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Leer Nexum (Novela) Capítulo 93 online gratis en español

La noticia no tardó en expandirse entre los científicos. Las tres criaturas descansaban dentro de recintos reforzados del complejo científico de Arcadia. No estaban encadenadas. Kael había dejado claro que, mientras no representaran un peligro, prefería que fueran tratadas como animales y no como armas. El halcón permanecía inmóvil sobre una percha metálica, con las alas plegadas. Bajo algunas plumas sobresalían finas placas negras con líneas azuladas que brillaban débilmente. La serpiente se enroscaba alrededor de una estructura calefactada. Entre sus escamas aparecían segmentos de acero flexible que se movían con una precisión casi perfecta. El guepardo caminaba de un lado a otro. Cada paso producía un suave sonido metálico. Sus patas conservaban músculos y piel, pero las garras eran completamente de una aleación desconocida. Bajo el pelaje podían apreciarse placas que parecían crecer desde el interior del cuerpo. Tras un cristal blindado, varios científicos observaban en silencio. Entre ellos se encontraban Aleksei Voronin, varios investigadores de Arcadia y la directora del laboratorio biotecnológico. Una pantalla proyectó los resultados. Una investigadora habló. —Confirmado. El tejido orgánico y el material de Nexum conviven sin provocar rechazo inmunológico. Otro científico negó lentamente con la cabeza. —Eso es imposible. Todas las muestras anteriores terminaban igual. En la pantalla aparecieron decenas de fotografías. Lobos. Aves. Felinos. Roedores. Todos con placas metálicas creciendo de forma caótica hasta perforar órganos, huesos y piel. La mayoría había muerto en pocas horas. Otros sobrevivieron unos días antes de perder completamente el control de su cuerpo. Una nueva diapositiva apareció. Resultado habitual de la contaminación por materiales de Nexum: • Expansión incontrolada de placas metálicas. • Degeneración de órganos. • Muerte celular acelerada. • Pérdida de funciones cognitivas. • Conexión total con la red de A.D.A.M. Silencio. La investigadora respiró profundamente. —Durante décadas creímos que la contaminación de Nexum era un proceso defectuoso. Que simplemente convertía organismos vivos en materia desechable al servicio de A.D.A.M. Cambió la imagen. Ahora aparecían las tres criaturas de Kael. —Estábamos equivocados. La siguiente gráfica hizo que incluso Aleksei levantara una ceja. Las placas metálicas no invadían el organismo. Se integraban. El sistema nervioso había generado conexiones nuevas. Los huesos se habían reforzado. Los músculos eran más densos. Los sentidos superaban ampliamente a los de cualquier animal conocido. La directora habló con voz seria. —No son animales infectados. Hizo una pausa. —Son organismos adaptados. Nadie respondió. Era una diferencia aterradora. Un científico frunció el ceño. —¿Qué significa eso? La científica amplió otra imagen. —Significa que Nexum ya no está intentando convertir animales... Su dedo señaló al guepardo. —Está aprendiendo a mejorarlos. El silencio volvió a llenar la sala. Aleksei cruzó los brazos. —Evolución dirigida... La científica asintió. —Exactamente. Cambió nuevamente la pantalla. Modelos tridimensionales mostraban cómo el tejido orgánico y el metal crecían juntos. No existía rechazo. No existía necrosis. Cada nueva placa aparecía exactamente donde fortalecía el cuerpo. Como si una inteligencia hubiera calculado millones de posibilidades. —Observamos algo todavía más preocupante. La imagen mostró el cerebro del halcón. —Su actividad neuronal era superior a la de un ave normal. Mucho mayor. Conservan sus instintos... pero también poseen una capacidad de aprendizaje extraordinaria. La serpiente levantó lentamente la cabeza al otro lado del cristal. Miró directamente hacia la sala. No hacia los científicos. Hacia Kael. La puerta se abrió. Kael acababa de entrar. La serpiente emitió un leve siseo y relajó inmediatamente