes posible y vendré a ayudarte… ¿Qué hay de los demás?
Scarlett había preparado lentes de observación y familiares, pero no tenía tiempo de revisarlos. Estaba ocupada enfrentándose a los goblins y liches invasores. Gracias a una amplia preparación, repeler su temerario avance no fue demasiado complicado.
“Lloyd… está haciendo retroceder a los Caballeros de la Muerte. No parece que tenga problemas.”
“No te preocupes por él. Lloyd es muy hábil.”
¿Y los principales contendientes?
—Baek Sogo y el Dragón Negro están luchando contra los vampiros.
—¿Cómo se ve la situación?
—No estoy segura… pero ninguno de los dos parece estar teniendo dificultades.
—¿Y el Rey de la Lanza, ese viejo loco?
Ante la pregunta de Scarlett, Teresa miró a su alrededor. Pero por más que revisó los videos, no pudo ver al Rey de la Lanza por ninguna parte.
—No lo veo…
—Es poco probable que el viejo ya esté muerto. Debió haber destruido las lentes de observación y a los familiares en el fragor de la batalla.
—Mira, faltan videos, ¿verdad?
—Sí —confirmó Teresa, apretando con fuerza su rosario. Deseaba fervientemente que ninguno de los que luchaban en el bosque para evitar el apocalipsis muriera—. ¿Y Sungmin?
¿Qué debía responder?
Teresa miró hacia atrás. Lee Sungmin había estado al otro lado del lago desde antes de que comenzara el ataque. Lo que sucedía tras la espesa arboleda era un misterio para Teresa. Sin embargo, presentía vagamente que algo terrible y ominoso había ocurrido. Por lo tanto, Teresa no quería saber qué había pasado allí—.
—Está esperando…
—Siempre tan indeciso. ¿Supongo que espera porque confía en sí mismo? —gruñó Scarlett, extendiendo las manos, ya inscritas con runas.
El espacio se abrió de golpe y cientos de espadas creadas por magia fueron lanzadas. Chocaron contra las barreras mágicas de los Liches, provocando explosiones.
Esta preparación no era su único as bajo la manga. Si tan solo canalizaba su poder mágico, la magia detonaría instantáneamente. Con un simple gesto de la mano, lanzó una andanada de hechizos.
“Es manejable”.
La resistencia de los Liches y los goblins no era significativa. Gracias a una preparación adecuada, interceptar a los enemigos que se acercaban no sería demasiado difícil mientras permaneciera en ese lugar. De hecho, Scarlett encontró las cosas más fáciles de lo esperado.
Las fuerzas principales del enemigo estaban siendo inmovilizadas por el Rey de la Lanza, Baek Sogo, y el Dragón Negro. Los refuerzos que merodeaban eran interceptados por Teresa con magia sagrada de largo alcance.
“Lee Sungmin solo no puede con la Reina”.
Este plan no habría funcionado si la Reina hubiera liderado el ataque inicialmente. Habrían sido derrotados por completo sin siquiera poder ofrecer resistencia. Por eso pudieron resistir hasta tal punto. Mientras la Reina estaba distraída, tuvieron que reorganizar rápidamente sus fuerzas en este frente.—

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No Poseo Nada (Novela)
Capítulo 392
No Poseo Nada (Novela) Capítulo 391
Estás leyendo el capítulo 391 de No Poseo Nada (Novela), un novela. Comenzó como un "Sin Clase", sin poseer nada. Sobrevivío 13 años las profundidades de un mundo cruel. Termina muriendo como mercenario de rango C. Logra regresar al pasado con los conocimientos de su primera vida, pero… Este capítulo tiene publicado el 6 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. No Poseo Nada (Novela) tiene 433 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.