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Leer Nexum (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
—El tipo no parecía un villano caricaturesco. Parecía alguien duro, práctico y cansado de cargar inútiles en un lugar donde un error mata. Qué ambiente tan sano para socializar. Casi un retiro espiritual con óxido y riesgo de caída infinita.
—¿Ese es el nuevo?
El chino te mira de arriba abajo con desprecio.
—Está flaco. Brazos débiles. Respiración mala. No dura ni dos pisos ahí arriba.
Uno de los hombres se ríe bajo.
Tú cruzas los brazos intentando verte más ofendido de lo que realmente estabas.
—Gracias por inspeccionarme tan de cerca.
Lo señalas con la cabeza.
—Pero si vas a seguir mirando hombres semidesnudos así, por lo menos disimula un poco. Hay chicas presente, ¿sabes?
Dos del grupo sueltan una carcajada inmediata.
Las chicas parecen divertirse.
Otro tipo golpea una mesa riéndose: —¡Se la devolvió!
El chino se queda inmóvil apenas un segundo.
Mala señal.
Muy mala señal.
Te apunta con un dedo.
—Cuando te rompa los dientes…
da un paso al frente
—vas a tragarte ese chiste.
Tú retrocedes medio paso todavía sonriendo nervioso.
—Mira, si te gustó tanto no era necesario ponerse sentimental.
El grupo estalla otra vez. Reconocían que yo era oportuno con las palabras.
Y ahí ya no hubo salvación posible para tu integridad física. Porque existe una línea universal entre “hacer un chiste” y “despertar el espíritu ancestral del combate cuerpo a cuerpo”. Tú la cruzaste bailando.
El grupo ya estaba tenso antes del viaje, así que una grieta así en la imagen del tipo duro habría sido dinamita social. En grupos peligrosos la gente se burla de cualquier cosa para liberar presión. Especialmente si el intimidante oficial del gimnasio clandestino acaba de quedar como protagonista involuntario de un chisme romántico absurdo.
El chino te mira con ganas de arrancarte la columna vertebral y uno de los hombres, alto, levanta las manos riéndose.
—Espera, espera…
mira al chino
—¿todo este tiempo te gustaban los rápidos y escurridizos?
Risas alrededor.
Otro golpea la pared metálica: —Con razón estaba tan pendiente de la condición física del muchacho.
—“Respira mal… brazos débiles…”
uno imita su voz exageradamente
—Hermano, eso no era evaluación. Era coqueteo técnico.
La chica tímida del grupo suelta una risa nasal mientras me miraba con una sonrisa.
—Bastante específico el análisis, ahora que lo pienso.
El chino aprieta la mandíbula.
—Sigan hablando.
Uno sentado sobre una caja metálica sonríe: —Nah, yo te apoyo. En este lugar quizá mañana morimos. El amor es el amor.
Carcajadas.
Otro señala hacia ti: —Aunque elegiste mal. Ese corre apenas alguien lo mira feo.
—Exacto —dice otro—. Lo pierdes en el primer ascensor y nunca más lo encuentras.
Tú levantas las manos: —Mira, yo no juzgo. Pero si me van a cortejar por lo menos invítenme comida primero.
Dos de las chicas se ríen más fuerte esta vez.
El chino da un paso adelante.
Silencio inmediato.
—Cuando vuelva a abrir la boca…
te señala
—voy a usar tu cabeza para probar una pared.
Tú asientes serio por un segundo.
—Eso sonó bastante apasionado.
Y ahí fue donde descubriste experimentalmente que esquivar golpes en espacio cerrado tiene límites muy concretos. La ciencia progresa gracias al sacrificio de voluntarios irresponsables.
El ambiente después de la pelea se sintió incómodo. No heroico. Tú adolorido, el otro todavía cargado de rabia, y el grupo pensando algo tipo: “excelente, vamos a entrar a una ciudad infinita mortal con el equipo emocionalmente estable de un basurero en llamas”.
Te tenían sentado contra una pared metálica.
Sentías el sabor de la sangre en la boca y el pecho ardiendo cada vez que respirabas. Uno del grupo te había puesto una bolsa fría improvisada sobre el ojo mientras otro mantenía al chino apartado.
—Ya estuvo —dice uno—. Lo vas a matar antes de empezar.
El chino seguía furioso.
—Aprenderá más rápido así.