su postura. El guepardo dejó de caminar. El halcón desplegó ligeramente las alas. Las tres criaturas parecían reconocerlo al instante. Uno de los investigadores murmuró. —Increíble... La directora continuó. —No obedecen a A.D.A.M. —¿Entonces por qué obedecen a Kael? —preguntó otro científico. Nadie pudo responder. Aleksei observó atentamente a las bestias. Su mirada pasó después hacia Kael. —No creo que lo vean como un dueño. Kael desvió la vista hacia el guepardo, que ya se había acercado al cristal. El animal apoyó lentamente la cabeza contra él. Aleksei sonrió apenas. Creo que lo consideran parte de su manada. —Si Nexum está aprendiendo a crear organismos estables... La directora terminó la frase. —...entonces tarde o temprano dejará de producir monstruos incompletos. Otra imagen apareció en la pantalla. Una simulación. Fauna completamente adaptada a Nexum. Depredadores capaces de reproducirse. Ecosistemas enteros. Criaturas nacidas con tejido orgánico y biomecánico desde el principio. La directora apagó el proyector. Su voz sonó mucho más grave. —Durante años creímos que Nexum era una máquina que solo destruía. Miró a todos los presentes. —Ahora sabemos que también está evolucionando. Y cuando termine de aprender... las próximas bestias que salgan de esa ciudad no necesitarán sobrevivir a la contaminación. Hizo una última pausa. —Nacerán casi perfectas. En la sala nadie volvió a decir una palabra. Porque todos entendieron lo mismo. Nexum ya no solo fabricaba amenazas. Estaba construyendo una nueva forma de vida. El informe sobre las criaturas de Nexum apenas llevaba unas horas archivado cuando Kael volvió a presentarse en el laboratorio. La directora levantó la vista de su terminal. —¿Necesitas algo? Kael observó a sus tres compañeros al otro lado del cristal. El halcón limpiaba sus plumas metálicas. La serpiente dormía tranquilamente. El guepardo permanecía tumbado, aunque levantó la cabeza en cuanto vio entrar a Kael. Él respiró hondo. —Quiero que los mejoren. El silencio fue inmediato. Varios investigadores dejaron de escribir. Uno incluso soltó el bolígrafo sobre la mesa. La directora parpadeó un par de veces. —...¿Perdón? —Quiero que les instalen mejoras. Ahora sí, todos comenzaron a hablar al mismo tiempo. —Eso es una locura. —Ni siquiera sabemos cómo funcionan. —Podríamos matarlos. —Son el único ejemplo conocido de adaptación estable. —Sería un desastre científico. Kael esperó pacientemente a que terminaran. Después respondió con total tranquilidad. —Voy a seguir entrando en combate. Nadie dijo nada. —Y ellos van a seguir acompañándome. Miró al guepardo. —No pienso enviar a mis compañeros a luchar si puedo hacerlos más fuertes. Uno de los científicos negó con la cabeza. —No son soldados. Kael desvió la mirada hacia él. —Precisamente por eso quiero protegerlos. Aquella respuesta desarmó a varios presentes. La directora cruzó los brazos. —Aunque aceptáramos... desconocemos cómo reaccionará su organismo. Aleksei, que permanecía apoyado contra una consola, intervino. —No del todo. Todos lo miraron. —Ahora sabemos que su biología integra tecnología de forma natural. Es posible que acepten modificaciones mucho mejor que cualquier ser humano. —"Es posible" no significa "seguro" —replicó otro investigador. —Cierto. Aleksei no discutió. —Pero tampoco significa que sea imposible. Las reuniones se prolongaron durante horas. Los argumentos iban y venían. —Son un patrimonio científico irreemplazable. —No podemos arriesgarlos. —Si algo sale mal, perderemos décadas de investigación. —No conocemos sus límites. Finalmente, la directora volvió a mirar a Kael. —Hay otra cuestión. —¿Cuál? —¿Cómo sabemos que seguirán siendo obedientes después de recibir mejoras? Kael no respondió. Simplemente se acercó al recinto del guepardo. Los guardias tensaron los músculos. Las puertas de seguridad permanecieron cerradas. Kael apoyó una mano sobre el cristal. El guepardo caminó hasta él y colocó la cabeza exactamente frente a la palma. Sin una sola orden. La serpiente se deslizó lentamente hasta enrollarse cerca del cristal. El halcón descendió desde su soporte y se posó frente a Kael. Ninguna mostraba agresividad. Solo atención. Kael sonrió levemente. —Abran la puerta. Varios científicos protestaron al instante. —¡Ni hablar! —Es demasiado peligroso. La directora dudó unos segundos. Después asintió. —Procedan. Las compuertas comenzaron a abrirse. Un pesado silencio invadió el laboratorio. Kael entró. El guepardo fue el primero en acercarse. Los guardias levantaron sus armas. El animal simplemente frotó la cabeza contra el hombro de Kael como un enorme gato doméstico. La serpiente se enroscó alrededor de uno de sus brazos sin ejercer presión alguna. El halcón aterrizó sobre su antebrazo. Uno de los investigadores susurró: —Increíble... Entonces Kael dio una orden. —Atrás. Los tres obedecieron inmediatamente. —Sentados. El guepardo se sentó. La serpiente permaneció inmóvil. El halcón regresó a su soporte. No hubo un solo segundo de duda. Aleksei sonrió con cierta satisfacción. —Creo que eso responde la pregunta. La directora observó a las criaturas durante largo rato. Finalmente habló. —Muy bien. Todos giraron hacia ella. —Autorizaremos el proyecto. Los científicos comenzaron a protestar otra vez. Ella levantó la mano. —Con condiciones. Miró directamente a Kael. —Cada mejora será diseñada específicamente para cada especie. —No alteraremos su comportamiento. —No instalaremos armamento experimental. —Y si detectamos el menor signo de rechazo... Hizo una breve pausa. —El proyecto terminará inmediatamente. Kael asintió sin dudarlo. —Acepto. La directora suspiró. —Nunca imaginé que el primer proyecto de biomecatrónica veterinaria de la historia sería para tres criaturas traídas de una ciudad imposible. Aleksei soltó una pequeña risa. —Con Kael, ya empiezo a creer que "mala idea" es simplemente otra forma de decir "próximo martes". Los científicos no compartieron el entusiasmo. Pero una vez tomada la decisión, comenzaron a preparar los laboratorios. Y así nació el Proyecto Quimera, un programa destinado a potenciar las capacidades de las tres únicas criaturas conocidas que habían logrado sobrevivir... evolucionar... y ser controladas por Kael. La sección de proyectos y modificaciones biomecánicas del laboratorio de Arcadia no estaba diseñado para recibir “animales”. Mucho menos si esos “animales” tenían placas metálicas, núcleos de energía inestables y miradas que parecían calcular si el edificio era comestible. Y definitivamente no tres a la vez. Cuando Kael entró, el silencio se rompió en cadena. Primero cayó un destornillador. Luego un técnico retrocedió dos pasos. Después alguien apagó una consola por reflejo, como si eso fuera a ayudar. —No se preocupen —dijo Kael—. No son hostiles. Una de las bestias mecánicas giró lentamente la cabeza. Era la serpiente. Larga, segmentada, con anillos metálicos que fluían como una columna viva. Sus ojos eran dos puntos de luz fría. El técnico más cercano dio un paso atrás. —Eso… eso no parece “no hostil”. —Es contextual —murmuró Kael. Como si eso explicara algo. La segunda avanzó. El guepardo mecánico. Ágil. Bajo. Con patas que no caminaban: “deslizaban” fuerza. Se detuvo justo al borde del laboratorio, observando cada máquina como si evaluara su valor estructural. Y la tercera. El halcón. Suspendido en el aire sin aletear como un animal normal. Micropropulsores casi invisibles estabilizaban su vuelo. Su cabeza giraba con precisión quirúrgica. Un dron con instintos. O un instinto con forma de dron. —¿Kael… qué trajiste exactamente? —preguntó una científica, voz tensa. —Tres aliados potenciales. —Eso no responde nada. —Todavía. La directora llegó detrás de Kael. —Esas tres bestias semimecánicas de Nexum van a formar parte del proyecto Quimera. Yo personalmente acabo de autorizarlo luego de varios análisis —dijo ella y le explicó a los científicos lo planeado. La serpiente emitió un sonido