Escupes sangre al suelo y levantas una mano.
—Nah…
respiras con dificultad
—la verdad esa última sí estuvo buena.
Algunos del grupo se ríen bajo.
El chino te mira serio.
Tú haces una mueca de dolor intentando acomodarte.
—Mira…
toses
—sí me pasé.
Silencio corto.
—No te conozco. Ni sé qué clase de vida tuviste.
levantas la vista hacia él
—Pero no era para burlarme así delante de todos.
El chino no responde inmediatamente.
Uno del grupo murmura: —Milagro. El escurridizo sabe disculparse.
Tú continúas:
—Y…
miras alrededor
—si vamos a entrar juntos a ese infierno… supongo que es mala idea empezar queriendo matarnos.
El chino finalmente habla.
—Sigues siendo débil.
—Sí, eso ya quedó clarísimo para todos.
Risas otra vez.
El tipo suspira irritado.
—Pero no eres cobarde.
Eso sorprende un poco al grupo.
Tú frunces el ceño. —¿Perdón?
—Esquivaste bien.
cruza los brazos
—La mayoría se habría quedado en el suelo mucho antes.
Sonríes apenas pese al dolor. —Entonces oficialmente sobreviví a tu evaluación física romántica.
El grupo estalla otra vez.
Uno casi se cae de la caja donde estaba sentado.
El chino te apunta amenazante: —Una palabra más y reiniciamos la prueba.
Levantas ambas manos rápido. —Entendido. Paz y amor.
Una de las chicas del grupo niega con la cabeza sonriendo apenas. —Son idiotas los dos.
Y ahí queda sellada la reconciliación. No como amigos todavía, sino como personas que entienden algo importante: en un lugar así, guardar rencor pesa demasiado para cargarlo junto al miedo.
Uno de los hombres te ayuda a levantarte mientras tú haces un ruido extraño entre queja y respiración colapsada.
—Despacio, héroe.
dice burlándose
—Todavía necesitas tus órganos adentro.
Te incorporas sosteniéndote las costillas.
—Creo que algunos ya no están en su sitio.
El grupo empieza a recoger equipo disperso por el suelo:
correas, guantes, mascarillas, herramientas, baterías improvisadas.
El ambiente cambia poco a poco. La tensión baja.
El chino sigue callado apoyado contra una pared metálica, todavía serio, aunque ya no parece querer arrancarte la cabeza inmediatamente. Tremendo progreso social.
Una de las chicas te lanza una botella pequeña de agua.
La atrapas apenas.
—Gracias.
—No la desperdicies.
dice ella
—Allá puede que no la encuentres limpia.
Abres la botella y bebes despacio.
Uno de los tipos, un moreno robusto con cicatriz en la ceja, se acerca cargando una mochila vieja.
—Bueno…
te mira de arriba abajo
—sobreviviste la bienvenida de Jian.
—¿Así se llama la tradición?
preguntas.
—No.
responde otro riéndose
—Normalmente la gente intenta no insultarlo en los primeros cinco minutos.
Risas.
El chino, Jian, rueda los ojos cansado.
El hombre de la cicatriz te entrega la mochila.
—Entonces supongo que ya eres parte del grupo.
La tomas confundido.
—¿Así de fácil?
—No.
dice la chica mientras revisa unas cuchillas pequeñas en su cinturón.
—Ahora viene la parte difícil.
—¿Cuál?
Ella te mira directamente.
—Volver vivos.
Silencio breve.
Uno sentado sobre una mesa metálica rompe el momento dramático: —Aunque estadísticamente eso parece muy poco probable.
—Cállate, Daro.
Otro del fondo levanta una máscara hacia ti.
—Es para cuando estemos allí. Puede que el aire esté viciado.
La recibes lentamente.
Empiezas a notar algo extraño: nadie habla como si fueran a “explorar”.
Hablan como si fueran a entrar al mar.
O a una tormenta.
O a la boca de algo vivo.
Jian finalmente se separa de la pared y pasa a tu lado.
—Mantente cerca del grupo.
dice seco
—Y deja de hablar tanto.
Tú asientes serio.
—Entendido.
Jian da dos pasos… luego añade sin mirarte:
—Esquivaste bien.
Y aunque fue casi un murmullo, para él probablemente equivalía a darte un abrazo emocional completo.

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Nexum (Novela)
Capítulo 2
Nexum (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 20 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.