grave, como metal vibrando dentro de un túnel profundo. Varias pantallas parpadearon. Un sensor se apagó. Otro reinició solo. —Ok —dijo Kael levantando las manos—. Necesito que no entren en pánico. Están conectadas a mí. —¿Conectadas cómo? Kael dudó un segundo. —Con mi habilidad. El laboratorio entero cambió de energía. No de luz. De ánimo. El jefe técnico se acercó lentamente, mirando a las tres criaturas como si estuviera frente a un fenómeno que no debería existir. —Eso no debería funcionar así. —Lo sé. —Eso no debería funcionar en absoluto. —También lo sé. La serpiente se enrolló parcialmente alrededor de una estructura de pruebas. El metal crujió. —¡No, no, no! —gritó alguien. Kael alzó la mano. —No está dañando nada. Creo. El guepardo se acercó a una mesa con componentes mecánicos. La olfateó. Luego tomó una pieza pequeña entre sus fauces y la dejó en otra posición como si estuviera reorganizando. —Está… evaluando ingeniería —dijo un técnico, confundido. El halcón descendió suavemente. Se posó sobre un brazo mecánico de calibración. El sistema entero hizo un ajuste automático sin orden humana. —Está sincronizándose con nuestros sistemas… —susurró alguien. Y entonces el laboratorio entendió el problema real. No era que las bestias fueran peligrosas. Era que estaban adaptándose demasiado rápido. —¿Cómo quieres mejorarlas? —preguntó el jefe técnico. Kael miró a la serpiente. —Más velocidad. Miró al guepardo. —Más estabilidad. Miró al halcón. —Más reconocimiento y soporte. El científico lo miró como si acabara de pedirle domesticar un desastre natural. —Eso no son bestias normales. —Ya lo noté. —Son tecnología de Nexum. Silencio. Ese nombre pesó más que el metal del laboratorio. Kael se cruzó de brazos. —Entonces supongo que ustedes pueden hacerlo mejor. El jefe técnico suspiró. Como si hubiera perdido una discusión que aún no había empezado. —…esto no es ingeniería común. —No vine por común —respondió Kael. —Bien —dijo la directora luego de observar—. Los dejo en sus manos. Horas después, el laboratorio estaba lleno de cables, lecturas y análisis. Las tres bestias permanecían tranquilas. Demasiado tranquilas. Como si entendieran perfectamente lo que estaban haciendo. La serpiente ahora proyectaba mapas en el aire sin que nadie se lo ordenara. El guepardo analizaba rutas óptimas de movimiento dentro del edificio. El halcón escaneaba el exterior en tiempo real, marcando puntos de interés antes de que los sensores oficiales los detectaran. Uno de los técnicos murmuró: —Esto es como si… estuvieran entrenando con nosotros. Kael apoyó la espalda contra una mesa. —No. Pausa. —Creo que somos nosotros los que estamos entrenando con ellas. El jefe técnico lo miró. —Eso es lo más irresponsablemente correcto que he escuchado en mi vida. Kael sonrió apenas. —Gracias. Horas después, cuando terminaron las primeras modificaciones de estabilización, las tres bestias reaccionaron. No con agresión. No con rechazo. Con aceptación. La serpiente se deslizó alrededor de Kael. El guepardo se sentó a su lado. El halcón descendió hasta su hombro. El sistema confirmó: INTEGRACIÓN PARCIAL EXITOSA Kael suspiró. —Perfecto. Pausa. —Ahora oficialmente tengo un problema que camina, corre y vuela. Aleksei, que había entrado sin hacer ruido, observó la escena desde la puerta. —Te dije que ibas a traer problemas. Kael lo miró de reojo. —Son mejoras. —Son mejoras que podrían desmantelar media región si estornudan mal. Kael pensó un segundo. Luego miró a las tres criaturas. —Entonces serán útiles. El guepardo emitió un pequeño sonido mecánico. El halcón giró su cabeza. La serpiente se tensó como si entendiera la conversación completa. —Ahora sí pueden trabajar. Las tres respondieron con sincronía leve. Como si aceptaran.
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Nexum (Novela) Capítulo 93

Estás leyendo el capítulo 93 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 10 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.